viernes, 24 de julio de 2015

BDS, diez años de una estrategia exitosa para Palestina

Luz Gomez
Se cumplen hoy diez años del llamamiento de la sociedad civil palestina al BDS, siglas por las que se conoce la demanda de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel en tanto no cumpla con tres condiciones reconocidas por el Derecho internacional: el fin de la ocupación de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental; la satisfacción del derecho al retorno de los refugiados palestinos dispersos por el mundo; y el fin de la discriminación que sufren los palestinos de nacionalidad israelí.
En la década transcurrida, la campaña BDS ha transformado de manera radical el panorama de la lucha por la justicia en Palestina, tanto en el interior de la propia sociedad palestina como a nivel internacional. Su éxito se fundamenta en cuatro principios estratégicos. Los enemigos del BDS, sabedores de su efectividad, se afanan en enterrarlos bajo un montón de lugares comunes, pero la fórmula del BDS es tan sencilla como eficaz.
1.  Inclusivo y no violento. El BDS es un movimiento civil y pacífico, cuyo protagonismo está en manos de los ciudadanos.
El Llamamiento de la sociedad civil palestina al Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel hasta que cumpla con la ley internacional y los principios universales de los derechos humanos se publicó el 9 de julio de 2005 con el respaldo de 172 asociaciones, sindicatos, ONGs y partidos de toda tendencia, representantes de los distintos sustratos de la sociedad palestina (mujeres, jóvenes, trabajadores, refugiados, palestinos del interior de Israel, de los Territorios Ocupados y de la diáspora). Si bien las organizaciones palestinas abanderaron el Llamamiento, ninguna de ellas ha sustraído el protagonismo a los individuos, que de forma horizontal y en todo el mundo se organizan y protagonizan las distintas campañas de BDS. De este modo, dependiendo del contexto, se lanzan campañas de los distintos tipos de boicot (comercial, académico, cultural, deportivo), de desinversión (bancaria, financiera, empresarial) o para forzar a los organismos internacionales a que hagan efectivas las sanciones a Israel por el incumplimiento de sus compromisos legales. El Comité Nacional del Boicot (BNC, según sus siglas en inglés), con sede en Ramala, se encarga de la coordinación general.
En España las iniciativas son diversas y autónomas, si bien la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) las canaliza. En América Latina, a raíz de la demanda de varias agrupaciones nacionales de una plataforma común para impulsar el BDS en la región, el BNC pondrá en funcionamiento el próximo mes las páginas web en español y portugués del BDSmovement.net, que se sumarán a las que ya existen en árabe e inglés. Para los activistas de esta parte del mundo, cuyo peso en el boicot económico es cada vez mayor, esta iniciativa no solo es importante en términos estratégicos, sino que además refleja la sensibilidad del BNC para superar viejos vicios “eurocéntricos”.
Pero sin duda lo que mejor ejemplifica el carácter inclusivo del BDS es la participación en sus campañas de judíos de distinto origen, tanto israelíes (como los del grupo Boycott from Within) como estadounidenses ( Jewish Voice for Peace) o de todas partes ( Red de Judíos Antisionistas).
2. Históricamente oportuno. El BDS nació en una coyuntura crítica para Palestina, y desde sus inicios en 2005 ha mantenido un marcado sentido de la responsabilidad histórica.
Todo empezó, hablando en términos generales, un año antes, en 2004. El embrión del BDS fue el llamamiento al boicot académico que los profesores e investigadores palestinos hicieron aquel año a sus colegas, sobre todo europeos. Les instaban a romper las relaciones institucionales con sus homólogos israelíes en tanto estos no denunciaran a sus universidades y centros de investigación por su complicidad con la ocupación y la discriminación. En su reflexión destacaban la necesidad de implementar formas de desobediencia civil que rompieran con la espiral de violencia fruto de la Segunda Intifada. El 9 de julio de 2004 la Corte Penal Internacional estipuló la ilegalidad del Muro de Cisjordania, que por entonces aún estaba en su fase inicial. El Muro, de modo simbólico, materializaba el fracaso de los Acuerdos de Oslo y la incapacidad de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para hacer efectivo el cumplimiento de unos derechos nacionales mínimos.
También en 2004, en noviembre, falleció Yaser Arafat, quien, a pesar de diferencias y disputas, había aglutinado la voluntad nacional y devuelto a Palestina al trasiego mundial, tras haber sido borrada del mapa en 1948. Sin Arafat la ANP perdió buena parte de su legitimidad. Fue en este contexto, caracterizado por una colonización galopante y una total falta de expectativas, en el que los palestinos de los Territorios Ocupados lanzaron la campaña BDS al margen de la política seguidista de la ANP: se trató de una apuesta a largo plazo que ya ha demostrado su efectividad en términos de movilización y logros. Basta escuchar las recientes declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, poniendo al BDS a la altura de Irán y Hezbolá, las grandes obsesiones de Israel en su particular retórica nacionalista, para calibrar el avance del movimiento.
Con todo, Gaza ha marcado los puntos de inflexión de la campaña BDS. La brutalidad de la guerra de 2008-2009, televisada como no había sucedido antes, levantó una oleada de solidaridad popular a nivel mundial que el BDS canalizó en medidas concretas de boicot comercial y cultural. Empresas como Veolia, SodaStream o Mekorot, cómplices con la ocupación, vieron cómo en distintos países (Francia, Argentina, Holanda, Estados Unidos) perdían contratos tras las campañas de presión de activistas locales. También el BDS cultural vio crecer el número de artistas que se negaron a actuar en Israel (Elvis Costello, Carlos Santana), en la estela de la campaña iniciada por Roger Waters o Ken Loach. La agresión contra Gaza de 2014 allanó el camino del BDS en dos ámbitos que hasta la fecha habían resultado más complicados: el de las desinversiones y el de las sanciones. De forma más o menos encubierta, el impacto de las desinversiones se reflejó en la reducción del 50% de las inversiones extranjeras en Israel en la segunda mitad de 2014. En cuanto a las sanciones, tras la adhesión de Palestina a la Corte Penal Internacional en enero de 2015, las autoridades palestinas acaban de presentar la primera acusación formal contra Israel por crímenes de guerra y contra la humanidad.
3. Performativo. El BDS incide en la realidad en la misma medida en que la realidad, palestina y mundial, le condiciona y conforma.
Desde que el BNC lanzó el llamamiento original, el modelo sudafricano de lucha no violenta contra el apartheid fue una referencia. Son conocidas las excelentes relaciones entre Mandela y Arafat, pero existían además vínculos personales e institucionales de los activistas palestinos con los líderes antiapartheid, que estimularon el primer marco de actuación. Como ha indicado en diversas ocasiones Omar Barghouti, uno de los cofundadores del BDS, la interlocución con Sudáfrica y su experiencia han facilitado durante estos años la redefinición crítica del BDS en términos propiamente palestinos. La campaña está siempre en proceso de evaluación y adecuación. Y quizá sea esta capacidad de repensarse lo que ha asegurado al BDS, por encima de sus muchos enemigos (desde la élite israelí a los lobbys sionistas de Washington y París), la supervivencia en un contexto regional e internacional cada vez más hostil a la lucha por la emancipación de los pueblos, y en particular de los pueblos árabes.
En concreto, el BDS ha tenido que encarar el colapso de las negociaciones entre la ANP y el Gobierno israelí, y se ha visto confrontado a la realidad sobre el terreno de la inviabilidad del paradigma de los dos Estados. Porque la ANP y las instituciones internacionales son cómplices por igual de la política de hechos consumados de Israel: aumento de la colonización (de 190.000 colonos en 1989 a 600.000 en 2014); aumento de la confiscación de tierras (el Muro, las carreteras, los asentamientos “ilegales” y el terreno sustraído para dar servicio a las colonias se han comido una buena parte del ya exiguo 18% del territorio de Cisjordania que quedaba bajo control palestino directo en Oslo); aumento de la represión (hay 6.900 presos palestinos en cárceles israelíes, la mayoría en “detención administrativa”); aumento del número de muertos (entre 2000 y 2014, fueron asesinados 9.100 palestinos, de ellos 2.053 menores de edad; o como destaca UNICEF, un niño palestino muere víctima de la violencia cada tres días); aumento del desplazamiento forzoso de población (las víctimas más recientes son los beduinos del desierto del Néguev, sometidos a los planes gubernamentales de reagrupación forzosa); aumento de la guetización de Gaza y de la discriminación institucionalizada de los palestinos israelíes (el último episodio es el proyecto de reforma de las leyes fundamentales del Estado de Israel para declararlo un Estado judío). Como dice con sorna Ramzy Baroud, analista palestino, si algo positivo tiene todo ello es que ha vuelto a situar en el centro del debate, tras el largo interregno “negociador”, los derechos palestinos reconocidos por Naciones Unidas. Y esto es un logro innegable del BDS.
Del mismo modo que la campaña BDS va respondiendo a una realidad cada vez más hostil y en continua mutación, también obliga a las distintas instancias a posicionarse: al gobierno de Israel, a la ANP y a la comunidad internacional. A su manera cada cual se ha pronunciado. Israel, pensando en cómo garantizar una supervivencia imposible en las actuales condiciones, abocado como está a la marginalidad internacional. La ANP, modulando su cicatero discurso antiboicot con distingos improcedentes entre Territorios Ocupados e Israel. Y la comunidad internacional despertando, a la fuerza, de su política del avestruz ante la presión de la demanda de justicia.
4. Transversal. El BDS se asienta en una visión interseccional de la lucha por la justicia en Palestina.
Este carácter de las campañas de boicot y desinversión ha sido clave en su éxito. Si bien resulta evidente la universalidad de las demandas palestinas, vehicular actuaciones concretas en el marco amplio de los derechos universales de las minorías, los desheredados y los oprimidos requería un esfuerzo estratégico que superaba las experiencias previas de boicot en Estados Unidos y Sudáfrica, así como las de la resistencia palestina. El BDS ha sabido mostrar el fondo racista, xenófobo, machista, patriarcal, orientalista y neoliberal que subyace en la persistente colonización de Palestina, y enlazar su denuncia con otras luchas contra estas mismas lacras.
Esta transversalidad ha propiciado el encuentro con activistas de todas las latitudes, lo cual no solo ha servido para dar a conocer y popularizar el BDS (por ejemplo, Naomi Klein y Angela Davis han apoyado el boicot desde su militancia altermundista y antirracista) sino que ha hecho posible algunos de sus mayores logros, incluso en el plano económico, como la pérdida del contrato para las Olimpiadas de Brasil de la empresa G4S, líder en sistemas de seguridad/represión; o el desmantelamiento de la multinacional alimentaria Agrexco, cuyos productos “israelíes” de los Territorios Ocupados competían con los franceses.
A nivel interno palestino, la horizontalidad del BDS ha conseguido movilizar en la lucha contra la ocupación y el apartheid a significativos sectores de la población que antes habían quedado al margen de la resistencia política. Se trata de una de las conquistas más importantes a medio plazo para la sociedad civil palestina. Un caso notable es el del movimiento LGTB palestino, que sumándose al BDS ha denunciado la manipulación de la que venía siendo objeto por parte de sus colegas israelíes, dedicados a convencer al mundo de la existencia de un Israel “rosa” frente a la “barbarie” homófoba árabe.
Un objetivo: el fin de las formas de desposesión polivalentes
Desde 1948 los sucesivos gobiernos israelíes han practicado lo que Judith Butler, filósofa judía estadounidense, ha caracterizado como “formas de desposesión polivalentes”. Los palestinos se han enfrentado a ellas con distintas estrategias de resistencia a lo largo de más de sesenta años. Desde 2005, el movimiento BDS articula sus campañas directamente contra los grandes vectores de esta desposesión sistemática: la ocupación, el apartheid y la negación de los derechos de los refugiados, recurriendo a la legislación internacional y a la lucha común por un mundo más justo.
El BDS es una estrategia, no un fin. Si triunfa, está llamado a desaparecer, pues halla su razón de ser en la lucha por la justicia y la reparación histórica en Palestina. En la medida en que se obtengan, el boicot, la desinversión y las sanciones no tendrán objeto, porque la justicia habrá llegado a Palestina.

Frankenstein en Túnez

Luz Gomez
Por más que sea una aberración, el yihadismo, como Frankenstein, es hijo de la razón. O de una lógica perversa, si se prefiere. No es fruto de la nada ni del caos. Tampoco el islam tiene mucho que ver en su gestación, sino que fue la geopolítica del final del mundo bipolar la que puso en marcha la versión del yihadismo que hoy conocemos: Afganistán lo vio nacer, pero una vez puesto en pie controlar su desarrollo y sus relaciones se fue haciendo más difícil para sus patrocinadores, saudíes y estadounidenses.
Si de repartir culpas se tratara, sería difícil precisar el grado de responsabilidad de unos y otros en las sucesivas mutaciones del Frankenstein yihadista: la política neoimperial de Bush padre y Bush hijo; el depredador sectarismo saudí; la incapacidad de Europa para practicar lo que predica; el mesianismo wahabí; el autoritarismo patológico de las élites árabes; la ambición mediooriental de Rusia y China... La consecuencia de todo ello está a la vista: la inmensa frustración de una generación que ve en “coger el fusil” una opción vital. No es nada nuevo, como parece, el recurso a la legitimidad islámica para ello (la moderna yihad contra Occidente la “inventaron” los musulmanes indios allá por 1826), si acaso lo es su fuerza viral.
Es de sobra conocido que Túnez fue el país que encendió la mecha de las revoluciones árabes de 2011. Sus jóvenes salieron en masa a las calles y ofrecieron la imagen de rebeldía abierta y decidida que tanto se cantó en Occidente y en la que se miraron yemeníes, egipcios, libios, sirios, bahreiníes... Pero Túnez se ha convertido, paradójicamente, en uno de los principales exportadores de yihadistas al Estado Islámico: unos 4.000 jóvenes habrían salido del país desde 2013 rumbo a Siria e Irak, casi los mismos que de Europa en conjunto. Es evidente que entre los hechos de 2011 y los actuales hay una relación, y que tiene que ver con el derrumbe de la esperanza individual y colectiva que un día despertó la Revolución del Jazmín.
Se ha hablado mucho de la “excepcionalidad tunecina” en el marco del mundo árabe posrevolucionario. Su exitosa transición se ha caracterizado por la inclusión en el proyecto democrático de partidos políticos y actores civiles antagónicos, casi siempre presentados en términos de islamistas frente a secularistas, pero que no responden por entero a esa lógica: también están los sindicalistas, la patronal, los jóvenes licenciados en paro o los mineros, por mencionar a algunos de los más activos. Los logros tunecinos en términos de libertades son innegables. Pero el pueblo que salió a la calle harto de las humillaciones cotidianas del régimen de Ben Alí (dictador que, cabe recordar, goza de un exilio dorado en Yeda, la capital del mar Rojo saudí) no solo pedía libertad, sino también pan y justicia social. Es algo que tiende a olvidarse con el alboroto de los procesos electorales y con la costumbre de mirar siempre a las capitales árabes, donde se refugian las élites proocidentales.
Mientras, el Túnez de provincias respira con un pulso propio, distinto del capitalino y sus pujos mundanos. No es menos vivo o más acomodaticio, al contrario, es más radical en la expresión de sus demandas: durante casi una década, las huelgas de la minería de Sfax y Gafsa precedieron a la revolución en la movilización social y sindical. Y fue en Sidi Bouzid, una de esas ciudades del interior, donde se inmoló Mohamed Bouazizi, el vendedor ambulante cuyo gesto incitó el levantamiento popular masivo. Hay que tener en cuenta este contexto para comprender cómo un joven de 21 años, estudiante de ingeniería de la Universidad de Kairuán, la capital histórica del Túnez islámico, situada en el centro del país, coge un Kalashnikov y la emprende a tiros con los turistas europeos que disfrutan del sol de Susa. “Vete a casa. No he venido a matarte a ti sino a los turistas”, le dijo a un chaval tunecino que le hizo frente.
El objetivo del terrorista era claro. Para Seifeddine Rezgui, el yihadista reivindicado como suyo por el Estado Islámico pero al que no se le conocían inquietudes salafistas sino raperas, la violencia está reglada y medida en los términos propios de la realidad tunecina: el turismo supone el 15% del PIB, y su colapso arrastra a la economía del país en su conjunto. Pero además, en términos simbólicos, la violencia yihadista contra el turismo de playa y museo golpea donde más les duele a las élites tunecinas: en la imagen cosmopolita que el país proyecta de modernidad a la occidental.
Cuando el yihadismo sacude Túnez, Europa tiembla. No se trata solo de que las víctimas sean francesas, alemanas, británicas o españolas. Este pequeño país árabe resulta a ojos europeos más mediterráneo, más nuestro, más occidental. Desde hace décadas no ha dejado de ser visto como una excepción en un entorno hostil, encajonado entre los irreductibles libios y argelinos que tantos quebraderos de cabeza han dado a Europa antes y después de la independencia. Pero el atentado de Susa del pasado junio, tras el de El Bardo en marzo, nos recuerda que en Túnez las demandas de la revolución están por satisfacer, que la democracia no es una declaración de intenciones, y que únicamente el proyecto de un Mediterráneo común puede salvarnos a todos, Sur y Norte por igual.
El presidente tunecino, Beji Caid Essebsi, declaró a renglón seguido de la última matanza que “Túnez solo no puede luchar contra el terrorismo, hace falta una estrategia conjunta”. Tiene razón, aunque no solo en el sentido de las medidas de urgencia adoptadas ni de la enésima ronda de contactos políticos para sacar adelante una restrictiva ley de seguridad. Por más que se cierren mezquitas de prédica salafista, se levanten vallas estilo Melilla y un Ejército mal pertrechado se vuelque en el control de 1500 kilómetros de frontera con Libia y Argelia, no se va atajar el yihadismo. Lo que urge es completar el proceso revolucionario: faltan el pan y la justicia social. Es muy tarde ya para Libia, para Siria y casi para Egipto, países en los que en menos de tres años una generación entera se ha perdido en la guerra o en la cárcel. Pero de Túnez podría volver a surgir el impulso solidario y auténticamente internacionalista que redimiera al Mediterráneo. Por desgracia, no parece que los actuales líderes de la Unión Europa lo vean en estos términos.

Israel ordena el derribo de viviendas palestinas financiadas por España

La demolición dejará en la calle, en un entorno desértico, a 91 palestinos, 45 de ellos niños, e incluirá el derrumbe de una pequeña clínica local.

Jerusalén. (EFE).- Israel ha ordenado la demolición en las próximas dos semanas de 37 estructuras en el poblado palestino de Susia, algunas de las cuales son viviendas financiadas por España, confirmó a Efe la ONG israelí Rabinos por los Derechos Humanos, que se ocupa de la defensa legal de la localidad.
La demolición dejará en la calle, en un entorno desértico, a 91 palestinos, 45 de ellos niños, e incluirá el derrumbe de una pequeña clínica local.
Varias ONG españolas han financiado estructuras en Susia, en el sur del territorio cisjordano de Hebrón, incluidas viviendas amenazadas ahora con la destrucción, así como otras actuaciones como el suministro de saneamiento en la escuela.
La cooperación española financia también el apoyo legal a la comunidad, ubicada en el Área C del territorio palestino ocupado de Cisjordania (bajo control administrativo y militar israelí) y que lucha desde hace años contra los intentos de demolerla.
El poblado, un grupo de cabañas y estructuras precarias sin agua corriente ni electricidad, donde viven más de 300 personas y que ya ha sufrido dos desplazamientos (en 2001 y en la década de 1980), está rodeado de colonias judías que han ocupado parte de su tierra. 
Este miércoles, representantes de embajadas de la Unión Europea se desplazarán al lugar para pronunciarse contra la demolición.
Incluso Washington, principal aliado de Israel, se ha posicionado claramente en contra de esta medida y el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, dijo la semana pasada que "la demolición de este poblado o parte de él y la expulsión de palestinos de sus hogares sería dañina y provocadora" y "supondría un modelo dañino de desplazamiento y confiscación de tierras, en particular teniendo en cuenta la actividad de asentamientos en la zona".
En los últimos años, Susia se ha convertido en un símbolo y muchas ONG lo ponen como ejemplo de una política israelí en parte del Área C para reemplazar a la población palestina local por colonos judíos.
"Es obvio que es una injusticia hacia una gente indefensa, que muestra cómo desde hace décadas la intención israelí en las colinas del sur de Hebrón es sustituir la población de la zona para anexionarla a Israel", declaró a Efe el rabino Arik Ascheman, director de Rabinos por los Derechos Humanos.
Según esta organización, Israel ha impedido cualquier plan para urbanizar la zona y ha rechazado los proyectos presentados, mientras que sí ha desarrollado la urbanización de las colonias judías cercanas.
El Ejército israelí ha ordenado la demolición de las estructuras antes del próximo 3 de agosto, pero los derribos, según la ONG, "pueden ocurrir en cualquier momento".
Fuentes de la Administración Civil (organismo militar israelí a cargo de los territorios ocupados) dijeron a Efe que las estructuras "son ilegales" y que el poblado "se ha ido expandiendo a través de los años a pesar de que se han emitido varias órdenes contra la construcción".
Argumentaron que el plan de construcción presentado "no era acorde con las consideraciones de planificación, como la distancia de la ciudad más cercana, y por eso no fue aprobado".

sábado, 27 de junio de 2015

CONCENTRACIONES EN EL EUROPARLAMENTO, CONGRESO DE LOS DIPUTADOS Y DECLARACIONES DE FORCADES Y TORRES ANTES DE EMBARCAR EN LA FLOTILLA


[Grupo del Comité de Asturias] CONCENTRACIONES EN EL EUR

CONCENTRACIONES EN EL EUROPARLAMENTO, CONGRESO DE LOS DIPUTADOS Y DECLARACIONES DE FORCADES Y TORRES ANTES DE EMBARCAR EN LA FLOTILLA
EN LA EUROCÁMARA Y CONGRESO SE PIDE PROTECCIÓN A LOS BARCOS CIVILES DE LA FLOTILLA Y EL FIN DEL ILEGAL BLOQUEO A LA FRANJA DE GAZA
Esta mañana en el Europarlamento: la izquierda europea (GUENGL) se solidariza con la denuncia del ilegal bloqueo israelí a Gaza que realiza la III Flotilla de la Libertad.
Junto a ellos y ellas exigimos que los altos representantes políticos obliguen a Israel a cumplir con la legalidad internacional. FIN A LA IMPUNIDAD.
La religiosa y médica Teresa Forcades y la eurodiputada Estefanía Torres nos dejaron estos mensajes de despedida cuando partieron hacia Grecia para unirse a la flotilla. Nos explican sus motivaciones para embarcarse en una acción que denuncia los crímenes contra la humanidad que está cometiendo Israel contra el pueblo Palestino de la Franja de Gaza.

Egipto, abismo sin fondo

“Una farsa”, así ha calificado Amnistía Internacional el macrojuicio que este sábado ha condenado a muerte a más de 120 personas en El Cairo, entre ellas al expresidente Mohamed Morsi. Pero esta farsa en la que no se han respetado las mínimas garantías procesales, que repite el patrón de varios juicios expeditivos celebrados en el último año con otros tantos centenares de condenas a muerte, es, además de una debacle en términos de derechos humanos, una tragedia política.PARA Egipto y para la ausente comunidad internacional, que a lo más que ha llegado es a que un portavoz de Ban Ki-moon haya expresado “la gran preocupación” que estos hechos han suscitado en el secretario general de Naciones Unidas.
Que el primer y único presidente egipcio elegido democráticamente sea condenado a muerte es ya de por sí grave. Pero sobre todo es demoledor para el futuro de la democracia en Egipto que los delitos motivo de la condena, el motín y la fuga de la cárcel en plena revolución de enero de 2011, se identifiquen con la esencia misma dellevantamiento popular que acabó con Mubarak. Esto viene a ser una condena de toda la revolución, tanto en su espíritu como en sus formas.
El delito de Morsi y los demás condenados parece que no ha sido otro que hurtarse a su detención ilegal, si bien el juicio se ha realizado revuelto con otro por espionaje y complicidad con entidades terroristas extranjeras, Hamás y Hezbolá en concreto. Según el delirante juez Shaaban Al-Shami, los famosos túneles del Sinaí habrían servidoPARA pasar hombres y pertrechos con que acometer el motín carcelario y luego amenazar laSEGURIDADdel Estado. Hasta tal punto llega la sinrazón que han sido condenados por participar en los hechos revolucionarios Raed Attar, palestino asesinado en Gaza en 2008, y Hasan Salameh, encarcelado en Israel desde 1994. En la lista de sentenciados no ha faltado tampoco la cúpula de la Hermandad, pero en esta ocasión, además, se incluyen reputados intelectuales islamistas, como el profesor de Ciencias Políticas de la American University in Cairo Emad Shahin y la joven portavoz internacional de los hermanos SondosASEM, ambos juzgados en rebeldía (Shahin está en Washington y Asem en Oxford). Conociendo la calaña del juez, estas dos condenas bien parecen una bofetada a los bienpensantes líderes occidentales que en su día les acogieron como interlocutores.
Si esto sucedía el sábado por la mañana, por la tarde se conocía que, tras otro controvertido proceso judicial, las peñas futbolísticas de ultras eran declaradas entidades terroristas. La politización de las peñas antes y después de la revolución ha motivado frecuentes altercados entre seguidores y fuerzas deSEGURIDAD en los alrededores de los estadios, con la particularidad de que en el último año y medio, tras la aprobación de la regresiva Ley de Manifestación que ha llevado a la cárcel a conocidosACTIVISTAS, las peñas se habían convertido casi en la única forma legal de reunión y manifestación de jóvenes revolucionarios de variado signo, igual islamistas que socialistas, anarquistas o simples estudiantes contestatarios.
Sin la complicidad abierta delPODER JUDICIAL, la represión desencadenada tras el golpe de Estado de julio de 2013 no habría alcanzado los niveles a los que estamos asistiendo. En Egipto no queda ya refugio algunoPARA la libertad: no existe poder legislativo y los medios de comunicación están totalmente sometidos. La Junta militar hace y deshace mientras 42.000 presos políticos llenan las cárceles y cada vez se reducen más las opciones de los opositores: la radicalización yihadista o el exilio parecen ser las últimas vías de escape.
Es difícil medir o pesar aberraciones en el abismo sin fondo en que han caído los derechos humanos en Egipto. PeroESTE fin de semana se hanBORRADO de un plumazo varios límites. A la gravedad de lo sucedido solo le supera la impudicia con que se ejecuta y se presenta, con el apoyo tácito por parte de Occidente, que recibe a Sisi en París, Roma o Madrid: el dictador es un buen amigo, garante de la estabilidad en un país determinante para que todo siga como siempre y no se atiendan las demandas de democracia de los pueblos árabes. Pero este tipo de estabilidad a la larga sale cara.
Luz Gómez es profesora deESTUDIOS Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.
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La eurodiputada de Podemos Estefanía Torres viajará con la Flotilla Rumbo a Gaza

Autor: Dani Gago / DISO Press
La eurodiputada de Podemos Estefanía Torres participará este miércoles en una rueda de prensa para anunciar su participación en la Flotilla Rumbo a Gaza de este año, en la campaña "Gaza Puerto Abierto", con el fin de sortear y denunciar el bloqueo que Israel mantiene sobre la Franja. La rueda tendrá lugar en la séptima planta del edificio de Princesa 2, a las 13:00, y en ella participarán también el secretario general de Podemos Pablo Iglesias y el secretario de relaciones con la sociedad civil y los movimientos sociales Rafael Mayoral.
Rumbo a Gaza lanza la campaña "Gaza Puerto Abierto" para contribuir a poner en marcha la III Flotilla de la Libertad, en la que participará la eurodiputada de Podemos. Este año participarán partirán al menos tres barcos en la Flotilla, y también participarán las españolas Teresa Forcades y Ana Miranda.
Podemos hace suyos así los objetivos de la Flotilla para denunciar la ocupación militar israelí y el bloqueo a la Franja de Gaza y exigir el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas y los organismos internacionales que le obligan a poner fin a la ocupación incluida Jerusalén Este-, al bloqueo, a derribar el muro de ocupación, a permitir el regreso de la población refugiada que expulsó y compensarla por los daños y perjuicios.

Estado Islámico: El desesperado éxodo de los sirios a Turquía

Akçakale. Las autoridades turcas reabrieron el lunes a mediodía sus fronteras a miles de refugiados sirios, que huían de los combates que enfrentan a fuerzas kurdas y a yihadistas del grupo Estado Islámico por el control de la ciudad de Tall Abyad, confirmó un periodista de la AFP.
Miles de personas esperaban el lunes pacientemente bajo el sol en el lado sirio de la frontera, a la espera de que las fuerzas de seguridad turcas dieran luz verde para abrir el puesto fronterizo de Akçakale (sur), precisó el fotógrafo. 
Según las estimaciones, al menos 16.000 sirios atravesaron la frontera turca desde la semana pasada, empujados al éxodo por los enfrentamientos entre las Unidades de Protección del Pueblo(YPG) kurdas y el Estado Islámico.
Después de haberles prohibido durante varios días la entrada a su territorio, Turquía reabrió finalmente su frontera el domingo por la tarde a miles de refugiados. 
"Si Turquía acepta una nueva ola de refugiados llegados de Tall Abyad, significa que debe prepararse para una afluencia de al menos 100.000 personas", alertó el lunes el viceprimer ministro, Numan Kurtulmus, en la cadena de televisión CNN-Türk.
"Creemos que por ahora no hay una crisis humanitaria en Tall Abyad equivalente a las que ya se han visto en Kobane o en otras regiones de Siria", añadió. "Vamos a proporcionar ayuda humanitaria a las personas del otro lado de la frontera y dejar pasar a los enfermos y heridos". 
La semana pasada, Kurtulmus indicó que Turquía bloquearía la entrada de refugiados sirios en Akçakale "salvo en caso de tragedia humanitaria".
La batalla por el control de la ciudad siria kurda de Kobane, cerca de la frontera turca, provocó durante el pasado otoño el éxodo hacia Turquía de unos 200.000 refugiados, la mayoría de origen kurdo. 
Turquía, que rompió relaciones con el régimen sirio del presidente Bashar al Asad, es el principal país de asilo para los refugiados que huyen de la guerra civil. Según las cifras oficiales, actualmente acoge a más de 1,8 millones de personas.
Fuente: AFP

Castigo colectivo en Hebrón: familias palestinas expulsadas de sus hogares El equipo de Friends of Hebron

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