La Flotilla de la Libertad condena las violaciones y el asalto a los voluntarios de la Flotilla producidos en la detención israelí; reclamamos responsabilidades
La Coalición de la Flotilla de la Libertad condena las terribles agresiones sexuales por parte de las fuerzas israelíes
Rumbo a Gaza/Free Flotilla Coalition, 5 de enero de 2026
Comunicado de la Coalición de la Flotilla de la Libertad (FFC) ante los casos de violencia sexual por parte de funcionarios de prisiones y soldados israelíes contra activistas que navegaron en el barco Conscience, que han salido a la luz recientemente. Esta práctica de Israel es habitual contra mujeres, hombres y menores palestinos.
La Coalición de la Flotilla de la Libertad condena las terribles agresiones sexuales por parte de las fuerzas israelíes
Exige rendición de cuentas en medio de una cultura sistémica de impunidad
Recientemente salió a la luz que la policía israelí y los funcionarios de prisión agredieron sexualmente y violaron a una participante de la Coalición de la Flotilla de la Libertad cuando intentaba romper el bloqueo ilegal de Gaza por parte de Israel en el pasado mes de septiembre. El asalto se produjo tras el ataque militar ilegal de Israel contra los buques de flotilla y la captura y detención forzosa de cientos de civiles de aguas internacionales. Los delitos sexuales constituyen violaciones atroces de la dignidad humana y graves violaciones de los derechos humanos internacionales y el derecho humanitario. La Coalición de la Flotilla de la Libertad (FFC) condena estos actos en los términos más enérgicos posibles y exige una investigación inmediata, independiente y creíble, así como que se exijan responsabilidades a todos los responsables.
El 21 de diciembre de 2025, Anna Liedtke, una periodista alemana que estaba a bordo del Conscience de la Flotilla de la Libertad, un barco que transportaba a docenas de periodistas y personal médico, intervino en una conferencia internacional en solidaridad con los presos políticos. En sus comentarios, reveló públicamente y por primera vez, que el personal israelí la violó después de que se resistiera a un registro forzado por parte de oficiales. Tras destaparse este agresión, la FFC ha trabajado para apoyar a Anna y seguir su ejemplo a la hora de determinar qué se dice públicamente y cuándo.
Anna no es la única participante de la flotilla que ha sufrido violencia sexual a manos de la policía israelí y los funcionarios de la prisión. El periodista italiano Vincenzo Fullone, que también estaba a bordo del Conscience, fue sometido a repetidas agresiones sexuales equivalentes a una violación mientras estaba detenido ilegalmente, al igual que la activista australiana Surya McEwen.
Hablar sobre la violencia sexual, especialmente cuando es cometida por agentes estatales que actúan con impunidad, es extraordinariamente difícil. Por lo tanto, prevemos que, a medida que se cree el espacio adecuado, aparecerán más testimonios. Seguiremos centrándonos en quienes han sufrido estas agresiones, respetando su voluntad cuando estén preparados para hablar y asegurándonos de que ninguna persona se vea presionada a hablar antes de estar preparada.
Este ataque contra activistas de la flotilla debe entenderse en el contexto más amplio de un sistema de violencia arraigado en el que los soldados, la policía y guardias de prisiones israelíes han actuado durante mucho tiempo con impunidad. La violencia sexual, incluidas las violaciones, las violaciones en grupo, los registros corporales humillantes y otras formas de tortura sexual, se ha cometido repetidamente contra palestinos y palestinas bajo custodia israelí y ha sido documentada por organizaciones de derechos humanos israelíes, palestinas e internacionales. Si bien nos comprometemos a ofrecer atención y apoyo a las y los voluntarios de la flotilla que han sufrido violencia sexual, reconocemos que la población palestina —activistas, niños, mujeres, hombres y ancianos detenidos— han soportado violencia sexual y tortura mucho más generalizadas y sistemáticas por parte de Israel, sin que existan mecanismos de rendición de cuentas creíbles.
Investigaciones recientes del Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR) describen el uso sistemático de la tortura sexual contra las personas palestinas detenidas, incluida la violación, el desnudo forzado, la filmación de abusos y la agresión sexual mediante objetos y animales. Estos actos, que se han intensificado en medio del genocidio en curso de Israel en Gaza, forman parte de un patrón más amplio y de décadas de trato que constituye tortura y trato cruel, inhumano y degradante bajo el derecho internacional. En su testimonio, una madre de 42 años, secuestrada en un puesto de control establecido por soldados israelíes en Gaza, informa haber sido vendada, esposada a un marco de metal, desnudada, filmada, golpeada y violada repetidamente, anal y vaginalmente durante tres días. En otro testimonio, un padre de 35 años secuestrado en el hospital Al-Shifa denuncia que los soldados israelíes lo desnudaron a la fuerza y luego enviaron a un perro militar para que se subiera encima de él, le orinara y lo violara.
Estos abusos no son casos aislados. Los organismos de las Naciones Unidas han informado sobre el uso generalizado de la violencia sexual y de género por parte de las fuerzas y los servicios de seguridad israelíes como parte de los patrones de detención y control, incluido el desnudo público forzado y las amenazas de violación. Amnistía Internacional ha identificado perfectamente la tortura y la violencia sexual contra las personas palestinas detenidas como crímenes de guerra. Además, la violación y otras formas de violencia sexual constituyen una humillación psicológica deliberada diseñada para aplastar la dignidad humana y borrar la identidad individual, conducta que constituye un componente reconocido de las prácticas genocidas en virtud del derecho internacional. Según la Comisión Independiente de Investigación de las Naciones Unidas, esta es «una de las peores formas de infligir graves daños físicos y mentales a la víctima”.
A pesar de la amplia y bien documentada evidencia, los principales medios de comunicación han omitido en gran medida informar sobre el uso generalizado y sistemático de agresiones sexuales y torturas contra los palestinos por parte de Israel. Este silencio selectivo ante los testimonios de los supervivientes —documentados e investigados por las principales organizaciones de derechos humanos y organismos de las Naciones Unidas— constituye un profundo fracaso periodístico y ético que borra a las víctimas, distorsiona la comprensión del público y permite la impunidad de la que gozan los perpetradores israelíes.
Esta impunidad no es casual, sino estructural y generalizada. Está arraigada en el sistema político y jurídico de Israel, donde las investigaciones son superficiales, los enjuiciamientos son inexistentes o se llevan a cabo con fines de relaciones públicas, y las instituciones nominalmente responsables de la supervisión protegen habitualmente a los autores en lugar de proteger a las víctimas. Es inseparable de las políticas más amplias que sostienen el bloqueo, la ocupación y la discriminación institucionalizada de Israel, políticas que han permitido abusos generalizados y sistemáticos que constituyen crímenes contra la humanidad, incluidos el apartheid, la limpieza étnica y el genocidio. No se puede confiar en que un orden político y jurídico que tolera, e incluso normaliza, tales violaciones investigue por sí mismo o haga rendir cuentas a sus propias fuerzas.
La FFC agotará todas las vías disponibles para exigir responsabilidades a los autores de actos de violencia sexual contra nuestros voluntarios, incluyendo mecanismos legales internacionales, informes sobre derechos humanos, investigaciones independientes y acciones coordinadas con organizaciones asociadas. Hacemos un llamamiento a:
- Las Naciones Unidas y sus Estados miembros para que exijan acceso sin restricciones a los centros de detención y una investigación internacional independiente sobre la violencia sexual por parte de las fuerzas israelíes.
- La Corte Penal Internacional para que investigue urgentemente todas las denuncias de violencia sexual y tortura en las detenciones israelíes.
- A la sociedad civil mundial, y en particular a los medios de comunicación, a romper el silencio sobre los abusos contra la población palestina y activistas internacionales, y a exigir el fin de los sistemas de violencia que se nutren de la impunidad.
Estos delitos no pueden separarse del contexto más amplio de la ocupación colonial prolongada y la negación de la libertad y la dignidad de la población palestina. La impunidad de la violencia sexual, ya sea contra voluntarios de la flotilla y activistas solidarios o contra hombres, mujeres y menores palestinos, debe terminar y los responsables deben rendir cuentas.
Declaraciones de Anna, Vincenzo y Surya
Anna: «Después de que las fuerzas israelíes me secuestraran, fui sometida a repetidos abusos físicos y sexuales. Durante un cacheo desnudada forzada, fui violada por guardias femeninas israelíes. No hablo por mí misma, sino por todas las mujeres que han sufrido violencia sexual y tortura sexual en las cárceles israelíes, por aquellas que no sobrevivieron a estos ataques, por aquellas que están sufriendo estos abusos ahora y por aquellas que no pueden hablar de ello».
Vincenzo: «En tres ocasiones distintas, me ordenaron entrar en una pequeña sala especialmente acondicionada, donde me desnudaron completamente y me sometieron a registros anales invasivos y dolorosos. En todas las ocasiones permanecí en silencio para evitar provocar más violencia y negar a los guardias la satisfacción de verme sufrir. Durante el tercer registro, el dolor se volvió insoportable y se vio agravado por las burlas, los insultos —incluidas las palabras «¿No te gusta, puta de Hamás?»— y las fotografías de mi cuerpo. Todavía no consigo encontrar la paz porque, si fueron capaces de hacerme esto a mí, no puedo imaginar lo que han hecho —y siguen haciendo— a los palestinos que están bajo su control absoluto».
Surya: «Mientras estaba secuestrada, unos oficiales israelíes me desnudaron y me agredieron sexualmente. Uno me apuntó con una pistola a la cabeza y me amenazó con matarme, mientras el otro me agarraba y tiraba de mis genitales de forma perversa y casi con alegría. Aunque esta experiencia me ha causado un gran daño psicológico, me niego rotundamente a sentir vergüenza, menosprecio o culpa por ello, ya que todo eso es responsabilidad exclusiva de los agresores. Esta pequeña muestra del sadismo que los colonizadores sionistas infligen en masa a los palestinos no ha debilitado mi compromiso, sino que ha reforzado mi determinación de trabajar por la liberación».
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