"Gaza ya está en una situación muy dramática, provocada por un estado de sitio que dura ya 12 años y haber sufrido tres guerras en ocho años, que se traduce en constantes cortes de energía y agua potable, y una elevada tasa de desempleo. Esta guerra complicará aún las vidas ya de por sí miserables de sus habitantes y aumentará su sufrimiento", dice Cáritas Jerusalen
lunes, 21 de julio de 2014
miércoles, 9 de julio de 2014
La cronología de un incidente cotidiano
Santiago González Vallejo
Comité de Solidaridad con la Causa Árabe
Debo a mi amigo Manuel Fernández Cuesta,editor y colaborador
de Mundo Obrero y rebelión.org ya fallecido, el ser consciente de los storytelling
o los marco de referencia que señalaba Lakoff como elementos que son ideología
y que, a su vez, construyen ideología.
Digo lo anterior porque, sin sorprenderme, he visto en estos
días multiplicada una cronología en los medios de comunicación y en conversaciones
inexacta e inundada de un marco de referencia o storytelling adecuada a la narrativa sionista.
Así, es común oír estos días que el adolescente palestino
Mohamad Abu Jedir fue torturado y asesinado por aparentemente un grupo de
sionistas como venganza del aparente secuestro y asesinato de tres israelíes
sionistas, Eyal Yifrah, Gilad Shaar, y Naftali Frenkel. Todos estos crímenes se
han producido en los Territorios Ocupados por el ejército israelí.
En el mejor de los casos, se dice que la búsqueda de los
israelíes (uno de ellos con pasaporte estadounidense) hizo que ese ejército de
ocupación asesinara a 7 palestinos. Esto sin cuantificar los bombardeos que se
producen en Gaza y en la zona sur de la parte reconocida internacionalmente
como Estado de Israel y que sólo ha ocasionado muerte a los palestinos
gazatíes.
Esa cronología es falaz e interesada.
Unos días antes del aparente secuestro de los israelíes
sionistas, hubo dos asesinatos racistas de dos palestinos que se manifestaban
el día de Al Nakba, 15 de mayo. Los
mataron aparentemente soldados francotiradores israelíes impunemente. Sin
protestas ya sea del Cuarteto o de un tal Toni Blair. Estaban desarmados.
Protestaban los palestinos contra los ocupantes de su tierra; contra un Muro
ilegal que muerde Cisjordania y que la Comunidad Internacional tiene el deber,
reiterado por la Corte Internacional de Justicia, de hacer lo posible para
obligar a Israel a destruirlo y resarcir a sus víctimas; a favor del
reconocimiento al derecho al retorno de los refugiados palestinos; a favor de
la libertad de los más de 5.000 presos y presas palestinos; reclamando un
derecho a la movilidad y a poder visitar o comerciar con los otros palestinos,
sea cual sea el lugar donde se encuentren; por una autonomía personal y económica,
esclavizada por esos guetos o bantustanes y los infinitos check
point.En resumen la cronología se podía haber puesto en la ocupación
israelí y las consecuencias de la lucha contra la ocupación y por un estado
democrático palestino.
Esa es la cronología. La lucha constante del pueblo
palestino. Conformada en múltiples formas, en estas décadas. Una lucha contra
la ocupación. Y los incidentes no son aislados de la ocupación. No se puede
hacer una cronología que su marcador de tiempo ‘cero’ sea el que quiera el
ocupante y que algunos medios de comunicación repiten que facilita su narrativa
o marco de explicación, como si no existiera lo que explica el porqué de cada
incidente, unido al anterior y que explicará, mientras esta dure, el siguiente.
¡La ocupación estúpidos!
Desproporcion
Lo que eufemísticamente llamamos a veces “desproporción” de la respuesta israelí forma parte también de esta rutina constituyente. Esa “desproporción” sirve, desde luego, para ocultar la ocupación. La idea misma de “desproporción”, como la de “venganza”, presupone una acción agresiva anterior, siempre primera, la del enemigo al que se responde. Pero al mismo tiempo la “desproporción”, como he escrito otras veces, se justifica a sí misma, se “carga de razón” y parece tanto más legítima cuantos más medios emplea y más víctimas deja. Es tanta la “desproporción” militar que ella misma señala, con sus bombas de racimo y sus nubes de humo, una desproporción moral u ontológica: la que separa la justa sed de justicia o, al menos, de venganza, propia de los israelíes, cuyo mal se mantiene así en las fronteras de lo humano, y la inhumanidad inexplicable, gratuita y chapucera de los palestinos.
Santiago Alba Rico
Santiago Alba Rico
Inhumanos palestinos
Tras el secuestro y asesinato de Mohamed Abu Khdeir, palestino de 16 años, la policía israelí -nos dicen los periódicos- “investiga si se debe a un ataque de venganza de extremistas por el asesinato de tres adolescentes israelíes” pocos días antes. Parece razonable investigar las razones de un asesinato y detener a sus autores, pero esta misma “investigación” revela la anomalía estructural sobre la que se asientan las prácticas policiales en Israel. Cuando hace dos semanas tres adolescentes israelíes fueron secuestrados y luego asesinados, ni la policía ni el gobierno israelí se tomaron la molestia de investigar si no se trataría quizás de un ataque de venganza por la ocupación, los derribos de casas, las humillaciones, las torturas, los arrestos masivos y los bombardeos. El gobierno israelí acusó inmediatamente a Hamas, a pesar de su rechazo de toda responsabilidad, y desencadenó una operación -digamos- rutinariamente policial en la que el ejército de ocupación encarceló a 420 palestinos, registro más de 2000 casas y mató a cinco personas, tres de ellas también adolescentes.Ni el gobierno israelí ni los gobiernos europeos ni la mayor parte de nuestros periódicos considerarán que esta “operación militar” pueda justificar una respuesta “legítima”; peor aún: ni siquiera considerarán que esta “operación” pueda provocar a su vez una bárbara venganza. La idea de venganza -como la que han cometido esos “extremistas” israelíes en la persona del chiquillo Mohamed Abu Khdeir- implica asumir que se ha sido víctima de un agravio o una injusticia anteriores; y si la reacción puede considerarse irracional e incluso delictiva, presupone en cualquier caso un dolor inmenso y una arrebatada sed de justicia. Incluso la “bárbara venganza” está reservada, por lo tanto, a los israelíes, sensibles al dolor y capaces de distinguir entre el bien el mal y por eso mismo de cometer a veces un pequeño mal cegados por la ira, el sufrimiento y el -digamos- “exceso de bien”. Los palestinos no es que no puedan defenderse legítimamente de una ocupación ilegal; es que ni siquiera son los suficientemente humanos para vengarse. ¿Vengarse de qué? Eso supondría admitir actos anteriores, y responsabilidades aurorales, y entonces la “investigación policial” se convertiría en una investigación histórica muy peligrosa para la existencia misma de Israel.
En definitiva, los palestinos ni se defienden ni se vengan. Cada ataque palestino es siempre el primero, el que inaugura todas las respuestas, y sólo se funda en el mal radical de sus autores -antisemitismo o simple nihilismo tautológico. Reconocer en los palestinos un “deseo de venganza” sería lo mismo que introducir la historia en Israel, que es por definición autógena y eterna. Pero negar a los palestinos incluso el más irracional y hasta delictivo “deseo de venganza” implica asimismo negarles la más elemental humanidad. Al contrario de lo que se pretende a menudo, la negación de humanidad de los palestinos no es racismo o no es sólo racismo. Es un imperativo técnico-político: reconocer su humanidad obligaría a los israelíes a cuestionar la propia y a cuestionar también, en la raíz, la fundación e historia de su Estado. Los palestinos no pueden ser ni siquiera “vengativos”. Son sencillamente el mal metafísico y animal: la negación radical, como las células cancerosas (metáfora frecuentemente utilizada por los sionistas). La inhumanidad palestina esta inscrita, como el carácter “judío” del Estado, en la declaración de independencia de Israel. No se puede renunciar a una cosa sin renunciar a la otra.
Lo que eufemísticamente llamamos a veces “desproporción” de la respuesta israelí forma parte también de esta rutina constituyente. Esa “desproporción” sirve, desde luego, para ocultar la ocupación. La idea misma de “desproporción”, como la de “venganza”, presupone una acción agresiva anterior, siempre primera, la del enemigo al que se responde. Pero al mismo tiempo la “desproporción”, como he escrito otras veces, se justifica a sí misma, se “carga de razón” y parece tanto más legítima cuantos más medios emplea y más víctimas deja. Es tanta la “desproporción” militar que ella misma señala, con sus bombas de racimo y sus nubes de humo, una desproporción moral u ontológica: la que separa la justa sed de justicia o, al menos, de venganza, propia de los israelíes, cuyo mal se mantiene así en las fronteras de lo humano, y la inhumanidad inexplicable, gratuita y chapucera de los palestinos.
Olvidada la “desproporción” original de la ocupación, aceptada por todos la “desproporción” militar como una señal de la humanidad, tal vez excesiva, de los israelíes y de la inhumanidad de los palestinos, a los que no se reconoce ni el dolor humano suficiente como para desear vengarse, nada tiene de raro que hayamos visto y leído en todos los periódicos las fotografías y los nombres de los adolescentes israelíes asesinados y hayamos tenido que ir a buscar trabajosamente la imagen y el nombre de Mohamed Abu Khdeir. Estoy seguro de que hasta hace años esta “desproporción” era el resultado de consignas expresas y manipulaciones conscientes. Hoy probablemente no hace ya falta y esto da prueba de la victoria simbólica de Israel. Hoy sencillamente la mayor parte de los occidentales, periodistas, analistas y ciudadanos normales, precisamente porque entienden el concepto de justicia y lo defienden, consideran normal que los israelíes tengan nombre, cara y sentimientos -pues son de “los nuestros”, es decir humanos- mientras que los palestinos no pueden tenerlos, ni siquiera a los 16 años, porque la declaración de independencia del Estado judío de Israel -y las “desproporciones” con que se afirma cotidianamente- excluyen esta posibilidad. La madre, el padre, los tíos, los hermanos de Mohamed no se vengarán: se excluirán, y con ellos a todos sus connacionales, de la humanidad.
La condición misma de la liberación de Palestina -en una versión u otra, incluso haciendo concesiones en términos de justicia histórica- es la rehumanización mediática de los palestinos. Porque son responsables de su deshumanización, a los medios de comunicación occidentales hay que exigirles que colaboren en su rehumanización. Sólo cuando los palestinos tengan nombre y cara y la muerte de uno de sus niños nos resulte tan inaceptable como la de un israelí (qué digo: bastaría con que la muerte de diez, de cien palestinos nos pareciera tan inaceptable como la de un único israelí), sólo cuando nos revolvamos en nuestros asientos viendo el rostro limpio y hermoso de Mohamed, idéntico al de cualquier español de esa misma edad, habremos avanzado algo hacia una solución de la “cuestión palestina”. Porque entonces empezaremos a comprender que la verdadera cuestión que hay que solucionar es en realidad la “cuestión israelí”. Eso es lo que Israel más teme: la humanidad de los palestinos. Eso es lo que todos, por el más elemental sentido de la decencia y la empatía humanas, por el más responsable de los pragmatismos políticos, debemos hacer brillar bajo el sol.
En definitiva, los palestinos ni se defienden ni se vengan. Cada ataque palestino es siempre el primero, el que inaugura todas las respuestas, y sólo se funda en el mal radical de sus autores -antisemitismo o simple nihilismo tautológico. Reconocer en los palestinos un “deseo de venganza” sería lo mismo que introducir la historia en Israel, que es por definición autógena y eterna. Pero negar a los palestinos incluso el más irracional y hasta delictivo “deseo de venganza” implica asimismo negarles la más elemental humanidad. Al contrario de lo que se pretende a menudo, la negación de humanidad de los palestinos no es racismo o no es sólo racismo. Es un imperativo técnico-político: reconocer su humanidad obligaría a los israelíes a cuestionar la propia y a cuestionar también, en la raíz, la fundación e historia de su Estado. Los palestinos no pueden ser ni siquiera “vengativos”. Son sencillamente el mal metafísico y animal: la negación radical, como las células cancerosas (metáfora frecuentemente utilizada por los sionistas). La inhumanidad palestina esta inscrita, como el carácter “judío” del Estado, en la declaración de independencia de Israel. No se puede renunciar a una cosa sin renunciar a la otra.
Lo que eufemísticamente llamamos a veces “desproporción” de la respuesta israelí forma parte también de esta rutina constituyente. Esa “desproporción” sirve, desde luego, para ocultar la ocupación. La idea misma de “desproporción”, como la de “venganza”, presupone una acción agresiva anterior, siempre primera, la del enemigo al que se responde. Pero al mismo tiempo la “desproporción”, como he escrito otras veces, se justifica a sí misma, se “carga de razón” y parece tanto más legítima cuantos más medios emplea y más víctimas deja. Es tanta la “desproporción” militar que ella misma señala, con sus bombas de racimo y sus nubes de humo, una desproporción moral u ontológica: la que separa la justa sed de justicia o, al menos, de venganza, propia de los israelíes, cuyo mal se mantiene así en las fronteras de lo humano, y la inhumanidad inexplicable, gratuita y chapucera de los palestinos.
Olvidada la “desproporción” original de la ocupación, aceptada por todos la “desproporción” militar como una señal de la humanidad, tal vez excesiva, de los israelíes y de la inhumanidad de los palestinos, a los que no se reconoce ni el dolor humano suficiente como para desear vengarse, nada tiene de raro que hayamos visto y leído en todos los periódicos las fotografías y los nombres de los adolescentes israelíes asesinados y hayamos tenido que ir a buscar trabajosamente la imagen y el nombre de Mohamed Abu Khdeir. Estoy seguro de que hasta hace años esta “desproporción” era el resultado de consignas expresas y manipulaciones conscientes. Hoy probablemente no hace ya falta y esto da prueba de la victoria simbólica de Israel. Hoy sencillamente la mayor parte de los occidentales, periodistas, analistas y ciudadanos normales, precisamente porque entienden el concepto de justicia y lo defienden, consideran normal que los israelíes tengan nombre, cara y sentimientos -pues son de “los nuestros”, es decir humanos- mientras que los palestinos no pueden tenerlos, ni siquiera a los 16 años, porque la declaración de independencia del Estado judío de Israel -y las “desproporciones” con que se afirma cotidianamente- excluyen esta posibilidad. La madre, el padre, los tíos, los hermanos de Mohamed no se vengarán: se excluirán, y con ellos a todos sus connacionales, de la humanidad.
La condición misma de la liberación de Palestina -en una versión u otra, incluso haciendo concesiones en términos de justicia histórica- es la rehumanización mediática de los palestinos. Porque son responsables de su deshumanización, a los medios de comunicación occidentales hay que exigirles que colaboren en su rehumanización. Sólo cuando los palestinos tengan nombre y cara y la muerte de uno de sus niños nos resulte tan inaceptable como la de un israelí (qué digo: bastaría con que la muerte de diez, de cien palestinos nos pareciera tan inaceptable como la de un único israelí), sólo cuando nos revolvamos en nuestros asientos viendo el rostro limpio y hermoso de Mohamed, idéntico al de cualquier español de esa misma edad, habremos avanzado algo hacia una solución de la “cuestión palestina”. Porque entonces empezaremos a comprender que la verdadera cuestión que hay que solucionar es en realidad la “cuestión israelí”. Eso es lo que Israel más teme: la humanidad de los palestinos. Eso es lo que todos, por el más elemental sentido de la decencia y la empatía humanas, por el más responsable de los pragmatismos políticos, debemos hacer brillar bajo el sol.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
jueves, 3 de julio de 2014
Actualidad de Palestina
NACIONAL/INTERNACIONAL
____________________________________________________________________________

Madrid, 1 de Julio 2014
La Red
de Solidaridad contra la Ocupación de Palestina siente mucha indignación y una
gran preocupación ante la escalada de las operaciones militares lanzadas
contra población civil palestina desde la suspensión por Israel de las llamadas
negociaciones de paz a finales de abril y la creación de un gobierno de unidad
nacional entre Fatah y Hamas.
Estos
ataques se intensificaron con la desaparición el pasado 12 de junio de 3
colonos israelíes menores de edad cuando hacían autostop en una carretera de
Cisjordania, al lado de la colonia de Gush Etzion y cerca de la ciudad
cisjordana de Hebrón. Durante la operación de búsqueda, el Ejército israelí
mató a 8 civiles palestinos, arrestó a más de 500 personas y asaltó casas,
instituciones, universidades y sedes de ONG y revistas.
El
hallazgo el 30 de junio por el Ejército de los cuerpos de los jóvenes
asesinados aparentemente poco tiempo después de su desaparición, ha dado lugar
a más actos de violencia contra población palestina por parte de colonos
israelíes y a una operación militar de castigos colectivos de envergadura. La
misma tarde del 30 de junio, el Ejército inició la operación de castigo
contra las familias de los dos palestinos al que el gobierno israelí imputa el
triple asesinato, y demolió sus casas. También sometió a la Franja de Gaza a
más de treinta bombardeos, en el que murió un joven palestino.
El
ejército israelí cerró anoche la ciudad de Hebrón que suele ser considerada
como la máxima expresión del Apartheid israelí por el acoso y la violencia que
los colonos fundamentalistas que residen allí infligen a los habitantes
autóctonos. En los ataques en Hebrón, un palestino ha sido asesinado por
disparo del Ejército. Mientras los discursos que animan a las represalias
contra los palestinos se extienden entre la población colona y la derecha
israelí, Netanyahu ha anunciado que Israel le haría pagar un precio alto a
Hamas, al que acusa de estar detrás del secuestro, responsabilidad que este
partido ha negado rotundamente.
El
gobierno de Israel parece no asumir la responsabilidad que le corresponde en la
muerte de los tres menores israelíes al ser el arquitecto de la política colonial
que utiliza a civiles israelíes como instrumento de anexión territorial. El
transfer de población civil israelí a los territorios ocupados constituye una
violación de la IV Convención de Ginebra y ha sido condenada por el Tribunal
Internacional de Justicia de la Haya el 9 de julio 2004.
Este
mes justamente, hace 10 años que este tribunal ordenó a Israel desmantelar el
Muro de Anexión y Apartheid así como los asentamientos construidos ilegalmente,
restituir las tierras anexionadas a Palestina y a reparar a los palestinos y
palestinas por los daños causados. También exigía de la comunidad internacional
que no reconociera ni prestara ayuda o asistencia a las colonias, y que actuara
para poner fin a la situación creada por el Muro de Anexión y al régimen
colonial asociado.
Para el
bien de todos y todas, ya es hora de que Israel abandone definitivamente sus
políticas coloniales, de Apartheid y de limpieza étnica contra el pueblo
palestino. Con este fin y consciente de la voluntad de muchas personas de solidarizarse
con el pueblo palestino, el movimiento de solidaridad ha lanzado una campaña
global durante el mes de julio contra la impunidad de Israel. En este marco, la
RESCOP lanzó el pasado 9 de junio una campaña de firmas #YoNOComproApartheid para
poner fin a la complicidad comercial con el régimen colonial y de Aparheid
israelí (www.boicotisrael.net/yonocomproapartheid).
La
RESCOP también llama a los partidos políticos y organizaciones de la sociedad
civil condenar los castigos colectivos y expresar su solidaridad con el pueblo
palestino y a garantizar al fin, el cumplimiento de la sentencia del Tribunal
Internacional de Justicia de la Haya del 9 de Julio de 2004.
Yo no compro apartheid, ¡firma por Palestina!
El 9 de julio 2014, hará 10 años que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya exigió el desmantelamiento del Muro de Anexión y Apartheid construido por Israel en territorio palestino. Pero Israel se niega a acatar esta sentencia y sigue apropiándose impunemente tierras, recursos y vidas palestinas.
Con motivo del décimo aniversario de esta sentencia histórica, la Red de Solidaridad contra la Ocupación de Palestina lanza una campaña de adhesión ciudadana al boicot de los productos israelíes en señal de protesta contra las políticas de Apartheid, ocupación, despojo, colonización y asedio impuestas por Israel al pueblo palestino. Al adherirme a la campaña #YoNOcomproApartheid, afirmo que no quiero que mi cesta de la compra beneficie al Apartheid israelí.
¿Por qué #YoNOComproApartheid?
Campaña #YoNOComproApartheid. Descarga aquí en máxima calidad.
- Porque 66 años desde la expulsión de entre 700 y 950 mil palestinos y palestinas y la confiscación de sus viviendas, tierras y propiedades, ningún refugiado o refugiada ha podido retornar a sus casas ni ha recibido reparación.
- Porque han transcurrido 47 años desde la ocupación de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, y estos territorios siguen bajo control militar israelí.
- Porque 10 años después de la Sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya que exigió el desmantelamiento del Muro, Israel mantiene impunemente esta infraestructura de Apartheid.
- Porque desde el inicio de las supuestas conversaciones de paz iniciadas en agosto 2013 y suspendidas a finales de abril por Israel, este país ocupante ha autorizado la construcción de 14.000 nuevas viviendas israelíes en asentamientos ilegales, 3226 de ellas en Jerusalén Este; ha asesinado a 61 personas palestinas y herido a 1751; ha demolido 508 viviendas, escuelas, fábricas y demás construcciones palestinas; ha desplazado a 899 y arrestado a 3300 palestinos y palestinas.
- Porque Israel no ha cesado de colonizar la tierra palestina y de expoliar al pueblo palestino de sus recursos, negando su autodeterminación y violando sus derechos fundamentales, con total impunidad.
- Porque sus políticas discriminatorias contra los palestinos y palestinas han sido comparadas con las que los Boers aplicaron a la población sudafricana, y el Tribunal Russel sobre Palestina, en su audiencia en Ciudad del Cabo en 2011, las calificó de Apartheid.
- Porque la Unión Europea es el primer destinatario de las exportaciones israelíes, y gran parte de estos productos son fabricados ilegalmente en territorio ocupado palestino, y porque las empresas que los comercializan en nuestro país nos engañan, vendiéndolos como si fueran fabricados en territorio israelí.
- Porque no quiero ser cómplice de esta violación del Derecho Internacional Humanitario, y me resisto a comprar productos israelíes.
- Porque a través de la campaña global no-violenta de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel, puedo además contribuir a detener la injusticia, las violaciones de Derechos Humanos y los crímenes de guerra cometidos por Israel contra la población palestina.
- Porque quiero que en nuestros pueblos y ciudades, se vayan abriendo espacios libres de apartheid israelí, en los que no se vendan productos fabricados en este país o en las colonias construidas ilegalmente en territorio palestino.
Por todo ello, apoyo esta campaña de firmas y te invito a que tú también hagas público tu deseo de consumir de forma responsable y solidaria con el pueblo palestino.
¡Firma!
Para adhesiones de colectivos, instituciones y otro tipo de organizaciones escríbenos un correo a boicotisraelbds@gmail.com.
De acuerdo a lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal, te informamos que tus datos serán utilizados exclusivamente para los fines de esta campaña. No serán cedidos, prestados o vendidos a terceros. Tu correo electrónico no se publicará en la web ni será utilizado para otros fines que los de comprobación de identidad en su caso, y de información sobre la campaña #YoNOcomproApartheid. En caso de querer modificar o eliminar estos datos, puedes entrar en contacto con nosotr@s en causapalestina@gmail.com o boicotisraelbds@gmail.com.
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