El agua como arma de guerra y el eclipse moral en Gaza
Busquemos las gafas adecuadas para poder observar de frente este eclipse moral en Gaza que está dejando en tinieblas a la humanidad toda.
En el año 585 a.C. hubo un eclipse solar. Sucedió en medio de una batalla entre dos de las grandes potencias del Antiguo Oriente Próximo, los medos y los lidios, que llevaban ya cinco años de guerra con victorias puntuales de un lado y de otro, pero sin un vencedor claro. Según Heródoto, el susto provocado por el hecho de que “la noche reemplazara al día”, hizo que los dos bandos firmaran la paz inmediatamente. Tales de Mileto, cuenta también Heródoto, había predicho la fecha de aquel eclipse. Este y otros méritos hicieron de él uno de los Siete Sabios de Grecia.
El nombre de Tales aparece el primero en las historias de la filosofía griega y con él Anaximandro y Anaxímenes. Estos tres pensadores de Mileto constituyeron eso que se llamó “escuela jonia”, los filósofos “físicos”, que se interesaron por el origen de todo lo que había en la naturaleza: para Tales el principio se encontraba en el agua, para Anaximandro en lo indeterminado, o ilimitado (ápeiron), para Anaxímenes en el aire. Poco más de cien kilómetros al norte de Mileto, en Éfeso, Heráclito parece que optó por el fuego como elemento primordial.
El caso es que el agua, el fuego, el aire o lo ilimitado me suenan ahora a fin del mundo, no a origen de nada. El agua es empleada como arma de guerra por las alimañas sionistas. Lo denuncia la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA): la mayor parte de la población bebe agua contaminada. No sé cuánta razón tenía Tales al considerarla el origen de todo, pero lo cierto es que sin agua no hay vida y por eso, en su planificación del genocidio, de la limpieza étnica en Gaza desde mucho antes del 7 de octubre, el estado de Israel está obstaculizando el acceso al agua a los palestinos de los territorios ocupados. Lo denunció también Médicos sin Fronteras en abril de este año: “Israel ha destruido o dañado casi el 90% de las infraestructuras de agua y saneamiento de Gaza, incluidas plantas desalinizadoras, pozos, tuberías y sistemas de alcantarillado según las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial. Nuestros equipos han documentado cómo el Ejército israelí ha disparado contra camiones cisterna claramente identificados y ha destruido pozos que constituían un salvavidas para decenas de miles de personas”. Lleva décadas ocurriendo, no empezó el 7 de octubre del 2023.
“Israel ha envenenado el aire, la tierra y el agua de Gaza. Del fuego se sirve para quemar vivos a los refugiados.”
El aire y la tierra de Gaza son también objeto de devastación. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha documentado que el 98,5 % de las tierras agrícolas de la Franja de Gaza están dañadas, son inaccesibles, o ambas cosas a la vez. Su paisaje son millones de toneladas de escombros. El resultado del genocidio sionista es un apocalipsis ambiental, un ecocidio. Y el goteo de muertos continúa: más de dos mil familias enteras han sido asesinadas desde el recrudecimiento del genocidio en octubre del 2023.
Israel ha envenenado el aire, la tierra y el agua de Gaza. Del fuego se sirve para quemar vivos a los refugiados. Y lo ilimitado, el ápeiron, es la brutalidad de ese ejército inmoral. Hace unos días Raquel Martí (directora de la UNRWA en España) informaba del ataque israelí a un hospital en la ciudad palestina de Deir al-Balah, en el centro de la Franja, que destruyó gran parte de su stock médico estratégico.
Las especulaciones sobre los orígenes del mundo físico no llegaron a interesarme nunca demasiado y la filosofía sólo empezó a atraparme cuando fue ética y política. Tampoco el eclipse de esta semana me llama especialmente la atención. Como todo lo que nos rodea, está turistificado y monetarizado. No hay esperanza de que las alimañas en pie de guerra se asusten al ver a la noche reemplazar al día y firmen la paz donde hay guerra y dejen de cometer genocidio donde lo están cometiendo. La paz también está monetarizada y se anuncia y se rompe al ritmo que interesa a los especuladores.
Lo que se está permitiendo en Gaza, el eclipse total de la moralidad y la decencia, tiene ecos, tiene réplicas, lo envenena todo. El agua, que es arma de guerra en manos de los sionistas será, muy probablemente, desencadenante de conflictos bélicos en un futuro próximo en muchos lugares del planeta. Es vital y es un bien cada vez más escaso. El ápeiron de Anaximandro me lo imagino ahora con forma terrorífica, encarnado en esos centros que acumulan infinitos e inútiles datos y consumen cantidades ingentes de agua. El proyecto de una planta de almacenamiento de datos en Asturias, de nombre Digital Valley Asturias (lo de Valley para todo lo tech es taaaaaan poco original), me hace temblar tanto como el eclipse del 585 a.C. hizo temblar a medos y lidios.
Sé que son pensamientos poco veraniegos, poco cool y nada high tech bro, ya luego bajo a la playa, o veo La Casa del Dragón, y se me pasa, pero no quiero apartarlos sin más como si fueran moscas. Desde el genocidio que no cesa a los fuegos que nos abrasan, desde los muertos en el Mediterráneo a las mujeres maltratadas que el Gobierno andaluz ha abandonado en manos de los lobos de Vox (un adelanto de lo que vendrá, a nivel estatal, si no reaccionamos), de los millones de seres humanos condenados a beber agua contaminada a los centros de datos que se refrescan para enriquecer a unos pocos. Busquemos las gafas adecuadas para poder observar de frente este eclipse moral en Gaza que está dejando en tinieblas a la humanidad toda.
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