El fin de Hamas abriría las puertas del nuevo yihadismo también en Palestina

Si Hamas es destruida y desaparece probablemente nos encontremos con algo mucho peor”. Quien pronunció esta frase no era precisamente una simpatizante de la causa palestina y mucho menos del grupo integrista que gobierna la Franja de Gaza. Era el teniente general Michael Flynn, ex responsable de los servicios de inteligencia del Ejército norteamericano. Lo hizo en plena ofensiva israelí, el 26 de julio. “Una amenaza peor que podría llegar en forma de sistema integral (para toda la región), algo como el ISIS”, dijo este mando militar en el Foro de Seguridad de Aspen (Colorado).
Flynn, aunque no lo dijera expresamente, se refería al convencimiento de que, en realidad, la extrema dureza de la ofensiva israelí sobre Gaza no tenía como objetivo “vengar” el horrible asesinato de tres adolescentes israelíes, sino destruir el prestigio de Hamas como movimiento político, abortando, de paso, el Gobierno de concentración nacional, formado por técnicos, que recientemente había acordado con la Autoridad Palestina.
Pero, si desaparece Hamas, ¿quién le va a sustituir al frente de dos millones de palestinos cuya radicalización se multiplica debido al desproporcionado grado de destrucción y mortandad que ha horrorizado a todo el mundo? ¿Será Al Fatah, su contrincante, o alguna otra de las organizaciones laicas que apoyan el Gobierno de Mahmud Abbas? ¿O más bien será esa nueva generación yihadista que, bajo el liderazgo de Abu Baker Al Baghdadi, está poniendo en jaque no solo a los poderosos Estados de la zona sino a la comunidad internacional?
Tras la instauración del Califato en Mosul, el antiguo ISIS está demostrando una capacidad de expansión y consolidación que nadie esperaba. De acuerdo con las informaciones que llegan de la zona, no solo se estaría imponiendo sobre los otros grupos menos radicales, como los baasistas aglutinados por Al Douri en el Ejército Naqshbandi, sino también sobre algunos dirigentes del Frente Al Nusra, la fuerza islamista más poderosa de Siria hasta el surgimiento del ISIS, que habrían terminado rindiendo pleitesía al nuevo Estado Islámico.
De otra forma no se explicaría que, tras un inicial retroceso en Siria, las fuerzas califales estuvieran avanzando en todos los frentes, contando ahora con ingentes cantidades de armamento conseguido en las ciudades iraquíes que han ocupado; han reaparecido al norte de Alepo, han recrudecido sus combates contra los kurdos en el norte de Siria, se dedican a la “limpieza étnica” en la región de Mosul y, finalmente, han llevado la guerra yihadista dentro del Líbano.
Desde hace días, el Ejército libanés está combatiendo contra la brigada de Imad Ahmad Jomaa, recientemente detenido en un control. Este grupo estaba asociado inicialmente al Frente Al Nusra pero nadie duda ahora actúa a las órdenes del Califato de Mosul, intentando que la ola que recorre todo Oriente Medio llegue hasta el Mediterráneo. Sus mapas incluyen toda la zona con el ántiguo término de “sham” (levante).
De acuerdo con estas informaciones, el Ejército libanés se estaría encontrando con que buena parte de los combatientes proceden de campos de refugiados levantados por el Gobierno de Beirut para atender a quienes huyen de Siria, pero también intentan atraer a los sectores suníes más radicalizados de la población suní libanesa y debilitar, de paso, al Movimiento Futuro deSaad Hariri, hasta ahora principal fuerza política de los musulmanes suníes en el país de los cedros.
Hasta en Turquía ha surgido un movimiento que simpatiza y apoya el Califato de Mosul. Así lo ha denunciado el diputado socialdemócrata Sezgin Tanrikulu, mostrando como prueba una celebración multitudinaria con motivo del fin del Ramadán en un parque próximo a Istanbul.  Las propias autoridades turcas admiten que en torno a un millar de ciudadanos turcos estarían combatiendo en las filas del  Estado Islámico.
No hace falta ser un experto para llegar a la conclusión, como lo hace el general Flynn, de que la destrucción de Hamas creará un vacío que fácilmente puede ser aprovechado por el movimiento que se ha convertido ya en referencia internacional del yihadismo, y tampoco cabe duda de que el sufrimiento de los refugiados de Gaza, en caso de desaparecer Hamas, puede hacer que los tentáculos del Califato lleguen también a la castigada Franja.
En este sentido, no se debe olvidar que, pese a su radicalidad y de que algunos países lo consideren una organización terrorista, Hamas se identifica mas bien con el llamado integrismo reformista -Hermanos Musulmanes en Egipto o el AKP de Erdogán en Turquía-, y su asociación con las armas tiene más que ver con la resistencia a la ocupación israelí que con su ideología. De hecho, en enero de 2006 “llegó a poder” a través de los votos y no de las bombas. Solo la anulación de los resultados, hizo que Hamas volviera sus armas contra sus contrincantes de Al Fatah.
La única alternativa en la actual coyuntura de Oriente Medio es mantener a Hamas como interlocutor válido de los palestinos de Gaza, haciendo posible así retornar al camino de la negociación y el acuerdo. El Gobierno de concentración nacional palestina, pactado recientemente por Hamas y el presidente Mahmud Abbas (ahora destruido igual que buena parte de la Franja de Gaza) era una adecuada iniciativa que iba en esa dirección.

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