Ecocidio en Gaza: colonialismo, destrucción medioambiental y la lucha por la vida
Por Mazin Qumsiyeh*
La devastación medioambiental que se está produciendo en la Franja de Gaza desde octubre de 2023 constituye uno de los casos más extensos y deliberados de ecocidio de la historia moderna. Este artículo examina las dimensiones ecológicas del actual ataque a Gaza, situándolas en el contexto de una trayectoria centenaria de transformación medioambiental colonialista en Palestina, y documenta la destrucción de ecosistemas, tierras agrícolas, infraestructuras hídricas y biodiversidad. También explora los marcos jurídicos y morales que rodean el concepto de ecocidio, comparándolo con delitos relacionados, como el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Por último, destaca la resiliencia y la resistencia de los actores medioambientales palestinos y el llamamiento global a la rendición de cuentas y la restauración ecológica.
Definición de ecocidio y su relevancia para Gaza
El término «ecocidio» deriva del griego oikos (hogar) y del latín caedere (matar), y significa literalmente «la destrucción del propio hogar». Se refiere a actos que causan daños generalizados, a largo plazo o graves al medio ambiente, amenazando la supervivencia de los ecosistemas y de las comunidades que dependen de ellos[i]. Aunque el ecocidio aún no está tipificado como delito internacional fundamental en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, académicos y profesionales del derecho abogan cada vez más por su reconocimiento junto al genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra[ii].
En la Franja de Gaza, los ataques deliberados contra los sistemas medioambientales —el agua, el suelo, el aire, la flora, la fauna y las instituciones ecológicas— durante los dos años de agresiones constituyen un claro ejemplo de ecocidio. Tal y como se demuestra claramente en un artículo publicado por la investigadora estadounidense Ahlam Abuawad y otros académicos[iii], la destrucción medioambiental en Gaza no es un daño colateral, sino una estrategia intencionada destinada a convertir el territorio en un lugar inhabitable. El colapso ecológico de Gaza debe entenderse, por tanto, tanto como una catástrofe biofísica como un instrumento político de dominación, y la destrucción actual debe situarse en el contexto de una larga historia de colonialismo medioambiental en Palestina.
Raíces históricas: el colonialismo medioambiental y la «Nakba medioambiental»
El deterioro medioambiental en Palestina no comenzó en 2023. Tiene sus raíces en el proyecto colonialista sionista inicial, que no sólo pretendía despojar de sus tierras al pueblo palestino indígena, sino también transformar el paisaje para que reflejara un ideal ecológico europeo. Ya en la década de 1920, el drenaje de los humedales de Hula, en el norte de Palestina, se celebró como una misión «civilizadora», pero tuvo como resultado la destrucción de 219 especies, de las cuales solo la rana pintada de Hula (Latonia nigriventer), endémica de la zona, logró recuperarse más tarde. Esto representa el colapso de un ecosistema de humedales único que también era importante para la migración de las aves[iv].
Proyectos posteriores, como el desvío del río Jordán, la deforestación masiva y la sustitución de árboles autóctonos por monocultivos de pinos europeos, alteraron aún más el equilibrio ecológico. Antes de 1948, el río Jordán vertía aproximadamente 1350 millones de metros cúbicos (m3) de agua al año en el mar Muerto; en la década de 2000, esta cifra se redujo a menos de 20 m3 al año[v]. Del mismo modo, se arrancaron de raíz millones de árboles silvestres y domésticos (olivos, algarrobos y almendros) para dar paso a asentamientos, zonas militares y muros [vi].
Esta «Nakba medioambiental», tal y como se ha descrito en otros lugares[vii], constituye un pilar fundamental del proceso de colonización. La transformación ecológica del territorio tiene fines tanto simbólicos como prácticos: borrar la presencia nativa, hacerse con el control de los recursos naturales y crear un paisaje excluyente para uso del colonizador.
Ecocidio en la Franja de Gaza: la fase contemporánea
Desde octubre de 2023, Gaza se ha enfrentado a un nivel de devastación medioambiental sin precedentes. Estudios basados en imágenes de satélite[viii] muestran que más del 60 % de las tierras agrícolas de Gaza han sido destruidas o han quedado inutilizables por los bombardeos, la demolición con excavadoras y la contaminación. Esta destrucción incluye olivares, huertas y invernaderos que en su día sustentaban la seguridad alimentaria local. Se ha informado de que más del 70 % de los hábitats de especies amenazadas y endémicas han sido arrasados, lo que sitúa la biodiversidad de Gaza al borde de la extinción[ix]. Especies como el suimanga de Palestina (Cinnyris osea), el abejaruco europeo (Merops apiaster) y el erizo del desierto (Paraechinus aethiopicus) se enfrentan a una grave pérdida de hábitat debido a la deforestación, la contaminación del suelo y el colapso de las infraestructuras.
Además, las campañas de bombardeos han liberado enormes cantidades de gases de efecto invernadero. Según The Guardian[x], solo las emisiones de los primeros 90 días de bombardeos superaron la huella de carbono anual de 20 países pequeños juntos. El impacto medioambiental incluye la quema de combustible militar, la destrucción de estructuras de cemento y asfalto, y la liberación de metales pesados y polvo de amianto, todo lo cual contribuye al cambio climático regional y global.
El colapso, la contaminación y el «escolasticidio»
La destrucción de las infraestructuras de Gaza ha provocado una catástrofe para la salud ambiental[xi]. Los ataques israelíes no solo se dirigieron contra hospitales e instalaciones hidráulicas, sino también contra plantas desalinizadoras, estaciones de tratamiento de aguas residuales y centros de gestión de residuos. Como consecuencia, las aguas residuales sin tratar fluyen ahora directamente hacia el Mediterráneo, contaminando las aguas a lo largo de las costas tanto de Gaza como del sur de Israel[xii]. Los bloqueos de combustible paralizaron aún más los sistemas de recogida de residuos y desalinización, lo que provocó brotes generalizados de enfermedades infecciosas. La combinación de la degradación ambiental y el colapso de la salud pública ejemplifica el ecocidio compuesto, en el que la destrucción ambiental multiplica el sufrimiento social[xiii].
El uso de armas destructivas para el medio ambiente en Gaza también ha sido ampliamente documentado. Las municiones de fósforo blanco, que se inflaman espontáneamente al entrar en contacto con el oxígeno, causan no sólo sufrimiento humano, sino también contaminación a largo plazo del suelo y de las aguas subterráneas [xiv]. Los elevados niveles de isótopos de plomo y cadmio detectados en muestras de polvo de la región sugieren una posible exposición a reacciones neutrónicas o radiactivas, un hallazgo que concuerda con la hipótesis del uso de municiones no convencionales. Dicha contaminación hace que vastas áreas sean inadecuadas para la agricultura y amenaza las cadenas alimentarias a través de la bioacumulación en cultivos y ganado. Este proceso ejemplifica la dimensión ecotoxicológica de la guerra, en la que los residuos del conflicto persisten en la biosfera mucho después de que las bombas dejen de caer las bombas.
Más allá de los daños físicos causados, la guerra ha tenido como objetivo las instituciones educativas y de investigación de Gaza, destruyendo de hecho la capacidad de estudiar o remediar el daño medioambiental. Esta destrucción sistemática de la educación superior, un fenómeno denominado «escolasticidio», elimina la capacidad científica local que es esencial para la recuperación[xv]. Todas las universidades de Gaza, incluidas la Universidad Islámica de Gaza y la Universidad de Al-Azhar, han sido destruidas o han sufrido graves daños. Los laboratorios que albergaban colecciones ecológicas, bancos de semillas y bases de datos sobre biodiversidad han sido arrasados. Esta aniquilación de la infraestructura intelectual constituye un ecocidio basado en el conocimiento, que borra generaciones de ciencia y gestión medioambiental.
Marcos jurídicos y morales: ¿Es el ecocidio un delito?
El reconocimiento del ecocidio como delito en el marco del derecho internacional está cobrando impulso. Los proyectos de enmienda propuestos al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) en 2021 definen el ecocidio como «actos ilícitos o deliberados cometidos a sabiendas de que existe una probabilidad sustancial de que dichos actos causen daños graves y generalizados o a largo plazo al medio ambiente»[xvi]. Las enmiendas propuestas solicitan que se modifique el Estatuto de Roma para incluir el ecocidio como delito junto a los cuatro delitos existentes: genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y el crimen de agresión. Si se aplica este marco a Gaza, múltiples actos —desde los ataques contra los sistemas de abastecimiento de agua hasta la contaminación del suelo con agentes tóxicos— cumplen estos criterios. La naturaleza deliberada y sistemática de tales actos refuerza el argumento jurídico de que se está produciendo un ecocidio.
En mayo de 2025, la Misión Permanente de Palestina en los Países Bajos declaró formalmente que la devastación ecológica de Gaza constituía un ecocidio, señalando que menos del cinco por ciento de las tierras agrícolas siguen siendo cultivables.
En su artículo, el grupo de científicos liderado por Ahlam Abuawad mencionado anteriormente hizo un llamamiento a la comunidad científica para que adoptara una postura moral, «alzara la voz contra el desastre medioambiental sin precedentes y evitable provocado por el ser humano en Gaza y hiciera todo lo que estuviera en su mano para garantizar que se detuviera el genocidio y el ecocidio que se está desarrollando en Gaza». [xvii]
Ecocidio, colonialismo y resistencia
El ecocidio en Gaza es inseparable de la matriz colonial de poder más amplia que se da en Palestina. Es a la vez una consecuencia y una herramienta de dominación. Al destruir los sistemas ecológicos, la potencia ocupante elimina las bases de la vida y la soberanía, imponiendo la dependencia y el desplazamiento. Sin embargo, la población palestina ha resistido continuamente —a través del activismo medioambiental, la agroecología, la conservación de semillas y la restauración comunitaria—. El Instituto Palestino para la Biodiversidad y la Sostenibilidad (The Palestine Institute for Biodiversity and Sustainability-PIBS) de Belén[xviii], por ejemplo, lidera iniciativas para conservar especies autóctonas, documentar el daño medioambiental y promover la justicia ecológica. Tales actos de eco-resistencia o «eco-sumud» («firmeza ecológica») demuestran que, a pesar de la destrucción, la vida y la capacidad de acción persisten.
Sin embargo, la destrucción medioambiental en Gaza tiene consecuencias transfronterizas. Los contaminantes procedentes de las zonas industriales bombardeadas y los vertidos de aguas residuales contaminan el Mediterráneo, amenazando la pesca regional y la biodiversidad costera[xix]. La contaminación atmosférica provocada por los bombardeos continuos contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero y a las partículas en suspensión que afectan a la calidad del aire en todo el Levante.
Además, el ecocidio de Gaza ejemplifica la intersección entre la injusticia climática y la violencia imperial.[xx] La profunda vulnerabilidad de Palestina al cambio climático se entrecruza trágicamente con la destrucción en curso. El calor va en aumento y la sequía se intensifica, mientras que las precipitaciones disminuyen, habiendo caído el invierno pasado a menos del 40 % de la media anual de los últimos 40 años. En ese contexto, en la COP29 de 2024, las voces palestinas denunciaron la hipocresía de los debates mundiales sobre el clima que ignoran el ecocidio que se está produciendo en Gaza, exigiendo justicia climática colectiva y la retirada de inversiones de los sistemas energéticos que alimentan la ocupación.
Los mismos sistemas globales que impulsan la extracción de combustibles fósiles, la militarización y la explotación medioambiental se reproducen en la destrucción de Gaza. Reconocer el ecocidio como un fenómeno sistémico —y no como una anomalía local— es esencial para la justicia medioambiental global.
Hacia la restauración y la rendición de cuentas
Abordar el ecocidio en Gaza requiere tanto una acción humanitaria inmediata como una restauración ecológica a largo plazo. Entre las prioridades se incluyen la vigilancia medioambiental y la recopilación de datos, utilizando imágenes satelitales y la ciencia comunitaria local; la gestión de escombros, ya que los escombros generados superan los 37 millones de toneladas[xxi] y son extremadamente peligrosos, al contener residuos de bombas, uranio empobrecido, fósforo blanco, amianto y otros materiales altamente peligrosos; la rehabilitación de los sistemas de agua y alcantarillado, dando prioridad a soluciones descentralizadas alimentadas con energías renovables; la reforestación y la restauración de hábitats, utilizando especies autóctonas; y, por último, la rendición de cuentas jurídica, mediante la defensa internacional del reconocimiento del ecocidio y las reparaciones.
La devastación de Gaza no es meramente una crisis humanitaria, sino una crisis ecológica con ramificaciones globales. La destrucción de la tierra, el agua, el aire y la biodiversidad revela una intención no solo de someter a un pueblo, sino de aniquilar los fundamentos ecológicos de su supervivencia. Comprender y calificar esto como ecocidio es esencial para la justicia global y para restaurar la vida en Palestina. La verdadera sostenibilidad no puede existir bajo la ocupación. La restauración del medio ambiente de Gaza requiere, por tanto, la restauración de la soberanía, la justicia y la paz, donde tanto las personas como la naturaleza puedan sanar.
*Mazin Qumsiyeh es un científico, escritor y activista por los derechos humanos palestino. Es fundador y director del Instituto Palestino para la Biodiversidad y la Sostenibilidad de la Universidad de Belén (https://www.palestinenature.org/), dedicado a la investigación y la educación medioambientales, así como a la conservación de la naturaleza, la cultura y el patrimonio en Palestina.
Fuente: Brennpunkt
Referencias
[i] Higgins, P, Eradicating ecocide: Laws and governance to stop the destruction of the planet, London, Shepheard-Walwyn, 2010.
[ii] Higgins et al., 2020.
[iii] Abuawad, A., Griffiths, M., Edwards, G., Eftekhari, A., El-Ebweini, M., Al-Najar, H., Butmeh, A., Abu Dayyeh, R., Al-Shewy, M., & Aker, A. (2024). From ecocide to genocide: A call to action for scientists globally to address the destruction in Gaza. SSRN. https://doi.org/10.2139/ssrn.5021472
[iv] Qumsiyeh, Mazin., Impact of the Israeli military activities on the environment, International Journal of Environmental Studies, 81(2), 2024, p.977–992. Consultable sur https://doi.org/10.1080/00207233.2024.2323365
[v] Qumsiyeh, 2022
[vi]Husein, D., and M.B. Qumsiyeh, 2022. Impact of Israeli segregation and annexation wall on Palestinian biodiversity. Africana Studia 1: 19–26. https://doi.org/10.21747/0874-2375/afr37a2.
[vii] Qumsiyeh, Mazin, Developing Institutions that Serve National Goals: Case Study of the Palestine Institute for Biodiversity and Sustainability, Al-Quds Journal for Natural Sciences, 1(3), 5, 2023. https://aquja.alquds.edu/index.php/science/article/view/197
[viii] Yin et al., Evaluating war-induced damage to agricultural land in the Gaza Strip since October 2023 using PlanetScope and SkySat imagery, Science of Remote Sensing, 11, 2025. Accessible through: https://www.palestinenature.org/research/1-s2.0-S2666017225000057-main.pdf#:~:text=Forced%20displacement%2C%20the%20risk%20of%20unexploded%20ordnance,without%20direct%20ground%20access%20presents%20significant%20challenges.
[ix] Ward M, et al., The estimated cost of preventing extinction and progressing recovery for Australia’s priority threatened species. Proceedings of the National Academy of Sciences, 122: e2414985122, 2025.
[x] Guardian. (2024, January 9). Emissions from Israel’s war in Gaza have ‘immense’ effect on climate catastrophe. https://www.theguardian.com/world/2024/jan/09/emissions-gaza-israel-hamas-war-climate-change
[xi] Hamamra, B., Abuzant, M., and Fayez Mahamid, M. (2024) The Decimation of Gaza’s Health Care System—Hospitals Destroyed and Lives Endangered. SAGE Open Medicine. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/27551938251378096
[xii] Murray, N. (2024). Water apartheid: How Israel weaponises water in the Gaza Strip. Middle East Eye. https://www.middleeasteye.net/opinion/how-israel-weaponises-water-gaza-strip
[xiii] Qumsiyeh & Ali, 2024.
[xiv] Busby, C., Gallagher, R. L., Saouiby, Y. A., & Abboud, J. (2025). Anomalous lead and cadmium isotope ratios in dust samples near the Israeli bombing site in Beirut provide evidence of neutron exposures. Retrieved from https://drive.proton.me/urls/NPC3NS64MM
[xv] Qumsiyeh, M. B., & Ali, R. (2024). Scholasticide: The ongoing colonial attack on Palestinian higher education. Science for the People, 26(3), 20–22, 46–47.
[xvi] Higgins, P., Short, D., & South, N. (2020). Protecting the planet: A proposal for a law of ecocide. Crime, Law and Social Change, 73(1), 117–135. Consultable sur https://doi.org/10.1007/s10611-019-09851-3
[xvii] Abuawad, Ahlam and Griffiths, Mark and Edwards, Graham and Eftekhari, Adan and Shehada, Mohammad and Al-Najar, Husam and Butmeh, Abeer and Abu Dayyeh, Rasha and Al-Shewy, Mohamed and Aker, Amira, From Ecocide to Genocide: A Call to Action for Scientists Globally to Address the Destruction in Gaza, SSRN, November 04, 2024. Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=5021472 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.5021472
[xviii] Palestine Institute for Biodiversity & Sustainability of Bethlehem University, Website. Available under https://www.palestinenature.org/
[xix] Yin, H., Eklund, L., Habash, D., Qumsiyeh, M. B., & Van Den Hoek, J. (2025). Evaluating war-induced damage to agricultural land in the Gaza Strip since October 2023 using PlanetScope and SkySat imagery. Science of Remote Sensing, 11, Article 100199.
[xxi] Anadolu Agency, What to do with debris in Gaza (interview with Mazin Qumsiyeh), X, 2024. https://x.com/anadoluagency/status/1905961839529201723








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