HAZLO, ABBAS, disuelve la ANP.

Editorial de al-Quds al-Arabí.
Traducción del árabe de Antonio Martínez Castro

El ataque feroz con el que Avidgor Lieberman, ministro de exteriores israelí, arremete contra el presidente palestino Mahmud Abbás estos días recuerda otro similar que el líder del Likud Ariel Sharon lanzó contra el difunto Yaser Arafat poco antes de que lo envenenasen tras un largo cerco en la Muqata de Ramala. La acusación es la misma: obstaculizar el proceso de paz.
Lieberman afirma que el presidente Abbás “no es hombre de paz y trabaja contra Israel en la escena internacional”, también dice “Abbás es el peor dirigente al que se puede enfrentar Israel; ahora amenaza con tirar la toalla, que lo haga, cualquier cosa que venga será mejor.”
Esta ofensiva es la respuesta al discurso del presidente palestino en la Asamblea General de la ONU, a su insistencia en solicitar al Consejo de Seguridad que Palestina sea miembro de pleno derecho de la ONU, pese a las presiones norteamericanas e israelíes para que reconsiderase la postura, y su oposición a reanudar las negociaciones directas conforme a las condiciones israelíes.
Lieberman quiere convertir al presidente palestino en un funcionario de su ministerio que obedezca sus órdenes y ejecute sus instrucciones, si no, no es un hombre de paz. Por ello debe abandonar su puesto inmediatamente y ser sustituido por quien acepte ser un pelele del gobierno de extrema derecha de Israel.
La actitud constructiva en Abbás, según los criterios de Lieberman y Netanyahu, es que aplauda la proliferación de asentamientos en Cisjordania y en la ocupada Jerusalén, que vuelva a la absurda mesa de negociaciones sin ninguna garantía de la consecución de un estado palestino independiente en las fronteras del 4 de junio de 1967 y que renuncie por completo a los principios palestinos, con el Derecho al Retorno de los refugiados a la cabeza.
Este terrorismo político y moral que lanza Lieberman no sale de la nada. El ministro de exteriores habla con la lengua de Netanyahu y de la extrema derecha que gobierna Israel con el apoyo directo de la administración de Barak Obama. Este gobierno, cuya venida predijimos, se ocupa en exclusiva de extender los asentamientos, justificarlos y combatir a los palestinos por todos los medios.
Resulta extraño y censurable que la administración norteamericana amenace con vetar en el Consejo de Seguridad la solicitud del presidente Abbás para que se admita a Palestina en la Asamblea General como miembro de pleno derecho. También resultan inaceptables las amenazas de cortar la ayuda económica a la UNESCO si acepta la inclusión de Palestina como un miembro de pleno derecho, en una solicitud similar a la de la Asamblea.
Sabemos que el presidente Abbás quiere convocar una reunión urgente del Consejo Nacional Palestino y el resto de organizaciones de la OLP para anunciar la disolución de la ANP como respuesta a la postura estadounidense e israelí en contra de la paz y la negativa a congelar los asentamientos. Esperamos que ésta sea la dirección que se tome ya que los palestinos no han sacado nada en limpio del proceso de paz.
Los palestinos se han convertido en unos mendigos que viven de limosnas internacionales y ayudas árabes mientras los israelíes les quitan la tierra, les roban el agua y pretenden dominarlos. Esto es el colmo de la humillación, especialmente en un momento en el que las revoluciones árabes, que persiguen acabar con la corrupción y recuperar la dignidad perdida, se multiplican.
El presidente Abbás, último líder histórico de Fatah y de la OLP, debe avanzar en su proyecto de disolver la autoridad palestina y anunciar el fracaso del proceso de paz y poner fin así a la serie de engaños que EEUU e Israel vienen practicando desde hace veinte años con el título de “proceso de paz”.
Disolver la ANP no puede ser una carta táctica como amenaza para obtener mejores condiciones a la hora de negociar o a la hora de conseguir el reconocimiento simbólico del estado de Palestina en las Naciones Unidas, sino un decidido paso fruto del convencimiento fundado en el fracaso de la apuesta por las negociaciones y la necesidad de la vuelta a la resistencia bajo todas sus formas.
Ojalá que el presidente Abbás lo haga, escribirá así el capítulo más heroico de su carrera militante y entrará en la historia por la puerta grande.

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