Foto: Palestine Solidarity Project. En los poemas atribuidos a Homero aparece la figura del poeta de dos maneras muy diferentes, pero que miran a un mismo fin. Encontramos a aedos, cantores como Demódoco y Femio en la Odisea , que nos ayudan a imaginar cómo sería la vida y el trabajo del propio Homero , y nos encontramos con Helena en la Ilíada , tejiendo un manto de púrpura “con las hazañas de los troyanos y los aqueos”, dice Homero . Helena borda las mismas historias que canta el poeta.
En el libro Gaza. Un genocidio televisado , Madrid , 2025 , del médico palestino Mohamed Safa (gracias a Gemma Arbesú , que conoce al doctor Safa , por regalármelo) se habla del bordado palestino, que, explica Safa , es una memoria viva, “los hilos bordados por mujeres palestinas son testimonios de resistencia silenciosa frente a la ocupación y el exilio”. Esos hilos tienen voz como el bordado de Helena de Troya . “Se habla de los palestinos, pero no se les escucha”, se lee también en el libro de Mohamed Safa . Tiene razón, escuchémoslo un rato porque su libro deja una enorme sensación de injusticia, pero también de esperanza, la de que los palestinos sigan contando su historia, cantando su tierra y tejiendo su memoria frente a los sionistas y sus brutales intentos de arrasar con todo. Frente al negocio del genocidio, frente a la más sofisticada y obscena tecnología militar, Gaza resiste.
Recomiendo vivamente la lectura de este ensayo por muchos motivos. Lo que parece una obviedad suena con crudeza desgarradora si lo escribe quien lo sufre: “Gaza es un gueto del siglo XXI: cercado, bloqueado, castigado. La diferencia es que quienes resisten ahora son etiquetados como terroristas, mientras los verdugos son presentados como víctimas”. Efectivamente, como señala repetidamente Mohamed Safa , si comparamos a los palestinos con los judíos víctimas del holocausto nazi, los palestinos no solo pierden, sino que su resistencia es considerada un acto terrorista y su sufrimiento echa por tierra la creencia de que lo que ocurrió en los campos de concentración levantados por los nazis pudo suceder porque el mundo no lo sabía. No es cierto, lo que pasa en los campos de concentración sionistas el mundo lo sabe y, sin embargo, lo permite y lo facilita. La responsabilidad debería caer sobre las fuerzas de ocupación, no sobre los pueblos que resisten, la resistencia es un derecho y una obligación moral, leemos en este libro.
“La memoria que los sionistas están queriendo borrar abarca todo. Y no empezó el borrado genocida en octubre del 2023 .”
Sabemos que el negacionismo del Holocausto está castigado por ley, que se promueve su recuerdo en museos, archivos, documentales y libros. Lo que yo no sabía es que el Parlamento israelí aprobó en 2011 una ley que prohíbe conmemorar públicamente el aniversario de la Nakba , la expulsión de los palestinos de su tierra. Leyendo el libro de Mohamed Safa algo que impresiona es su ecuanimidad, su sentido de la justicia, como cuando afirma que “La solución no puede ser la competencia de memorias (…) recordar el Holocausto es un imperativo moral. Pero invisibilizar Deir Yassin , Tantura o Lydda es una forma de complicidad”. Estos lugares quizá no les digan nada, tampoco a mí me resultan familiares, pero si buscan información encontrarán que son antiguas ciudades palestinas masacradas y objeto de limpieza étnica por los sionistas en 1948 . Recordarlas es, para Israel , un delito.
La memoria que los sionistas están queriendo borrar abarca todo. Y no empezó el borrado genocida en octubre del 2023 . Recuerda Safa cómo ya en los años cincuenta del siglo pasado el estado de Israel comenzó a arrancar olivos y plantar pinos en las tierras robadas a sus legítimos ocupantes, consiguiendo, tanto cambiar el paisaje tradicional palestino, como ocultar las pruebas del crimen y negar la existencia de vida con anterioridad a la llegada del “pueblo elegido”. Arrancar olivos y asesinar bebés, puede estar orgulloso el estado de Israel de la historia que está escribiendo.
Esta semana vimos imágenes de un colono, cobarde y criminal como todos, golpeando a un hombre mayor en Cisjordania , un hombre al que le faltaba una pierna después de que, en un ataque anterior, otro colono le hubiera disparado. Hazañas del ejército más moral del mundo.
Israel es un estado colonial, pero en Gaza. Un genocidio televisado se argumenta además que estamos ante un tipo especial de colonialismo, un colonialismo de asentamiento, “una forma de dominación que se distingue del colonialismo de ocupación por su objetivo último: no la integración ni la explotación de la población nativa, sino su reemplazo”. En menos palabas: una limpieza étnica.
Defendamos a Palestina por humanidad, por justicia y por decoro. Ha venido Mohamed Safa a enseñarme, entre otras muchas cosas, que Valle Inclán , en un diálogo en La corte de los milagros , ponía en boca del protagonista las palabras “Soy revolucionario por decoro” como respuesta a la pregunta, “Y tú, ¿por qué eres revolucionario?”. La frase completa es “Soy revolucionario por decoro, querida marquesa”. Nunca antes se me había pasado por la cabeza presentarme en ninguna lista electoral, pero ahora suspiro por poder subirme a la tribuna del Congreso y, ante cualquier pregunta sobre por qué defender a Palestina , o a Cuba , o a los saharauis, o por qué luchar por las pensiones, por la justicia contra las mujeres maltratadas, por la memoria histórica, por los derechos en general, ante cualquier inquietud de esas que plantea la señora marquesa, esa que ustedes saben y que si no espabilamos será ministra en unos meses, poder responder “por decoro, querida marquesa, por decoro”.
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