miércoles, 18 de marzo de 2026

Preguntas parlamentarias en el Parlamento Europeo: Israel debe recibir castigos por su política de ocupación y colonización


 Preguntas parlamentarias en el Parlamento Europeo

Israel debe recibir castigos por su política de ocupación y colonización

Se efectúan dos preguntas en el Parlamento Europeo, a cargo de diversos parlamentarios y grupos, que tienen en común la petición de eliminación de beneficios comerciales que disfruta Israel, a pesar de su política de ocupación y colonización.

La primera, basándose en el control y distribución del agua de toda Palestina histórica por parte de Israel y su política discriminatoria hacia la agroganadería palestina, el eurodiputado Vicent Marzá (Compromis Verts ALE) pregunta por la conveniencia, en base a esa competencia desleal israelí, de suspender todas las importaciones agro ganaderas israelíes (incluyendo los producidos en los asentamientos) a la UE.

La segunda pregunta, formulada por los eurodiputados, Lynn Boylan (The Left), Rudi Kennes (The Left), Danilo Della Valle (The Left), Hana Jalloul Muro (S&D), reclama que, al igual que se ha hecho con Rusia, la Comisión Europea pida la exclusión de Israel del trato de nación más favorecida con arreglo a las normas de la Organización Mundial del Comercio

  • Competencia desleal derivada del acceso desigual al agua en Israel y los territorios ocupados
27.2.2026
Pregunta con solicitud de respuesta escrita E-000826/2026/rev.1 a la Comisión
Artículo 144 del Reglamento interno
Vicent Marzà Ibáñez (Verts/ALE)
La política comercial de la Unión se rige por estimular la competencia y las buenas prácticas empresariales. En este sentido, hay informes de las Naciones Unidas, de la Unión Europea y de las embajadas europeas ante Israel y el Estado de Palestina que informan del control y la distribución asimétrica del agua palestina y de los Altos del Golán sirios por parte israelí respecto de las aguas superficiales, subterráneas, lluvia y residuales y depuradas.
Existe un expolio que favorece a la agricultura israelí frente a la agricultura de territorios ocupados en cantidad y precio, por lo que la primera está dopada a costa de las segundas.
La Unión tiene instrumentos para no favorecer esa competencia desleal de la agricultura israelí y de los asentamientos ilegales que también perjudica a la competitividad de la agricultura europea.
Ante esta situación, se formula la siguiente pregunta a la Comisión:
¿Va a suspender temporalmente la importación de productos agroganaderos israelíes y de los asentamientos hasta que haya un reparto equitativo de agua entre palestinos e israelíes, tenga el mismo precio para unos y otros y no se perjudique a la agroganadería europea por ese dopaje sobre el agua que está realizando Israel?
Presentación: 27.2.2026
Última actualización: 11 de marzo de 2026
Exclusión de Israel del trato de nación más favorecida con arreglo a las normas de la Organización Mundial del Comercio
9.3.2026
Pregunta con solicitud de respuesta escrita  E-000951/2026 a la Comisión
Artículo 144 del Reglamento interno
Lynn Boylan (The Left), Rudi Kennes (The Left), Danilo Della Valle (The Left), Hana Jalloul Muro (S&D)
En marzo de 2022, la Unión, en colaboración con los países del G7, dejó de tratar a Rusia como nación más favorecida en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en respuesta a la invasión ilegal de Ucrania y a las violaciones del Derecho internacional por parte de Rusia. Esta decisión se adoptó en virtud del artículo XXI del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1947[1].
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) confirmó, en julio de 2024, que Israel viola normas imperativas fundamentales del Derecho internacional, incluido el derecho de autodeterminación del pueblo palestino, la prohibición de la adquisición de territorios mediante el uso de la fuerza y la prohibición de los crímenes de apartheid y segregación racial[2].
Dado que Israel infringe claramente el Derecho internacional y socava el orden basado en normas, está justificada la misma respuesta política para garantizar que la Unión aplique el Derecho internacional de forma sistemática.
Considerando todo lo expuesto, la Comisión:
  • 1.
    ¿Tiene previsto excluir a Israel del trato de nación más favorecida en el marco de la OMC?
  • 2.
    ¿Colaborará con los socios del G7 en aras de poner fin al trato de nación más favorecida concedido a Israel, como se hizo cuando Rusia invadió Ucrania ilegalmente?
  • 3.
    ¿Defenderá, en la 14.ª Conferencia Ministerial de la OMC en Camerún, que el mayor número posible de países retiren colectivamente a Israel el trato de nación más favorecida?
Presentación: 9.3.2026

CONMEMORACIÓN DEL ASESINATO DE RACHEL CORRIE


 📌CONMEMORACIÓN DEL ASESINATO DE RACHEL CORRIE


El 16 de marzo de 2003, la activista estadounidense Rachel Corrie, de 23 años, fue asesinada en Gaza mientras defendía de manera no violenta hogares palestinos frente a su demolición. Su muerte se convirtió en un símbolo de la solidaridad internacional con Palestina 🇵🇸

En sus escritos preguntó:
“¿Qué pasaría si nos mantuviéramos firmes, exigiéramos justicia y nos negáramos a irnos?”

Hoy, mientras Gaza enfrenta un genocidio, su pregunta sigue resonando. Nos recuerda que la conciencia no tiene nacionalidad y que el silencio frente a la injusticia nunca es neutral.

Honramos la vida de Rachel Corrie 🕊️ y agradecemos a todas las personas en el mundo que continúan alzando la voz, marchando y negándose a mirar hacia otro lado. Su solidaridad sigue siendo una fuerza poderosa.

#PalestinaLibre 🇵🇸
#JusticiaParaRachel
#FinAlAsedio

Coalición internacional de flotillas para romper el bloqueo de Gaza

 


Coalición internacional de flotillas para romper el bloqueo de Gaza

18 marzo 2026- La Global Sumud Flotilla, la Flotilla Global por la Libertad y Sumud, Thousand Madleens a Gaza, y la Coalición de la Flotilla por la Libertad (FFC) han unido fuerzas para organizar una flotilla destinada a romper el bloqueo ilegal de Gaza por parte de Israel. Juntos, pondremos en marcha una acción global coordinada de resistencia civil para hacer frente al genocidio que Israel está perpetrando contra el pueblo palestino, a su bloqueo y ocupación ilegales, que se prolongan desde hace décadas, así como a la maquinaria que los hace posibles.

La Coalición de la Flotilla de la Libertad (Freedom Flotilla Coalition) lleva navegando desde 2010 para romper el bloqueo marítimo de Israel a Gaza, basándose en los esfuerzos del Free Gaza Movement, que logró romper el bloqueo en 2008. Tras la travesía del barco Madleen de la FFC en junio de 2025, surgió una oleada de nuevas iniciativas que ampliaron el movimiento hasta convertirlo en un esfuerzo internacional más amplio para enviar no solo un barco, sino flotas, y no solo una misión, sino un desafío coordinado y sostenido al asedio de Israel y a sus violentas políticas coloniales de ocupación.

«Mientras nuestros gobiernos alimentan el genocidio y incumplen sus obligaciones legales y morales, la sociedad civil de todo el mundo se está movilizando en masa. Esta flotilla es una acción colectiva a escala mundial que une a activistas, expertos jurídicos, parlamentarias, profesionales de la medicina, ingenieros, artistas, periodistas y otras personas con conciencia de todo el mundo». Comité Directivo de la FFC.

Para la población palestina de Gaza que ha sobrevivido a 19 años de bloqueo ilegal por parte de Israel, repetidos ataques militares y un genocidio en curso, esta flotilla es una declaración de solidaridad y resistencia. No normalizaremos el asedio de Israel, su campaña calculada de inanición y matanza de la población. Rechazamos el castigo colectivo como política. Nos negamos a ser testigos silenciosos de crímenes contra la humanidad.

La Flotilla de la Primavera de 2026 no será solo un viaje por mar, sino un punto de inflexión en la solidaridad global, que mostrará una acción de la sociedad civil coordinada, basada en la defensa de los derechos humanos, que se enfrenta a la injusticia allí donde los Estados fracasan.

La Coalición de la Flotilla de la Libertad (FFC) está formada por organizaciones de la sociedad civil e iniciativas de base de todo el mundo. Desde 2010, hemos combatido activamente el bloqueo ilegal e inhumano de Gaza por mar impuesto por Israel, continuando el precedente establecido por el Free Gaza Movement, que comenzó a enviar barcos a Gaza en 2008.

Nuestras acciones tienen como objetivo defender el derecho internacional y apoyar los
derechos del pueblo palestino a la libertad de movimiento, la autodeterminación y la dignidad. La FFC se compromete a hacer frente a la complicidad de los gobiernos, las empresas y las instituciones que permiten y se benefician de la ocupación israelí, el apartheid y los crímenes de guerra, hasta que el bloqueo sea levantado incondicionalmente. Mientras los gobiernos se nieguen a actuar, la sociedad civil llevará a cabo acciones directas y no violentas para desafiar el bloqueo y poner al descubierto la complicidad y el silencio que lo sostienen.

Entre las organizaciones miembros de la FFC se encuentran: Canadian Boat to Gaza, Freedom Flotilla Italia, MyCARE Malasia, Kia Ora Gaza Aotearoa / NZ, Ship to Gaza Norway, Palestine Solidarity Alliance Sudáfrica, Rumbo a Gaza España, Ship to Gaza Suecia, iHH, Mavi Marmara Türkiye, US Boats to Gaza, el Comité Internacional para Romper el Asedio de Gaza, Free Gaza Australia, Gaza Freedom Flotilla Cobh-Ireland, Freedom Flotilla Brasil y Gaza Freiheitsflottille. Entre nuestros socios se encuentran la Plataforma de ONG por Palestina en Francia, la Unión de Comités de Trabajo Agrícola y We Are Not Numbers en Gaza.
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"Quieren poner fin al viaje que comenzaron con la Nakba ahora mismo". Koldo Sagasti Buruaga / Gladys Giraldo Velásquez gaur8.naiz.eus


 "Quieren poner fin al viaje que comenzaron con la Nakba ahora mismo".

Koldo Sagasti Buruaga / Gladys Giraldo Velásquez

gaur8.naiz.eus, 14 de marzo de 2026

Jamal Juma es el coordinador del movimiento Stop The Wall (una campaña popular palestina contra el muro del apartheid), así como miembro de la secretaría del BNC (el Comité Nacional de la campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones).

Jamal Juma.
Jamal Juma (Jerusalén, 1962), coordinador del movimiento Stop The Wall, ha dedicado su trayectoria política y profesional al empoderamiento de la comunidad palestina y ha participado en varias reuniones de las Naciones Unidas, representando a la sociedad civil palestina. Tenía previsto visitar el País Vasco el mes pasado para una gira política, pero la grave situación en Palestina le obligó a cancelar su viaje. Por ello, concertamos una cita con Jamal Juma por videollamada.
«Tenía muchas ganas de ir al País Vasco, pero me daba miedo lo que pudiera pasar». Empieza la entrevista disculpándose. Inevitablemente, comenzamos preguntándole sobre la situación de las últimas semanas.
Las noticias que llegan de Cisjordania son preocupantes. El gobierno israelí quiere garantizar la legalidad de la anexión de sus territorios. ¿Podemos decir que la situación no podría ser peor?
Jamás se puede decir que sea "imposible que las cosas empeoren"; porque cuando pensamos que sí, siempre empeoran. ¡Siempre es peor que estar equivocado!
¿Y qué es exactamente lo que está sucediendo?
El gobierno israelí ha emitido una nueva resolución, una de las más peligrosas de la historia. En primer lugar, ha iniciado el proceso de creación de un registro de tierras, lo que supone un paso hacia la anexión de Cisjordania. Esto es lo que significa "registro de tierras". Para que se hagan una idea: cuando Israel ocupó Cisjordania en 1967, adquirió automáticamente 900.000 dunams (900 km2) de tierra, ya que, según los registros de la época otomana, pertenecían al Estado. Además, existen otras zonas que pertenecen a la población, pero que, por "razones de seguridad", se consideran propiedad del Estado para establecer campamentos militares. El proyecto colonial de aquella época se ha ido expandiendo: se han construido colonias, se han ampliado estas colonias... Se han creado puestos de avanzada, carreteras de apartheid, el muro... Han continuado el proyecto colonial mediante asentamientos. El objetivo es reducir cada vez más el territorio palestino.
Han llegado a un momento crucial: el momento de poner fin definitivamente al plan de expulsión de los palestinos. Lo antes posible. El plan tiene tres ejes. El primero es expandir al máximo las colonias y puestos de avanzada ya construidos. El segundo es construir un nuevo tipo de asentamiento, los llamados asentamientos de pastores, para reemplazar a las comunidades palestinas desplazadas por la fuerza de la "Zona C". Y el tercero es la legislación. Este último eje es muy interesante, porque desde que el gobierno fascista de Netanyahu llegó al poder, Bezalel Smotrich ha sido Ministro de Finanzas. Transfirió la gobernanza de las zonas de Cisjordania que habían estado bajo dominio militar desde 1967 a la administración civil. Lo primero que hizo fue nombrar a un presidente de la administración civil; y designó para este cargo a Geva Binyamin, exalcalde de una colonia. Así, este colono se convirtió en vicegobernador y, además de las responsabilidades relacionadas con la administración civil, también se le asignaron todos los poderes militares. Aprovechando esta situación, comenzó a organizar grupos armados de colonos.
¿Qué impacto han tenido las actividades de estos grupos paramilitares en la vida de los ciudadanos palestinos?
Estos grupos terroristas son similares a los que operaban en 1948. Su número está creciendo, se han extendido por toda Cisjordania y han comenzado a atacar a las comunidades palestinas. Entre otros lugares, se encuentran ubicados en las entradas y salidas de pequeños pueblos en la "Zona C". Cuando hablamos de "Zona C", nos referimos al 60 o 62% de Cisjordania, donde se concentran todos los recursos agrícolas palestinos. En los últimos años, estos grupos armados han perpetrado ataques brutales. Han asesinado a muchos agricultores o robado sus cosechas. En muchos otros casos, queman o arrancan árboles y siembran el terror en las aldeas palestinas.
Esto significa que a los palestinos se les está robando un recurso económico estratégico: el aceite de oliva. Solíamos exportar entre 5.000 y 15.000 toneladas de aceite de oliva al año. Este año, sin embargo, hemos tenido que importarlo por primera vez, principalmente de España o Italia. La situación es particularmente grave en el Valle del Jordán. Allí, las comunidades beduinas están siendo atacadas. Son constantemente amenazadas con ataques armados y finalmente se ven obligadas a marcharse. Todos los días nos enteramos de alguna comunidad que ha sido amenazada con irse. ¿Saben lo que eso significa? La producción ganadera y agrícola ha sufrido un descenso significativo. Pero eso no es todo. Las fuerzas de ocupación también controlan las fuentes de agua.
Mira, ayer mismo, al sur de Hebrón, unos colonos atacaron una granja de ovejas. No abrieron las puertas de los corrales, no, prendieron fuego a las ovejas. ¿Qué sentido tiene eso? Matan a las ovejas, matan a los burros... ¡Matan a todo ser vivo! Nadie con un mínimo de humanidad puede hacer eso.
Su movimiento comenzó a organizarse con el inicio de la construcción del muro. ¿Cómo ha evolucionado la estrategia para expulsar a los palestinos desde entonces?
En 2002, al comenzar la construcción del muro del apartheid, dividieron Cisjordania en guetos. Ahora, están consolidando y reforzando esta división. El objetivo es concentrar y aislar a todos los palestinos en estos guetos. De esta forma, se quedarán sin recursos, como ocurrió en Gaza. En las décadas de 1970 y 1980, Gaza exportaba miles de toneladas de frutas, verduras y cítricos a países árabes. Sin embargo, tras el asedio, todas las plantaciones fueron destruidas y convertidas en desierto. También cortaron las vías de comunicación marítimas y controlaron las fuentes de agua. Así, transformaron la Franja de Gaza en una prisión al aire libre. Ahora, están haciendo lo mismo en Cisjordania. La última reforma legal promulgada por el gobierno israelí implicará automáticamente la anexión de 550.000 dunams (550 km2) de territorio. Y otorgará legalidad a las tierras que hasta ahora han sido robadas. De este modo, legalizarán 240 puestos de avanzada construidos en tierras palestinas.
¿Y cómo las legalizan?
Cuando Cisjordania estaba bajo administración jordana, la ley jordana prohibía a los ciudadanos o empresas no palestinas comprar tierras en la región. Durante las últimas cinco décadas, se registraron empresas ficticias. Tanto la Administración Civil israelí como los colonos falsificaban documentos de empresas y las utilizaban para llegar a acuerdos y expropiar tierras a los residentes locales. Ahora, estas artimañas ya no son necesarias: cualquier colono puede registrar tierras palestinas a su nombre. Los colonos pueden ir al registro, elegir un terreno y acosar al propietario hasta obligarlo a venderlo. Si se niega a vender, deberá pagar una multa cuantiosa.
Stop The Wall
¿Y qué consecuencias tiene esta reforma legal, además de despojar a los palestinos de sus tierras, sobre el control de Cisjordania?
Esta decisión servirá esencialmente para anexar gran parte de Cisjordania, pero también tendrá otra consecuencia: las ciudades de Hebrón y Belén perderán su jurisdicción sobre los lugares sagrados. Allí se encuentran importantes sitios desde el punto de vista religioso, como el Haram Al-Ibrahimi (Tumba de Abraham) en Hebrón y el Bilal Ibn Rabah (Tumba de Raquel) en Belén. Estos lugares pertenecían anteriormente a la "Zona A", es decir, estaban bajo la jurisdicción de la Autoridad Palestina, pero la ocupación se los ha apropiado. La Autoridad Nacional Palestina también ha perdido su jurisdicción sobre importantes yacimientos arqueológicos en Cisjordania. Cabe destacar que, cuando hablamos de yacimientos arqueológicos en Palestina, nos referimos a que están por todas partes, incluso en los centros de las ciudades. Por lo tanto, todo esto es cruel en otro sentido: poco a poco, se le están arrebatando todos los poderes administrativos a la Autoridad Palestina. ¿Con qué propósito? Utilizar a la Autoridad Nacional como fuerza de opresión, para imponer el control social sobre su pueblo. Esa es su única jurisdicción.
El muro del apartheid, las reformas legales, la persecución de grupos paramilitares... ¿Qué otras herramientas de persecución utiliza la administración israelí contra los palestinos?
Otro problema que ha aumentado recientemente son los puestos de control militar. Hay cientos de puestos de control militar por toda Cisjordania. Allí se insulta y se deshumaniza a la gente. Si uno quiere salir de Ramala, tiene que pasar horas en los puestos de control militar, a menudo seis horas o más. Esto genera una enorme presión, estrés, frustración e ira. Pero no solo eso, estas restricciones a la movilidad tienen un gran impacto en la economía, ya que también afectan a las empresas; muchas han cerrado.
Así que la tierra está controlada, el agua también, y la movilidad de los trabajadores también. Unos 200.000 trabajadores trabajaban en el lado israelí hasta hace dos años, y ahora están desempleados. Esto significa que unas 200.000 familias han caído en la pobreza extrema. Es muy evidente, se ve en la calle. Cuando vas en coche, la gente se te acerca pidiendo limosna. Un amigo mío acababa de salir de la oficina. Se me acercó pidiendo limosna; parecía un hombre normal, un anciano. Me dijo algo así como: «No soy un mendigo, pero te aseguro que no tengo ni un céntimo en casa. Llevo un mes sin gas para cocinar». Y se echó a llorar. Es una situación muy triste, te deprime.
Si la situación en Cisjordania es grave, ¿cómo será en Gaza?
Gaza se está muriendo. La gente muere cada día. El número de camiones de ayuda humanitaria se ha reducido a 100. Sin embargo, el mínimo que deberían tener por día es de 600. No llegan medicamentos, no hay tiendas de campaña… Se necesitan 300.000 tiendas de campaña. De hecho, no hay casas en Gaza, no queda ni un solo edificio. La gente vive entre los escombros de sus hogares. Lo que hemos visto este invierno ha sido terrible. Muchos han muerto a causa de violentas tormentas, especialmente niños. Y a largo plazo, Gaza será un foco de enfermedades. Hay un desastre enorme en Gaza, un verdadero desastre. Es un genocidio que continúa día tras día. No ha terminado. Es un genocidio terrible. Estamos viviendo uno de los momentos más terribles de nuestra historia. Uno de los más terribles después de la Nakba. Quieren terminar ahora mismo el camino que comenzó con la Nakba.
En este contexto, ¿cuál es el papel de su asociación? ¿En qué condiciones trabajan actualmente?
El inicio de la construcción del muro del apartheid en 2002 marcó el comienzo de un proyecto colonial masivo. Vimos una destrucción de tierras sin precedentes, una destrucción inmensa... Se estaban construyendo los cimientos del apartheid. También comenzamos a organizarnos. Empezamos a promover comités vecinales en las comunidades.
Organizamos protestas contra las excavadoras y también ofrecimos asistencia legal a los agricultores para que pudieran acudir a los tribunales, con la esperanza de detener la construcción del muro. Y, de alguna manera, logramos ralentizar el proceso. Diría que el momento clave del movimiento fue 2002. Entonces, el ejército de ocupación invadió Cisjordania, lo que provocó una situación realmente sangrienta. Había tanques por todas partes y mucha gente moría a diario. En ese contexto, fue un gran desafío organizar manifestaciones populares, marchas y protestas no violentas. Pero esa experiencia demostró que el pueblo palestino, gracias a su experiencia y esfuerzo, sabe cuál es el medio de resistencia más eficaz en cada momento. Así que sí, la respuesta popular fue magnífica.
La construcción del muro comenzó en el norte. Esta es una región agrícola, la principal fuente de alimentos en Cisjordania. Por eso, mucha gente se congregó en las protestas en los pueblos. Hasta entonces, los palestinos nos consideraban terroristas, pero logramos cambiar esa percepción y demostrar que Israel estaba implementando un sistema de apartheid. De esta manera, le dimos impulso internacional a la campaña. Activistas solidarios comenzaron a llegar, a través del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM), y la iniciativa adquirió una dimensión internacional.
Luego, inspirándonos en el modelo sudafricano, hicimos un llamamiento a la comunidad internacional para que boicoteara el país y lanzamos la campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones).
Stop The Wall
¿Cómo creaste la campaña BDS?
En aquel entonces, comenzamos a trabajar en el boicot en el ámbito académico. Omar Barghouti, junto con otros profesores de la Universidad de Birzeit y varias organizaciones, inició esta campaña. Durante aproximadamente un año, impulsamos un proceso de diálogo en las comunidades palestinas. Este proceso dio como resultado tres demandas principales basadas en el derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas: el fin de la ocupación, el fin de la discriminación racial contra los palestinos que viven en territorio israelí y la garantía del derecho de los refugiados a regresar a su patria. Estas tres demandas son, de hecho, lo que une a todo el pueblo palestino. Por eso afirmamos que el movimiento que incluye estas tres demandas es la representación más completa y legítima del pueblo palestino. Estamos comprobando que el boicot funciona. Ha sido particularmente efectivo en el contexto del genocidio que ha ocurrido y sigue ocurriendo en los últimos dos años. Miles de personas han salido a las calles, y nosotros también hemos participado. Nos unimos a las iniciativas lanzadas por personas de todo el mundo, con activistas, con quienes trabajan en todas partes.
En los últimos años, muchas organizaciones de la sociedad civil palestina han sufrido persecución por parte del régimen de ocupación. ¿Cómo ha vivido usted esta campaña de criminalización?
En cuanto a Stop the Wall, hemos sufrido ataques, al igual que otros activistas palestinos. El periodo de 2009 a 2010 fue particularmente grave. Entonces, el gobierno israelí comenzó a arrestar a miembros de nuestra asociación. Yo mismo fui arrestado el 16 de diciembre de 2019. Nuestra oficina fue atacada dos veces y robaron todos los archivos. Ese suceso me llenó de dolor, porque éramos los únicos que teníamos los archivos que documentaban la persecución en aquel momento. En cualquier caso, continuamos protestando, realizando manifestaciones y organizando comités populares. Luego, comenzaron los ataques violentos contra los beduinos. Esto ocurrió en 2014. Atacaron a las comunidades beduinas. Y centramos nuestros esfuerzos en empoderar a estas comunidades. No fue una tarea fácil, porque los beduinos viven en zonas remotas y dispersas. Así que lanzamos varias campañas, incluyendo campañas por el derecho a la educación, contra el apartheid del agua y por vivir en la patria. También organizamos el Comité del Valle del Jordán. Hemos centrado nuestro trabajo en apoyar a estas comunidades. Ese ha sido nuestro principal desafío. Respecto al muro —que fue el detonante de la creación de nuestro movimiento—, podemos afirmar que la construcción de esta infraestructura ha marcado el principio del fin de un proyecto. Ha servido para crear guetos y aislar a los palestinos. Y este proceso se encuentra ahora en su punto álgido. Al igual que en Gaza, también han planeado una limpieza étnica en Cisjordania. Quieren crear tres o cuatro zonas, como Gaza, separadas entre sí. Están allanando el camino para expulsar a la Autoridad Palestina y tomar el control del gobierno de Cisjordania.
Stop The Wall
Usted ha mencionado diversas estrategias del régimen israelí para anexionarse territorios y aislar a los palestinos. ¿Qué impacto tiene la infraestructura en estas estrategias? Y, específicamente, ¿cómo afecta a la población palestina el ferrocarril que está construyendo la empresa vasca CAF?
En primer lugar, cabe explicar que en 2001 se celebró una importante reunión, la Reunión de Herzliya, al norte de Tel Aviv. La ciudad de Herzliya recibió su nombre en honor a Theodor Herzl. Esta reunión fue el segundo evento más importante, y el de mayor relevancia estratégica, después de la de Basilea (Suiza) de 1897. A partir de ella, surgieron dos grandes proyectos dirigidos a los palestinos. El primero fue la creación de una Gran Jerusalén judía, separada de Cisjordania por un muro. El segundo fue la «judaización» de las regiones de mayoría palestina en el norte de Israel, incluida Galilea.
El objetivo del proyecto de Jerusalén es establecer allí la capital de Israel. La frontera con Cisjordania es un muro de 181 kilómetros que, por un lado, anexa la zona de asentamientos ubicados en Cisjordania y, por otro, separa 22 aldeas palestinas y el campamento de refugiados de Shuafat del centro de la ciudad. Se trata de la mayor limpieza étnica jamás llevada a cabo en Jerusalén. El muro delimita lo que queda dentro y fuera del centro de la ciudad.
Esa fue la primera fase. La segunda es la limpieza étnica masiva de los habitantes de Jerusalén, incluyendo la destrucción de viviendas palestinas. Quince mil viviendas en Jerusalén están amenazadas de demolición. Y así, poco a poco, van apoderándose y ocupando la tierra. Al mismo tiempo, construyen asentamientos en medio de zonas palestinas de Jerusalén, incluso en el Monte de los Olivos, desplazando por la fuerza a sus habitantes.
Luego, para anexionarse definitivamente las colonias orientales, están construyendo una infraestructura de alta velocidad: túneles, carreteras y una red ferroviaria. La primera empresa en lanzar este proyecto fue la francesa Veolia. Recuerdo que en 2008 iniciamos una campaña de boicot internacional contra Veolia en el País Vasco, en Bilbao. Desde entonces, y hasta que abandonaron el proyecto, sufrieron pérdidas de más de 20 millones de dólares, debido al boicot mundial. Y lo peor es que la empresa que se hizo cargo del proyecto de Jerusalén, CAF, es del País Vasco, ¡donde se lanzó la campaña contra Veolia! Es realmente inaceptable y muy triste, porque siempre hemos considerado al País Vasco un pueblo solidario.
Esta infraestructura facilita la movilidad de los colonos y divide las ciudades y barrios palestinos. Esto es ilegal según el derecho internacional, por lo que, en algún momento, los gestores de CAF deberán rendir cuentas por violar el derecho internacional. Y tendrán que pagar por ello.
El objetivo de Israel es muy claro: la limpieza étnica de los palestinos; hacerles la vida insoportable, obligándolos a marcharse; utilizando su idioma, «judaizando» la ciudad. Por lo tanto, si la dirección de CAF participa en esta estrategia, sabe lo que hace: es un instrumento de limpieza étnica. En consecuencia, debe aumentarse la presión para detener este proyecto cuanto antes. Israel niega la viabilidad geográfica de un Estado palestino y apoya a grupos de colonos fascistas que exterminan a los palestinos a diario, y CAF sirve a los colonos para que puedan seguir cometiendo estos crímenes atroces.
¿Cuál es la responsabilidad de la comunidad internacional?
Debemos distinguir claramente entre los Estados y regímenes en la comunidad internacional, por un lado, y los pueblos, por otro. Los pueblos son nuestros aliados, nuestros amigos. Esto quedó patente tras el genocidio de Gaza. Este genocidio puso a todos en su sitio, e Israel demostró no ser un Estado democrático, sino una entidad criminal que está cometiendo un holocausto. La gente del mundo comparte esta conciencia, y así lo han demostrado los miles de personas que han salido a las calles a protestar. Esto ha influido en las nuevas generaciones. Tenemos esperanza en ellas, y de ellas depende cambiar esta situación en el futuro. En cambio, si hablamos de Estados o regímenes, diría que han fracasado. Tras el genocidio en Gaza, el derecho internacional ha desaparecido, y ahora la ley de la selva rige en el mundo.
Así pues, esta debería ser una lucha de todos los pueblos, para defender los derechos humanos, una lucha internacionalista; por nosotros, como pueblo, pero también contra el imperialismo.



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martes, 17 de marzo de 2026

Anatomía de una difamación Francesca Albanese, le monde diplomatique


 OSCAR REUTERSVÄRD. — Omöjlig figur (‘Figura imposible’), 1990-2002

Francesca Albanese responde a sus detractores

Anatomía de una difamación

Francesca Albanese,
le monde diplomatique, Marzo de 2026

Recientemente, los Gobiernos de Alemania, Francia, Italia y República Checa han pedido la dimisión de la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados por unos comentarios manipulados. Después de presentar su informe De la economía de la ocupación a la economía del genocidio, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció que aplicarían a Francesca Albanese las mismas sanciones que a los jueces y fiscales del Tribunal Penal Internacional que persiguen el genocidio en Gaza: retirada del visado, prohibición de entrar en Estados Unidos, congelación de todos sus bienes. La jurista italiana responde en nuestras páginas a la amplia campaña internacional de descrédito de la que es objeto.

Mi mandato lleva dos años siendo objeto de polémicas cuidadosamente orquestadas y de una creciente virulencia. El 8 de febrero, una diputada francesa me atacó basándose en declaraciones truncadas según las cuales supuestamente afirmé que Israel “es el enemigo común de la humanidad”, cuando en realidad mi discurso iba dirigido contra los países que habían armado a Israel, así como contra los medios de comunicación y los algoritmos de las redes sociales que amplificaban el discurso genocida (1). Sin tomarse la molestia de verificar el tenor exacto de mis palabras ni examinar los hechos, el ministro francés de Asuntos Exteriores Jean-Noël Barrot se hizo eco sin tardanza de esos ataques, llevándolos al ámbito internacional y calificando de “descomedidas y culpables” unas afirmaciones que nunca he hecho; tras ello, anunció que Francia acudiría al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para solicitar mi dimisión. Sus homólogos de Italia, Alemania y República Checa siguieron su ejemplo sin proceder, tampoco ellos, a las verificaciones elementales que requiere su cargo. El 19 de febrero, el primer ministro francés Sébastien Lecornu repitió públicamente la misma demanda. Aunque la crítica es inherente al ejercicio de cualquier cargo público —con más razón si este atañe a los derechos humanos—, este asunto revela un aspecto turbador: el encarnizamiento con el que algunos Estados prefieren arremeter contra la mensajera antes que intentar refutar el mensaje.

El carácter inédito y corrosivo de este ataque contra una experta independiente designada por las Naciones Unidas no se debe tan solo a lo violento de las acusaciones y a la fabricación deliberada de mentiras, sino también, y sobre todo, al hecho de que sea la cúspide de un Estado la que asuma y dirija la maniobra. Ya no se trata de una controversia, sino del síntoma del fracaso de un sistema hecho de promesas solemnes y tratados internacionales que se esgrimen en tiempos de paz, pero que se entierran en cuanto su aplicación estorba.

Fue el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el organismo que me nombró relatora especial, cargo que asumí el 1 de mayo de 2022 y cuyo mandato expira en 2028. Octava —y primera mujer— titular de este mandato, lo asumí tras una carrera dedicada a la defensa de los derechos humanos, principalmente en las Naciones Unidas —en especial en el Alto Comisariado para los Derechos Humanos y en la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), en Jerusalén—, además de a la investigación universitaria sobre Palestina.

Las tareas de este mandato de la ONU consisten en “investigar las violaciones por parte de Israel de los principios y fundamentos del derecho internacional y del derecho internacional humanitario” en su calidad de potencia ocupante desde 1967, “recibir comunicaciones, oír a los testigos” y recurrir a “las modalidades de procedimiento que considere necesarias” para cumplir con mi mandato, además de “informar, con conclusiones y recomendaciones, al Consejo de Derechos Humanos […] hasta el fin de la ocupación israelí de esos territorios”. El “fin de la ocupación israelí”: ese es el límite temporal asignado a este mandato.

La atención de la que Israel es objeto no es producto de una elección personal ni de un prejuicio, sino que deriva de la resolución 1993/2A adoptada el 19 de febrero de 1993 por el Consejo de Derechos Humanos en respuesta a más de treinta años de ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. Acusarme de “falta de neutralidad” equivale a deformar premeditadamente este mandato. Ninguno de los otros catorce relatores de la ONU a quienes se les ha conferido un mandato de país es víctima de semejantes ataques; nadie acusa a los titulares del mandato sobre Afganistán, Rusia o Irán de sufrir “obsesiones” en el ejercicio de su misión. Pero, en cuanto el asunto atañe a Israel, realizar las tareas ordinarias de un mandato supone, a ojos de algunos —dentro incluso de determinados gobiernos—, una falta necesitada de justificación antes que un deber que cumplir.

Un panóptico a cielo abierto

Mi trabajo consiste en determinar y calificar jurídicamente los hechos sucedidos en los territorios ocupados, donde reina una dualidad jurídica institucionalizada: a los colonos israelíes se les aplica el derecho civil, mientras que a los palestinos —niños incluidos— se les aplica el derecho militar. Israel es, en efecto, el único país del mundo en el que hay niños sistemáticamente juzgados ante tribunales militares. Describir este sistema como un apartheid ejercido contra los palestinos bajo la forma de una dictadura militar no es una provocación, sino una calificación jurídica. Mis primeros informes remitidos a la ONU en 2022 y 2023 documentaron las trabas sistemáticas puestas al derecho de autodeterminación del pueblo palestino, la privación arbitraria y sistemática de libertad y el impacto estructural de la ocupación sobre la infancia (2).

El derecho a vivir como pueblo, a decidir con voz propia, a gestionar los recursos, a planificar su propio futuro…: la autodeterminación condiciona el ejercicio de todos los demás derechos. Su negación constituye el núcleo de todo proyecto colonial de asentamientos. Desde hace décadas, la fragmentación territorial; la expansión de las colonias; las restricciones en materia de desplazamientos, trabajo, educación y acceso a la justicia; la confiscación de tierras; la demolición de decenas de miles de casas; el aislamiento de Gaza y los cerca de 6000 muertos —de los cuales en torno a 1200 eran niños— causados por ataques israelíes entre 2008 y 2022 han vuelto improbable toda perspectiva de una vida libre e independiente.

Israel ha instaurado un régimen carcelario, variable en su intensidad y métodos, en el conjunto de los territorios palestinos ocupados que condiciona todas las dimensiones de la vida cotidiana. Constantemente vigilados; con sus desplazamientos entorpecidos por puestos de control, muros y una red burocrática opresiva; siempre expuestos a ser arrestados o a sufrir detenciones arbitrarias, torturas y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, los palestinos viven en una especie de panóptico (3) a cielo abierto.

La “adultización” de la infancia

Concluido justo antes y presentado justo después de los ataques del 7 de octubre de 2023, mi informe sobre la infancia es a la vez el más abrumador y el menos comentado. En él hablo del proceso de “adultización” (unchilding), un término que tomo prestado de la estudiosa palestino-israelí Nadera Shalhoub-Kevorkian (4), para describir la vida cotidiana de unos niños privados de protección y de inocencia que crecen en medio de una violencia omnipresente: asesinados, mutilados, huérfanos, testigos de la muerte o la humillación continua de sus seres queridos y de la destrucción de su hogar… Ignorar su desesperación es renunciar a una parte de nuestra humanidad y violar la obligación más sagrada del mundo y del derecho internacional: proteger la infancia.

Mi informe de marzo de 2024 se inscribe en el mismo enfoque: también se centra en las víctimas de un sistema estructurado. Con el título de Anatomía de un genocidio (5), documenta los cinco primeros meses de ataques israelíes sobre Gaza tras las masacres perpetradas por Hamás el 7 de octubre de 2023: asesinatos, graves agresiones físicas y mentales y sometimiento a condiciones de vida destinadas a la destrucción del grupo, todo ello inscrito en una retórica deshumanizadora desplegada por responsables estatales. Durante ese periodo, Israel disfrazó sus actos con un “camuflaje humanitario” recurriendo a un lenguaje lenitivo —“conflicto”, “daños colaterales”, “zonas seguras”, “órdenes de evacuación”, etc.— para justificar la progresiva destrucción de Gaza y su identidad, así como la supresión de la capacidad de los palestinos para existir como comunidad, vivir en su tierra y transmitir su memoria. En el siguiente informe, El genocidio como supresión colonial (6), expuse cómo el genocidio se extiende a Cisjordania y Jerusalén Este por medio de una limpieza étnica, en lo que es la consecución lógica de una empresa de colonización de asentamientos: eliminar para reemplazar, destruir para apropiarse.

No soy la única que ha llegado a estas conclusiones. En enero de 2024, el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) consideró que existía un riesgo plausible de violación de la Convención sobre el Genocidio y ordenó medidas cautelares. En julio de 2024, este mismo organismo también se pronunció sobre la ilegalidad de la presencia de Israel en los territorios palestinos ocupados y exigió el cese inmediato y sin condiciones de la misma. Por último, el TIJ constató la existencia de una discriminación sistémica y determinó que Israel estaba vulnerando la prohibición de la segregación racial y el apartheid, así como de las políticas de anexión. Son ya incontables las instituciones y organizaciones que han llegado a la conclusión de que Israel está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino en el poco territorio que aún le queda a este. El historiador israelí Raz Segal dio la voz de alarma en octubre de 2023. En 2024, historiadores israelíes especialistas en la Shoah, como Amos Goldberg y Omer Bartov, también consideraban que su país estaba cometiendo un genocidio (7). Meses más tarde, Amnistía Internacional llegaba a idéntica conclusión (8) y, en julio de 2025, la organización israelí B’Tselem publicó un informe en este sentido con un título abrumador, aún más estremecedor si cabe cuando uno se lo imagina en hebreo: Nuestro genocidio (9). Por último —aunque podrían aducirse otros muchos ejemplos—, en septiembre de 2025, una comisión internacional independiente de investigación afirmaba asimismo que se estaba produciendo un genocidio en Gaza (10). Pese a la documentación minuciosa que estos informes ofrecen de los crímenes perpetrados, no han merecido sino una atención limitada o nula por parte de los medios de comunicación y los gobiernos occidentales. A falta de una decisión judicial formal, una comisión de investigación de la ONU estableció lo más parecido a una conclusión casi jurisdiccional basada en la determinación de los hechos y el análisis a la luz del derecho. En todo caso, la obligación de evitar un genocidio surge tan pronto como se identifica la existencia de un riesgo serio del mismo. En enero de 2024, cuando el Tribunal Internacional de Justicia reconoció que se daba un riesgo plausible en Gaza, los Estados estaban en la obligación de actuar, empezando por la suspensión de las entregas de armas.

Genocidio en Gaza, un crimen colectivo

Mi análisis de la complicidad de ciertas empresas, publicado en julio de 2025, fue el que suscitó las reacciones más virulentas. En él describo la “economía del genocidio” (11): una red de actores privados cuyas inversiones, tecnologías, servicios y cadenas de suministro sustentan materialmente la realidad descrita en los informes precedentes. Su nivel de implicación conlleva responsabilidades. Poner fin al genocidio pasa también por desmantelar las estructuras materiales que lo hacen posible… y rentable. Este informe llevó a que Estados Unidos me impusiera sanciones draconianas en agosto de 2025, una práctica ya aplicada a jueces del Tribunal Penal Internacional y a varias organizaciones palestinas. Estoy aislada financieramente del mundo. Cualquiera que tenga alguna relación conmigo, incluso los miembros de mi familia (soy madre de una hija que tiene la ciudadanía estadounidense), puede verse amenazado con multas de un millón de dólares y penas de veinte años de cárcel. Mi capacidad para ejercer mi mandato, y simplemente para seguir adelante con mi vida, se topa con graves obstáculos.

Pese a que estos ataques son apoyados por mi propio país, Italia, y en ausencia de un respaldo concreto por parte de otros Estados, he seguido con mi misión. Mi informe más reciente califica el genocidio en Gaza de “crimen colectivo” (12), ya que es posible y está financiado gracias al indefectible apoyo político y militar de varios Estados, entre los cuales figuran los que hoy me atacan con mayor saña.

Estados Unidos es, con diferencia, el principal proveedor de armas a Israel, mientras que varios Estados miembros de la Unión Europea (UE) siguen procediendo con estos envíos; de hecho, la UE sigue siendo el principal socio comercial de Tel Aviv. Salvo algunas pocas excepciones, como España y Eslovenia, los Estados del Viejo Continente han optado por la inacción o la complicidad. Francia, por ejemplo, ha autorizado en varias ocasiones a Benjamín Netanyahu a sobrevolar su espacio aéreo pese a la orden de arresto en su contra emitida por el Tribunal Penal Internacional. París ha seguido comerciando con equipamiento militar, facilitado el tránsito por sus puertos y aeropuertos y mantenido dinámicos intercambios comerciales con Israel. Grandes bancos franceses financian a empresas vinculadas con la industria militar israelí y las colonias, mientras que varios miles de ciudadanos francoisraelíes sirven en el Ejército israelí.

Paralelamente, se está intensificando la represión de las movilizaciones: manifestaciones prohibidas, conferencias académicas censuradas, activistas y periodistas acusados de “apología del terrorismo”, actuaciones policiales violentas… Alemania, Italia, Francia y el Reino Unido se hallan a la cabeza de la represión con la excusa de una legítima lucha contra el antisemitismo. Varios proyectos de ley proponen amalgamar la indispensable lucha contra la judeofobia y todas las formas de racismo con la prohibición de toda crítica a Israel en cuanto Estado. Presentada como si de algo obvio se tratara, esta confusión que asimila a nuestros hermanos y hermanas judíos a la política israelí forma parte de una ofensiva política: instrumentalizar la lucha contra el antisemitismo para criminalizar las expresiones de solidaridad con el pueblo palestino y justificar campañas de difamación. Por todo el mundo hay ciudadanos israelíes y personas judías que, por el mero hecho de criticar las políticas de Tel Aviv, están sufriendo las mismas campañas de desprestigio. Sus voces son acalladas y se pone su lealtad en tela de juicio.

El antisemitismo, horrible y odioso, es el odio a los judíos: no tiene nada que ver con el trabajo de quienes defienden los derechos humanos, que se basa en el análisis de los actos de un Estado. Todo el sistema del derecho internacional reposa en el principio de la responsabilidad de los Estados. Son los Estados los que asumen y cargan con obligaciones jurídicas, y son ellos los que en primer lugar han de responder de su violación. Israel no es una excepción: las críticas al Estado de Israel no se dirigen contra lo que este es ni contra la religión que profesa, sino contra lo que hace, en especial en lo que atañe al derecho internacional, el cual vulnera de manera grave, reiterada y con una persistente impunidad.

La pregunta que se plantea no es de naturaleza ideológica, sino jurídica: ¿está respetando Francia sus compromisos internacionales al realizar las antedichas acciones? Mi mandato de relatora especial me ha enseñado algo esencial: cuando el poder se ve cuestionado, no debate, golpea. Calumniar para descalificar, intimidar para reducir al silencio: la violencia atestigua más el nerviosismo que la fuerza.

Mi trabajo sigue la estela del de mis predecesores: John Dugard, Richard Falk y Michael Lynk. También ellos fueron acusados de antisemitismo o de indulgencia con el terrorismo. Y también se puso en marcha en su contra el proceso consistente en reemplazar los hechos documentados por la polémica, el análisis jurídico por los ataques ad hominem. El mecanismo está ya bien engrasado. Grupos proisraelíes —con la organización UN Watch, con sede en Ginebra, a la cabeza— llevan años redactando informes difamatorios contra cualquiera (sobre todo si pertenece al personal de las Naciones Unidas) que documente las contravenciones del derecho internacional cometidas por Tel Aviv. Con el pretexto de equilibrar un “tratamiento desproporcionado en lo que atañe a Israel”, estos actores aíslan y fragmentan afirmaciones para tergiversar su sentido, tras lo cual amplifican y divulgan la desinformación que generan hasta dotarla de una apariencia de verdad.

Un postureo diplomático

Si se examinan con atención, los “informes” de estos grupos suenan a hueco. En las Naciones Unidas se conoce desde hace mucho su carácter falaz y difamatorio. Las acusaciones según las cuales supuestamente justifiqué las atrocidades del 7 de octubre de 2023, negué las violencias sexuales cometidas o minimicé el sufrimiento de los rehenes proceden de esta fábrica, y todo pese a que he condenado sin ambigüedad y sin descanso los ataques contra los civiles israelíes del 7 de octubre en particular y los crímenes de Hamás en general.

Los condené sin dudar como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cuyos autores deben ser presentados ante la justicia en el marco de juicios internacionales. Condené la violencia sexual perpetrada contra víctimas israelíes, tal y como fue documentada por una comisión de investigación de la ONU (13). Asimismo, y de conformidad con el derecho internacional, considero las violaciones cometidas en un contexto de hostilidades como un arma de guerra y las tengo por potencialmente constitutivas de crímenes de guerra y, dependiendo de las circunstancias, crímenes contra la humanidad. El funcionamiento de la justicia internacional no se fundamenta en la indignación selectiva ni en la instrumentalización política. Solo reposa en la calificación jurídica de los hechos, la atribución de responsabilidades individuales y el respeto al due process (‘debido proceso’) para todos y todas, sin excepción.

Si bien he manifestado una condena inequívoca de las masacres y otros crímenes contra los civiles israelíes, he rebatido la afirmación, ampliamente extendida —sobre todo, por alguna razón que se me escapa, en Francia—, según la cual estos estuvieron motivados principalmente por el antisemitismo (14). Como han señalado eminentes especialistas en la Shoah y el antisemitismo, esta lectura es errónea a la par que peligrosa, ya que oculta las causas estructurales de la violencia y falsea el análisis (15). Aunque el antisemitismo ha podido tener un papel en el caso de ciertas personas concretas, estas masacres —como explicó el secretario general de la ONU, António Guterres— se produjeron en el contexto de 56 años de ocupación asfixiante (16). Ningún crimen justifica otro crimen, pero ignorar el contexto supone sustentar una lectura deformada que amenaza con alimentar el ciclo de violencia en lugar de resolverlo, poniendo en peligro tanto a los palestinos como a los propios israelíes.

Es preciso ponerle nombre a lo que revela esta campaña: la energía invertida en calumniarme contrasta con el silencio ante el actual genocidio en Gaza y la inacción frente a quienes han sido objeto de órdenes de arresto por crímenes internacionales emitidas por el Tribunal Penal Internacional. Con el pretexto de “responsabilizar a la ONU”, de lo que se trata en realidad es de redefinir la defensa de los derechos humanos como la adopción de una postura partidista.
La ironía es patente. En septiembre de 2025, Francia reconoció el Estado de Palestina: un gesto que fue celebrado como una señal fuerte, como un paso simbólico. Pero reconocer un Estado y apoyar activamente a su ocupante, sin ejercer presión para que este último respete el derecho internacional y proceda a la retirada incondicional de los territorios ocupados —tal y como exige el Tribunal Internacional de Justicia—, tiene más de postureo diplomático que de compromiso jurídico y político. El reconocimiento de un Estado sin territorio, sin soberanía y sin que se detenga la ocupación que padece, no es más que una declaración vacía, en especial cuando, al mismo tiempo, uno se esfuerza por intimidar a los expertos encargados de documentar precisamente las violaciones que hacen imposible la creación concreta de ese Estado. No se puede reconocer Palestina el lunes y tratar de amordazar a sus defensores el resto de la semana.

Los dirigentes que se prestan a este juego no solo tienen mi persona en el punto de mira. Están sacrificando también el propio orden jurídico internacional y acelerando el desmantelamiento del derecho internacional humanitario y de las instituciones que lo custodian justo en el momento en que está en juego su supervivencia.

Israel como espejo de Occidente

Podemos huir de la verdad, pero ocultarla resulta más complicado. Es solo una cuestión de tiempo: la justicia llamará a la puerta de quienes han perpetrado crímenes en Gaza y de sus cómplices. La destrucción de Gaza ha despertado conciencias que creíamos anestesiadas y ha vuelto visible lo que muchos se negaban a ver: no solo la brutalidad de la ocupación, sino también la complicidad activa de nuestras democracias occidentales en su perpetuación. Porque lo cierto es que Israel no es una anomalía en el orden mundial, sino, en muchos aspectos, un espejo del mismo en el que descubrimos lógicas de excepción, jerarquías coloniales entre vidas dignas de duelo y vidas sacrificables, o una retórica de la seguridad que garantiza la impunidad. Si la mayoría de los gobiernos occidentales no se oponen a Israel es porque, de hacerlo, se estarían poniendo en entredicho a sí mismos.

Por ello, es a la vez instructivo y entristecedor que Francia, patria declarada de los derechos humanos, se ponga en primera línea no para defender unos principios, sino para proteger un statu quo; no para promover el derecho internacional, sino para neutralizar a sus custodios.

Sin embargo, algo ha cambiado. Ha nacido un movimiento —en los campus universitarios, en las redes sociales, en las calles, en las salas de audiencia— que reclama una verdadera justicia social, el respeto efectivo a los derechos humanos, un multilateralismo descolonizador y la universalidad sin excepción de sus principios. Una universalidad que no tolera el apartheid, por más que lo ponga en práctica un Estado aliado de las capitales occidentales. Este movimiento no dejará que lo reduzcan al silencio por medio de campañas de difamación. No se verá desalentado por sanciones ni represiones. Cada vez se hace más grande y cobra fuerza conforme salen a la luz las mentiras y las tergiversaciones que tratan de descalificarlo.

(1) Cf. mis declaraciones íntegras en el foro de Al Jazeera (AJ Forum), X (antiguo Twitter), 9 de febrero de 2026.

(2) CfSituación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 (A/77/356), Privación arbitraria de libertad en el territorio palestino ocupado: la experiencia palestina entre rejas y fuera de ellas (A/HRC/53/59) y Situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 (A/78/545), informes de la relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Naciones Unidas, respectivamente, 21 de septiembre de 2022, 28 de agosto de 2023 y 20 de octubre de 2023, https://docs.un.org

(3) Michel Foucault, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI, Madrid, 2023.

(4) Nadera Shalhoub-Kevorkian, Incarcerated childhood and the politics of unchilding, Cambridge University Press, Cambridge, 2019.

(5) Anatomía de un genocidio (A/HRC/55/73), informe de la relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Naciones Unidas, 1 de julio de 2024, https://docs.un.org

(6) El genocidio como supresión colonial (A/79/384), informe de la relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Naciones Unidas, 1 de octubre de 2024, https://docs.un.org

(7) Cf. Raz Segal, “A textbook case of genocide”, 13 de octubre de 2023, jewishcurrents.org; Amos Goldberg, “Ce qui se passe à Gaza est un génocide, car Gaza n’existe plus”, Le Monde, 29 de octubre de 2024.

(8) “Amnistía Internacional concluye que Israel está cometiendo genocidio contra la población palestina de Gaza”, 5 de diciembre de 2024, www.amnesty.org

(9) Our genocide, julio de 2025, B’Tselem, Jerusalén, www.btselem.org

(10) Cf. “La ONU en minutos”, 16 de septiembre de 2025, https://news.un.org

(11) De la economía de ocupación a la economía de genocidio (A/HRC/59/23), informe de la relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Naciones Unidas, 2 de julio de 2025, https://docs.un.org

(12) El genocidio de Gaza: un crimen colectivo (A/80/492), informe de la relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Naciones Unidas, 20 de octubre de 2025.

(13) Cf. “Detailed findings on attacks carried out on and after 7 October 2023 in Israel”, Naciones Unidas, 10 de junio de 2024, www.ohchr.org

(14) Cf. “Israel’s symbolic ‘ban’ must not distract from atrocity crimes in Gaza: UN expert”, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 15 de febrero de 2024, www.ohchr.org

(15) Cf. Omer Bartov, Christopher R. Browning, Jane Caplan, Debórah Dwork, David Feldman et al., “An open letter on the misuse of Holocaust memory”, The New York Review of Books, 20 de noviembre de 2023.

(16) Cf. “Secretary-General’s remarks to the Security Council – on the Middle East”, 24 de octubre de 2023, www.un.org


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