Una joven israelí se niega a servir en el ejército tras un año en la frontera con la Franja de Gaza

Una joven israelí se niega a servir en el ejército tras un año en la frontera con la Franja de Gaza
Hanna Beit Halachmi/Resumen Medio Oriente/Aal Bushr*, 12 de enero de 2016 – Tair Kaminer, una joven israelí de 19 años, recibió un llamado para presentarse el domingo 10 de enero de 2016 a las 12 p.m. en el centro de iniciación del ejército israelí “Bakum” de Tel Hashomer, al este de Tel Aviv. Tiene la intención de presentarse en el tiempo y lugar estipulados pero no para comenzar los dos años de servicio militar obligatorio requerido a las jóvenes bajo la ley israelí. En cambio informará a los oficiales de reclutamiento de su negativa a formar parte de un ejército de ocupación y opresión después de lo cual, lo más probable, es que sea enviada a la prisión militar.
Amigos y simpatizantes acompañarán a Tair a las puertas del centro de iniciación a las 12 p.m. del domingo y celebrarán una vigilia de solidaridad en el lugar.
Antecedentes
En los últimos meses hubo varios informes en los medios israelíes de las jóvenes que sirven como soldados en el ejército israelí en controles de carretera en toda la Ribera Occidental y que participan en incursiones nocturnas en los pueblos palestinos que culminan con la entrada a las viviendas palestinas y sacando a los “palestinos sospechosos” para someterlos a interrogatorios del servicio de seguridad de Israel. En varias ocasiones las mujeres soldados fueron elogiadas por disparar y matar a palestinos calificados de terroristas. Los informes de los corresponsales militares tienden a presentar a esas mujeres soldados como modelos positivos, ejemplos de “igualdad de género” y “poder femenino”.
Tair Kaminer, junto a sus compañeros activistas del grupo “Mesarvot” (“refusers”), rechaza de plano esas formas de “igualdad” y “empoderamiento”: la posibilidad generosamente ofrecida a jóvenes mujeres israelíes de unirse con sus homólogos masculinos a un ejército de ocupación y asumir su parte “igual” en la tarea diaria de opresión de los hombres y las mujeres palestinas.
A continuación se presenta una copia del texto de la declaración pública que Tair Kaminer hizo llegar a los oficiales de reclutamiento.
La declaración de Tair Kaminer: Por qué me niego
Mi nombre es Tair Kaminer. Tengo 19 años. Hace unos meses finalicé un año de voluntariado en Varones y Mujeres Scouts israelíes en la ciudad de Sderot, en la frontera con la Franja de Gaza. En pocos días voy a ir a la cárcel.
Un año entero fui voluntaria en Sderot, trabajando con niños que viven en una zona de guerra, y fue allí donde decidí negarme a servir en el ejército israelí. Mi negativa viene de mi voluntad de hacer una contribución a la sociedad de la que formo parte y hacer de este un lugar mejor para vivir, de mi compromiso con la lucha por la paz y la igualdad.
Los niños con los que trabajé crecieron en el corazón del conflicto y pasaron por experiencias traumáticas desde una edad temprana. En muchos de ellos esto ha generado un odio terrible -bastante comprensible- especialmente en niños pequeños. Como ellos muchos de los niños que viven en la Franja de Gaza y en el resto de los territorios palestinos ocupados, en una realidad aún más dura, aprenden a odiar al otro lado. Ellos tampoco pueden ser culpados. Cuando miro a todos estos niños, la próxima generación de los dos lados y la realidad en la que viven, lo que puedo ver es la continuación de trauma y dolor. Y digo: ¡Basta!
Hace años que no hay horizonte político, ningún proceso de paz a la vista. No hay ningún intento de ningún tipo para lograr la paz en Gaza o para Sderot. Mientras domine el violento camino militar simplemente tendremos nuevas generaciones que crecen con una herencia de odio que sólo hará las cosas aún peor. Tenemos que parar esto, ¡ahora!
Por eso me niego: No voy a tomar parte activa en la ocupación de los territorios palestinos ni en la injusticia perpetrada contra el pueblo palestino una y otra vez bajo esta ocupación. No voy a participar en el ciclo de odio en Gaza y Sderot.
Mi cambio surgió para el 10 de enero de 2016. Ese día voy a informar al centro de iniciación Tel Hashomer de mi negativa a servir en el ejército y mi voluntad de hacer un servicio civil alternativo.
En conversaciones con algunas personas que me importan me han acusado de socavar la democracia debido a mi negativa de acatar las leyes que fueron promulgadas por un Parlamento elegido. Pero los palestinos de los territorios ocupados viven bajo el dominio del Gobierno de Israel, a pesar de que no tienen voz alguna en la elección de ese Gobierno. Creo que mientras Israel siga siendo un país ocupante continuará alejándose más y más de la democracia. Por lo tanto mi rechazo es parte de la lucha por la democracia y no un acto antidemocrático.
Me han dicho que estoy evitando mi responsabilidad en la seguridad de Israel. Pero como mujer que considera a todas las personas iguales -y todas sus vidas igualmente importantes- no puedo aceptar el argumento de la seguridad que se aplica sólo a los judíos. Es sobre todo ahora, que sigue la ola del terror, cuando se vuelve claro y evidente que los militares tampoco pueden garantizar la protección de los judíos. Es muy simple: no se puede crear una isla de seguridad en medio de una ocupación opresora. La verdadera seguridad sólo se puede crear cuando el pueblo palestino viva en libertad y con dignidad en su propio Estado independiente al lado de Israel.
Hubo quienes se preocuparon por mi futuro personal en un país en el que realizar el servicio militar se considera de suma importancia en el tejido cotidiano de las relaciones sociales. Preocupados por las perspectivas de mi futuro sugirieron que debo servir en el ejército, sin tener en cuenta mis opiniones, o por lo menos que no haga pública mi negativa. Pero gracias a todas las dificultades y preocupaciones he optado por declarar mi negativa abiertamente para que todos la oigan. Este país, esta sociedad, son demasiado importantes para mí y no puedo estar de acuerdo en guardar silencio. Esa no fue la forma en que me crié, de ocuparme sólo de mí y mis preocupaciones privadas. La vida que tuve hasta ahora era para dar y asumir la responsabilidad social y así quiero que continúe.
Aunque tenga que pagar un precio personal por mi negativa este precio valdrá la pena si ayuda a colocar la ocupación en la agenda del discurso público israelí. De lejos, demasiados israelíes no sienten directamente la ocupación y tienden a olvidarse de ella en su vida cotidiana, vidas que están extremadamente seguras en comparación con las de los palestinos o incluso las de los israelíes que viven en el Negev occidental (en la frontera con Gaza).
Se nos dice que no hay manera de que no sea el camino militar violento. Pero creo que esta es la forma más destructiva y que hay otras. Deseo recordar a todos que sí existe una alternativa: las negociaciones, la paz, el optimismo, una verdadera voluntad de vivir en la igualdad, la seguridad y la libertad. Se nos dice que los militares no son una institución política, pero la decisión de servir en el ejército es altamente política, no menos que la decisión de negarse a cumplirlo.
Nosotros, los jóvenes, debemos entender las implicaciones de tal elección. Tenemos que entender sus consecuencias para nuestra sociedad. Después de haber deliberado sobre estos temas tomé la decisión de rehusar. No tengo miedo de la prisión militar, lo que realmente me asusta es que nuestra sociedad pierda su humanidad.
*Artículo publicado en Rebelión. Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

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