La hora sudafricana ha sonado para el movimiento de liberación palestino

Liliana Córdova Kaczerginski
Miembro fundador de la Red Judía Antisionista Internacional IJAN
 
 
Hija de supervivientes de la II Guerra Mundial, lleva a cabo una intensa lucha, tanto en el plano teórico de la investigación como en el práctico, para desenmascarar la verdadera naturaleza colonial y excluyente del proyecto sionista del Estado de Israel.
Alejandro Fierro. Madrid
12/08/13
(publicado en Diagonal)
Sionismo, judaísmo, Israel… Son conceptos que se difunden mezclados, ¿acaso de una forma interesada?
Estos conceptos no son fácilmente entendibles, ya que el proyecto sionista fue concebido y realizado por personas judías. El sionismo es una doctrina política, mientras que el judaísmo es una religión, una cultura, una identidad… Como muchas doctrinas, el sionismo pretende ser hegemónico, en su caso a lo que se refiere al colectivo judío. Además, una vez proclamado el Estado de Israel, sus autoridades comienzan a hacer un uso intercambiable de los conceptos. Por ejemplo, hablan en nombre del pueblo judío cuando son el Gobierno de Israel, elegido por su ciudadanía. El colectivo judío fuera de de Israel es mucho mayor y no elige a sus representes en ese país. Hablar en nombre de tanta gente que está por doquier, destacando su vínculo étnico con los antiguos hebreos –sin ningún fundamento científico, como prueban historiadores y arqueólogos- y vehiculando así una historia vernácula que lleva hasta el Antiguo Testamento, da una narrativa de legitimidad al proyecto sionista.
¿Por qué es necesario que las personas judías se posiciones en un grupo específico contra el antisionismo, como la Red Internacional Judía Antisionista (IJAN por sus siglas en ingés) en lugar de integrarse en organizaciones propalestinas ya formadas?
No es necesario, pero sí adecuado. Hay personas judías que sienten la necesidad de expresar su identidad y están horrorizadas de que se las confunda con los criminales sionistas. El movimiento de solidaridad se enriquece cuando es variopinto. Ahora, por ejemplo, hay un colectivo de jóvenes árabes por Palestina que se formó en Francia. Además, el aparente oxímoron judío-antisionista tiene una carga potente que nos gusta.
En los 60 usted viaja a Israel, toma conciencia de la realidad de la ocupación y se posiciona contra el sionismo. ¿Cómo fue esa experiencia de ruptura?
No fue nada fácil. Evidenciar el engaño de la narrativa sionista, aquello de ‘una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra’, fue traumático. Me sentí víctima de una manipulación, de un abuso. La ruptura social era inevitable, aunque felizmente no tuve que sufrir ninguna ruptura familiar. Son periodos de enajenación hasta que se encuentran nuevas referencias y vínculos acordes a otra visión.
El Holocausto es la gran coartada para la impunidad de Israel. Ustedes hacen una lectura diferente, como han demostrado en un texto reciente equiparando el levantamiento del Gueto de Varsovia con el bloqueo a la Franja de Gaza
Prefiero el término más amplio de ‘genocidio’, antes que Holocausto, no para suavizar lo atroz, sino para incluirlo en su debido paradigma junto a los genocidios gitano, armenio, indoamericano y el lento genocidio de la población palestina. El genocidio judío no debe ser aislado de los otros genocidios de la historia. La educación sionista quiere imprimirle a cualquier precio un sello de especificidad para que no sea comparable con nada debido a su crueldad y extensión.
De esta forma se culpabiliza al mundo y a los árabes, sobre todo al pueblo palestino, por ese crimen inigualable. Como integrante de la IJAN denunciamos el ‘nunca más’ solo para los míos y apoyamos el ‘nunca más’ para nadie. En cualquier caso, yo diría que el mayor crimen de la humanidad ha sido el comercio transatlántico de esclavos africanos durante tres siglos, donde casi la mitad de estas personas moría antes de llegar
¿Tiene IJAN una postura definida sobre el debate territorial de Palestina: dos estados, uno israelí y otro palestino, un estado binacional, un estado único…?
IJAN, como grupo integrante del movimiento global de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel, apoya las demandas del Comité Nacional Palestino de Boicot (BNC): el derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación y el respeto al Derecho Internacional. De acuerdo a esto, Israel tiene que poner fin a la ocupación y colonización de todas las tierras árabes y desmantelar el Muro; tiene que reconocer los derechos fundamentales y la igualdad absoluta de las personas palestinas con ciudadanía israelí, y, finalmente, tiene que respetar, proteger y favorecer el derecho de los refugiados palestinos a volver a sus hogares y propiedades, tal y como establece la resolución 194 de Naciones Unidas. En cuanto a la perspectiva estatal, no hay una postura unánime con tal de que los derechos inalienables sean respetados. Mi visión personal es que la autodeterminación palestina no podrá lograrse sin el desmantelamiento del estado sionista israelí.
¿Qué papel puede jugar un grupo específicamente judío como IJAN en la Campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones BDS contra Israel, sobre todo en su difusión entre personas y firmas judías?
Mi objetivo político no es ‘convertir’ a personas judías, bautizándolas a los Derechos Humanos universales, sino establecer un debate para que afloren las contradicciones entre la ética y el régimen colonial. Si estas personas se adhirieran en masa a la campaña de BDS, a través de IJAN o de cualquier otro grupo, sea judío o no, querrá decir que estamos ya ante un movimiento masivo integrado por activistas de múltiples orígenes que están indignados con el sistema opresor que nos rige a nivel global.
Tras casi ocho años de aplicación, ¿en qué fase se encuentra la Campaña de BDS?
Estoy en esta campaña desde sus inicios en 2004, con aquel primigenio llamamiento de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel PACBI para llevar a cabo un boicot universitario. Estamos en una etapa en la que el movimiento comienza a adquirir legitimidad ante la evidente impunidad de Israel para sabotear durante 20 años las negociaciones con la Organización para la Liberación de Palestina. La hora sudafricana ha sonado para el movimiento de liberación palestino. La resistencia popular volverá a jugar un papel primordial, junto a las primaveras árabes, confrontando los proyectos de normalización con el régimen sionista y el imperialismo destructor de la unidad regional. El aislamiento internacional del sistema institucional racista de  Israel basado en la supremacía del colectivo humano dominante es un complemento fundamental para la emancipación del pueblo originario del control colonial.

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