viernes, 16 de diciembre de 2016

El bloqueo de Gaza en su décimo año: negación de la vida humana

Ali nació en Gaza y durante casi diez años ha estado viviendo bajo un estricto bloqueo por tierra, mar y aire. En junio de 2016, entró en el décimo año. El bloqueo le aísla y encierra, a él y al resto de los 1,8 millones de habitantes de Gaza 

He sobrevivido a las últimas tres guerras, pero ese no es el problema. En este lugar, las guerras van y vienen. La lucha más grande es no perder la esperanza. Lo único que puedo hacer es abstraerme y crear mi propio mundo, mantenerme alejado”. Esto me contaba Ali, de 36 años, camarero en una cafetería en la ciudad de Gaza.
Ali nació en Gaza y durante casi diez años ha estado viviendo bajo un estricto bloqueo por tierra, mar y aire. En junio de 2016, entró en el décimo año. El bloqueo le aísla y encierra, a él y al resto de los 1,8 millones de habitantes de Gaza, en 365 kilómetros cuadrados, una franja de terreno con una de las densidades de población más altas del mundo, atormentada por la pobreza extrema y en muy mal estado por los repetidos conflictos.
La escasez crónica de combustible y electricidad, con cortes de energía de entre 18 y 22 horas al día, la contaminación del agua extrema (el 95% de las aguas subterráneas de Gaza no es potable), una infraestructura devastada como recordatorio de graves ciclos repetidos de violencia armada... son la realidad del día a día. A la gente de Gaza se le niega un estándar de vida humano. Esto no siempre fue así: antes de la imposición de las restricciones a los movimientos de personas y mercancías, la franja de Gaza era una sociedad relativamente desarrollada con una base productiva y una economía próspera.
El bloqueo y la ocupación han revertido este proceso, acelerado por las operaciones militares israelíes regulares y la destrucción generalizada. Hoy Gaza está sujeta a lo que la ONU llama subdesarrollo. Situada en el mar Mediterráneo, entre Egipto e Israel, Gaza podría ser famosa por sus palmeras, frutas y playas de arena blanca. En su lugar, es conocida por una crisis de aguas residuales e higiene titulada por la revista Time como “Bomba de relojería global de salud”.
UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina, no solo ha subrayado a menudo las desastrosas consecuencias de los conflictos recurrentes en Gaza, sino también, junto con Naciones Unidas, ha condenado muchas veces el lanzamiento de cohetes desde el enclave. Cualquier riesgo de pérdida de vidas humanas es preocupante para nosotros. Al mismo tiempo, creemos que las restricciones actuales y crecientes a la circulación de personas y bienes pueden significar claramente justo lo opuesto a las razones expuestas para mejorar la seguridad de Israel. Las severas restricciones representan un riesgo potencial de aumento de la frustración, la violencia y la radicalización e incluso podría ser el detonante de otro devastador conflicto en la franja de Gaza.
Las advertencias se harán realidad
La ONU ha hecho ya varias advertencias sobre las graves e inquietantes condiciones que prevalecen en Gaza. Hace cuatro años, dijo que la franja de Gaza se convertiría en un lugar inhabitable en 2020. Faltan menos de cuatro años. Estas advertencias se han repetido desde entonces. Si no se toma ninguna acción fundamental y de inmediato para abordar las causas subyacentes de los conflictos, como el bloqueo, que debe acabar ya, estas se convertirán en realidad. No se vislumbrará ya la catástrofe en el horizonte.
Cuando un lugar se convierte en inhabitable, la gente se va. Este es el caso de desastres ambientales, como las sequías; o de conflictos, como en Siria.
Sin embargo, este último recurso se le niega a la población de Gaza. No pueden moverse más allá de su territorio de 365 kilómetros cuadrados. No pueden escapar de la devastadora pobreza o del miedo a otro conflicto. Su juventud, con un alto nivel de educación -casi el 50% de la población son menores de 17 años- no tiene opción de viajar, de buscar una educación fuera de Gaza o trabajo en otro lugar más allá de la valla perimetral y los dos puntos de control al norte y al sur de la franja.
Con el cruce de Rafah entre Egipto y Gaza casi cerrado por completo, a excepción de unos pocos días al año, y con Israel negando a menudo la salida incluso para casos humanitarios graves o para personal de las organizaciones internacionales, la gran mayoría de las personas no tiene la posibilidad de adquirir uno de los codiciados “permisos”. Asimismo, no pueden salir por mar sin el riesgo de ser detenidos o tiroteados por las fuerzas navales israelíes o egipcias y tampoco pueden pasar por encima de la fuertemente custodiada valla perimetral existente entre Israel y Gaza.
El bloqueo ha erosionado de manera efectiva lo que quedaba de la clase media, casi en su totalidad ahora en la miseria y dependiendo de ayuda. La tasa de desempleo en el segundo trimestre de 2016 se situó en el 41,7% y el 80% de la población se ve obligada a recurrir a la ayuda humanitaria para poder cubrir sus necesidades más básicas de alimentación, educación, atención sanitaria, vivienda o incluso artículos como mantas, colchones o una cocina. Si bien UNRWA, en el año 2000, antes del bloqueo, proporcionaba asistencia alimentaria a 80.000 refugiados, ahora apoyamos a más de 930.000 personas, 12 veces más.
Impacto psicosocial: estrés y ansiedad
Los efectos combinados del bloqueo también han tenido un impacto psicológico, menos visible, pero profundo y palpable en la población de Gaza. Cualquiera que sea la capacidad de recuperación de las personas abandonadas, se está erosionando con cada día de bloqueo. El Programa de Salud Mental para la Comunidad de UNRWA ha concluido que los refugiados de Palestina en Gaza están experimentando niveles cada vez más altos de estrés y ansiedad. Los casos de suicidio en la franja de Gaza, antes desconocidos, ahora son algo habitual, lo que sugiere claramente que la capacidad de resiliencia de los palestinos se está agotando.
Entre los niños refugiados de Palestina, estimamos que un mínimo del 30% requiere de alguna forma de intervención psicosocial estructurada. Sus síntomas más comunes son: pesadillas, trastornos de la alimentación, miedo intenso...
“El aburrimiento es un factor clave para la depresión y la desesperanza entre los jóvenes. Se sientan en la oscuridad -literalmente, debido a la falta de electricidad- y se sienten impotentes. Piensan sobre la vida y solo ven negatividad. Gaza está llena de ideas, hay mucha creatividad en este lugar. Pero no nos centramos lo suficiente en nuestras propias ideas. Nos centramos en la dependencia de ayuda. El bloqueo también ha dado lugar a un bloqueo en el modo de pensar de la gente. Los jóvenes están retrocediendo. ¿Por qué hay siempre y cada vez más un gran NO a todo?”, pregunta Rana Quffa, líder de la comunidad de jóvenes de la zona este de Gaza, para resumir los sentimientos que envuelven a la juventud de Gaza: “La vida en Gaza es un círculo vicioso, ¿quién nos ayudará a acabar con él?”.
El bloqueo de Gaza no es solo terminología política. Tampoco es un desastre natural que solo sucedió. El bloqueo de Gaza es cosa del hombre y se trata de la vida real, historias reales. Es hora de dar a Gaza, y a su juventud, un futuro. El bloqueo debe acabar ya.
Fuente: Bo Shack, Deia

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