PLAN DE PAZ DE TRUMP.
Manuel Garcia Fonseca
El plan de paz es una entelequia programada para un
vaciamiento de Gaza de los palestinos.
En la cima de su estructura se encuentra el consejo ejecutivo
del plan, la Junta de Paz, presidida por Trump, y ninguno de cuyos ocho
miembros es originario de Oriente Medio y mucho menos de un territorio
palestino o de la diáspora. Son en su gran mayoría, si no en su totalidad,
partidarios de Israel. Donald Trump lo preside con derecho de veto.
Mientras tanto, en el terreno, el alto el fuego sigue
siendo violado por Israel todos los días. Hoy día Israel ha matado a 32
palestinos, y más de quinientos han sido asesinados por el ejército israelí
desde su firma en octubre. Este, por orden del nivel político, sigue
obstaculizando, o incluso impidiendo, la entrada de productos y bienes
necesarios para la vida cotidiana de los habitantes de Gaza y el inicio de la
reconstrucción de las infraestructuras y las viviendas.
Las caravanas de transportistas permanecen bloqueadas en las
fronteras, mientras que las lluvias, las tormentas y las temperaturas
invernales destruyen los refugios precarios. Veintiuna personas han
muerto de frio, según las autoridades locales, y otras mueren cada día por falta
de cuidados y medicamentos.
Diana Buttu, abogada palestina, ex asesora de la Autoridad
Palestina, lo ve como la continuación de una muerte lenta infligida
metódicamente a los palestinos.
A pesar de esta situación inhumana, genocida, o mas bien por
que la manera más eficaz de mantenerla es es que no sea conocida. Ya ahora no
vemos en televisión los bombardeos y los muertos o heridos tremendos, en
especial que no se vean los niños muriendo
Los periódicos , las revistas, los podcast, son censurados; las brutalidades cotidianas
cometidas en Gaza desaparecen de las paginas relevantes de las medios de
comunicación, desaparecida la información cesa la contestación.
Resulta difícil de explicar
y en todo caso de entender que esta censura de la información o de las
manifestaciones grupales o personales por palestina sean reprimida por
gobiernos de países importantes de Occidente. Valgan a título de muestra
algunos hechos: la Reportera de Naciones Unidas, Francesca Albanese en una
visita invitada a la universidad De Georgetwn es reenviada bajo presión de uno
de los repugnantes grupos sionistas que se consagran a desacreditar a los
detractores del terrorismo israelí; el caso de Greta Thunberg que ha sido
arrestada en Londres estas navidades por llevar una pancarta con el título “Yo
sostengo a los prisioneros de Palestina Acción, yo me opongo al genocidio”;
Alemania no ha permitido entrar en su territorio a Yanis Varoufakis, eminente
economista, que debía asistir a un congreso sobre Palestina en Berlín; y como
norma policial se detienen a jóvenes y se les arresta por airear una bandera
palestina.
No son hechos causales, se corresponden a la forma de ocultar
información para que la contestación disminuya o sea pasado a segundo término
ante la propaganda del tramposo plan de paz de Trump y Metanyahu.
Contra la desinformación es obligada la denuncia y la
protesta por parte de los ciudadanos con sentido ético ante un magnicidio como
el que se sigue cometiendo en toda Palestina
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