ENTRVISTA //
SAFA, AUTOR DE 'GAZA, UN GENOCIDIO TELEVISADO'.
Empiezo
por el título del libro pero también por un asunto que abordas al final del
mismo. Hablas de la expresión 'ganar el relato'. Tras ver ese 'genocidio
televisado', ¿quién está ganando el relato: Israel o la movilización popular
global de apoyo a la causa palestina?
Estoy observando, a raíz de la
respuesta social al genocidio, una creciente pérdida de credibilidad en el
discurso israelí. Desde sus inicios, ese discurso se ha apoyado en fake news. El Estado de Israel se creó a
partir de una falsedad: dar “una tierra sin pueblo a un pueblo sin tierra”. Y
la resistencia palestina de tantos años pone en evidencia la falsedad de este
planteamiento.
En segundo lugar,
la sociedad ha percibido claramente que el relato israelí del derecho a la
defensa...bueno, no existe el derecho a la defensa para una potencia ocupante.
Esto de entrada. Ese argumento esgrimido por Israel no se ajusta al derecho
internacional. Y máxime si utilizas ese derecho para ejercer un genocidio. Lo
que las leyes internacionales sí reconocen es el derecho a la resistencia de
los pueblos ocupados y oprimidos. Por ejemplo, se ha argumentado que la
resistencia francesa frente a la ocupación nazi ejercía un derecho legítimo de
defensa, mientras que no se reconocía un supuesto 'derecho a la defensa' de los
nazis como poder ocupante. La población ha ido tomando consciencia de la
falsedad de este discurso y por esto han aceptado el discurso palestino. Porque
ese relato palestino sostiene que es un pueblo nativo de esa tierra, que
defiende su existencia y que tiene el derecho legítimo a la libertad.
Y en tercer
lugar, el pueblo palestino no acepta ser dominado por ninguna potencia
extranjera. Su lucha contra el estado de Israel como estado de carácter
colonial no es una lucha 'antijudía', como a veces se intenta presentar, sino
una resistencia frente a la ocupación de su territorio.
Lo
pregunto porque, si bien frases como “Israel es la única democracia de Oriente
Medio” han podido quedar anticuadas o han sido desnudadas, también queda la
sensación de que hay como dos batallas paralelas por ese relato. La que están
dando los movimientos de calle, millones de personas en todo el planeta, pero
luego están los gobiernos, sobre todo occidentales, que mantienen su apoyo al
relato sionista. ¿Israel sí ha ganado esa batalla por el relato en el ámbito
institucional y gubernamental?
Sí está muy afianzado en el discurso
diplomático, en la élite política de los países que apoya Israel. Pero...dos
cosas: primero, un estado democrático no puede tener dos sistemas distintos
para poblaciones que viven bajo su control. Y en Israel coexisten dos regímenes
jurídicos y políticos diferenciados: uno de carácter civil, reservado a la
población judía, y otro militar, impuesto a la población palestina en los
territorios ocupados. Mientras unos disfrutan de plenos derechos, otros
permanecen bajo un régimen de excepción. Eso es un sistema de apartheid y no
puede ocurrir en un estado democrático. La democracia es un concepto
indivisible, no existe democracia a medias o democracia a la carta. En el caso
de Israel, una definición más precisa sería la de una democracia étnica, es
decir, una democracia para un solo grupo étnico. Y esa caracterización se vería
reflejada en la legislación adoptada por Israel en 2018, en particular en la Ley
del Estado-nación.
Pero incluso
en el supuesto de que fuera 'democrático', a mí eso no me dice nada; eso no
aliviaría nuestra situación. La democracia no es una licencia para que tú
ocupes y lleves a cabo un genocidio contra una población. Insistir en el
carácter democrático de Israel funciona, en la práctica, como una justificación
de sus abusos y como una suerte de licencia para mantener la ocupación y
ejercer violencia sistemática contra la población. La historia ofrece ejemplos
claros. El colonialismo fue practicado por estados que se consideraban
democráticos, y no por ser democráticos sus acciones fueron menos dañinas para
las poblaciones colonizadas. En este sentido, puede entenderse en parte la
tibieza de la posición europea: aunque Europa ha realizado una revisión crítica
del nazismo y del Holocausto, no ha llevado a cabo una reflexión profunda sobre
su 'pecado original', el colonialismo. No ha asumido plenamente el daño causado
a tantos pueblos colonizados, y esa falta de autocrítica sigue influyendo en su
manera de abordar conflictos contemporáneos.
Explicas
en el prólogo que necesitabas un poco de distancia para escribir este libro,
porque defiendes que los hechos históricos son comprendidos cuando ha pasado un
tiempo. En ese ínterin que se genera mientras tanto es donde, creo, tiene
sentido el periodismo. Y ahí te quería preguntar por los medios de comunicación
como generadores de ese relato. ¿Qué papel crees que han jugado a la hora de
contar este genocidio?
Este es un genocidio colectivo.
En mi opinión, es el primer genocidio colectivo y diría también que es un
genocidio occidental, cuenta con un alto grado de tolerancia internacional. El
último informe de la relatora de las Naciones Unidas apunta a un respaldo de
más de 63 Estados, ya sea mediante apoyo político, financiero o militar a
Israel. Y en ese apoyo incluyo a empresas y medios de información, que no han
asumido el lenguaje que tienen que emplear, y que pasa por decir que la acción
israelí está enmarcada, dentro del derecho internacional, como un genocidio y
una limpieza étnica. Es verdad que no ha sido así en todos los medios de
información, puedo hacer una excepción con medios españoles; pero en otros
medios, donde no se refleja la opinión palestina, los periodistas no han jugado
un papel honesto en este terreno. Yo creo que ellos tienen que ser leales a su
profesión y contar la verdad. Informar con rigor, independencia y honestidad es
clave para que la opinión pública comprenda lo que ocurre sobre el terreno. Y
necesitamos ojos. Por eso Israel prohíbe la presencia de periodistas
extranjeros, y los periodistas árabes y palestinos que están en Gaza han sido
uno de los objetivos de Israel desde el principio.
En
estos dos años largos se ha hablado mucho de lo ocurrido el 7 de octubre y de Hamás
como actor principal. No solo desde la derecha y desde el establishment, también desde algunas izquierdas se condenó el
ataque, tanto desde un plano ético como desde un plano estratégico. En el libro
defiendes que cuando se pregunta tanto por Hamás y por el 7 de octubre son
preguntas equivocadas. ¿Por qué?
Están equivocadas por la
siguiente razón: Hamás forma parte de un movimiento de liberación nacional y no
puede analizarse al margen del contexto en el que surge. No puede criticarse a
una organización que defiende a un pueblo que está sitiado. Están cambiadas las
tornas. ¿Cuál es la historia? Tenemos que empezar a entender el contexto. Hamás
está dentro de un pueblo, representa a un pueblo ocupado, colonizado y sitiado
en la Franja de Gaza desde hace más de 17 años. Hamás representa el sentir de
una población y aspira a la libertad. Y la historia no empezó el 7 de octubre.
Yo...fíjate, la primera cosa que intenté averiguar es la edad de los que
componían la operación del 7O. No superaban los 20 y los 30 años, que es la
edad media de la población palestina. ¿Qué significa tener 25 años en la Franja
de Gaza? De sus 25 años han estado sitiados 17 años. Y cuando digo sitiado es
que no tienes ninguna posibilidad de salir, de moverte, de comprar. Con escasos
recursos en los hospitales, en la escuela. En ese tiempo fueron atacados cinco
veces. Seguramente ha muerto un hijo, un padre, una madre, un vecino, un
familiar. Le han destruido su casa. Y lo más importante, estos jóvenes son los
nietos o los bisnietos de los que fueron expulsados de la Palestina en la que
ahora viven los colonos, en la zona fronteriza con la Franja de Gaza. Esta es
la historia de este pueblo. Entonces, la pregunta que surge es hasta qué punto
puede analizarse la respuesta de Hamás sin tener en cuenta estas condiciones.
Mejor dicho, ¿se puede condenar a una organización por defender a un pueblo
sitiado y ocupado?.
Esto
que cuentas, y que recoges en el libro, recuerda también a lo que ya hace más
de 60 años escribió Franz Fanon sobre la
colonización de Argelia. Cambias 'franceses' por 'israelíes' y 'argelinos' por
'palestinos' y mantiene la vigencia. No hemos avanzado mucho, ¿no?
Es que la historia de los
colonialismos presenta patrones comunes. Todos se basan en la opresión. Pero
aquí hay una diferencia. Israel es un colonialismo de asentamiento y su lógica
es la eliminación de los nativos. La diferencia entre un colonialismo clásico y
un colonialismo de asentamiento radica en su relación con la población local.
El colonialismo clásico dice a la población “quédate aquí, trabaja para mí”. Va
a ser explotada por él, como mano de obra o como mercado. En cambio, el
colonialismo de asentamiento persigue el control total del territorio sin la
población originaria, y su lógica es la expulsión. Y observa que después del 7
de octubre, una de las primeras medidas del gobierno israelí fue intentar, por
medio de la violencia, que la población palestina saliera de Gaza. Eso refleja
la doctrina de este conflicto.
Hablas
mucho de ese reemplazo poblacional. Sin embargo, se ha apuntado desde hace
décadas al interés de Israel en tener millones de palestinos trabajando en
condiciones, digamos, baratas para sostener y fomentar esa economía israelí.
¿Qué pesa más en el proyecto israelí, esa necesidad de un ejército de reserva
laboral o su expulsión? En el libro defiendes que Israel con este genocidio
está cumpliendo su objetivo de un traslado ''voluntario'.
Israel va a intentar ese traslado toda la vida, ha
intentado impulsar desplazamientos de población de forma continuada. Hoy el
foco está en Gaza, pero ayer estuvo en Jerusalén y antes de ayer en Hebrón.
Esto es un proyecto a largo plazo que responde a prioridades cambiantes. Muchos
analistas lo interpretan como un proyecto de colonialismo de asentamiento no
concluido. Y la interpretación sionista de ese proyecto sostiene que el
objetivo último no es la integración de la población palestina, sino el control
del territorio, lo que explicaría muchas de las tensiones y políticas
observadas a lo largo del conflicto. Hemos visto cómo la expansión territorial
israelí se ha producido de manera gradual, a través de dinámicas que afectan al
control de la tierra, la vivienda y los recursos. Es decir, desde 1947 Israel
ha ido ganando terreno poco a poco: un metro, un árbol, un terreno, una casa...
La geografía israelí se ha triplicado desde de su nacimiento. Su objetivo sería
una Palestina sin población palestina; ese es su proyecto. En ese marco, ningún
palestino estaría completamente a salvo: quien hoy no se percibe como víctima
directa debe ser consciente que es una víctima diferida o pospuesta. ¿Qué necesidad tiene Israel de los
palestinos? Los utiliza como mano de obra en condiciones precarias, pero nunca
fue un elemento central de su proyecto colonizador. Los puede sustituir mañana.
Tienen
el ejemplo en Abu Dabi con paquistaníes o bangladesíes.
Pues mira, ellos lo van a
utilizar el día de mañana. La diferencia entre ambos casos radica en la
naturaleza del Estado. Mientras que los países del Golfo se caracterizan por
una escasez de mano de obra local combinada con un fuerte crecimiento y riqueza
económica, el objetivo de Israel no sería tanto la coexistencia con la
población nativa como su sustitución progresiva por colonos. Ya lo hicieron en los años 90, tras la caída de
la Unión Soviética, cuando un millón de personas emigraron desde la URSS a
Israel. Llegaron a representar el 18% de la población del país. Es como si toda
Grecia coge hoy sus maletas y se marcha a Francia. Israel es el único estado
con una tasa de natalidad muy baja pero con un crecimiento demográfico y
geográfico; y es a costa de vaciar el territorio de palestinos. La mejor
expresión de este proceso la dio el político y académico palestino, Fayez
al-Sayegh, que lo comparó con el latido
cardíaco, que bombea sangre hacia afuera y hacia dentro. Bombea colonos para
adentro y expulsa palestinos para afuera. Es una ecuación. Este es un proyecto
a largo plazo y a los palestinos corresponde seguir defendiendo mantenernos
ahí.
Antes
te preguntaba por Hamás, de quien se habla mucho, y se ha hablado muy poco de
la Autoridad Nacional Palestina en estos dos años y medio. ¿Cuál ha sido, en tu
opinión, el papel que ha jugado en este tiempo de genocidio?
Bueno, en general la ANP está muy
desprestigiada de cara a la opinión pública palestina. Porque ha adoptado una
estrategia que defiende que sólo a través del diálogo y la cooperación con
Israel es posible llegar a nuestra meta, alcanzar los objetivos nacionales. Y
aunque en un primer momento podía ser una idea aceptable y contó con cierto
respaldo, a juzgar por los hechos, los resultados de los Acuerdos de Oslo han
sido nefastos. Desde 1993 hemos perdido más terreno y hay mayor colonización en
el territorio palestino. Cuando empezó el proceso de paz había 250.000 colonos,
ahora se habla de 750.000. Además, la ANP no tiene ninguna autoridad sobre la
población palestina y ahora mismo el gobierno israelí ni siquiera quiere
dialogar con ella porque no la considera un interlocutor válido. Yo creo que
también ha tenido que ver con las dos tendencias que surgieron dentro del seno
palestino, entre unos que creen firmemente que la única opción es la diplomacia
y otros que creen que la única opción es la lucha armada. Una lucha armada sin
opción política es nefasta y una opción diplomática sin estar respaldada con
elementos de resistencia también es una política equivocada.
Última
pregunta. Tocas varios temas en el libro respecto a elementos claves que
explican la ocupación israelí. Quería detenerme en uno: el capital como uno de
los motores principales de esa ocupación. Mencionas en esa línea el informe
Albanese. El problema es que la guerra, el genocidio, es rentable para Israel y
para otros gobiernos y empresas.
Es que Israel está convirtiendo
Palestina en el laboratorio de su industria militar. En 1967 Israel no ocupó
territorio palestino desde una óptica económica, sino desde una óptica
ideológica y de colonialismo. Ahora sí que hay también un interés económico,
porque es rentable tener ese territorio palestino como mercado y como mano de
obra y, también, como laboratorio armamentístico. Entonces sí que hay un
capital que juega un papel a favor de mantener la ocupación israelí. En 2024 se
registró un aumento del 54% en las exportaciones de armamento israelí, una
cifra récord en medio de un genocidio. De hecho es el estado con mayor
exportación, en proporción con su tamaño, de venta de armas.
Los territorios palestinos han funcionado, de facto, como un espacio donde
se prueban y perfeccionan tecnologías y tácticas militares en condiciones
reales, lo que suscita un intenso debate ético y político a nivel global. En
este contexto, se observa una creciente valorización del poder militar en la
era contemporánea, donde el uso de la fuerza no siempre genera rechazo en los
círculos de poder, sino que en ocasiones despierta admiración o respeto. Los
acontecimientos recientes en Gaza han puesto de manifiesto cómo la capacidad
destructiva para arrasar los hospitales y liquidar familias enteras y
hambrientas parece seducir a muchos países y es para ellos un indicador de
eficacia estratégica más que motivo de condena. En la escena internacional, la
guerra ha dejado de percibirse, en muchos casos, como un fracaso de la política
para convertirse -especialmente en el caso de Israel- en una herramienta
central de gestión de sus relaciones con el entorno regional.
Resulta llamativo
que, pese a haber alcanzado altos niveles de desarrollo económico y
tecnológico, el Estado israelí no haya logrado consolidar una vía estable de
convivencia pacífica con sus vecinos.