miércoles, 10 de junio de 2026
Luz gómez en la Feria del libro de Madrid
Este jueves en la Feria del Libro de Madrid, con poesía palestina y más. Animaos y charlamos. Caseta de @libreriabalqis.bsky.social de 19 a 21 h
martes, 12 de mayo de 2026
MOHAMED SAFA PRESENTA EN ZARAGOZA SU LIBRO "Gaza,un genocidio televisado"
En Zaragoza el martes 12 de mayo 19:30h en el Centro Social Librería La Pantera Rossa ,Calle San Vicente de Paúl,28 tendrá lugar la presentación del libro “Gaza, un genocidio televisado”, con la participación de su autor, el activista palestino Mohamed Safa, y Casa Palestina de Aragón, en una sesión que abordará la realidad palestina desde el testimonio directo y el análisis político.
sábado, 18 de abril de 2026
"Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina " de Francesca Albanese.
Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina
Galaxia Gutemberg, 2026
Francesca Albanese. Traducción de Mónica Montenys
Galaxia Gutemberg, 2026
martes, 7 de abril de 2026
LIbro de poemas: " El Poema es Filistín". Pedro Martínez Montavez
EL HOMBRE AHORCADO.
Salem Yubram (1970)
Se ofrece en los zocos de Israel un
juguete
que representa a un hombre ahorcado.
Un hombre
ahorcado
es el mejor
juguete,
la mejor
distracción para los niños
que se
ofrece en los zocos.
Pero no…. No
es en el zoco
donde se
vende ya…
Se terminó
hace días… No lo busquéis.
Que lo
comprendan vuestros hijos:
Se terminó
hace días.
¡Ay, almas
de los muertos
en los
presidios nazis!
No es un
judío en Berlín
ese hombre
ahorcado.
Es, un árabe
de mi pueblo, como yo,
Al que
ahorcan vuestros hermanos…
Perdón…. Al
que ahorcan las sombras de los nazis
en Sión,
¡Ay, almas,
los muertos
en los
presidios nazis!...
¡Si
supierais vosotras!... ¡Si supierais!
“El Poema es Filistín. Palestina en la Poesía Árabe Actual”.
Editorial Molinos de Agua, 1980.
Edición a cargo de Pedro Martínez Montávez.
jueves, 12 de marzo de 2026
viernes, 6 de marzo de 2026
La opaca bomba de Shimshon: arma definitiva, tabú supremo - Cómo Israel se convirtió en "la única democracia"...nuclear en el Máshreq .Fausto Giudice,
La opaca bomba de Shimshon: arma definitiva, tabú supremo - Cómo Israel se convirtió en "la única democracia"...nuclear en el Máshreq
Bibi Netanyahu lleva 34 años (desde 1992) vociferando urbi et orbi que Irán está a punto de tener una bomba atómica: “en unos meses”, “en unas semanas”, “en unos días”. Por ahora, nadie ha visto la famosa bomba iraní. En cambio, hay —enterradas en el desierto del Néguev/Naqab— entre 90 y 400 ojivas nucleares israelíes. Es el secreto a voces mejor guardado del mundo.
Ya en 1952, encargado de misión por Ben-Gurión y luego por Golda Meir, Shimon Peres, 32 años antes de recibir el Premio Nobel de la Paz, puso en marcha la fabricación de la bomba, con el apoyo incondicional de la Francia radical-socialista de la IVa República. Y el asunto siguió su largo y tranquilo curso, pese a de Gaulle, Kennedy y Johnson, y con un empujón decisivo del buen Doctor K., es decir Heinrich Kissinger, el alma damnada de Tricky Dicky, alias Richard Nixon.
Nos ha parecido saludable reconstruir los 73 años de la política de “Amimut” (ambigüedad, opacidad en hebreo) en un momento en que las bombas made in USA llueven sobre Irán y el Líbano, y en que los poseedores probados de armas nucleares amenazan a la humanidad con un Armagedón.
Hemos reunido, por tanto, una treintena de documentos que recorren este siniestro culebrón.
¡Leed e indignaos!
Compra un libro impreso en papel
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miércoles, 13 de septiembre de 2023
Presentación del libro "Palestina. De los acuerdos de Oslo al apartheid", de José Abu-Tarbush e Isaías Barreñada.
El miércoles 20 de septiembre, Casa Árabe y la editorial Catarata presentan en Madrid el libro "Palestina. De los acuerdos de Oslo al apartheid", de José Abu-Tarbush e Isaías Barreñada, en el que analizan cómo la situación humana y política de los territorios palestinos ha empeorado considerablemente. El acto tendrá lugar a las 19:00h en el Auditorio de Casa Árabe en Madrid (c/ Alcalá, 62) y podrá seguirse en directo en Youtube.
El 13 de septiembre de 1993 se firmaba la Declaración de Principios entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) e Israel, conocida más genéricamente como los Acuerdos de Oslo. Tres décadas después, la situación humana y política de los territorios palestinos está considerablemente peor que antes. En el libro, los autores analizan cómo, lejos de las expectativas suscitadas entonces, se ha ampliado la ocupación, reforzado la dependencia palestina de Israel y eliminado la posibilidad de un Estado palestino viable. La obra pone de manifiesto que, pese a los avances de la cuestión de Palestina en la esfera internacional, no existe ninguna iniciativa ni compromiso internacional significativo que abogue por su defensa de manera efectiva. Por el contrario, se observa un palpable abandono de los esfuerzos políticos y diplomáticos en esa dirección entre las grandes potencias mundiales, regionales e, incluso, Estados árabes.
José Abu-Tarbush es profesor de Sociología de las Relaciones Internacionales en la Universidad de La Laguna. Isaías Barreñada es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. El acto será moderado por la periodista Teresa Aranguren, y lo presentará Karim Hauser, coordinador de Cultura y Relaciones Internacionales de Casa Árabe.
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viernes, 27 de enero de 2023
"Un siglo de resistencia en Palestina. Historias de solidaridad y activismo " por Txus Blanco Fernández
Un siglo de resistencia en Palestina. Historias de solidaridad y activismo
Txus Blanco Fernández
Editorial Icaria
212 páginas. 16 euros
Por Santiago González Vallejo, Comité de Solidaridad
con la Causa Árabe
Es difícil encontrar un libro que recoja las
experiencias de los movimientos sociales. Éste, de Txus Blanco, 'Un siglo de
resistencia en palestina', recoge la intrahistoria del movimiento propalestino
en Cataluña y, por extensión, la de parte de la historia de los movimientos y
personas que han tomado como propio la defensa de los derechos humanos y del
derecho internacional en Palestina y desde ese pivote, el conjunto de las
luchas ciudadanas. También en el resto del Estado español.
Blanco es parte de ese tejido social, nacido e imbricado con la diáspora
palestina llegada a Cataluña (y al resto de los países). Ha investigado esas
historias de lucha que han creado y recrean el actual movimiento pro palestino
en Cataluña. También, las adversidades. Los activistas propalestinos han tenido que confrontar
una narrativa, querida al nacionalismo catalán, no sólo de derechas, de ver a
Israel, como un estado nuevo, étnico, legitimado por Occidente, que recupera un
idioma creado ex profeso, con raíces utópicas como los kibbuts, como su
horizonte político e ideológico, obviando su carácter colonial, supremacista y
vulnerador de todos los derechos a la población palestina autóctona de ese
territorio.
El reto del libro, superado, era contar esas múltiples historias, con
muchos protagonistas anónimos, que nacen, crecen en lugares diferentes, se
cruzan, se desmadejan, se rompen y vuelven a crecer con otros colores y, en
todo caso, tejen una corriente de opinión en la que la causa palestina es el
hilo conductor de su reflexión y acción. La causa palestina es reclamar la
vigencia de los derechos humanos y del derecho internacional sobre la
ocupación, el colonialismo y el apartheid que practica el sionismo durante más
de un siglo.
El sionismo nace y es un movimiento nacionalista, excluyente y
supremacista, que tiene como objetivo colonizar la Palestina histórica, a pesar
de la existencia de un pueblo en esas tierras. Frente a la pujanza de ese
movimiento y complicidad (y hasta qué punto un interés colonial y racista) de
primero el Reino Unido y después los ganadores de la II guerra mundial, los
palestinos han tenido que luchar contra corriente. La causa palestina es el derecho del pueblo palestino,
tanto en Cisjordania y Gaza, como los de los que tienen pasaporte israelí,
viven en campos de refugiados o están en la diáspora de vivir en Palestina, en
paz y con dignidad, con igualdad de derechos con cualesquiera otros habitantes
en esa tierra.
El libro
relata el avance y extensión (disputas y retrocesos) de ese movimiento de
resistencia a la ocupación, colonización y apartheid desde Cataluña. El porqué
de la vigencia y potencialidad de la reclamación del Boicot, Desinversiones y
Sanciones (BDS) al Estado de Israel y a sus epígonos, haciendo suyo el
llamamiento de la sociedad civil palestina. El BDS nace ante la constatación
estratégica del fracaso, no sancionado, de unas supuestas negociaciones
asimétricas de las instituciones palestinas y los gobiernos sionistas
israelíes, avaladas y amparadas por la comunidad de países socios de un Estado
de Israel que día a día profundiza la colonización, legisla, expulsa,
aprisiona, mata y hace imposible la vida digna de los palestinos.
Esta labor
de sensibilización que han hecho tantos activistas individuales y organizados
ha tenido reflejo en posicionamientos populares e institucionales relevantes.
El Parlament de Cataluña, por ejemplo, de forma singular, tras los informes de
Amnistía Internacional y Human Rights Watch han valorado que la política
israelí se asemeja a la del apartheid sudafricano. También ha logrado
sensibilizar sobre el comportamiento delincuente de empresas, como agua Eden
Springs o Iberpotash por sus vínculos con la explotación y lucro de la
ocupación y colonización israelí. A la que se podrán añadir otras como CAF y
Alstom o Carrefour por su actividad en los asentamientos sionistas. En esta
labor, se puede incluir la reclamación de que se rompa el hermanamiento de la
ciudad de Barcelona con Tel Aviv, a ser éste un ayuntamiento que respalda la
ocupación y colonización israelí, en este caso bien sustentado por un informe
del Sindic de Greuges de Barcelona.
Txus Blanco
recoge los trabajos de sensibilización y acción realizados en todos estos años,
desde la llegada de jóvenes estudiantes palestinos, el internacionalismo innato
de las nuevas generaciones que incluye a personas de ascendencia judía, la
labor capilar en partidos, sindicatos, asociaciones feministas o lgtb,
culturales, en diferentes organizaciones e ideologías. Esas historias de
solidaridad y activismo en Cataluña a su vez, gracias a la amenidad y
sinceridad contadas, propician que queramos ser partícipes y formar parte de
esos movimientos de justicia,... Antes de que el pueblo palestino desaparezca.
El apartheid y la colonización no cayeron por sí mismos. Desde dentro y desde
fuera se ayudó. Ese es el primer y último mensaje del libro.
jueves, 21 de julio de 2022
Reseña del libro 'Breve historia del Sáhara Occidental' de Isaías Barreñada
Reseña del libro 'Breve historia del Sáhara Occidental' de Isaías Barreñada
15 jul 2022 - 03:30 UTC
El PAÍS, Babelia
Los del Sáhara e Ifni eran los sellos más codiciados de la serie de trajes regionales de España —de mujer, hay que aclarar, porque la fetichización del folclore suele estar feminizada— que se emitió entre 1967 y 1971, justo en los años en que la lucha anticolonial saharaui comenzó a organizarse y el franquismo vio que se acercaba el fin de su “imperio” africano. En la memoria colectiva de miles de españoles, el Sáhara es algo tan exótico como propio, por así decir, y esta articulación paradójica ha creado un estado afectivo que durante décadas ha condicionado los acercamientos no especializados a la historia del Sáhara Occidental. Tampoco la bibliografía académica ha sido tan exhaustiva como podría pensarse. En cuanto a la política española, de suyo reacia a la memoria histórica, ha seguido su propia lógica, que si en poco se corresponde con la memoria colectiva del país, en nada responde a las obligaciones contraídas por España como potencia colonial de la región durante casi un siglo, el que va de la Conferencia de Berlín (1884) a la muerte de Franco (1975). Por todo ello, ni en el ámbito general ni en el político la cuestión del Sáhara ha ocupado el espacio objetivo que le corresponde y se ha visto lastrada por un cúmulo de interferencias que han dificultado la cabal comprensión de lo que estaba sucediendo. Y lo que sucedía y sucede, como de varias maneras muestra Isaías Barreñada en Breve historia del Sáhara Occidental. Resistencia frente a ‘realpolitik’, es ni más ni menos que un problema de descolonización y ocupación ilegal.
Ahora bien, en el caso del Sáhara Occidental confluyen varios factores que hacen que una inacabada descolonización y una hábil ocupación se enreden entre sí y afecten a aspectos jurídicos, históricos, culturales, geoestratégicos y, en menor medida a pesar de las apariencias, económicos. También es cierto que muchos de los condicionantes externos de la perpetuación del conflicto son comunes a otros conflictos catalogados como “intratables”, de los cuales el palestino-israelí es paradigmático, lo que aprovecha Isaías Barreñada, gran conocedor asimismo de este, para brindar un capítulo con un singular y lúcido análisis comparado.
Pero el principal condicionante que informa transversalmente las variables del conflicto Sáhara/Marruecos proviene del hecho de que la potencia ocupante, Marruecos, nunca ha aceptado que su intervención sea un acto de ocupación, y que, por tanto, está sometida a los Convenios de Ginebra, sino que ha supeditado su actuación y sus razones a los parámetros de lo que considera su propia descolonización incompleta. Y puesto que no ha podido hacer valer estas razones acudiendo al derecho internacional, las ha impuesto a fuerza de hechos consumados, que no por burdos han sido menos funcionales para los intereses de las potencias occidentales, para la realpolitik a la que se refiere el subtítulo del libro. De este modo, lo que fue en principio un proceso fallido de descolonización —el del Sáhara Occidental, responsabilidad de España con la mediación de Naciones Unidas— se ha convertido en una “recolonización de la descolonización”, expresión de la que no se sirve el autor, pero que subyace en su planteamiento.
Si bien el punto de partida que no hay que perder de vista es la pareja descolonización-ocupación, esta obra se ocupa ante todo de las consecuencias de lo que se ha convertido de facto en una anexión consentida. Barreñada detalla las violaciones del derecho internacional, de los derechos humanos, de los derechos fundamentales y las libertades civiles y políticas, así como de los derechos sociales y económicos; unas y otras se han ido acumulando con el enquistamiento del conflicto. Pues aunque el Sáhara Occidental ha sido un conflicto abandonado por la comunidad internacional, debido fundamentalmente a que su solución tiene a corto plazo más costes que beneficios, sus consecuencias afectan de lleno a los distintos órdenes de las relaciones internacionales. Con todo, el núcleo de la reflexión que distingue a este análisis es la articulación pueblo-territorio. Por ello se otorga un papel decisivo a la historia de la visibilidad de la sociedad saharaui, cuya construcción civil e identitaria se ha ido modulando según avanzaba el conflicto, y que ha sabido combinar y gestionar estatalización, lucha armada y resistencia civil tanto en los territorios ocupados como en el exilio de los campamentos de Tinduf y la diáspora.
Para Barreñada, el del Sáhara Occidental no es un conflicto irresoluble, por más complejo y duradero que sea. La solución no es otra que el respeto al derecho internacional, esto es, la implementación del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui mediante un referéndum.
Mujeres con vestimenta tradicional en un pozo en el campo de refugiados de El Aiun, el 1 de marzo de 1986.
Album / akg-images / Guenay Ulutuncok
Y esto es justo lo que conculca la posición española manifestada en la reciente carta del presidente del Gobierno al rey de Marruecos, que luego el propio presidente “explicó”, según su expresión, en comparecencia ante el Congreso —se incluyen extractos de la carta y de la comparecencia en los anexos, muy pertinentes, con que se cierra el libro—. Si no fueran suficientemente graves la dejación histórica que España ha hecho de sus obligaciones como administración colonial y el chalaneo oficial a cuenta del Sáhara a la hora de abordar otros contenciosos con Marruecos o Argelia, el reciente paso del Ejecutivo considerando la propuesta marroquí de autonomía “como la base más seria, creíble y realista para la resolución de este diferendo” atenta de lleno contra los derechos reconocidos del pueblo saharaui. Porque no se trata de “diferendos” entre instituciones o Estados, sino del derecho internacional, de su victoria o de su derrota.
Breve historia del Sáhara Occidental. Resistencia frente a ‘realpolitik’
Autor: Isaías Barreñada.
Editorial: Catarata, 2022.
Formato: tapa blanda (142 páginas. 15 euros).
martes, 29 de marzo de 2022
Libro. " Palestina ,una historia moderna" de A. W. Kayyali
viernes, 7 de enero de 2022
Sobre "Dispara, yo ya estoy muerto", de Julia Navarro
Radiografía de un bestseller palestino- israelí
Julia Navarro, su autora, niega enfáticamente que una novela como Dispara, yo ya estoy muerto[1]sea en absoluto una novela histórica porque lo que hace es “historias de personajes”.
Una novela es siempre “historia de personajes”. Y se le atribuye el carácter de “novela histórica” a aquellas historias de personajes que se entretejen con datos históricos reales. Algunos autores tienen la precaución de integrar en su relato ficticio personajes históricos únicamente con los datos reales conocidos y dejando en todo caso el tejido novelesco para los personajes gestados por el autor.
Julia Navarro invoca permanentemente tramos históricos, reales, verificables, en su construcción. Entretejiendo los destinos de dos familias, una judía y otra palestina, desde los mismísimos fines del siglo XIX.
Y procura un minué histórico, sucediéndose las generaciones de ambas familias, entrelazadas emocional, material y hasta amorosamente (aunque la disonancia palestino-judío convierta esos amores en conflictos de altísimo voltaje).
Con el buen tino de presentar prácticamente a todos sus personajes como buenos.
Sin embargo, el relato está plagado de trampas históricas, culturales, políticas ideológicas, de tal envergadura que uno bien puede preguntarse sobre el origen, el perfil y hasta el motivo de tantas incongruencias y falsedades que no provienen del carácter novelesco sino de lo que está tomado como marco histórico.
El comienzo del contrapunto señalado aparece en el capítulo 3, página 159 en esta edición, de un total de 900 páginas. Casi al comienzo, diríamos. Pero toda la primera parte, esas 160 páginas, nos muestran al verdadero protagonista de todo el relato, Samuel Zucker, que se prolongará en el personaje de su hijo, Ezequiel.
Ese hombre, judío, con abundante fortuna y más abundantes infortunios, es el eje de todo el relato. Un ruso judío que en rigor es un judío ruso que no es sionista.
Los personajes palestinos son también extraordinariamente nobles, pero en general funcionan como contrafiguras. Y los personajes más extraordinarios entre los palestinos tienen a menudo alguna “mancha” que no vemos en los judíos: Mohamed, por ejemplo, tan íntegro en su vida emocional y política, es contenidamente irascible; Wädi, un esforzado docente, carente de toda agresividad, osado, abnegado, vivirá su vida con cicatrices en su rostro producidas por un salvataje que acometió como niño para con otro niño más chico, judío.
Navarro hace fácil el reparto de roles en el “bando judío”: atribuye vejaciones y asesinatos a sionistas del Irgún o de Lehi, y no hay un solo acto de agresión de la Haganá. No solo eso, sino que adopta acríticamente, el término que el sionismo en el poder le otorgará a su ejército: Ejército de Defensa de Israel, Fuerzas de Defensa de Israel. Así se denomina oficialmente a un ejército de ocupación.
Ben Gurion o Golda Meir son presentados como sionistas partidarios consecuentes de la paz, igual que la Haganá. Sabemos que hay una historia oficial que dice eso, pero choca demasiado penosamente con los datos históricos.
Navarro no distingue lo que historiadores llaman Antiguo Yishuv y Nuevo Yishuv. Así se autodenominaron las colonias judías en Palestina. La diferencia tiene enorme significación, porque el Antiguo no era sionista y el Nuevo sí. Y hubo conflictos entre ambas colectividades, que incluso se zanjaron a los tiros, algo que Navarro ignora deliberadamente o por simple ignorancia (que no resultaría del todo aceptable, si pensamos que estamos ante una novela histórica, mal que le pese el calificativo a la autora).
Navarro hace eje, brinda protagonismo a un personaje colectivo; la Huerta de la Esperanza. Nos preguntamos si existió algo así alguna vez. Si hubiese llegado a existir habría sido absolutamente excepcional, en la historia; en la vida real nunca dejó trazas. La Huerta de la Esperanza es una suerte de granja interfamiliar, como un pequeño kibutz compuesto por un par de familias judías y otras tantas palestinas. No se reconoce nada así en la historia hasta hoy conocida.
Los kibutzim, sí, fueron un elemento importante, tal vez clave, en el desarrollo del sionismo en Palestina y en la formación del mismo Estado de Israel. Una característica fundamental del movimiento kibutziano fue su constitución exclusivamente con judíos.
El divorcio con el discurrir cuasi protagónico de la Huerta de la Esperanza es así radical.
Con la consolidación del Estado de Israel y el prestigio obtenido por los kibutzim, sus referentes se permitieron, luego de asentado el dominio militar, albergar mano de obra de jóvenes que admiraban al novel estado judío (sobre todo alemanes, que cumplían algún tipo de expiación tácita…). Incluso antes, como experiencia excepcional, algún kibutz admitió algún intelectual árabe en una experiencia de trabajo.[2]
Si llegó a existir en Palestina algo como una Huerta de la Esperanza habría sido totalmente anómalo, algo enteramente no representativo. Que el relato de Navarro normaliza e incluso eleva a arquetipo.
Aunque la Huerta de la Esperanza insume varios centenares de páginas, Navarro no aborda episodios claves de la historia judeopalestina, como la huelga general palestina de 1936, nada menos, reclamando el cese de la invasión por goteo de judíos sobre una tierra progresivamente extranjerizada (para los palestinos; para los judíos bíblicos un retorno). Una huelga que fue transformándose en insurreccional, reprimida con mano de hierro tanto por los colonialistas británicos, que no admitían resistencias de sus avasallados, como por los judíos que a esa altura habían sabido aprovecharse de la fuerte hospitalidad árabe para sonsacar conocimientos y golpearlos más duramente. Tres años atroces, con miles de muertos palestinos a manos de judíos e ingleses (los palestinos también mataron a ingleses y a judíos, decenas o centenares; ciertamente, no hubo muertos entre ingleses y judíos, que actuaron coordinadamente, por ejemplo atacando unidos aldeas palestinas).
Semejante “capítulo” fue la primera intifada contra la labor de zapa de la penetración sionista, insurrección condenada al fracaso porque es increíblemente difícil que una sociedad sin armas (o usando apenas, como último recurso, las escopetas de caza) pueda sacarse de encima una invasión en toda la línea, en el que pacientes atacantes primero se adueñan de tierras, postergando siempre el uso de la fuerza, y palmo a palmo van adueñándose de los distintos resortes de una sociedad; mientras los nativos son hospitalarios, los recién llegados aprovechan esos usos civiles, no militares, para ir avanzando en una guerra no declarada…
Evitar personajes “villanos”, algo que hace con buen oficio la autora, impide caer en el maniqueísmo y realza el relato. Escamotea, sin embargo, un rasgo básico de la penetración sionista en Palestina: su alianza estrecha, política, económica, ideológica, con el colonialismo y sus atroces métodos de sojuzgamiento. Una despiadada política de despojo (que le hará recordar a algún sionista recién llegado a Palestina, que estaban ocasionándole a los palestinos el mismo daño que, por ejemplo, las bandas progromistas les habían infligido a los judíos).
Navarro califica a Ben Gurion como “conciliador” porque acepta “la solución de dos estados”. Lo que Navarro “olvida” es que Ben Gurion estimó factible dejarle un estrecho espacio sin margen de maniobra a los palestinos; no el proclamado 50 % y 50 % (que la ONU tradujo tramposamente en 53% para judíos, 46% para palestinos y 1% para internacionalización de territorios), sino un 10 % o un 20%… (que fue lo que dejaron luego de la arremetida de 1948…)
Navarro opone el Irgún y el Lehi a la Haganá, ignorando todo el trabajo común y combinado que hicieron. Haciendo de “el policía” bueno y el malo, pero con el mismo objetivo: la apropiación de un territorio proclamado como propio sobre bases bíblicas. Eso mismo plantea la contradicción brutal entre la apropiación “bíblica” y el carácter inicialmente laico del sionismo.
Los personajes judíos son tan pero tan nobles que, por ejemplo, aun convirtiéndose en dueños de los medios de producción en Palestina, por llegar al país con mucho dinero, no hacen distingos entre trabajadores palestinos y judíos. ”Jeremías no hacia distingos y le trataba como a uno más en el trabajo.”
Navarro pasa por alto que la mismísima sindical sionista, la Histadrut, se funda con empresarios y obreros… judíos, unidos. Y a la vez, sin admisión entonces de trabajadores palestinos. Como la mano de obra palestina era más barata, algunos patronos judíos optaban por asalariados palestinos. Histadrut encaró ese “problema” y obligó a pagar a todos los asalariados igual salario.
Pero era el sindicato el que se adueñaba del diferencial en el caso de los expoliados trabajadores palestinos, que siguieron cobrando mucho menos que los equivalentes judíos. Como además, les estaba vedado pertenecer a la Histadrut, la central sindical se adueñaba de esa diferencia salarial y la aplicaba a mejorar sus servicios, sanitarios, habitacionales, educacionales, para los afiliados, exclusivamente judíos. Nada de eso ni siquiera asoma en la pintura de Navarro.
Son tantas las omisiones, tantos los sesgos, siempre para un mismo lado, que uno no puede valerse de la ingenuidad o de la espontaneidad para reconocer el trabajo de Navarro; antes bien, la autora ha compuesto con rigor y tomando partido, una semblanza del conflicto con la cual, aunque “les perdona la vida” a sus personajes palestinos, e incluso a menudo los engrandece, los deja siempre en un segundo plano respecto de los verdaderos héroes, no violentos (sic!) de la colonización judía en Palestina.
Me pregunto qué diría Jerimoth [nombre fingido], un viejo amigo judío, nonagenario, de esta pintura histórica… ¡todavía atormentado por el desprecio con el que en 1948 mataban displicentemente a los campesinos palestinos que se infiltraban en la flamante Israel… desarmados, para cuidar los plantíos de los terrenitos de donde habían sido desalojados!
El último contrapunto, por ejemplo, ubica toda la violencia en un personaje palestino y toda la capacidad de sacrificio (o una suerte de suicidio por mano ajena) en uno judío. Exactamente al revés de lo que ha sido la verdad histórica.
La benevolencia, por no calificarlo más ácidamente, hacia el asentamiento judío en Palestina es tan enorme que por ejemplo, tenemos que escuchar de boca de un personaje palestino muy lúcido, patriota y anticolonialista: “los británicos solo querían acabar con el imperio otomano y no les interesa sustituir un imperio por otro.” ¿Podía haber tanta candidez para ver al imperio otomano y no al British Empire (que ni siquiera se esconde en el nombre)? Y colocar esa zoncera en boca de Mohamed, un personaje relevante y valioso, de la novela, ¿no resulta demasiado cómplice para con el eje anglosionista?
Navarro comete en este pasaje, como en tantos otros, una licencia ideológica de tal alcance que en rigor resulta una estafa intelectual.
Ese personaje de Mohamed resulta “inmejorable”: cuando otro palestino recuerda, escueta y verazmente, que los judíos “se están haciendo con nuestras tierras”, Mohamed replica: “Les estamos vendiendo nuestras tierras, no les culpemos por eso.”
Prácticamente no hubo palestinos vendiéndole tierras a sionistas (salvo algún caso aislado). El proceso era, grosso modo, así: llegaban judíos, con o sin plata. La Agencia Judía, con dinero en mano, los ponía en contacto con un effendi, un propietario turco ausentista, residente en Estambul o Constantinopla, a quien se le ofrecía una generosa cantidad de dinero que sobrepasaba el rendimiento de sus tierras con mano de obra palestina. El propietario cerraba prestamente el negocio. Recibía más dinero del que jamás había imaginado. Acentuaba su rentismo parasitario. Y se olvidaba de su tierra. Y del puñado, a veces decenas de trabajadores agrícolas, que lo habían mantenido hasta entonces.
Con la policía turca hasta 1918, y con la derrota germano-turca, con la inglesa desde 1918, los judíos tomaban posesión del terreno y dejaban literalmente en la calle y en el hambre a los campesinos despojados, esos sí, palestinos. Ésa fue la secuencia que una sociedad sin estado propio soportó hasta hacerse intolerable y que luego de estallidos locales en 1921, 1929, culminó con una huelga generalizada en 1936, de tipo insurreccional, reprimida a sangre y fuego.
No conocemos ni la biografía de Navarro ni sus muy probables vinculaciones con el Estado de Israel. Es indudable que el EdI debería conchabar a Julia Navarro como su agente de RR.PP. Pero también sabemos que si el EdI es mínimamente inteligente, de ninguna manera va a contratar a JN como agente de RR.PP. Muy por el contrario, habrán de conservar una celosa independencia recíproca. Que es lo que le asegura fuerza al mensaje de esta mujer, española criada durante la cultura del franquismo más neto. Ha logrado estampar una “política de buena vecindad”, la “solución de dos estados” y obediencia incondicional a presuntos mandatos de la ONU.
Tomemos este último punto. ¿Cuándo la ONU pudo atribuirse la capacidad demiúrgica de construir estados (o destruirlos) que Navarro da por descontado? Que yo sepa, nunca.
Navarro nos cuenta que el 29 de noviembre de 1947 la ONU se reunió para votar el plan que la mayoría de la comisión (UNSCOP) había elaborado (la minoría había elaborado otro informe, muy distinto). Y personajes de la novela se juntan para “escuchar juntos la decisión de la ONU.” [sic]
La ONU no tenía (ni tiene) teóricamente tales atributos. Los que concretan la partición (y no la señalada por la ONU) son los judíos, mediante toma violenta de tierras, aunque lo que oscurece ese cuadro es que en ese agitado proceso ya sin el British Empire allí presente, actúan algunas desmadradas fuerzas árabes de países limítrofes como “salvando la ropa” de la causa árabe o panárabe…
Hacia el final, pese a tratarse de un texto de 900 páginas, adopta el ritmo de los cuentos cortos o de las novelas de detectives, precipitando una seguidilla de acontecimientos claves, desnudando personajes y móviles con marcado efecto de suspense, que revelan conexiones e imbricaciones que solo organizaciones con fuerte pensamiento colectivo, podrían congeniar. Un final con un desenlace que ratificaría la fama del MOSSAD y sus despliegues ocultos presentados como magistrales.
El remate a toda orquesta que doña Navarro rinde a los sionistas.
[1] Penguin Random House, Buenos Aires, 2018.
[2] Conozco exclusivamente el caso de A. R. Abdel-Kader, descendiente de un líder árabe. Un intelectual marxista prosoviético que con su prisma ideológico repudiaba la política imperial turca, la británica y simpatizaba con el sionismo que tomaba por movimiento de liberación nacional, deslumbrado por sus capacidades técnicas; Abdel-Kader representa un testimonio particularmente ciego a la cuestión colonial.
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