“La vida en Gaza es una constante lucha por obtener agua potable, comida y energía”

Pierre Krahenbuhl, comisionado general de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, este martes en Madrid. B. PEREZ
El millón y medio de personas que vive en la minúscula Franja de Gaza se ahoga desde el bloqueo que Israel inició en 2007. Entre los 260.000 estudiantes que acuden a las escuelas de la ONU dentro del pequeño territorio, el 65% termina en la marginalidad y en el paro, ha alertado este martes Pierre Krähenbühl, comisionado general de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA por sus siglas en inglés). “Los niños menores de 12 años han vivido ya tres conflictos [contra Israel]”, el último, perpetrado durante el verano de 2014. Y "la reconstrucción es poca por las trabas [israelíes] a la entrada de material de construcción" entre otros motivos, ha denunciado. Con estos elementos y una población gazatí en "constante lucha por obtener agua potable, comida, energía y gasolina", el jefe de la misión de Naciones Unidas en el terreno ha alertado del “posible aumento de la inestabilidad” en un territorio que sobrevive de la ayuda internacional y que está gobernado por el partido islamista Hamas. 
Pero lo anterior es sólo “la punta del iceberg”. El impacto psicológico que existe entre la población de la Franja es “tremendo” y es lo más difícil de subsanar. Y Krähenbühl ha arrojado las cifras: la alimentación de un millón de personas depende totalmente de la ONU en el territorio gobernado por Hamás, que llegó al poder en 2006 a través de unas elecciones legítimas y que nunca más se han convocado desde entonces. En 2000 eran 800.000 los dependientes de la Organización. “La falta de perspectiva es el mayor problema allí”, ha reiterado. 
Krähenbühl, de visita en Madrid, quiere relanzar la situación de Palestina a la esfera internacional. Consciente de la importancia —y la gravedad— de las consecuencias humanitarias de casi ya siete años de cruenta guerra en Siria, al jefe de misión de Naciones Unidas le preocupa que Palestina y sus más de cinco millones de refugiados en países vecinos caigan en el “olvido”. Aunque ha suavizado inmediatamente que los solicitantes de asilo sirios, iraquíes, somalíes, yemeníes, etcétera, “merecen toda la atención del mundo”. 
A pesar de estar en constante contacto con la más cruda realidad de este mundo, Krähenbühl se ha emocionado al pensar en el porvenir de todos aquellos millones de personas que consiguen sobrevivir con la ayuda de la UNRWA. Recordó sus visitas a Siria, a Gaza, a Cisjordania… “Nunca he conocido a un refugiado que quiera seguir siéndolo”, ha asegurado. 
Del medio millón de refugiados palestinos que vivían desde hacía décadas en Siria y “estaban esperando una solución política” en el devastado país —por ejemplo en Yarmuk, cercano a Damasco—, la UNWRA confirma que 120.000 habrían conseguido escapar. Pero lo que más le impacta es que hay toda una generación que se enfrenta a todo tipo de calamidades derivadas no sólo de una guerra que se ha cobrado ya más de 350.000 vidas —20 trabajadores de la UNRWA han muerto en el conflicto y 25 están desaparecidos, según Krähenbühl—, sino del hecho de ser refugiado palestino. “La esperanza de vida [de los refugiados palestinos en Siria] ha descendido 20 años”, ha ilustrado. 
Este 2017 está marcado en el calendario de los palestinos; se cumplen 50 años de la ocupación israelí y una década del bloqueo de Gaza. “El mayor problema es la falta de perspectiva de una solución política al conflicto”, ha insistido un diplomático Krähenbühl, que se ha reunido este martes con las autoridades de las Comunidades Autónomas, la Agencia de Cooperación Española de Cooperación y Desarrollo (Aecid) y varios grupos de la sociedad civil en Madrid para subrayar las necesidades más urgentes de la Organización que gestiona a más de cinco millones de refugiados palestinos en toda la región de Oriente Próximo. “¡Es casi la población de Noruega!”, ha exclamado; 1,2 millones se encuentran “atrapados” en la Franja de Gaza, 750.000 en Cisjordania, dos millones en Jordania, 420.000 en Siria y 300.000 en Líbano. “Es importante que el mundo se dé cuenta de que no puede cerrar los ojos” ante las injusticias que se están perpetrando contra los palestinos, ha criticado. Y ha solicitado una “vuelta a un proceso [de paz] político serio”. 

Israel y EE UU

Preguntado por un posible cambio de rumbo de las políticas de Israel gracias a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca —tradicional socio internacional— , Krähenbühl ha mantenido la cautela. Le es indiferente la reunión que el presidente estadounidense mantuvo la semana pasada con su homólogo israelí Benjamin Netanyahu, en la que Trump dejó abierta la puerta a la solución de “un solo Estado”. Para la ONU solo es válida una resolución “justa y duradera” que contemple dos Estados. Y ha asegurado que “si se mantienen posturas moderadas, habrá solución”.
Coincidiendo con la llegada de Trump a la Casa Blanca, el Gobierno de Netanyahu, en cambio, sí ha endurecido sus políticas colonizadoras. “Los asentamientos [israelíes en Cisjordania] son ilegales para la comunidad internacional y su construcción tiene un impacto sobre la población palestina y sobre comunidades beduinas. En su manera de vivir, en la libertad de movimiento, en la economía”, ha lamentado.
Este martes, un tribunal israelí condenó a un soldado del Ejército hebreo a tan solo 18 meses de prisión por rematar a un palestino previamente malherido. A pesar de la polémica suscitada en un asunto tan sensible entre dos poblaciones históricamente enfrentadas, Krähenbühl se ha mantenido al margen: “No somos jueces”.

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