domingo, 17 de mayo de 2026

Las flotillas de la Sumud alterando la Nakba palestina.Santiago González Vallejo

 Las flotillas de la Sumud alterando la Nakba palestina

Ilustración, Neus Belda Ferré

Santiago González Vallejo

madridenaccion.org

16 mayo 2026

Esta Nakba, «el desastre», del 15 de mayo de 2026 va a estar unida a la misión de las flotillas que componen la Global Sumud (resistencia o resiliencia). 

Hay que insistir en que lo que estamos viviendo no empieza el 7 de octubre de 2023, con el alzamiento de los palestinos gazatíes tras un bloqueo de décadas y el abandono de la causa palestina por las petromonarquías que aceptaban los Acuerdos de Abraham, dejando orillada la autodeterminación del pueblo palestino, convirtiéndolo en un «problema» exclusivo palestino-israelí, de carácter humanitario.

 Algunos creemos que esa posible firma de esos acuerdos fue el detonante de la operación de rebeldía de grupos palestinos, ante el ninguneo internacional de la Autoridad Palestina. Pero esa falta de incidencia de la AP es porque sus valedores, la comunidad internacional, el Cuarteto (Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas), han permitido que Israel haga siempre lo que quiera, incrementando el supremacismo, la ocupación, la colonización y la expoliación, cárcel y muerte a los palestinos y el abandono de los refugiados, en un proyecto del Gran Israel.

 El sionismo hunde sus raíces en una Europa de metrópolis coloniales, dominio del hombre blanco y homogeneización nacionalista a la que le molestan las minorías de sus poblaciones. Eso se trasladó, arbitrariamente, a Palestina, sin contar con la población originaria árabe palestina (con musulmanes, cristianos y judíos). La suerte que el sionismo ha proyectado para la población palestina es la misma que la que se les ofreció a los indios pieles rojas, los aborígenes de Australia o cualquier pueblo en cualquier parte del mundo por parte de los hombres cultos, blancos y superiores de todas las épocas, incluyendo los aventureros conquistadores ibéricos. Pero lo que ha sido normal, la destrucción y el aniquilamiento de pueblos a lo largo de la historia, no es ni debe ser admitido en nuestra época. No podemos consentir que haya una «raza», «pueblo elegido» o cualquier otra ideología que considere que está por encima de otras personas. No existe dios, ni evangélico o bíblico, que esté por encima de los derechos humanos y de la construcción del derecho internacional.

 Esto lo han dejado claro los diferentes dictámenes de la Corte Internacional de Justicia, que ha establecido la ilegalidad de la ocupación israelí; que la ocupación, cuando es prolongada, y se pasa a la colonización, como es el caso que ejecuta Israel sobre el resto de Palestina, es un crimen; que ni Estados ni agentes económicos como las empresas (incluyendo a las españolas CAF, INECO o SEMI) o la FIFA de fútbol deben fomentar, ayudar o permitir esa colonización.

 La impunidad israelí debe ser sancionada como se hizo con la Sudáfrica del apartheid. No es casual que haya sido Sudáfrica la que propuso que la CIJ dictaminara sobre la comisión de genocidio por Israel.

 Mientras, los palestinos siguen desangrándose, se les regatea la ayuda internacional y la supervivencia, incrementando las colonias, la represión sistemática y planificada de cárcel e imposibilidad de vida digna si no huyen o mantienen su resistencia.

 Frente a todo esto, nacieron las Flotillas, la Campaña permanente del Boicot, Desinversiones y Sanciones y otras iniciativas ciudadanas de defensa de los derechos humanos y del derecho internacional.

 Las personas que participan en la Sumud sabemos que somos instrumentos para recordar a los Gobiernos sus compromisos internacionales firmados: las Convenciones de Ginebra, la Convención del Mar y el libre acceso por aguas internacionales, la Declaración de los Derechos Humanos… Saif y Thiago, coordinadores de la Sumud, participan de esta visión. 

Equivocadamente, el Gobierno israelí (y sus aliados) han polarizado en ellos la represión, popularizando la misión ciudadana, recordando a los Gobiernos su incoherencia; reflejando, aunque sea mínimamente, la represión que sufren los palestinos anónimos. Hay que pedir su libertad y, sin distraernos, mantener el foco del objetivo del fin del bloqueo y la consecución de justicia para el pueblo palestino. El bloqueo es ilegal. ¿Por qué, entonces, se permite el asalto pirata israelí? La colonización israelí sobre Palestina es ilegal e ilegítima y los Gobiernos la consienten sin freno. Habrá tantas Sumud mientras nuestros gobiernos sean cómplices de la Nakba palestina.

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