miércoles, 20 de julio de 2022

Biden y su décima visita POR MAHMOUD ELALWAN

 Biden y su décima visita

LA RAZÓN, Bolivia

 / 18 de julio de 2022 / 02:06

La visita del Presidente estadounidense a la región árabe llamada “Nuevo Oriente Medio” se repite con la misma mentalidad que la de sus predecesores y con el mismo método; dicha visita fue precedida por las de ocho presidentes estadounidenses, algunos de ellos acudieron más de una vez, siendo la constante de todas ellas la afirmación de la profundidad de las relaciones estadounidense-israelíes y culminando cada visita con más negocios de armas y con apoyo financiero a Israel. Algunos presidentes como Carter, Clinton, Obama y Trump llevaron proyectos para una solución política al problema palestino, proyectos que tenían como objetivo gestionar el conflicto, pacificar la situación política en la región protegiendo a la entidad sionista, sin una intención real de poner fin al conflicto para lograr que los palestinos alcancen sus mínimas demandas políticas basadas en la solución de dos Estados. El patrocinio estadounidense de los Acuerdos de Oslo y las negociaciones palestino-israelíes a través de Wye River, Camp David, Annapolis y otras rondas, han puesto a prueba a las sucesivas administraciones estadounidenses dejando en evidencia su parcialidad ilimitada hacia el Estado ocupante y su indiferencia hacia las condiciones y peticiones del pueblo palestino que tiene a favor la legitimidad internacional y las decisiones del derecho internacional.

Entonces, ¿en qué se diferenciará la visita de Biden de la de los presidentes estadounidenses anteriores? ¿Qué quiere Estados Unidos del Medio Oriente? En primer lugar, lograr los intereses israelí-estadounidenses, como claramente indicó Biden, y la continuación del apoyo ilimitado a Israel, sobornar y engañar a la región. El presidente Biden dijo: Mi administración aprobó el mayor paquete de apoyo a Israel de la historia que está estimado en más de $us 4.700 millones.

La décima visita del presidente Biden a la región después de nueve visitas como vicepresidente, con su amplio conocimiento del conflicto y sabiendo cuál es el camino para resolverlo justamente, es una cuestión de relaciones públicas y del arte de la gestión de conflictos para ganar tiempo y despejar el camino para que Israel complete la implementación de sus planes de asentamientos para judaizar las tierras palestinas, principalmente en Jerusalén. En conclusión, que no trae nada nuevo, se repite el mismo disco rayado estadounidense con respecto al tema palestino.

Durante su visita de dos días a Israel y de dos horas a Palestina, Biden no mencionó la ocupación ilegal israelí de las tierras palestinas, que es la raíz del conflicto, pero sí firmó la “Declaración de Jerusalén” que destaca las «relaciones inquebrantables» entre ellos, «el continuo compromiso de Estados Unidos con la seguridad de Israel» y que Estados Unidos «reitera su firme compromiso de mantener y mejorar las capacidades de Israel para disuadir a sus enemigos y defenderse de cualquier amenaza”.

Los palestinos no están satisfechos con la administración estadounidense por no presentar ninguna iniciativa política para lanzar un proceso de paz o implementar sus promesas con respecto a la cuestión palestina para obligar a Israel a cumplir los acuerdos.

Los palestinos han pedido repetidamente a la administración de Biden que reabra el consulado norteamericano en Jerusalén Oriental y la oficina de la OLP en Washington, el levantamiento de la etiqueta de terrorista que hay sobre éste, detener la construcción de asentamientos, que presione a Israel para que mantenga el statu quo en Jerusalén y para que detenga sus medidas unilaterales, liberar los fondos de impuestos palestinos retenidos por el Gobierno israelí y que apoye el presupuesto de la Autoridad Palestina. Antes de la visita, el Gobierno israelí colapsado rechazó una propuesta estadounidense para celebrar una cumbre tripartita con los palestinos, consideró esta propuesta como una «mala idea» porque parecía una iniciativa para entrar en un proceso de paz entre las dos partes sin la posibilidad de su éxito.

Esperamos ver medidas prácticas sobre el terreno que reflejen las posiciones de la administración estadounidense, que se traduzcan sus palabras y posiciones en acciones y que no se queden en meras declaraciones vacías de contenido como las que se han venido haciendo hasta ahora. En consecuencia, las declaraciones deben ir unidas a una traducción práctica porque después de tanto tiempo la posición estadounidense está comenzando a perder brillo y significado ante el vacío de hechos que demuestren una verdadera voluntad de cambio en la región.

Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

Los ministros de Asuntos Exteriores de España y Palestina discuten los últimos acontecimientos políticos


 Los ministros de Asuntos Exteriores de España y Palestina discuten los últimos acontecimientos políticos


MADRID, viernes 1 de julio de 2022 (WAFA) - El ministro de Asuntos Exteriores y Expatriados, Riyad Al-Maliki, informó hoy a su homólogo español, José Manuel Albares, sobre los últimos acontecimientos políticos en la Palestina ocupada, incluyendo las violaciones y crímenes israelíes contra el pueblo palestino.

Durante su reunión con su homólogo español en el Palacio de Viana, sede del ministerio de Exteriores español, Al-Maliki subrayó la necesidad de que la comunidad internacional exija al nuevo gobierno interino israelí que ponga fin a su política de asentamientos y se atenga claramente a la solución de los dos Estados.

Al-Maliki señaló que la Conferencia de Madrid fue un hito histórico en las primeras etapas del proceso de paz, pero fue Israel, la potencia ocupante, quien hizo que esta paz quedara fuera de su alcance debido a la política de crear hechos consumados sobre el terreno mediante la construcción de asentamientos, la confiscación de tierras, la matanza y la detención arbitraria de palestinos.

Mientras tanto, Albares afirmó la firme posición de España en apoyo de los derechos legítimos del pueblo palestino, y su fuerte compromiso con la solución de los dos estados. Señaló que España seguirá apoyando a Palestina en todos los ámbitos, y que siempre trabajará sola o a través de sus socios para hacer avanzar el proceso de paz.

A la reunión asistió el Director General de África, Mediterráneo y Oriente Próximo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Embajador Alberto José Osella, y por la parte palestina, el Embajador del Estado de Palestina en España, Sr. Hosni Abdel Wahed y el primer secretario Khaldoun Al-Masry.

[Nota CSCA: El ministerio de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación no ha difundido ninguna nota sobre esta reunión, ni ninguna foto]

Firma la Iniciativa Ciudadana Europea de prohibir el comercio entre la UE y asentamientos de los Territorios Ocupados
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miércoles, 13 de julio de 2022

Declaración conjunta sobre la designación por parte de Israel de seis organizaciones de la sociedad civil palestina como organizaciones terroristas


 Declaración conjunta sobre la designación por parte de Israel de seis organizaciones de la sociedad civil palestina como organizaciones terroristas


Declaración conjunta de los portavoces de los Ministerios de Asuntos Exteriores de Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos y Suecia sobre la designación israelí de seis organizaciones de la sociedad civil palestina como organizaciones terroristas.

El 22 de octubre de 2021, Israel designó a seis organizaciones de la sociedad civil palestina como organizaciones terroristas. Las acusaciones de terrorismo o de vínculos con grupos terroristas deben tratarse siempre con la máxima seriedad. Por lo tanto, las designaciones debían ser evaluadas cuidadosa y ampliamente. No se ha recibido ninguna información sustancial de Israel que justifique la revisión de nuestra política hacia las seis ONG palestinas sobre la base de la decisión israelí de designar a estas ONG como "organizaciones terroristas".

En caso de que se disponga de pruebas que indiquen lo contrario, actuaremos en consecuencia. En ausencia de tales pruebas, seguiremos cooperando y apoyando firmemente a la sociedad civil de los Territorios Palestinos Ocupados. Una sociedad civil libre y fuerte es indispensable para promover los valores democráticos y para la solución de los dos estados.




Firma la Iniciativa Ciudadana Europea de prohibir el comercio entre la UE y asentamientos de los Territorios Ocupados
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martes, 12 de julio de 2022

La campaña ¡Uruguay, no vayas! María Landi


 

La campaña ¡Uruguay, no vayas!


María Landi


Columna publicada en el portal Desinformémonos el 26/6/22.

«Mientras utiliza el deporte para normalizar su régimen de apartheid a los ojos del mundo, Israel también hace todo lo posible para impedir los deportes palestinos, porque entiende correctamente que son un acto de resistencia.» Ramzy Baroud
«Por favor, no vayan a entrenar donde los soldados israelíes se entrenan para matarnos.» 
Carta del club Al Khader a la selección uruguaya de fútbol

 

Aunque no soy aficionada al fútbol, quiero referirme aquí a un fenómeno específico de la maquinaria de propaganda israelí: el sportswashing lavado de imagen a través del deporte, y a una campaña relacionada que se lleva a cabo en Uruguay.

En las últimas décadas, a medida que el movimiento palestino y global de BDS crecía y revelaba al mundo el verdadero rostro del apartheid, Israel empezó a desplegar una millonaria estrategia de propaganda destinada a mostrar una imagen ‘amigable’ del país. Para ello creó un Ministerio de Asuntos Estratégicos y lanzó la campaña “Marca Israel”, que busca inundar sobre todo a los países del Sur Global con becas, invitaciones y patrocinios de eventos científicos, deportivos y culturales. Estas operaciones de propaganda han sido calificadas de whitewashing  (blanqueo de imagen), con sus variantes específicas para las distintas áreas en que se aplica: greenwashing (el ambientalismo), pinkwashing (los derechos LGBTQ), bluewashing (el agua), purplewashing (el feminismo), etc. El objetivo es siempre el mismo: mostrar a Israel como un país amable, liberal, avanzado y democrático (el único de Medio Oriente) y encubrir sus crímenes contra el pueblo palestino.

Debido a la enorme popularidad que tiene el fútbol en América Latina, la propaganda israelí ha apuntado a cooptar a seleccionados nacionales invitándolos a jugar partidos amistosos en Israel. Lo hizo con el de Argentina en 2018, pero la campaña de BDS “Argentina no vayas” logró cancelarlo. En 2019, la campaña “Rioplatenses no vayan” no pudo frenar un amistoso de los seleccionados de Uruguay y Argentina en Israel, a pesar de que dos clubes de fútbol palestinos enviaron cartas pidiéndoles que no se prestaran a ese blanqueo de imagen. En 2022, en el marco del próximo –y nefasto− Mundial de Catar, de nuevo invitó a ambos seleccionados por separado a jugar partidos amistosos con su par israelí; al de Uruguay, además, lo invitó a hacer en Israel la preparación final para el Mundial, de camino a Catar.

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La movilización en Argentina logró que la AFA cancelara el amistoso de su seleccionado con el israelí. En Uruguay, por el contrario, la AUF anunció que la selección estará en Israel entre el 10 y el 20 de noviembre para jugar un amistoso con la selección local y entrenarse para el Mundial. Por eso un conjunto de activistas y colectivos lanzaron la campaña ¡Uruguay, no vayas!. El 3 de junio entregaron una carta en la sede de la AUF firmada por 22 organizaciones sociales, deportivas y de derechos humanos en la que piden a la selección uruguaya que «respete el llamado del pueblo palestino y de sus futbolistas a no colaborar en el lavado de imagen del régimen de ocupación militar y apartheid de Israel a través del “juego bonito” y el deporte

Entrega de la carta a la AUF.
El Club Palestino de Uruguay es uno de los firmantes de la carta.

Y es que «con el apartheid no se juega», afirma un slogan de la campaña que exhorta a la selección celeste a que «no manche la camiseta colaborando para encubrir los crímenes del apartheid israelí». Y le recuerdan que «cuando Sudáfrica vivía bajo un régimen de apartheid, hubo una campaña internacional potente para sancionar y aislar a ese país; y el deporte jugó un papel clave en esa campaña. Israel también es un Estado de Apartheid.» La sociedad civil palestina lleva dos décadas denunciándolo, pero este último año también han coincidido las principales organizaciones israelíes e internacionales de derechos humanos: Yesh DinB’TselemHuman Rights WatchAmnistía Internacional, así como el saliente Relator Especial de la ONU para los DD.HH. en el Territorio Palestino Ocupado, y también la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard.

Además −afirman las organizaciones uruguayas en su carta a la AUF− «los jugadores palestinos son frecuentemente agredidos, asesinados, heridos, mutilados, reprimidos y encarcelados por la ocupación colonial israelí; sus estadios son bombardeadossu libertad de movimiento es violada constantemente para que no puedan reunir a la selección nacional (repartida entre Gaza y Cisjordania), ni entrenar, ni salir al exterior a participar en competencias internacionales. También Israel prohíbe a los clubes importar equipamiento deportivo.»

uy contra el apartheid 10
uy contra el apartheid 11

«Durante el último año, las fuerzas israelíes asesinaron a cuatro futbolistas adolescentes en Cisjordania: Mohammad Ghneim (19), Saeed Odeh (16), Thaer Yazouri (18) y Zaid Ghneim (14). ¿Quién no recuerda a los cuatro niños asesinados por un misil israelí cuando jugaban al fútbol en la playa de Gaza?»

En resumen, dicen las organizaciones uruguayas, «Israel impide a los palestinos jugar al fútbol.» Y recuerdan que los clubes de fútbol palestinos llevan años pidiendo a la FIFA que sancione o suspenda la afiliación de la Asociación de Fútbol de Israel (AFI) por sus constantes agresiones a los futbolistas palestinos y por las medidas represivas, restrictivas y racistas que impiden el desarrollo del deporte en Palestina y violan los valores que la FIFA dice promover. Deportistas e instituciones del mundo entero también han expresado su condena a Israel por estas políticas, y piden a la FIFA que actúe por el pueblo palestino y sus deportistas. Pero la FIFA hace oídos sordos; por eso una campaña internacional de presión busca acabar con esa impunidad.

La presión de la campaña uruguaya sobre la AUF también está llegando desde el exterior, empezando por los mismos territorios palestinos ocupados. La Asociación Palestina de Fútbol (APF, miembro de la FIFA desde 1998) y los clubes deportivos Al Khader (de Belén) y Ebal (de Nablus) escribieron a los jugadores uruguayos para pedirles que no sean cómplices del apartheid.

La APF le recordó a la AUF que «la Asociación de Fútbol Israelí ha violado sistemáticamente y con impunidad los mismos estatutos y normas éticas que hemos intentado defender por años: organiza actividades futbolísticas en las colonias ubicadas en los territorios palestinos, internacionalmente reconocidas como ilegales de acuerdo a numerosas resoluciones de la ONU; permite que más de seis equipos de fútbol con sede en esas colonias ilegales jueguen en su liga nacional, mientras impide el movimiento, arresta y asesina a jugadores palestinos y destruye nuestras instalaciones deportivas.»

El club Al Khader, al cual pertenecían dos de los jugadores adolescentes asesinados este año por Israel, escribió: «Por amor a nuestros compañeros de equipo y al juego, les instamos a que nos ayuden a parar lo que Amnistía Internacional denomina asesinatos “sistemáticos, ilegales y arbitrarios” de palestinos por parte de Israel (…)  Con Zaid y Mohammed en nuestros corazones, pedimos a Uruguay que entrene en otro lugar, y que al hacerlo, ayude a evitar que Israel siga matando las vidas y los sueños de los jóvenes jugadores palestinos.»

Y en su carta el club Ebal afirma: «el fútbol juega un papel poderoso en la construcción de una cultura de tolerancia y respeto, y en el fomento de relaciones amistosas entre las naciones. Permitir que nombres de estrellas del fútbol como Luis Suárez sean utilizados para lavar mediante el deporte los crímenes del apartheid nunca servirá para ese noble propósito

También el chileno Nicola Hadwa, que fue entrenador de la selección palestina de fútbol, envió un mensaje en video y una carta a la selección uruguaya relatando las penurias que el régimen israelí impone sobre los futbolistas palestinos. «Israel asesinó a siete jugadores que yo entrené.» sostuvo Hadwa; «en total asesinó a 12 futbolistas.» Y las organizaciones judías IJAN (Red Internacional Judía Antisionista) y Judíxs por el Derecho al Retorno Palestino también pidieron a la selección uruguaya que no sea colabore con el apartheid israelí.

Mientras tanto, y a pesar de todos los pesares, la selección palestina de fútbol logró clasificar para la Copa de Asia 2023, tras derrotar a Yemen, Mongolia y Filipinas. Solo quienes conocen las condiciones y el contexto en que los jugadores palestinos practican el fútbol pueden calibrar la magnitud de esta hazaña, como bien lo expuso el politólogo y escritor gazatí Ramzy Baroud, historiando las atrocidades israelíes:

– En 2006 el régimen sionista impidió a la selección nacional palestina disputar el partido clasificatorio para la Copa de Asia, y en 2007 el partido de precalificación para el Mundial (2007). En 2019 no se pudo jugar el partido final de la Copa Palestina porque Israel prohibió al club Khadamat Rafah, de Gaza, viajar a Cisjordania para jugar contra el Balata de Nablus.

– 2009 fue un año particularmente mortífero para el fútbol palestino: en enero, durante la brutal operación Plomo Fundido sobre Gaza, Israel asesinó a tres prometedores futbolistas: Ayman Alkurd, Shadi Sbakhe y Wajeh Moshtaha. Dos meses después, un francotirador israelí asesinó al talentoso Saji Darwish (19) cerca de Ramala. En julio, Mahmud Sarsak, que llevaba solo seis meses en la selección nacional, fue arrestado y torturado, y mantenido durante tres años bajo detención “administrativa” (sin cargos ni juicio); fue liberado tras una huelga de hambre de 90 días que le dejó secuelas de por vida y terminó con su carrera deportiva. Otros jugadores, como Sameh Marabaa, también han pasado largos períodos en detención arbitraria.

– En enero de 2014, soldados israelíes dispararon deliberadamente a las piernas de los futbolistas Jawhar Nasser Jawhar (19) y Adam Abd al-Raouf Halabiya (17), que volvían de un entrenamiento en el estadio Faisal al-Husseini. Los atacaron con perros policías, los arrastraron y golpearon en el piso. Jawhar recibió 11 balas en sus dos pies y en una mano, y Halabiya una en cada pie. Ninguno de los dos pudo volver a jugar al fútbol, y Jawhar apenas a caminar. También en 2014 fue asesinado el ex futbolista Ahed Zaqqut.

– En Gaza, el Estadio Palestino −donde juega la selección nacional− fue bombardeado en 2006 y 2012. La segunda vez, el impacto de cuatro misiles dejó grandes agujeros en la cancha. También fueron parcialmente destruidos un salón interior donde se practica basket, handball y otros deportes, y otro edificio del ministerio de la juventud y el deporte. Los daños fueron estimados en varios millones de dólares.

– En 2019, el ejército israelí atacó el Estadio Al Khader en Belén, lanzando gas lacrimógeno a los jugadores durante un partido. Cinco jugadores tuvieron que ser hospitalizados, y cientos de fans huyeron en pánico. La misma suerte ha sufrido en varias ocasiones el Estadio Faisal Al-Husseini, de Jerusalén, donde juega la selección nacional.

selección femenina 2
Selección femenina Honey

No obstante, señala Baroud, la comunidad deportiva palestina aprendió a ser resiliente y a tener recursos. «La selección palestina de fútbol es el ejemplo perfecto de esta tenacidad: cuando los jugadores de Gaza no pueden viajar, los de Cisjordania acuden al rescate; y cuando los jugadores de Cisjordania sufren una restricción, jugadores de la diáspora palestina viajan a ocupar su lugar

Esta clasificación a la Copa de Asia 2023 es una prueba más de que la resiliencia palestina no tiene límites, y un mensaje a Israel de que sus medidas injustas y draconianas nunca romperán el espíritu del pueblo palestino, sostiene Baroud. «El fútbol forma parte de la lucha palestina por la libertad»; por eso los clubes llevan el nombre de mártires, y la selección nacional es conocida como la Fida’i, por los combatientes fedayines. Y agrega: «Para el pueblo palestino, el deporte ha sido una forma de resistencia cultural que le ha permitido luchar contra el apartheid y la ocupación militar israelíes, y contra la negación de su identidad». En los partidos de fútbol, a través de los cánticos, los símbolos y el ondeo de la bandera, la población palestina –en su tierra y en todo el mundo− ve al deporte, especialmente al fútbol, como una forma de afirmación colectiva de su identidad.

 

La selección palestina que jugó contra Marruecos en Catar, diciembre de 2021.
Selección palestina que clasificó para la Copa de Asia 2023.

 

La campaña ¡URUGUAY, NO VAYAS! invita a
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y a seguirla en las redes sociales:
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Mensaje del ex entrenador de la selección palestina Nicola Hadwa a la selección y el equipo técnico de Uruguay:

sábado, 9 de julio de 2022

HACIENDO PRESENTE EL INTERNACIONALISMO EN LA SEMANA NEGRA DE XIXÓN


 El arranque de la XXXV Semana Negra de Xixón contó con la habitual marcha internacionalista amenizada con la Charanga Ventolín. y  haciendo visibles las realidades de Palestina, Sáhara, Colombia y los asesinatos  de los inmigrantes en Melilla

viernes, 8 de julio de 2022

El laberinto jurídico de la impunidad corporativa: CAF en Palestina Erika González, @OMAL_info; Juan Hernández Zubizarreta, @JuanHZubiza; Pedro Ramiro, @pramiro_ Fuente: elsaltodiario.es, 7 de julio de 2022


 Niño palestino observa a un soldado israelí frente al muro del apartheid. / Imagen de Justin Mcintosh


El laberinto jurídico de la impunidad corporativa: CAF en Palestina

Erika González, @OMAL_info; Juan Hernández Zubizarreta, @JuanHZubiza; Pedro Ramiro, 
@pramiro_
Fuente: elsaltodiario.es, 7 de julio de 2022

Un dictamen de una entidad asociada a la OCDE y dependiente de la Secretaría de Comercio reconoce que las operaciones de la compañía vasca CAF en la Palestina ocupada suponen una violación manifiesta del derecho internacional. Pese a ese reconocimiento el vacío jurídico y la falta de respuesta institucional han impedido que se revise ese proyecto.

Supongamos que una empresa española estuviera haciendo negocios en los territorios ocupados palestinos. Si así fuera, estaría cometiendo una flagrante violación del derecho internacional. Pero a esa misma compañía no cabría exigirle responsabilidades legales por ello. En todo caso, se le podría formular una serie de recomendaciones que tendría que cumplir voluntariamente. ¿Esto significa que el derecho internacional no dispone de mecanismos efectivos para garantizar su cumplimiento y que, frente al poder de las grandes empresas, apenas se queda en el ámbito declarativo? Pues la realidad es que el derecho internacional, cuando se trata de tutelar los derechos colectivos frente a los Estados centrales y el poder corporativo, dispone de mecanismos que basculan entre la fragilidad y la ausencia. Basta con mirar al Estado de Israel, que desde mediados del siglo pasado viene incumpliendo sistemáticamente las resoluciones de Naciones Unidas. Y también a los impactos socioecológicos de las empresas transnacionales, que a pesar de ser los principales agentes del capitalismo global no son consideradas como sujetos de obligaciones directas fuera de sus países de origen.

Esto es básicamente lo que acaba de pasar con CAF, la multinacional de matriz vasca que participa en la construcción de una línea de tren ligero que pretende conectar las colonias israelíes con Jerusalén Este. A finales del pasado mes de mayo, el Punto Nacional de Contacto —organismo dependiente de la OCDE— emitió un dictamen en el que reconoce que las operaciones de esta compañía en la Palestina ocupada suponen una violación manifiesta del derecho internacional. Al mismo tiempo, este organismo ha señalado en su informe que, con las regulaciones internacionales existentes a día de hoy, no se puede responsabilizar jurídicamente a la compañía por estos hechos. No es que la empresa esté saltándose la normativa, es que no hay ninguna normativa que obligue a la empresa a cumplir el derecho internacional.

Violación del derecho internacional

En las cinco últimas décadas, uno de los debates que más intensamente se han sostenido en Naciones Unidas ha sido el del establecimiento de mecanismos de control y reglas obligatorias para el respeto de los derechos humanos por parte de las empresas transnacionales. En los setenta, fruto de estas discusiones, se llegaron a crear la Comisión y el Centro de Empresas Transnacionales con el objetivo de sentar las bases para elaborar un código ad hoc que regulara de forma vinculante las actividades de las multinacionales. Lamentablemente, estas iniciativas no tuvieron demasiado recorrido, ya que la presión de las grandes empresas para evitar la creación de esa normativa internacional desplazó el debate a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Así, en 1976, la primera publicó las Líneas directrices para empresas multinacionales; en 1977, la segunda lanzó la Declaración tripartita de principios sobre las empresas multinacionales y la política social. Aunque ambas abordaban la responsabilidad de las grandes corporaciones en las violaciones de los derechos humanos, no lo hacían desde la premisa de la obligatoriedad de su cumplimiento.

El debate ha continuado desde entonces, siempre con las patronales y los Estados imperiales ejerciendo una intensa labor de lobby para impedir la aprobación de reglas vinculantes para las empresas transnacionales a nivel global. Que se pudiera avanzar en un tratado internacional para controlar a las multinacionales, posibilidad que fue reimpulsada por Naciones Unidas en 2014, hizo saltar las alarmas de las grandes potencias: en los últimos años, la Unión Europea y Estados Unidos han liderado, con diferentes tácticas dilatorias, la oposición a cualquier instrumento jurídico que obligara a las corporaciones transnacionales a responder por sus impactos sobre las personas, los pueblos y los ecosistemas. Las obligaciones de las grandes empresas en materia de derechos humanos se remiten a unos ordenamientos nacionales que han sido desregulados y flexibilizados —y que, en líneas generales, cuentan con estructuras judiciales y administrativas incapaces de hacer valer las disposiciones con las que puedan llegar a contar—, a la vez que se impide la creación de normas eficaces a nivel internacional para enfrentar los abusos del poder corporativo.

Las Líneas Directrices de la OCDE, por su parte, han sido actualizadas en cinco ocasiones desde su publicación. La última vez fue en 2011, y en ellas se incluyeron cuestiones como la debida diligencia para la incorporación del riesgo en el sistema de gestión de las empresas transnacionales. Cada uno de los Estados que suscribieron este acuerdo está obligado a crear un Punto Nacional de Contacto (PNC), cuyo objetivo es la difusión y promoción de las Líneas Directrices en el ámbito empresarial, así como responder ante las denuncias sociales de incumplimiento por parte de las grandes corporaciones. Lo novedoso aquí, frente a otras pseudo-regulaciones similares, es que los PNC formalmente tienen la capacidad de actuar como un mecanismo de reclamación extrajudicial.

En el Estado español, el PNC fue creado en 2001 y trece años después definió su composición y funcionamiento: este organismo depende de la Secretaría de Estado de Comercio, que responde a su vez al Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Hasta la fecha se han presentado nueve demandas ante el PNC español, tanto por parte de particulares como de sindicatos y ONG. Uno de los últimos casos, presentado por Alianza por la Solidaridad en relación con los impactos de una filial de la constructora ACS sobre las poblaciones locales y el medio ambiente en Guatemala, se cerró con un llamamiento a la empresa a “reforzar en su política de responsabilidad social los elementos relacionados con la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas”. Ante un proyecto empresarial que ha destruido un río y que se ha llevado a cabo sin realizar una consulta previa a los pueblos indígenas —preceptiva según el convenio 169 de la OIT—, recomendaciones voluntarias. “¿De qué sirven los mecanismos voluntarios como el PNC y/o la Responsabilidad Social Corporativa si su cumplimiento no es obligatorio? Si nos guiamos por este caso, de nada”, concluye la portavoz de la organización española.

Volviendo al caso que nos ocupa, el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe presentó ante la delegación española del Punto Nacional de Contacto, a finales de 2019, la solicitud de apertura de un proceso de “buenos oficios” con CAF. La empresa española y una constructora israelí constituyeron el consorcio TransJerusalem, al que le fue adjudicada la concesión de la ampliación del tren ligero en Jerusalén Este. En ese proyecto, que se desarrolla bajo la modalidad de partenariado público-privado, se contempla la construcción de 27 kilómetros de vía, 53 estaciones y varios depósitos. Tanto en la actual Línea Roja, que será ampliada 6,8 kilómetros y cuyos 46 tranvías serán rehabilitados, como en la nueva Línea Verde, que se extenderá a lo largo de 20,6 kilómetros y contará con 114 nuevos tranvías.

Tras un proceso que ha durado dos años y medio, el PNC ha emitido un dictamen sobre esa empresa de la que usted me habla —si la compañía demandada así lo requiere, como es el caso de CAF, su nombre no se verá reflejado expresamente en las resoluciones de este organismo— y ha constatado que el trazado proyectado atraviesa asentamientos ilegales en los territorios palestinos ocupados. No en vano, se extiende hacia Jerusalén Este cruzando la “línea verde del armisticio” de 1949 (la frontera original del Estado de Israel con el territorio reivindicado por Palestina) en tres tramos. En la Resolución 31/36 (A/HRC/RES/31/36) del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, de hecho, figura la Línea Roja como caso de violación del derecho internacional.

El PNC requirió también un informe a la asesoría jurídica internacional del ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Y este ha recordado que las colonias de Israel en Palestina constituyen una violación del derecho internacional. A la vez, ha subrayado que el derecho internacional humanitario es de obligada aplicación en los territorios ocupados. Así lo han declarado, entre otros, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la Unión Europea y sus Estados miembros, y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este último organismo publicó en 2013 el informe de una misión internacional independiente que concluyó que “las empresas privadas deben evaluar los efectos que tienen sus actividades en los derechos humanos y tomar todas las medidas necesarias —entre otras cosas, poniendo fin a sus intereses comerciales en los asentamientos— para asegurarse de que no tengan un efecto perjudicial en los derechos humanos del pueblo palestino”.

No-exigibilidad jurídica

Las violaciones de derechos humanos que acabamos de describir, que el propio Punto Nacional de Contacto de la OCDE y el ministerio consideran probadas, van sin embargo acompañadas de un vacío jurídico y de una falta de respuesta institucional. Lo cual no hace sino amparar conductas objetivamente vulneradoras de derechos. En el dictamen del PNC se afirma que “las disposiciones analizadas no generan obligaciones directas para las empresas”, lo que supone que CAF puede contribuir a la destrucción de los derechos del pueblo palestino sin asumir responsabilidad alguna, certificando así la impunidad corporativa.

La Unión Europea participa del fomento de esta arquitectura jurídica de la impunidad. Y es que considera que los territorios ocupados son un obstáculo para la paz y la estabilidad internacional pero, a la vez, permite que las grandes empresas obtengan beneficios de la anexión y promuevan los asentamientos ilegales. Si las colonias constituyen efectivamente un crimen de guerra, ¿cómo puede ser que esta calificación jurídica no le genere ninguna obligación directa a CAF? Como puede comprobarse con la reciente firma del acuerdo con Israel para garantizar el suministro de gas a la UE, la Europa fortaleza vuelve a demostrar que su cometido central es defender a toda costa los intereses empresariales, por encima de cualquier consideración sobre los derechos humanos.

En los mismos términos se encuentran, sin ir más lejos, las conductas que justifican la desaparición de miles de personas migrantes en el Mediterráneo en base a la fatalidad y al supuesto desbordamiento técnico del derecho penal nacional e internacional. Cuando las deficiencias técnico-jurídicas sirven para consolidar y “legalizar” la destrucción masiva e impune de derechos colectivos, es que transitamos hacia la reconfiguración de espacios de no-derecho. Como dice Achille Mbembe, “las colonias son el lugar por excelencia en el que los controles y las garantía del orden judicial pueden ser suspendidos, donde la violencia del estado de excepción supuestamente opera al servicio de la ‘civilización’”. Y en estos espacios sin derechos las instituciones internacionales se quitan de en medio. ¿Qué papel juega la ONU en la guerra de Ucrania? ¿Y ACNUR en los campos de personas migrantes y refugiadas de Libia? ¿Y los Puntos Nacionales de Contacto y las normas de diligencia debida en relación con los crímenes corporativos internacionales?

En esta línea, el PNC afirma en su informe que “el derecho internacional humanitario es de aplicación en los territorios palestinos ocupados y, aunque las disposiciones analizadas no generen obligaciones directas para las empresas, se puede considerar que el tipo de actividades que la empresa objeto de la queja lleva a cabo en esos territorios se enmarca dentro de las actividades que las mencionadas resoluciones condenan”. Estas palabras nos sitúan ante el espejo de la armadura de la impunidad corporativa, haciendo un equilibrio imposible entre las vulneraciones de derechos humanos y el supuesto vacío normativo que vendría a disculparlas.

Los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos, aprobados por Naciones Unidas en 2011, consagran el marco jurídico que avala esta doctrina, ya que “no implican la creación de nuevas obligaciones de derecho internacional, sino precisar las implicaciones de las normas y métodos actuales para los Estados y las empresas”. Y considerar que estos se encuentran en el vértice de la pirámide normativa, a la hora de abordar el control de las corporaciones transnacionales, implica subordinar los derechos del pueblo palestino al business de corporaciones como CAF. El principio central sobre el que se articulan estas propuestas de diligencia debida residen en el laberinto de “respetar”, que se constituye como una responsabilidad adicional a la de cumplir las leyes y las normas nacionales de protección de los derechos humanos. La situación, en resumen, queda así: acatar las leyes deriva del derecho internacional, respetarlas no.

Una vez más, se constata el principio fundamental que rige la constitución económica global: no habitamos en un mundo sin reglas, sino en un ordoglobalismo en favor del capital transnacional. “Un planeta vinculado por el dinero, la información y las mercancías en el que el logro emblemático del siglo no fue ni una comunidad internacional, ni una sociedad civil mundial ni la intensificación de la democracia, sino un ente cada vez más integrador llamado economía mundial y las instituciones designadas para aprisionarla”, en palabras de Quinn Slobodian.

Unilateralidad vs. extraterritorialidad

CAF no debería quedar impune por conductas tan graves, con violaciones del derecho internacional humanitario que afectan directamente al pueblo palestino. Si alguna vez se lograra aprobar una regulación internacional que asumiera que la responsabilidad de las transnacionales respecto a los derechos humanos existe independientemente de las obligaciones de los Estados, la empresa tendría que abandonar los territorios ocupados y responder administrativa, civil y penalmente por sus vulneraciones de derechos. Mientras tanto se sigue imponiendo la legalidad corporativa, una regulación hecha a medida de las grandes compañías. Ninguna responsabilidad, ninguna sanción, ningún delito, ningún reproche judicial, ni siquiera administrativo. Aunque sus prácticas vulneren el derecho internacional, tal y como ha atestiguado el PNC, al final todo queda en manos del mercado: “los Principios Rectores no imponen el cese de las actividades, si bien advierten de la existencia de consecuencias en términos de reputación, financieras o jurídicas”, dice el dictamen.

A lo máximo que llega el Punto Nacional de Contacto —a lo máximo que llegan todas estas normas de soft law, diríamos en sentido amplio— es a emitir una serie de recomendaciones no vinculantes. En el caso de CAF en Palestina han sido tres: la solicitud de una mayor diligencia en la valoración de los daños o vulneraciones a los derechos humanos que puedan generar sus actividades; la revisión de la política de divulgación de información; la elaboración de un informe independiente que examine el impacto social del proyecto en los territorios ocupados y que actúe como complemento a los mecanismos ya establecidos. Dicho de otro modo: unilateralidad, transparencia y auditoría privada.

No sabemos si CAF cumplirá parcial o totalmente estas recomendaciones. De lo que sí tenemos la completa seguridad es de que, en cualquier caso, la transnacional española no dudará en tratar de seguir con sus negocios en los territorios ocupados. Ya lo dijo su presidente en la última junta de accionistas de la compañía, el 11 de junio: “Todo lo hacemos bien. Nadie nos corrige. Siempre hacemos revisiones de nuestros procedimientos. Seguiremos licitando a las nuevas líneas”. Queda claro que el informe del PNC no sirve para revertir la acumulación de riqueza frente a los derechos del pueblo palestino; al final, solo resulta funcional para consagrar el círculo infernal de la impunidad corporativa.

A romper ese estado de cosas ayudarían tanto la adopción de un tratado internacional vinculante como la aprobación de legislaciones nacionales para controlar a las grandes empresas. Si hay ganas de aunar la técnica jurídica con la voluntad política, hay propuestas de sobra para ir por esa línea. Romper con ese equilibrio tan impune entre las violaciones de derechos humanos y las recomendaciones a las transnacionales no pasa por sustituir estas últimas por propuestas unilaterales de regulación. Las futuras normas sobre diligencia debida, ahora que los proyectos de directiva europea y de ley española están en camino, no van a resolver el problema. Las diferencias entre las recomendaciones del Punto Nacional de Contacto y las exigencias que los nuevos marcos regulatorios impondrían a empresas como CAF no parecen demasiado grandes: lo que cambiaría es que estas estarían obligadas a cumplir con la tríada diligencia debida-transparencia-auditoría y habría una comisión encargada de velar por ello. Poca cosa frente a la gravedad de sus impactos.

La compañía únicamente abandonará estos proyectos cuando la lucha del pueblo palestino y la movilización social internacional frenen en seco su modus operandi. Mientras tanto, en el terreno de la regulación de las actividades de las multinacionales para asegurar el cumplimiento efectivo de los derechos humanos, más que por la vía de la unilateralidad empresarial se hace necesario apostar por la fiscalización y los mecanismos de control público-social. Y ya que estamos, está en marcha una iniciativa ciudadana europea para impulsar una norma comunitaria que ponga fin al comercio con los asentamientos ilegales en los territorios ocupados por Israel.






Firma la Iniciativa Ciudadana Europea de prohibir el comercio entre la UE y asentamientos de los Territorios Ocupados

EN GIJÓN RECORDANDO A LAS VÍCTIMAS DEL GENOCIDIO SIONISTA

  Hoy en la Playa de Gijón Asturias ,gritamos ,leímos y pedimos q pare el #gazagenocidio y la #limpiezaetnica Palestina . #FreePalestine...