miércoles, 20 de agosto de 2014

Las tres mentiras que 'justifican' la masacre en Gaza Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/137737-mentiras-justificacion-masacre-gaza

Gobierno de unidad  

Durante una rueda de negociaciones de paz palestino-israelíes lideradas por EE.UU., el primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró que sería difícil conseguir un acuerdo de paz dialogando con solo una parte de los palestinos. "Una reacción responsable" a esta declaración por parte del Gobierno de Barak Obama sería priorizar al máximo la unidad entre Hamás y Fatah, condición clave para la realización de cualquier negociación seria entre Israel y los palestinos, indica Ryecart en su columna en el portal 'Arab News'. 
  
Según el politólogo, el presidente Obama debería haber invitado a los líderes de Hamás y Fatah a Washington para que renunciaran conjuntamente el uso de la violencia y reconocieran el derecho de Israel a existir. A cambio EE.UU. habría podido apoyar la negociación de un Estado palestino que incluyese la Franja de Gaza y Cisjordania, con contigüidad entre los dos, y el levantamiento del bloqueo de Gaza por parte de Israel. 
  
Sin embargo, la realidad resultó ser totalmente diferente. Netanyahu usó la reconciliación de Hamás y Fatah como excusa para romper las negociaciones de paz. "Es hora de que la comunidad internacional corrija el error del entendimiento entre Hamás y Fatah", comunicó el representante de Israel ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Ron Prosor. "Es evidente que el objetivo principal de la ofensiva de Israel contra Gaza ha sido la destrucción del gobierno de unidad nacional", destaca el analista.

Asesinato de adolescentes israelíes

El secuestro y asesinato de tres estudiantes israelíes en Cisjordania, del que Israel culpa a Hamás, fue el detonante del operativo militar israelí contra la Franja de Gaza. "Desde una perspectiva política, es muy poco probable que los líderes de Hamás hubieran aprobado el secuestro y asesinato de los tres adolescentes israelíes", opina Ryecart. Cuando se lanzó la campaña de propaganda para poner a la opinión pública contra el movimiento, Netanyahu no tenía evidencias de su involucración en el crimen, acentúa el analista.


"Uso proporcional" de la fuerza

En cuanto al "uso proporcional" de la fuerza, tal y como Israel califica su campaña militar, Ryecart recurrió a los argumentos de Avraham Burg, exportavoz parlamentario israelí y portavoz de la ONG Peace Now, para explicar la situación. Desde el punto de vista de Burg, el secuestro de los tres jóvenes debería haber servido de recordatorio a los israelíes de que la ocupación por sí misma es un acto de secuestro de toda la sociedad palestina. "Nuestros corazones sufren por los tres adolescentes cuya identidad ni siquiera conocíamos hace un momento, pero que ahora pertenecen a todos nosotros (…). Pero somos incapaces de comprender el sufrimiento, el grito y el futuro de una nación entera que nosotros hemos secuestrado", escribió Burg en el diario 'Haaretz'. 

No es necesario matar 2.000 civiles para destruir 30 túneles (…). Han perdido la vida 2.000 que no tienen nada que ver con Hamás", insiste Ryecart. "La ejecución extrajudicial de jóvenes palestinos por colonos israelíes violentos o por policías o soldados se ha convertido en una rutina aceptada de la ocupación israelí y se lleva a cabo cada semana, con al menos tres víctimas al mes en Cisjordania y Jerusalén Oriental", prosigue el analista. 


Según el politólogo, parte del problema de Oriente Próximo es EE.UU. Fue Washington quien dio a los israelíes luz verde a lo que se ha convertido en un "asesinato masivo indiscriminado de civiles" y suministra el armamento para ello. Tal política no es compatible con el supuesto papel de EE.UU. de mediador "honesto y creíble" en el conflicto palestino-israelí, insiste Ryecart.  



Michel Warschawski: “Para Israel, el enemigo es la negociación”

Por Sylvain Thévoz
La ofensiva sobre Gaza ha hecho evidente la hegemonía de la derecha racista y militarista en Israel. Hasta el punto de dar miedo a numerosos ciudadanos que no reconocen ya su país y temen verle desaparecer, como dice Michel Warschawski.
¿Qué dice sobre la sociedad israelí la ofensiva militar contra la franja de Gaza? ¿Qué consecuencias tendrá para el futuro del Próximo Oriente? Viviendo en Jerusalén, el periodista franco-israelí Michel Warschawski, ardiente opositor a la colonización, es también un fino analista del conflicto. Bien conocido de los lectores de Le Courrier, en el que mantiene una crónica mensual, este hijo de rabino, nacido en Estrasburgo en 1049, es hoy el principal animador del Centro de Información Alternativo (AIC). Nos reunimos con él en Jerusalén, cuando las bombas llovían aún sobre el enclave palestino de Gaza.
Sylvain Thévoz: ¿Porqué esta guerra en Gaza?
Michel Warschawski: Lo primero que hay que decir es que Gaza es secundario. Lo que hay que preguntarse es ¿porqué la guerra?, sin más. En mi opinión: para retrasar durante el mayor tiempo posible toda veleidad internacional de tender a la apertura de negociaciones. El enemigo estratégico del gobierno israelí, es la negociación. Ese gobierno no quiere negociar. Ciertamente, en el aire del tiempo, hay como una voluntad americana y europea de empujar a Israel a negociar. Precisan por tanto hacer contra-fuego. Era claro que atacando Gaza, las negociaciones se harían imposibles. Era el objetivo estratégico más importante.
En la misma onda, el objetivo no es Hamas, es Mahmud Abbas (presidente de la Autoridad Palestina y líder del Fatah, ndlr). Mahmud Abbas es la persona a la que la comunidad internacional presenta como dispuesto a discutir; la persona de la que todo el mundo dice a Israel: “Es con él con quien debéis hablar”. Atacando Gaza, este gobierno pone a Mahmud Abbas en una situación imposible. O bien se solidariza con Gaza y por tanto con Hamas, reforzando el discurso de Netanyahu que demoniza a Hamas y a su propia persona. O bien se desolidariza, y pierde entonces toda legitimidad palestina. Para Israel, por tanto, esto parece una situación “win-win” (se gana en cualquier caso). Salvo que esto no ocurre totalmente así. Pues Mahmud Abbas es empujado por los americanos a jugar el papel de intermediario. El presidente de Palestina se encuentra así jugando el papel de las Naciones Unidas cuando es su pueblo el atacado. Mahmud Abbas permanece en el corazón de la acción diplomática. No han logrado neutralizarle, pero su posición es frágil.
Un sondeo dice que el 80% de los israelíes apoya la intervención de Gaza. ¿Cómo ves esta sociedad, que se ha deslizado hacia la derecha y parece seguir ciegamente a Netanyahu y Lieberman?
No hay ni la sombra de una duda de que los políticos y el gobierno se ha deslizado a la derecha en Israel. Y sin embargo, pienso que la sociedad israelí, en el fondo, está dividida en dos mitades –una grande y una pequeña. Un poco menos del 50% apoya la política de la derecha y vota por esos partidos. La otra mitad no quiere a los colonos, se burla del Gran Israel y aspira a una solución de compromiso. Y luego, en medio, hay sin embargo una pequeña franja que se abstiene o vota por partidos de centro.
La gran asimetría entre estos dos sectores de la sociedad, es que la derecha está en el poder. Actúa, con una urgencia permanente, mientras que los moderados, que no pagan el precio de la colonización, viven despreocupadamente. La situación está tranquila, nada parece amenazar a Israel –hasta esta última crisis. La seguridad individual está garantizada, las bombas ya no estallan, Israel es una sociedad con resultados, su economía funciona: ¿porqué cambiar? Frente a esto, la derecha avanza. No es la ausencia de una oposición potencial, sino su anomia, su desestructuración, lo que plantea un problema.
En la manifestación de Tel Aviv del 2 de agosto, la mayoría de los participantes eran gentes típicas de Tel Aviv, totalmente “desideologizadas”, hundidas en el consumo. Eran, diría casi, los “bo-bos” (término francés, burgués-bohemio) de Tel Aviv. Se han movilizado por Gaza. Algunos de ellos tenían una lagrimita en el corazón. Habían visto fotos, aunque aquí para verlas hay que buscarlas. Pero ¿porqué se manifestaban, cuando lo hacen tan raramente? Porque sobre todo tienen miedo por su Israel, su Tel Aviv distendido, no ideológico, más bien de izquierdas que de derechas, que está severamente amenazado.
Ven emerger ya un país de asesinos ¡en el que Netanyahu se convierte casi en el centro! Como detonador, el asesinato de Mohammad Abu Khdeir, quemado vivo por tres ciudadanos israelíes. Por más que el gobierno diga que son tres iluminados… En absoluto. Están en la continuidad de una política. Son gente que viene de buenas familias de derechas, familias respetadas.
Son la expresión de una parte de Israel que se integra en un discurso racista, vota leyes racistas. Hace quince años no habríamos sido capaces de imaginar esto. Algunos se despiertan ahora diciéndose: “¡no es nuestro Israel!”.
Quince años no es un día, pero es un ritmo extremadamente rápido
Si, es muy rápido. El giro data de 2000. Es la reconquista, el fin del movimiento de la paz. Son las posiciones y los discursos de Ehud Barak quienes destruyen la paz. La gente ya no cree en ello. Así la mitad que no es de derechas sale desmovilizada, desorientada de esos años, ofreciendo un monopolio ideológico a la derecha.
En 2013, el partido de Yair Lapid (Yesh Atid, fundado en 2012, cuyo nombre significa “hay un futuro”ndlr) consiguió 19 escaños, el 10% de los votos, cuando es un poco como Beppe Grillo en Italia, “ni de derechas ni de izquierdas, ni por ni contra, ni ni”. Lapid tiene un hermoso rostro y pretende cambiarlo todo. Era una estrella en la TV, jamás tomó posición política antes de presentarse a las elecciones y de ser plebiscitado en Tel Aviv. Claramente tiene una ideología de derechas, racista, fuertemente posicionada contra los pobres. ¿Su programa? “Nosotros, en Tel Aviv, no queremos pagar por los menesterosos”.
Pero lo que es interesante, es ver a la juventud, los que tienen 30 años, cansada de la vieja política, no votar por nada o por algo que no quiere decir nada, que no se compromete a nada, y que por tanto es libre de hacer lo que quiere. La manifestación de Tel Aviv era la toma de conciencia de la clase media de que su Israel está sometido al riesgo de desaparecer. Estaba en uno de los cafés enrollados de la ciudad y su discurso era: “Nos largamos. Este país comienza a oler mal, no nos reconocemos ya en él. Nosotros no somos como Lieberman, Netanyahu o los colonos”. Ciertamente, no se irán. Pero esto les permite no asumir, no luchar. Están resignados en esta condición de rechazo, pero son incapaces hasta hoy de proponer algo diferente.
¿Qué respondéis a quienes dicen: ¿Porqué manifestarse tanto sobre este conflicto? ¡No se os oye tanto sobre Siria o sobre Boko Haram!
Primero, eso es una falacia. Pues son los mismos los que se movilizan por Siria, África, siempre los mismos. Que paren de reprocharnos estar solo comprometidos en el tema Palestina e Israel, pues es falso. Dicho esto, hay evidentemente una intensidad particular del compromiso sobre este conflicto, por razones históricas que explicaré luego.
El poder francés, y los editorialistas que cubren el conflicto, dicen querer evitar su “importación”. Es una palabra que no entiendo. Cuando hubo un inmenso movimiento de solidaridad con Vietnam, ¿se importaba aquel conflicto? No. ¡Se identificaba una gran injusticia y un gran combate! Y todo el mundo, o casi, era vietnamita. Lo mismo ocurre hoy con el conflicto israelo-palestino, tan emblemático como aquel. Se encuentra en la línea del frente del supuesto choque de civilizaciones.
Si se quiere verdaderamente hablar del riesgo de importación del conflicto, habría entonces que designar a las instituciones judías, que se autodenominan representativas de los judíos de Francia, de Suiza, de Alemania, y que están convertidas de hecho en embajadas de Israel, sus oficinas de propaganda.
Ellos, si, “importan” el conflicto afirmando, por resumir, que los judíos de Francia, son Tsahal (sobrenombre del ejército israelí ndlr). Muchos otros franceses, y en particular de origen musulmán, responden que si los judíos de Francia son Tsahal, los musulmanes de Francia son Hamas. En ese momento, se hace de un conflicto político extranjero, una lucha de comunidades en Francia. Pero en mi opinión, el 100% de esa responsabilidad recae, en Francia, sobre el CRIF (Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia) o, en otras partes, sobre organizaciones equivalentes.
¿En qué es emblemático este combate? ¿En qué, finalmente, concierne a Europa lo que está ocurriendo?
Europa, y la comunidad internacional, fueron quienes crearon este conflicto. Los europeos decidieron resolver el problema de los supervivientes de la Segunda Guerra Mundial y del genocidio de los judíos de Europa diciendo: “Os damos un estado, coged las llaves, veinte francos. Tendréis apoyo político, militar, etc.” decidiendo así hacer pagar a los árabes de Palestina por un crimen que les era extraño. Para Europa, fue una forma abyecta de desentenderse, a costa de los demás, de su responsabilidad en el genocidio.
¿Qué piensas del discurso que describe a Hamas como un movimiento terrorista?
Hamas es para mi ante todo un movimiento de resistencia. Su carta no me ha molestado nunca, porque la de la OLP (Organización de Liberación de Palestina, que negoció la puesta en pie de la Autoridad Palestina con Israel al comienzo de los años 1990, ndlr) era exactamente igual antes de la que OLP la cambiara. Una carta, es un pedazo de papel. La carta del Likud es el Gran Israel hasta Siria. Sin embargo, nadie habla de ella hoy. Es algo viejo, y no se deshace uno de algo viejo más que a cambio de otra cosa. Arafat volvió la carta de la OLP “caduca” al afirmar: “De acuerdo en suprimir esta carta, pero, ¿qué dais a cambio?”.
Es de notoriedad pública –Hamas lo ha dicho y repetido– que si Israel se retira de los territorios ocupados, sobre las fronteras de 1967, está dispuesto a una hudna (tregua) de duración ilimitada. Es exactamente este deslizamiento de la postura del “vamos a destruirlo todo” a “se puede hablar y negociar” el que había realizado la OLP. “No nos pidáis el reconocimiento, es algo imposible, pero se puede aceptar la existencia de hecho”: Hamas ha dicho que no sabotearía las discusiones con Israel, no se opondría a las tentativas del presidente Mahmud Abbas, pero ha predicho su fracaso. Hamas es una organización bastante desgastada, enraizada en el campesinado (en Cisjordania sobre todo), pero con una capacidad de resistencia increíble.
¿Te ha sorprendido esta capacidad de resistencia de Hamas?
No hay una sola guerra de la que Israel no salga con resaca, estupefacto por la fuerza de la reacción. ¡Sorpresa! Como si no se supiera. En Líbano no se sabía, en la guerra del Kippur tampoco. La primera Intifada, sorpresa; la segunda, también sorpresa. He escrito recientemente un texto en el reclamaba la devolución de mis impuestos pagados indebidamente a unos servicios de información de tres al cuarto, considerados sin embargo como los mejores del mundo, pero que siempre acaban sorprendidos.
No sabían que Hamas disponía de cohetes de tan largo alcance, cuando no era nada extraño que los tuvieran. Cuando se encierra a alguien, ¿qué hace? Intenta salir, por arriba y por abajo. Por arriba, los misiles; por abajo, los túneles. Lo aprendí del ghetto de Varsovia. Hay ejemplos históricos de cómo reaccionan los pueblos en estado de sitio. Hay esa necesidad de salir a cualquier precio.
Cavas y cavas, mandas lo que puedes al otro lado. Esto para un pueblo asediado es ya en si una victoria.
Israel resulta sorprendido siempre por el estado de preparación del enemigo. Nadie habría podido creer que Israel no llegaría a “limpiar” Gaza. Sin embargo, es un empate. Y un empate entre el equipo de Argelia y el de Alemania, es como una victoria para el equipo de Argelia.
Lo que habría permitido a Hamas salir ganador habría sido que Egipto hubiera permanecido neutral. Sin embargo, Hamas debe luchar a la vez contra Israel y contra Egipto. Nadie habría imaginado que la junta militar egipcia iría tan lejos en su colaboración con Israel para romper la resistencia de Hamas. Pienso que sin el Egipto colaboracionista, Hamas habría podido ganar. Sin embargo, Israel va a poder retirarse unilateralmente, sin aligerar el asedio. Habrá una retirada, pero un mantenimiento del bloqueo sobre un campo de ruinas.
¿Porqué Hezbolá no se mueve, porqué Cisjordania no se levanta? ¿Cuales son las razones de que no haya un segundo o un tercer frente?
Puede que eso llegue. Jerusalén, por ejemplo, vive microlevantamientos y enfrentamientos todos los días. Pero carece de una dirección política, alguien que diga: “Vamos”. Una instancia que coordine, de el ritmo, y no solo una banda de jóvenes, ligados al Fatah o a otra organización, que van a la confrontación, son golpeados o asesinados de forma desordenada.
En esto también Mahmud Abbas tiene una gran responsabilidad. Aquí tampoco juega su papel de representante de los palestinos, sino más bien el de representante de la ONU. Él es la ONU. Pero no es justo, está elegido para ser el presidente de los palestinos en lucha y para llevar esa lucha a su conclusión.
(Entrevista realizada por “Le Courrier”)
Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Acusamos a Israel


¿Pueden ciudadanos de a pie de todo el mundo organizarse para proponer en todas las posibles instancias de jurisdicción universal una demanda colectiva contra el Estado de Israel para que se declare su extinción, ya que el estado judío a lo largo de su existencia ha cometido reiteradamente crímenes contra la humanidad, pero sobre todo porque por su propia constitución como estado judío constituye un crimen contra la humanidad? Pueden. Y ya que este tipo de delito no prescribe, estamos a tiempo para hacerlo.
He aquí los argumentos y soluciones para devolver a los judíos y palestinos, y al mundo en general, la dignidad que les fue robada mediante uno de los actos más violentos del colonialismo europeo en el siglo XX, con el apoyo del imperialismo estadounidense y por la mala conciencia europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El término sionismo se refiere al movimiento que apoya el “retorno” de los judíos a su presunta patria de la que supuestamente fueron expulsados en el siglo V antes de Cristo.
Hay que distinguir, sin embargo, entre el sionismo judío y el sionismo cristiano. El sionismo judío tiene su origen en el antisemitismo que desgraciadamente siempre persiguió a los judíos en Europa y que culminó en el holocausto nazi. El sueño de Theodor Herzl, un judío austriaco y gran defensor del sionismo, fue la creación no de un estado judío, sino de una patria segura para los judíos. El sionismo cristiano es a su vez antisemita. La idea de un estado judío se debió a los políticos británicos, sionistas y devotos anglicanos, como Lord Shaftesbury, quien por encima de todo, quería ver a su país libre de judíos en su calidad de judíos. Sólo los judíos cristianizados eran tolerados, como Benjamin Disraeli, que llegó al cargo de primer ministro.
Esta tolerancia tenía que ver con la profecía cristiana según la cual el destino de los judíos era la conversión al cristianismo. El mismo sentimiento existe hoy en día entre los evangélicos norteamericanos, que apoyan a Israel como un estado judío y su despiadada expansión colonial contra los palestinos, porque creen que la total redención se producirá al final de los tiempos, con la conversión de los judíos en la Parusia, con el retorno glorioso de Jesucristo.
Fue Lord Shaftesbury quien, en el siglo XIX, formuló el pensamiento “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, que ayudaría más tarde a justificar la creación del Estado de Israel en Palestina en 1948. Y algunos años más tarde, otro sionista no judío, Arthur James Balfour, fue quien propuso la creación de una “patria para los judíos” en Palestina, sin consultar a los pueblos árabes que habitaban este territorio durante más de mil años. “Las grandes potencias” (Austria, Rusia, Francia, Inglaterra), se dice en el Memorándum Balfour de 11 de agosto de 1919, “están comprometidas con el sionismo. Y el sionismo, correcto o incorrecto, bueno o malo, tiene sus raíces en tradiciones seculares, en necesidades presentes y futuras esperanzas, que son mucho más importantes que los deseos de los 700.000 árabes que ahora habitan en ese antiguo territorio”.
Urgía, por lo tanto, transformar a aquellos árabes en un no-pueblo. En 1948, con el beneplácito de las potencias occidentales, especialmente Inglaterra, fue creado el Estado de Israel en una Palestina poblada por árabes y un 10 por ciento de inmigrantes judíos. Se argumentó entonces que había que encontrar un espacio para el pueblo judío, al que nadie quería recibir tras el genocidio en Alemania.
Mucho antes de esta catástrofe, los judíos sionistas ya habían pensado en varias ubicaciones para su futuro Estado. A finales del siglo XIX, una región de Uganda, en lo que hoy es Kenia, entonces colonia británica, fue considerada como un posible sitio para el futuro Estado de Israel. En Argentina también llegó a ser considerado un espacio. Más tarde, consultado sobre una ubicación en el norte de África, en lo que hoy es Libia, el rey de Italia, Víctor Manuel, se negó respondiendo: “Ma è ancora casa di altri” (Sigue siendo casa de otros). Pero ningún europeo, sin embargo, preocupado por la situación de los judíos, pensó nunca en un lugar en la propia Europa. Había que inventar “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.Aunque fuera incluso necesaria la destrucción de un pueblo.
Y así, paulatinamente, hemos visto la eliminación de un pueblo de la faz de la tierra desde hace sesenta y seis años. La Cisjordania palestina está siendo desmantelada por los asentamientos ilegales y la Franja de Gaza convertida en prisión al aire libre. La extrema derecha israelí apenas es un poco más estridente que su gobierno cuando reclama que “los árabes hediondos de Gaza sean arrojados al mar”. Lo que es sorprendente, dice el historiador judío israelí, Ilan Pappé, en The Ethnic Cleansing of Palestine (2006), es ver cómo los judíos en 1948, recién expulsados de sus casas, expoliados de sus bienes y finalmente exterminados, procedieron sin pestañear a la destrucción de aldeas palestinas, con la expulsión de sus habitantes y la masacre de aquellos que se negaron a abandonar.
El comentario controvertido de José Saramago de hace unos años, de que el espíritu de Auschwitz se reproduce en Israel hoy en día, tiene más sentido que nunca. Así fue sacrificada Palestina, invocando razones bíblicas e históricas que la Biblia no sanciona y la historia desmitifica. Muchos judíos, como los que forman parte de la “Voz Judía por la Paz”, no son sionistas y consideran que el Estado de Israel, en las condiciones en las que fue creado (un territorio, un pueblo, una lengua, una religión) es una aberración colonialista arcaica, basada en el mito de una “tierra de Israel” y un “pueblo judío” que la Biblia ni siquiera confirma.
Como bien demuestra, entre otros, el historiador judío israelí Shlomo Sand, Palestina como “tierra de Israel” es un invento reciente (The Invention of the Land of Israel, 2012). Por cierto, según el mismo autor, el concepto de “pueblo judío” es un invento reciente (The Inventions of the Jewish People, 2009). La creación del Estado judío de Israel constituye un crimen continuado cuya inhumanidad más profunda hoy es patente. Declarada su extinción, los ciudadanos del mundo proponen la creación en Palestina de un Estado laico, plurinacional e intercultural, donde judíos y palestinos puedan vivir en paz y con dignidad. La dignidad del mundo de hoy está hipotecada a la dignidad de la convivencia entre palestinos y judíos.

“Hay genocidio”

Con el jurista judío Beinusz Szmukler

Szmukler estuvo en Gaza hace casi 13 años como parte de la misión de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas. Cree que nada cambió desde entonces.
Szmukler integró la misión de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas (aijd), una ong de las Naciones Unidas con estatus consultivo que en octubre de 2001 concluyó que “el Estado de Israel viola los derechos humanos y civiles del pueblo palestino y el derecho humanitario, en transgresión de los parámetros internacionales en la materia y a su condición de miembro de la onu”. Su voz es una voz crítica, pero sobre todo comprometida y dolorida por su condición de judío que, afirma, se reconoce en una historia y una cultura que no es la de las bombas.

—¿Por qué sostiene que nada cambió desde su viaje en 2001 hasta hoy?
—Conceptualmente, nada cambió. El problema se va agravando siguiendo la misma línea. Con esto quiero decir: hay una línea coherente de todo orden. Yo le diría que es hacerles la vida imposible a los palestinos para echarlos y tratar de sacarlos de Israel, algo que es muy complicado porque hay como un millón de árabes viviendo dentro de las fronteras del país. A ellos les generan discriminación permanente, dificultades de todo tipo en la vida cotidiana. Y a los que viven en los territorios les manejan el agua, la luz, la posibilidad de tener trabajo, la circulación, la relación entre la gente que vive en Gaza y Cisjordania, porque no hay frontera común.
—Díganos algunos ejemplos.
—De pronto les cierran una calle y no tienen cómo salir de su casa. Vivir en Gaza y Cisjordania es vivir en un territorio ocupado por una fuerza militar extranjera. En un viaje que hicimos en Cisjordania y que debía ser de 15 minutos, tardamos una hora porque nos pararon en cinco check points. Estuvimos con una familia palestina que en la terraza de la casa tenía instalados a unos colonos israelíes.
—Las normas jurídicas con que los palestinos son controlados a diario, ¿tampoco se modificaron?
—No, que yo sepa. Incluso la Corte Suprema israelí había admitido la tortura con el argumento de que se trataba de evitar actos de terrorismo que podían significar la pérdida de vidas humanas. Esto es una cosa casi exótica. La tortura existe en infinidad de países, pero que un tribunal de justicia diga: ah, no, en este caso se puede aplicar... No lo conozco.
—Si comparáramos el informe de 2001 con uno que pudiera realizarse hoy, ¿usted cree que los datos que arrojaría serían casi los mismos?
—Para mí no cambiaría nada, al contrario, cada día hay más elementos. Este ataque es muy superior a los anteriores. No sé hasta dónde la comunidad internacional va a seguir con esta política de decir: protestamos pero no tomamos ninguna medida. Nosotros en el informe que hicimos señalamos cada una de las violaciones que se cometen, es decir, las torturas, las ejecuciones sumarias, las detenciones ilegales, políticas discriminatorias propias del apartheid. Hay violaciones a los derechos humanos dentro de los territorios palestinos a los que les cabe claramente la figura de genocidio.
—¿Está más cerca de lo que sostuvo Marco Aurelio García, el principal asesor en temas internacionales de Dilma Rousseff, quien definió la intervención de Israel como genocidio, que de la propia presidenta de Brasil, que habló de masacre?
—Son dos cosas distintas. La masacre puede no implicar una política global de destrucción de un pueblo. En cambio, esto tiene todas las características de suprimir a un pueblo o a una parte de ese pueblo. Yo diría que lo más grave es lo que se hace al margen de las normas, y casi le podría decir que hay una anomia, no hay normas.
—¿Parece imposible poner fin a los bombardeos indiscriminados sobre la Franja de Gaza si la comunidad internacional no se decide a actuar?
—Hay una gran responsabilidad internacional en este tema. Yo soy judío y la verdad es que me hace sentir muy mal que esta política pueda identificarse como de los judíos. Porque no tiene nada que ver con la historia de nuestro pueblo, con su cultura. En el informe de 2001 hay una parte histórica que redacté y que cierro con una nota que escribió Juan Gelman donde contaba cómo se sentía con esta política del Estado de Israel. Que lamentablemente utiliza el Holocausto para aplicar políticas que pueden ser asimiladas muy bien a las del nazismo. Esta es la verdad. Hay una idea de raza superior en el gobierno, porque para lograr que determinada gente actúe de la manera en que lo hace, como los colonos, las fuerzas armadas y los tribunales israelíes, se requiere de un convencimiento del que está actuando para hacerlo de esa manera.
—¿Qué papel debería cumplir la onu?
—Por empezar, las Naciones Unidas deberían mandar una fuerza internacional que se ubique en el lugar e impida que esto continúe. El Consejo de Seguridad tiene la obligación de tomar todas las medidas para garantizar la seguridad y la paz internacional. Además, la política del gobierno de Israel es una política suicida a largo plazo. Porque genera el odio de todos los estados que lo circundan. Es como si usted, en la casa en que vive, estuviera peleado con todos los vecinos, el de al lado, el del costado y el de atrás. Por más que usted se cuide, en algún momento lo van a agarrar.
—El apoyo que tienen en Israel los bombardeos sobre la Franja de Gaza, ¿es la consecuencia de un corrimiento hacia la derecha de su sociedad, que avala masivamente estas políticas?
—Hay que decir que el accionar terrorista de Hamas o de otros grupos es funcional a la derecha israelí, claramente. Eso facilita la propaganda para lograr el objetivo del gobierno de Netaniahu. Existe una transformación en la sociedad israelí. Hubo un período en que la gente más progresista de Israel era muy fuerte, con movilizaciones de decenas de miles de personas. Todo eso se ha deteriorado por la propaganda y por los cohetes que caen sobre el país que, en realidad, prácticamente no causan daño.
—¿Hasta dónde es responsable Estados Unidos como socio político de Israel en las acciones que éste emprende?
—Los mexicanos tienen una frase que dice: el que tiene la plata pone la música. Es de suponer que si Estados Unidos dijera: si usted hace esta política vamos a suspenderle esto, esto y esto, yo creo que eso tendría efecto sobre Israel. La responsabilidad de Estados Unidos es innegable por el peso que tiene en el mundo, además.
—Y para usted, ¿qué deberían hacer países como los de Latinoamérica y Argentina en particular?
—Primero, hay que seguir peleando por el cumplimiento de los principios y objetivos de la onu. Que es lo que hay. Pero más allá de eso, las naciones latinoamericanas, asiáticas, de mínima, deberían retirar los embajadores de Israel, como acaba de hacer Chile, y plantearse la ruptura de relaciones y la aplicación de sanciones como se practicó en el pasado con Sudáfrica. Debería hacerse sentir el aislamiento internacional. Eso no sólo tendría efecto en el gobierno israelí, también lo tendría sobre su sociedad.
(Tomado de Página 12, por convenio. El título es de Brecha.)

El informe de 2001
Entre el 12 y el 17 de octubre de 2001 una misión de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas viajó a Palestina. Szmukler fue uno de los redactores del informe final, que podría ser la síntesis de lo que está pasando hoy. El texto decía: “En Gaza visitamos Alkara, Khan Younis y Rafah, donde observamos hogares demolidos cuyos habitantes fueron obligados a vivir en carpas provisorias, olivos y otros árboles derribados por los tractores niveladores militares israelíes, así como también incontables hogares, escuelas y mezquitas dañadas por municiones y bombardeos y caminos dañados por los tanques”.
En otro párrafo del informe, sostenía que “estos disparos y bombardeos sobre barrios civiles constituyen una violación del Cuarto Convenio de Ginebra, el que establece que debe hacerse una distinción entre civiles y militares. Incluso cuando hay una necesidad militar, la fuerza utilizada debe ser proporcional a la amenaza”.
La delegación de juristas señaló también que “en ninguna de las múltiples reu-niones, entrevistas y conversaciones con palestinos percibió alguna expresión genéricamente antijudía (no podría ser antisemita, porque los árabes también son semitas). Todas las críticas y protestas que escuchó siempre hacían referencia al gobierno israelí, a sus dirigentes, a los soldados y a los colonos”. En 2001 gobernaba el general Ariel Sharon, responsable político de las masacres de Sabra y Shatila.

Crímenes de guerra de Israel en Gaza: Amnistía y Human Rights Watch denuncian dificulta su investigación

Israel bloquea la investigación sobre los posibles crímenes de guerra en los que habría incurrido en Gaza, según denuncian Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW). Los miembros de estas organizaciones humanitarias no han recibido los permisos para entrar en la Franja de Gaza y recoger pruebas, pese a haber presionado a Israel y Egipto desde que el conflicto se reanudara el pasado 8 de julio.
Las organizaciones aseguran que este bloqueo dificulta su capacidad para investigar la violencia ejercida en el lugar, pero Israel dice que ningún grupo tiene la documentación necesaria para lograr el acceso al enclave palestino. Un cuerpo estatal israelí encargado del acceso a los territorios palestinos ocupados ha dicho que sólo garantiza los permisos a las organizaciones registradas en el Ministerio de Asuntos Sociales y estas organizaciones no lo están.
HRW ha indicado que ha contactado con la Coordinación de Actividades Gubernamentales en los Territorios (COGAT) respecto al problema y AI ha dicho que no se había registrado con Israel porque pensaba que no sería reconocida como una organización de desarrollo humanitario.
El ministro de Exteriores egipcio, Hani Qadri Dimian, no ha hecho declaraciones inmediatas de por qué su frontera con Gaza está cerrada, al menos en apariencia, a las organizaciones.
La incapacidad de los grupos para situar a sus investigadores internacionales y expertos en municiones en Gaza llega al tiempo que Israel niega haber violado el Derecho internacional en los enfrentamientos y se resiste a que la ONU investigue el conflicto, descartándolo por ser "poco fiable".
COOPERANTES SOBREPASADOS
Una trabajadora de AI, Deborah Hyams, ha explicado que ambas organizaciones están haciendo "todo cuanto pueden", tanto a distancia como en el terreno. Hyams ha explicado que AI sólo tiene dos miembros en Gaza y que no tener permitido el acceso de investigadores "da lugar a dificultades".
El investigador de HRW para Oriente Próximo, Bill Van Esveld, ha asegurado que su grupo tiene dos miembros en Gaza. "Están sobrepasados. Hay mucho que estudiar y las pruebas físicas de los eventos desaparecen con el paso del tiempo", ha explicado.
INTERCAMBIO DE ACUSACIONES
La ONU aseguró el mes pasado que Israel podría haber violado deliberadamente el Derecho Internacional en su ofensiva militar Margen Protector, iniciada el pasado 8 de julio y que ha alcanzado a edificios y refugiados de la ONU.
Israel niega las acusaciones, escudándose en los avisos que había enviado a los civiles para que abandonasen ciertas áreas y mostrando que los milicianos habían lanzado cohetes a los civiles israelíes y operado desde áreas residenciales, algo que la ONU clasifica también como crimen de guerra.

Judíos sobrevivientes de holocausto nazi condenan masacre en Gaza

La carta fue publicada en la Red
Una carta de judíos sobrevivientes al holocausto nazi afirma que “Condenamos inequívocamente la masacre de palestinos en Gaza y la actual ocupación y la colonización de la Palestina histórica". El texto fue publicado sitio web de la Red Internacional Judía Anti-sionista (International Jewish Anti-Zionist Network).
Condenamos además que los Estados Unidos le provea a Israel el financiamiento para llevar a cabo el ataque
A continuación lea la carta íntegra:
Como sobrevivientes judíos y descendientes de los sobrevivientes del genocidio nazi, condenamos inequívocamente la masacre de palestinos en Gaza y la actual ocupación y la colonización de la Palestina histórica. Condenamos además que los Estados Unidos le provea a Israel el financiamiento para llevar a cabo el ataque, y a los estados occidentales de manera más general, por el uso de su fuerza diplomática para proteger a Israel de ser condenada. El genocidio comienza con el silencio del mundo.
Estamos alarmados por la extrema deshumanización racista de los palestinos en la sociedad israelí, que ha alcanzado un punto álgido. En Israel, los políticos y opinadores en The Times de Israel y The Jerusalem Post han pedido abiertamente el genocidio de palestinos, e israelíes de derecha están adoptando la insignia neo-nazi.
Además, estamos disgustados e indignados por el abuso de Elie Wiesel de nuestra historia en esas páginas para promover falsedades utilizadas para justificar lo injustificable: la determinación de Israel de destruir Gaza y el asesinato de cerca de 2.000 palestinos, incluidos cientos de niños. Nada puede justificar el bombardeo de los refugios de la ONU, hogares, hospitales y universidades. Nada puede justificar que se prive a la gente de la electricidad y el agua.
Debemos elevar nuestras voces colectivas y usar nuestro poder colectivo para poner fin a todas las formas de racismo, incluido el genocidio en curso del pueblo palestino. Pedimos que se ponga fin de inmediato al asedio y bloqueo de Gaza. Hacemos un llamamiento al boicot económico, cultural y académico de Israel. El “Nunca más” debe significar ¡Nunca más para nadie!

Los derechos del pueblo palestino no son negociables


El pasado 24 de julio, decenas de miles de palestinos respondían contundentemente a la convocatoria de una Marcha de 48.000 palestinos “por la libertad y la dignidad nacional.” El llamamiento leía: “por la humanidad y la justicia. En contra de la ocupación israelí y los brutales ataques sobre la Franja de Gaza.” Desde ese día, convocatorias similares no han dejado de sucederse en Cisjordania, convocatorias, a las que no se ha dado ninguna cobertura mediática. La primera marcha, que partía del campo de refugiados del Ama'ari en la ciudad de Ramallah, pretendía llegar simbólicamente a la ciudad de Jerusalén, y se convocaba para la noche de Al Qader -Noche del Destino-, la noche más importante del Ramadán y la más sagrada del año musulmán.Más allá del hecho de que se eligiera una fecha religiosa representativa, o del número de participantes, o del más de un centenar de heridos y las dos víctimas mortales resultantes, la marcha tiene un alto contenido simbólico y, sobre todo, político.
El trazado de la ruta, que no tiene más de 14 km de largo, supone un viaje por los últimos 66 años de historia y catástrofe que sigue viviendo hoy el pueblo Palestino, y pone de manifiesto de manera explicita la continuada política colonial israelí de anexión territorial y expulsión sistemática de la población palestina, para satisfacer el objetivo sionista de re-establecer un Estado [exclusivamente] judío en la tierra del Israel bíblico. Un objetivo que se materializa a través del expolio de las propiedades y mediante la eliminación, la expulsión y la sustitución progresiva del pueblo palestino por población judía.
Pero además, expone tres cuestiones políticas y de derecho clave que explicarían el supuesto fracaso del llamado Proceso de Paz y evidencian la situación de ilegalidad internacional con la que hemos inaugurado el primer cuarto del siglo XXI: 1.- la violación del derecho al retorno de los refugiados palestinos, 2.- la ocupación y la anexión ilegal de la ciudad de Jerusalén y, 3.- la búsqueda permanente de la indefinición de fronteras bendecida por el Proceso de Paz, que ha resultado en la anexión ilegal y sistemática del territorio palestino y la creación de facto de un único Estado en el que reina la discriminación, la segregación, la dominación y la expulsión sistemática del pueblo palestino, haciendo imposible la predicada solución de dos estados.
La violación del derecho al retorno de los refugiados palestinosNaciones Unidas denomina refugiados de Palestina a “todas las personas y sus descendientes que entre junio de 1946 y mayo de 1948 vivían en la Palestina del Mandato Británico y que al finalizar la guerra de 1948, habían sido forzadas a abandonar sus hogares y propiedades originales.” Prácticamente la totalidad de la población palestina, que vivía dentro de las fronteras del territorio que pasaría a ser reconocido como el actual Estado de Israel, fue forzada a abandonar sus hogares y propiedades originales.
De los aproximadamente 1.300.000 palestinos que vivían dentro de lo que hoy es Israel, tan sólo quedarían unos 150.000 palestinos al finalizar la Guerra de 1948. Israel redujo la población palestina existente al 11'5% de la población original para así satisfacer su objetivo de crear un Estado exclusivamente judío con una minoría aceptable no judía. Algo que Israel celebra como la Independencia, los palestinos recuerdan como la “Nakba”, y es lo que hoy muchos historiadores no dudan en llamar la limpieza étnica del pueblo palestino.
La gran mayoría de los Palestinos que sobrevivieron a la Guerra, fueron forzados a huir fuera de las fronteras de Israel, y se encuentran hoy exiliados o refugiados por todo el mundo, principalmente en Cisjordania, Gaza, Jordania, Siria y el Líbano. Según Badil -Centro de Recursos sobre los derechos de residencia y de los refugiados palestinos- de un total de 10'6 millones de palestinos en todo el mundo (datos de 2008), 7'1 millones son refugiados o desplazados forzosos. Es decir, un 67% de la población total palestina ha sido forzada a abandonar sus hogares resultado de las políticas y prácticas sistemáticas de colonización, ocupación y apartheid israelíes desde 1948. De estos, 6'6 millones (93%) son refugiados de 1948, de los cuales 1'1 millones se encuentran en Gaza. La UNRWA ofrece asistencia a unos 5 millones, de los que aproximadamente un 30% sigue viviendo hoy en campos de refugiados. Además, los refugiados palestinos constituyen, según las Naciones Unidas, una tercera parte de la población refugiada mundial y es el caso de refugio más antiguo sin resolver de la historia.
De aquellos 150.000 palestinos que no cruzaron fronteras internacionales, y que permanecieron dentro de las fronteras de lo que pasaría a ser reconocido como el actual Estado de Israel al finalizar la guerra, unos 40.000 pasarían a ser desplazados internos de 1948. A todos ellos, los palestinos les llama “palestinos del interior” o “palestinos del 48”, e Israel les denomina “árabes-israelíes”. En la actualidad, constituyen aproximadamente entre un 20% y un 25% de la población total de Israel.
Pero la política de desplazamiento forzoso y expulsión del pueblo palestino no terminó al finalizar la guerra.
Israel establecería un gobierno militar sobre los palestinos que permanecieron en el interior, que duraría hasta 1966, y aplicaría toda una serie de regulaciones que les impidiera volver a sus hogares originales y que permitiera al nuevo Estado confiscar sus propiedades. La “Ley de la Propiedad Ausente” de 1950, entre otras, trataría como ausentes a todos los palestinos -los ausentes y los presentes-, para así facilitar la colonización de sus tierras. Además, Israel volvería a expulsar a aquellos que intentaron regresar a sus casas alegando razones de seguridad, y trasladó por la fuerza a aquellos que no se habían movido a lo que llamaría “pueblos refugio”, una especie de guetos que vivían en condiciones similares a los guetos palestinos de Cisjordania hoy. Los palestinos vivirían recluidos, con grandes restricciones a la movilidad y sometidos a otro sin fin de violaciones de sus derechos y libertades fundamentales.
Una vez vació los pueblos palestinos, Israel procedió a destruirlos. Según el historiador Walid Khalidi, de un total de 420 pueblos palestinos, solo 6 no fueron destruidos. En las tierras de algunos de esos pueblos Israel construiría ciudades nuevas, pero en muchos otros procedió a plantar bosques para ocultar cualquier rastro de la existencia de una población palestina anterior. La gran frase propagandística para la promoción de la inmigración judía a Israel fue la de “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra” y esta fue la manera de escenificar la gran obra de creación del Estado judío.
En 1966, Israel levanta el gobierno militar. Los palestinos urbanos volvieron a sus ciudades de origen, accedieron a la ciudadanía israelí, pero Israel no les permitió retornar a sus casas originales, y a día de hoy siguen siendo víctimas de lo que se viene denominando “discriminación legal”. Un sin fin de regulaciones discriminatorias que limitan la participación de los palestinos en los procesos de la que dice ser “la única democracia de Oriente Próximo”, fomentan la segregación, y cuyo objetivo último es también la expulsión. Israel los considera ciudadanos, pero nunca los considerará nacionales de pleno derecho, un derecho reservado únicamente a la población judía. Muchos otros, sin embargo, nunca fueron reconocidos por el Estado de Israel y, a día de hoy, les sigue tratando como si no existieran. Son los palestinos no reconocidos, que viven en 176 pueblos, que Israel tampoco reconoce, de las áreas de Galilea y el Desierto del Néguev. Este no reconocimiento se traduce en que Israel no les abastece de ningún servicio; ni agua, ni electricidad, ni carreteras, ni transporte, ni alcantarillado, ni sanidad, ni educación. Nada. Para Israel no existen, pero sí espera que algún día se cansen y se vayan. Lo que seriamente pone en cuestión el carácter democrático del que Israel suele alardear.
Es interesante mencionar aquí, la política específica de sedentarización y expropiación forzosa que Israel llevó a cabo durante los años 50 sobre la población beduina del Desierto del Néguev -Naqab de su nombre árabe original-, ya que, hoy en día, Israel continúa violando sistemáticamente sus derechos. Israel en los años 50 forzó a los beduinos a abandonar sus tradiciones nómadas, concentrándoles en áreas específicas en el norte del Desierto. Hoy en día Israel sigue sin reconocerles, por lo que no les abastece de servicios, no les permite construir, y reiteradamente destruye los poblados donde intentan sobrevivir a estas amenazas constantes del Estado. Sin embargo, si los contabiliza en las estadísticas de población para fortalecer esa dominación demográfica que pretende tener. Claro ejemplo de la amenaza Israelí sobre este sector de la población es el poblado beduino del Araquib, que Israel ha destruido en los últimos meses nada más y nada menos que 70 veces, la última el pasado 12 de junio. Otro ejemplo de ese tanto demográfico se ha dado en las últimas semanas, cuando Israel ha contabilizado entre sus tres víctimas civiles a uno de estos beduinos que hasta ese momento Israel había tratado como si no existiera. Un beduino al que no le abastecía de ningún servicio y le negaba cualquier derecho, incluido el derecho a tener una casa digna, el derecho a la sirena antiaérea o el de tener un refugio como el resto de los israelíes. Eso si, finalmente, Israel tuvo la “deferencia” de contabilizarle como víctima civil.
Además de la discriminación legal a la que se somete a los palestinos del interior, el principal problema al que se enfrentan los palestinos hoy en día es la negativa israelí a reconocer el derecho de los palestinos a la reparación de sus propiedades confiscadas y destruidas y el derecho al retorno a sus lugares de origen. Aunque este derecho esté consagrado por el Derecho internacional y confirmado por muchas resoluciones de Naciones Unidas, en particular las resoluciones 194 (1948) y 237 (1967), Israel, 66 años después, y en contravención del Derecho Internacional, se ha negado sistemáticamente a hablar sobre este punto y sigue prohibiendo el derecho al retorno de los palestinos, incluido el derecho a decidir si quieren volver o no.
El paso por los campos de refugiados de Al-Ama'ari (1948), Qalandia (1949) y Shu'afat (1965), simbolizan esta realidad. Sus habitantes fueron expulsados en 1948 de Led, Jaffa, Ramla, y Jerusalén oeste, todas ciudades localizadas en el actual Israel. Al igual que la población de Gaza, donde aproximadamente el 80% de la población es refugiada y sus hogares y lugares de origen también se encuentran dentro del actual Israel. Ninguna de estas personas se encuentra a más de 60 km de distancia de sus casas y propiedades originales, pero Israel no les deja visitarlas y mucho menos regresar.
La ocupación y la anexión ilegal de Jerusalén EsteLa política de expansión, anexión y expulsión no se terminó con el reconocimiento del Estado de Israel y la definición de sus fronteras mediante el Acuerdo de armisticio de 1949 -frontera popularmente conocida como la Línea Verde. Este Acuerdo, le reconocía a Israel el control sobre el territorio otorgado por la Resolución 181 (1947) -que imponía la partición sobre Palestina-, y además, el territorio que acababa de conquistar durante la Guerra del 48 -Galilea, gran parte Gaza y Cisjordania, y Jerusalén Oeste. Es decir, el acuerdo de Armisticio le reconocía el control sobre el 78% de la Palestina del Mandato. Pero, para Israel, esto no era suficiente.
En 1967, Israel ávido de más, ocupa la península del Sinaí egipcio, los Altos del Golán sirios, el sur del Líbano, y de lo poco que quedaba de Palestina -un 21% de la Palestina del Mandato- Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, estableciendo rápidamente un gobierno militar para todo el nuevo territorio ocupado. Sin embargo, la meta prioritaria sería y sigue siendo el control total sobre la ciudad de Jerusalén.
El Sionismo, una ideología nacionalista más, nacida en el siglo XIX a la luz de la configuración de los Estados Nación en Europa, no ha dejado de utilizar como táctica la revitalización de referencias bíblicas e instituciones de la antigüedad, alegando que el judaísmo era algo más que una religión, para poder llenar de contenido la idea nacionalista de la existencia de una nación judía. Una consigna identitaria inexistente en el momento de formación de esta ideología. Una vez conseguido el objetivo de tener un Estado con un territorio, una bandera, un mismo idioma -el hebreo moderno se crea a principios del siglo XX con este fin- y un ejército que demostrara el poder de dicho Estado, entre los objetivos del Sionismo, el más importante sería el de imponer la soberanía judía sobre la ciudad de Jerusalén. De éste modo llenaría de contenido práctico las que hasta entonces habían sido tan sólo referencias bíblicas, para así consolidar la justificación identitaria del Estado de Israel. Una táctica dirigida principalmente a su propia población, y más allá de esta, al mundo entero. Como señala la Ley Básica sobre Jerusalén, “Se dará especial prioridad a Jerusalén en las actividades de las autoridades del Estado con el fin de promover su desarrollo en materia económica y de otro tipo.” Aunque la dominación de Jerusalén implique una violación de Derecho, este objetivo siempre ha estado en el imaginario político israelí por encima del derecho.
Con este fin, una vez ocupa Jerusalén Este, Israel procede inmediatamente a unificar el Oeste y el Este de la ciudad, declarándola capital “única e indivisible” del Estado en contra del Derecho Internacional, que establece que su capital legal es Tel Aviv. Para consolidar esa declaración contraria a Derecho elabora, hasta el día de hoy, toda una serie de regulaciones encaminadas a ampliar la extensión territorial de la ciudad -incorporando progresivamente los pueblos de la periferia, ganando terreno a la Cisjordania ocupada- ampliando así el perímetro original de la ciudad, y aplica políticas destinadas a expulsar a la población palestina para progresivamente cambiar la composición demográfica de la ciudad y judaizarla.
El proceso de anexión y expulsión en Jerusalén que comienza en 1948 y se estructura con la ocupación de 1967, se consolidará definitivamente con el Proceso de Paz. Sobre todo y de manera más imperativa desde el año 2002, con la construcción de un Muro de hormigón cuyo fin último es anexionarse más territorio, aislar completamente Cisjordania de Jerusalén, y concluir con el vaciamiento total de la población palestina original de la ciudad.
Entre el largo abanico de medidas que Israel viene aplicando, para consolidar el dominio territorial sobre la ciudad y poder modificar la balanza demográfica en su favor, destacan: la expulsión forzosa de grupos de población palestina de áreas concretas, la ocupación directa de casas palestinas por colonos israelíes con el apoyo y la protección institucional, la denegación de permisos de construcción, la demolición sistemática de casas, la confiscación directa de tierras palestinas y la revocación de permisos de residencia, entre otras. Quizá, estas dos últimas sean las más extensivas y agresivas. Israel confisca tierras palestinas para la construcción de nuevas colonias/asentamientos de uso residencial, institucional, arqueológico o turístico; también para la construcción de carreteras y un tren ligero que comunican las colonias entre sí; para la construcción del Muro de Anexión y Apartheid o simplemente las declara áreas de seguridad para guardarlas en la reserva para futuras construcciones. Por otro lado, la revocación de permisos de residencia suele responder a razones de lo más perverso, desde no haber cumplido con un mínimo consumo de servicios obligatorios, donde los mínimos suelen ser muy altos; pasando por la elaboración de regulaciones segregacionistas o de Apartheid relativas a la vivienda, la salud o la educación; hasta imponer restricciones a la reunificación familiar, siempre en detrimento de los habitantes palestinos de Jerusalén. Desde 1967 se han revocado 180.000 permisos de residencia de la población palestina de Jerusalén Este.
Israel aprovecha los picos de tensión -como es la última agresión sobre la Franja de Gaza- para elaborar nuevas leyes que bloqueen cualquier posibilidad de negociar el destino de Jerusalén. Durante los últimos bombardeos parece que ha legislado tres veces en relación a Jerusalén. Regulaciones que hoy en día son irrevocables dado que a principios de este año 2014, la Knesset ratificó la Ley General del Voto, por la que se requiere una mayoría de dos tercios para modificar cualquier ley, blindando herméticamente esa posibilidad. Una ley abusiva que coloca los derechos del pueblo palestino en un punto de indefensión total.
Todas estas medidas son contrarias al Derecho Internacional. El IV Convenio de Ginebra (IVCG) y el Reglamento de la Haya de 1907 (RH) lo dejan claro: la potencia ocupante no podrá forzar el traslado ni de individuos ni de grupos de la población local, ni tampoco podrá trasladar a su población civil al territorio que ocupa (Art. 49, IVCG) y el poder ocupante no podrá reclamar la soberanía sobre el territorio que ocupa, y tampoco podrá destruir ni deteriorar las propiedades del territorio ocupado, siendo todos estos actos punibles (RH).
Que la marcha de los 48.000 pasara por Qalandia, el control militar construido en el Muro que separa Ramallah de Jerusalén, o a mayor escala, que separa el norte de Cisjordania de Jerusalén, pretende poner de manifiesto este aislamiento total de Cisjordania de la ciudad ocupada de Jerusalén Este; y también quiere poner en evidencia que el Muro junto con un intrincado sistema de carreteras exclusivas para colonos y controles, se encargan de blindar la ciudad.
A día de hoy, Jerusalén Este -incluida la Ciudad Vieja- capital legítima y reconocida por el Derecho Internacional, es el territorio de la Palestina ocupada que más sufre las políticas de anexión y expulsión del régimen Israelí. La comunidad internacional por su parte, nunca ha reconocido la anexión ilegal de Jerusalén, pero tampoco ha hecho nada por impedírselo, convirtiéndose en cómplice de este proceso. El resultado: en 2014 tan sólo un 37% de la población total de la ciudad de Jerusalén es palestina.
La indefinición de fronteras, el Proceso de Paz y la inviabilidad de la solución de dos estadosFinalmente, la perversión intrínseca al Proceso de Paz y la complicidad occidental en esta perversión, se pusieron de manifiesto al dejar abierta la posibilidad de negociar unas fronteras ya fijadas en 1949 y predicar al mismo tiempo la creación de dos estados sobre aquellas mismas fronteras que se pretendían modificar. La primera premisa hacía efectivamente imposible la segunda. Dejar abierta la posibilidad de modificar aquellas fronteras establecidas en 1949 no ha hecho más que ayudar a Israel a extender la anexión y la fragmentación territorial de lo poco que quedaba de Palestina, le ha permitido fortalecer la ocupación, y le ha dado luz verde para consolidar un sistema de discriminación institucional sobre la totalidad de la población palestina, que va más allá del Apartheid en Sudáfrica; lo que desde mediados de los 90 hace totalmente inviable la voceada solución de los dos estados.
La realidad que se configura desde el comienzo del Proceso de Paz sobre el terreno, es la de la creación de un único Estado, pero un Estado controlado en su totalidad por Israel mediante un sistema de exclusión, segregación, aislamiento y dominación extremadamente violento, donde el hurto de más territorio y la discriminación etno-religiosa son la norma. Un sistema cuyo objetivo es garantizar la supremacía de la población judía-israelí en detrimento de los derechos fundamentales de la población palestina o cualquier otra persona que no sea judía. Un sistema dirigido a las expulsión final de la población local originaria y su sustitución por una población judía. Un sistema que ya empezó a dar sus pasos dentro de Israel en 1948 y que se consolidará para todo el territorio de la histórica Palestina a partir de la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993 (Oslo I).
Nunca antes se habían confiscado tantas tierras palestinas, construido tantos asentamientos, tantas carreteras exclusivas para colonos, tantos controles militares como desde el comienzo del Proceso de Paz. Nunca antes se había aislado de tal modo a unos palestinos de otros, fragmentando el territorio y recluido a la población palestina en pequeños guetos separados y aislándolos entre sí. Desde aquellos Laboristas, que muchos pudieron pensar “moderados”, hasta el día de hoy con el Likud, el llamado Proceso de Paz le ha ido como anillo al dedo a Israel y a la ideología sionista. El llamado Proceso de Paz con el beneplácito de la llamada comunidad internacional, no ha hecho más que proporcionar y facilitar a Israel el limbo espacial y temporal necesario para consolidar y avanzar rápidamente el proyecto de anexión territorial y expulsión del pueblo palestino sin que se notara demasiado. No ha hecho más que ayudar a la ideología sionista a crear aquel Estado exclusivamente judío en la Tierra del Israel bíblico y que, por ahora, se materializa a costa de la eliminación progresiva del pueblo palestino y la radicalización de tendencia fascista de la población judía-israelí. No ha hecho más que evidenciar que Israel renunció desde su creación al carácter democrático del Estado que dice ser. El llamado Proceso de Paz, legalizó con el beneplácito de la llamada comunidad internacional el proceso de anexión, expulsión y discriminación que comenzó en 1948.
Progresivamente, esta farsa, se ha hecho cada vez más evidente a los ojos del mundo. Los mismos plazos recogidos en los Acuerdos de Oslo expondrían esta realidad. Los últimos bombardeos sobre la Franja de Gaza, también.
Una vez finalizaran los 5 años de periodo interino desde que se firmó Oslo I en septiembre de 1993, israelíes y palestinos estaban obligados a sentarse a negociar el status final de los acuerdos. H abía que poner sobre la mesa de negociación estos tres grandes temas sobre los que Israel no quería oír ni hablar: unas fronteras que jamás quiso definir, ya que sus pretensiones territoriales eran mucho mayores de las que la legalidad internacional le concedía; una ciudad que se había anexionado de manera ilegal, Jerusalén; y un derecho al retorno que se negaba a aceptar ya que pondría en peligro la pretendida supremacía demográfica de la población judía sobre la árabe.
El limbo que había ofrecido el Proceso de Paz había llegado a un punto de no retorno. La alternativa a corto plazo era provocar una crisis de tal magnitud que justificara la parálisis del proceso negociador, y al tiempo, ocultara las cartas negacionistas de Israel, poniendo el peso de esta negación sobre los palestinos. Esta gran crisis, que calentaría motores a partir de 1993 por la decepción ante el cumplimiento parcial de los Acuerdos, sumado a la política sistemática israelí de castigos colectivos en la forma de cierres y bloqueos que tendría un impacto extremadamente negativo -sobre todo económico- sobre la población palestina, llegaría a su pico de máxima intensidad a principios del año 2000 cuando Israel intensifica la política de arrestos en masa e incursiones militares, similares a las que hemos vuelto a ver durante las semanas anteriores a los últimos bombardeos sobre la Franja de Gaza. Esta gran crisis que ocultaría la negativa israelí a negociar estas tres cuestiones clave, será lo que a finales del mismo año, y a pocos meses de la llegada del Likud al poder, resulte en lo que se llamaría la II Intifada (2000).
Israel tenía la excusa perfecta para no sentarse a negociar y luz verde para seguir consolidando su proyecto colonial. Será en esos años cuando exporte, en el año 2002, la construcción de un Muro que ya había empezado a construir en Gaza en el año 1994; un Muro que le permite anexionarse todavía más territorio e inmovilizar y fragmentar aún más a la sociedad palestina; un Muro que consolidará de forma visible un sistema de Apartheid basado en la exclusión, la segregación etno-religiosa y racial, y la subyugación del pueblo palestino; un Muro que el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya el 9 de junio de 2004 declaraba ilegal y exigía su desmantelamiento, pero cuya sentencia hoy, diez años después, sigue sin cumplirse.
Ese mismo año 2004 moriría Arafat -envenenado, como investigaciones posteriores han demostrado-, poniendo fin a la era del revolucionario palestino para entrar en la era de una Autoridad Nacional Palestina (ANP) mucho más dócil a las pretensiones tanto internacionales como Israelíes.
Israel de nuevo aprovecharía la coyuntura para ir más allá, al contar con el apoyo mucho más explícito de una comunidad internacional que tiene sus propios intereses en la región. En 2005 Israel decidiría extraer a sus colonos de la Franja de Gaza, mediante lo que llamó el Plan de Desconexión de Gaza. Un plan que pretendía, por un lado, crear el imaginario de que la ocupación de Gaza había terminado -algo irreal ya que el control y la dominación de la Franja de Gaza desde el exterior sigue siendo una ocupación ilegal según el Derecho Internacional- y, por otro, consolidar la separación y la desconexión total y efectiva entre Gaza y Cisjordania. Las presiones, promesas y la inyección de capital de la comunidad internacional para la creación de un Estado imposible, debido a la tolerancia de una ocupación extremadamente violenta que no hacía más que reducir los derechos del pueblo palestino a la nada, resultaron en el rechazo de la corrupción política y económica del gobierno de la ANP, dando lugar a la victoria de Hamas en las elecciones de 2006; una nueva excusa para justificar la agresividad extrema de la política colonial Israelí.
La comunidad internacional, que llevaba años alimentando el fantasma del terrorismo islámico, por sus propios intereses geopolíticos y económicos en la región, no tardó en condenar los resultados y declarar al Gobierno recién elegido democráticamente, organización terrorista. Durante el año siguiente trataría de imponer un Gobierno de la ANP afín a los intereses occidentales, Israel y sus aliados árabes, sobre la Franja de Gaza. Lo que terminaría en el año 2007 en la expulsión por parte de Hamas de los detractores del resultado electoral y en el fortalecimiento mediático por parte de la comunidad internacional de un gobierno en Cisjordania, ilegal, al que llamó de emergencia, pero favorable a sus intereses. Será entonces cuando Israel consolide un bloqueo que ya había comenzado en 1994 sobre la Franja de Gaza, pero que a partir de ese momento va a ser total. Será también entonces cuando la llamada comunidad internacional comience a garantizar oficial y públicamente la impunidad del ocupante, y a avalar la perpetuación de un bloqueo inhumano, ilegal y las sucesivas y aberrantes masacres televisadas que Israel ejecuta sobre la totalidad de la población palestina de la Franja de Gaza, presentando así de manera explicita la violación sistemática de la llamada comunidad internacional de las obligaciones que le impone el Derecho Internacional. En concreto el Artículo 1 del IV Convenio de Ginebra que obliga a las Altas Partes contratantes “a respetar y a hacer respetar el presente Convenio en todas las circunstancias.” Y otro sin fin de complicidades criminales más que llegaremos a ver en caso de que se restituya el Imperio de la Ley. Esta es la lógica política del violento espectáculo que hemos estado presenciando en los últimos años y de manera más evidente en las últimas semanas.
Ante esta situación y desde el comienzo de la última agresión israelí, la población palestina en su totalidad, la de Gaza, la de Cisjordania, la del interior de Israel y la del exilio, así como algunas pocas voces disidentes israelíes y judías del mundo, no han dejado de llamar públicamente a la ciudadanía global a actuar mediante el apoyo a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS) Una herramienta de resistencia pacífica, que da la oportunidad a cualquier persona del mundo a actuar de manera individual y ética para forzar a los poderes del mundo a cumplir con sus obligaciones legales y poner fin a esta injusticia e ilegalidad. Las marchas por la libertad y la dignidad nacional de los 48.000 palestinos que comenzaron el pasado 24 de julio son una manifestación más de este llamamiento, además de una declaración pública contundente y clara, por la que el pueblo palestino mira de frente a Israel y sus aliados, y les comunica que no van a renunciar a ninguno de sus derechos por mucho que lo intenten. El mensaje es claro, el pueblo palestino le grita al mundo que no se va a someter y que sus derechos no son negociables.
Hanady Muhiar es licenciada en CC. Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y lleva 25 años dedicada a investigar la ocupación Israelí de Palestina. Es miembro activo de la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) y la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones en Madrid. 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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