¿Quién liberará Mosul?

Al-Monitor

Traducción para Rebelión de Loles Oliván.

Athil al-Nuyaifi, gobernador de la provincia de Nínive, no parece preocupado por las críticas ni por las voces que pidieron su destitución tras la caída de Mosul bajo el control del Estado Islámico (EI) a principios de año. Por el contrario, Nuyaifi parece tratar de imponerse a sí mismo como un actor esencial para liberar la ciudad. Actualmente se encuentra de visita en Washington para promover su visión de lo que hay que hacer. La liberación de Mosul, sin embargo, no puede dejarse exclusivamente en manos de las iniciativas de Nuyaifi. Exigirá el concurso de todas las comunidades étnicas, religiosas y sectarias de la ciudad. Los puntos de vista de Nuyaifi sobre Mosul coinciden con los de Turquía, de la que el gobernador piensa debe desempeñar un papel clave en la expulsión de EI dada su ubicación geográfica y las históricas relaciones. Nuyaifi acompañó al primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, en una visita el 21 de noviembre a un campamento de peshmergas kurdos supervisado por el ejército turco en Diana, en el norte de Erbil.
Ese mismo día, tras la visita, Nuyaifi publicó en Facebook que había acordado con Davutoglu que Turquía entrenase voluntarios de Nínive para combatir al EI al igual que está entrenando a peshmergas.También escribió: “[...] estamos esperando que la región del Kurdistán sitúe el campamento y empezaremos a registrar los nombres de los voluntarios”. El 27 de noviembre, Nuyaifi publicó: “[...] Después de obtener la aprobación de la región del Kurdistán para abrir un campamento para voluntarios civiles de Nínive, incluyendo a las tribus, a los residentes de las ciudades de la provincia y a todos los partidos políticos que estén dispuestos a declarar la guerra contra el EI, pondremos en marcha las medidas prácticas y registraremos los nombres de los voluntarios en Dahuk y de Erbil. Esta iniciativa se centrará principalmente en las sociedades árabes, que deben tener un papel claro en la liberación de sus regiones”.
Según Nuyaifi, ya se han establecido dos campamentos para entrenar a los combatientes: la Fuerza de Liberación de Mosul y la Fuerza de Mosul Occidental. Ha afirmado que los preparativos anunciados para la liberación de la ciudad representan sólo el 10% de los pasos reales que se están adoptando sobre el terreno entre él y responsables iraquíes y extranjeros. La realidad, sin embargo, no parece reflejar las palabras de Nuyaifi.
Hay testigos que señalan a Al-Monitor que el gobernador ha intentado reunir a algunos oficiales de policía de los campamentos de refugiados que huyeron de Mosul, pero que no ha establecido una fuerza fiable. Las mismas fuentes indican asimismo que él está a la espera de que el gobierno iraquí, Turquía o Estados Unidos le provean de armas.
El problema de Mosul es que su composición demográfica no puede producir fácilmente dirigentes locales capaces de convencer a la gente de que se organice e inicie la ofensiva de la liberación. Al contrario que en la provincia de Anbar, el elemento tribal no es un impulso eficaz en Mosul, y casi nadie presta mucha atención a las palabras de los clérigos que huyeron de la ciudad.
Mahmud Hamadani, profesor de Historia, señala que no hay sólo una Mosul. Afirma que la ciudad donde se atrinchera el EI es el hogar de antiguas familias establecidas desde hace generaciones. La gente de allí no conserva linajes de clan sino familiares. Hamadani explica a Al-Monitor que “[...] También existe una Mosul rural y periférica habitada por tribus. Esta Mosul está lejos de verse afectada por el entorno de la ciudad. Por eso el EI lo tuvo fácil para atraer a muchos de sus residentes periféricos frente a la mayoría de los desplazados de Mosul que son del centro de la ciudad. Hay una Mosul que es kurda, cristiana, chií y turcomana, que es la que el IS ha intentado eliminar desde los primeros días asesinando y provocando el desplazamiento de turcomanos, shabakíes chiíes, cristianos y yazidíes”.
La provincia de Nínive, cuya riqueza cultural e histórica está representada por Mosul, presenta una división geográfica y demográfica. Los turcomanos y los chiíes viven en el norte de Mosul, en Tal Afar; los yazidíes residen en el oeste; los cristianos, los shabakíes y los kurdos comparten el este; y los árabes musulmanes ocupan el centro de la ciudad, y en un menor grado sus provincias y pueblos del sur, así como los pueblos y ciudades donde también se asentaron otras confesiones y grupos étnicos.
El pensamiento actual entre los suníes de Iraq es que la liberación de las áreas suníes sólo se llevará a cabo mediante la iniciativa de los propios suníes. Esa es también la posición de Estados Unidos y de sus partidarios en la región. Las negociaciones en curso entre dirigentes suníes en Washington incluyen a líderes tribales, funcionarios gubernamentales y representantes de las facciones armadas y giran en torno a la formación de un ejército suní posiblemente armado por Bagdad.
La perspectiva del gobierno iraquí de liberar áreas suníes sigue sin estar clara pero cada vez depende más de las Fuerzas de Movilización Popular, que consisten en facciones chiíes cuyo papel está en entredicho entre los residentes de las zonas en cuestión. El EI está explotando los abusos cometidos por elementos de las facciones chiíes con el fin de asustar a los suníes con que pueden acabar asesinados o intimidados en caso de que las fuerzas chiíes entren en sus áreas. En este sentido, el EI se presenta como la mejor alternativa: el protector y el vengador de los suníes.
En medio de la confusión y la ambigüedad que rodea a la búsqueda de representantes suníes capaces de liderar la batalla contra el EI, Washington espera ir tanteando el terreno para unificar a los partidos suníes bajo un paraguas lógicamente aceptable, en el convencimiento de que el final del EI se alcanzará cuando el entorno social y cultural suní favorable a esa organización deje de serlo.
Todo esto es comprensible en el contexto de la guerra y de la búsqueda de aliados, pero el eslabón perdido es el de las diferencias entre las áreas suníes. El modelo de liberación de Anbar, en particular el de la ciudad de Faluya, cuya restauración marcaría el comienzo de la derrota del EI, debe ser distinto del modelo de liberación de Salahuddin, y el de Mosul, debido a su complejidad demográfica, diferente de los de esas dos ciudades.
No es razonable esperar que la Mosul anterior al EI pueda volver en un futuro inmediato. El desafío que representa el EI y los crímenes cometidos bajo su égida han infundido enormes dudas y han generado un montón de acusaciones entre los residentes de Mosul, no solo en los ámbitos étnico, sectario y religioso, sino también entre los árabes de la ciudad y los de la periferia. Excluida la intervención militar estadounidense y la rehabilitación del ejército iraquí en breve plazo, la misión de liberar Mosul requiere la participación de todos los habitantes de la ciudad independientemente de sus diferencias étnicas, religiosas e ideológicas. Esto podría ocurrir en el marco de un acuerdo militar especial que permitiera a todos los sectores controlar sus áreas y gestionarlas y protegerlas en el futuro.

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