La salida de Orange de Israel provoca una polémica política

El grupo Orange ha anunciado oficialmente este jueves su deseo de romper sus relaciones comerciales con su socio israelí Partner Communications pese a la tormenta política originada tras conocerse sus intenciones. El Gobierno israelí ha pedido explicaciones no solo a la operadora sino también al Ejecutivo francés, que posee el 25% de la compañía.
Benjamín Netanyahu elevó por la noche a la categoría de amenaza existencial para el Estado judío la polémica desatada por el director general de la compañía telefónica francesa Orange al anunciar el miércoles su voluntad de retirarse de Israel. El primer ministro calificó en un acto público en Jerusalén como “miserable” la medida y exigió al Gobierno de Francia que se distanciara de la posición de la compañía.
La polémica se desató porque, durante una visita a El Cairo, el presidente y director general de Orange, Stéphane Richard, comentó que, si dependiera de él, la compañía saldría de Israel al día siguiente. El comentario coincidió con un momento de intensificación de la campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel. Y se produjo unas semanas después de que en Francia se difundiera el manifiesto Las peligrosas conexiones de Orange en el territorio palestino ocupado, suscrito por la Federación Internacional de ligas de Derechos Humanos o el poderoso sindicato CGT.
Sin embargo, Orange aseguró este jueves en un comunicado que “no hay ninguna vocación de tomar parte, de ninguna manera, en un debate de naturaleza política”. La compañía circunscribe su decisión al ámbito empresarial y comercial. Explica en el comunicado que Orange no posee ninguna participación en Partner, con la que solo mantiene “un acuerdo de licencia de marca”, es decir, que recibe una compensación económica por dejar usar el nombre de Orange.
Ese acuerdo, precisa, se firmó antes de que France Télécom, la histórica operadora francesa, adquiriera Orange en el año 2000. Pero el acuerdo de licencia se suscribió para mantenerlo operativo hasta 2025 y ahora la operadora prefiere romperlo.
Orange explica que no es operadora en Israel y que el grupo no tiene “ninguna influencia en la estrategia o el desarrollo operativo” de Partner. Y que su “primer objetivo” consiste en “defender y revalorizar la fuerza de su marca” en todos los mercados en los que está presente. Una frase de la que parece deducirse que su presencia en Israel no está en línea con ese objetivo esencial.
“De acuerdo con su política de marca”, añade el comunicado, “Orange no desea mantener la presencia de la marca en los países en los que el grupo no es operador”. “En ese marco, y con el respeto estricto a los acuerdos existentes, Orange desea poner término a esa licencia de marca”. Es decir, que la operadora francesa se apresta a negociar con Partner el fin del contrato.
Orange presentó el año pasado una cifra de negocios de 39.000 millones de euros. Tiene 155.000 empleados, de los que 98.000 trabajan en Francia. Está presente en 28 países, pero en el listado que facilita la compañía no figura Israel.
“Este absurdo drama que suponen las condenas y las amenazas de boicoteo no será olvidado [por el Gobierno israelí], advirtió Netanyahu, quien pidió a los países amigos que “declaren de forma incondicional que rechazan cualquier tipo de boicot contra el Estado.
Pocas horas antes de que se desatara la polémica, el Parlamento israelí había celebrado un debate extraordinario sobre las crecientes presiones diplomáticas y comerciales que recibe del extranjero, y que se han convertido en una de las máximas preocupaciones de los israelíes. El intento, abortado por los propios palestinos, de expulsar a los equipos israelíes de las competiciones internacionales de fútbol en el reciente congreso de la FIFA y la decisión del Sindicato de Estudiantes británico de unirse a la campaña BDS ya habían hecho saltar las alarmas en Israel.
La polémica por hacer negocios en la Cisjordania ocupada salpicó incluso a Scarlett Johansson a principios de 2014. La actriz estadounidense era la imagen de la campaña publicitaria internacional de una empresa de bebidas gaseosas establecida en un asentamiento judío en Cisjordania.

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