Una y otra vez hasta que el pueblo palestino tenga una vida
digna en Palestina
Santiago González Vallejo
TESTIMONIO
Preámbulo
He participado en la misión de la
Freedom Flotilla Coalition (FFC) (mayo 2026), por mi pertenencia a Rumbo a
Gaza. Este año, diversas flotillas y sus organizaciones habían decidido hacer
una acción común, bautizada Global Sumud Flotilla.
Días previos a nuestra marcha hacia
Gaza, en Cetraro y Siracusa (Italia) recibimos sesiones de entrenamiento y
asesoría de comportamiento no violento -que después se repitió en el barco-,
información sobre los abogados que podríamos disponer si fuéramos secuestrados,
la organización israelo palestina Adalah (Justicia); soporte en tierra, tanto
en España a través de Rumbo a Gaza para los familiares y amigos, como en las
posibles etapas que se hicieran, a cargo de personas de la FFC.
Nuestro barco, con bandera italiana,
Adalah, tendría una composición de diez personas: Tomás (el capitán), Mo
(belga); Gemma (australiana); Max (francés); Rosa, Noa y Ambur
(estadounidenses); Tara (danesa); Nomrad (canadiense) y yo mismo, Santiago
González Vallejo que junto al capitán éramos los españoles.
Dentro del entrenamiento y
procedimientos acordados estaba que, en caso de abordaje pirata israelí,
tiraríamos los móviles, ordenadores y otros elementos de comunicación para
impedir que nuestros contactos e informaciones cayeran en manos del régimen
israelí.
También, que tuviéramos nuestras
pertenencias recogidas y que, en caso de necesitar medicación, la tuviéramos en
nuestro poder, en el bolsillo, en caso de secuestro.
Día 18 de mayo, mañana
Vemos dos barcos militares en el
horizonte. Los barcos de la Freedom Flotilla, Tenaz y Kryakos son visibles. Hay
otros barcos de las Flotillas cerca, pero no distingo su pertenencia. Vemos
como zodiazs procedentes de los barcos grandes militares se acercan al Kryakos
y el Tenaz y el Adalah nos alejamos del Kryakos. Vemos que las zodiazs se
acercan y llegan al Kryakos. Poco tiempo después, vemos que zodiazs se acercan
al Tenaz y poco después al nuestro, Adalah.
Siguiendo el protocolo, se pone el
barco en automático, tiramos cuchillos, móviles y ordenadores y nos ponemos los
diez internacionalistas en el centro del barco, con los chalecos salvavidas,
con las manos abiertas, en alto y visibles, delante del cuerpo, esperando a que
seamos abordados por la soldadesca israelí.
Señalo que nuestro barco no tiene castillo o elemento cubierto. En el
centro del barco está el acceso a la bodega y tiene una especie de cuadrado
donde nos sentamos los diez participantes. No recuerdo si hubo por parte
israelí una petición o llamada telefónica para que parásemos el barco, en todo
caso, situado en aguas internacionales, al oeste del Estado chipriota, muy
alejado de la palestina Gaza.
Antes de subir al barco, uno de los
soldados nos señala que nos pongamos todos a proa. Así lo hacemos.
Van subiendo con los rifles,
encañándonos, varios soldados. Uno de ellos, es Dolphin, según se desprende del
nombre que tenía en su uniforme. Nos preguntó por los pasaportes. Rosa,
ciudadano estadounidense, dice que tiene todos los pasaportes (aspecto que
habíamos acordado). El soldado coge la mochilita con su contenido y va
comprobando que corresponden a cada uno de nosotros. Por fin, una zodiaz
instalada a estribor es la que nos va cogiendo para llevarnos al barco prisión.
Yo no lo ví, pero me contó el capitán Tomás, que en la maniobra de saltar del
barco Adalah a la zodiaz, con los barcos en marcha, y funcionando las hélices,
casi se cae Mo. Por mi parte, cuando sólo estábamos en cubierta, Rosa y yo,
esperando nuestro turno para incorporarnos a la zodiaz, uno de los soldados
cortó la cuerda que sujetaba la vela de proa y empezó la misma y el cabo
cortado a volar que casi le da a Rosa un latigazo el extremo cortado. También,
delante de nosotros se cortó un cable de acero que sujetaba al mástil. No vi
nada más, y sólo manifestar que nunca hemos recuperado nuestras pertenencias
(saco, ropa, gafas graduadas, libros, neceser, algunos objetos de regalo
comprados en Italia y Grecia) valorados en unos 400 euros.
El barco prisión tenía escrito en
letras grandes David Global. Allí, nos quitaban la ropa que teníamos puesta que
excediera a la última prenda que lleváramos, una camiseta, y el pasaporte,
registrándome los bolsillos y quitándome todo, la cartera con la identificación
personal, carnet de conducir, etc.., pero dejándome las medicinas que llevaba.
Me identifiqué como enfermo crónico y anotaron la medicina que llevaba y que
debo tomar una pastilla diaria de 20 mgr. Las prendas que me quitaron fueron el
cinturón de un pantalón corto que llevaba y el jersey, dejando al descubierto
una camiseta de Rumbo a Gaza, con la leyenda, en grande, Free Palestine. Eso
motivó que me gritaran al oído frases ininteligibles para mí, me pusieron esposas
y me hicieron arrodillarme donde había un charco de agua. Llevaba pantalones cortos. No pude moverme de
la posición de rodillas hasta que me despojaron de la camiseta de Rumbo a Gaza
y me proporcionaron una militar israelí verde.
Me quitaron las esposas en la espalda
cuando llegué a la cubierta del barco, a un ‘patio’ cuyo perímetro estaba
formado por contenedores e inodoros portátiles, sin renovación o limpieza de
excrementos. En ese patio y contenedores, sin colchonetas e insuficientes para
todos los prisioneros estuvimos dos días y dos noches enteras, hasta que en la
mañana del día 20 llegamos al puerto de Asdot. Desde arriba de los contenedores
y alambradas estaban apostados soldados en los cuatro lados, con sus fusiles y
cañones de agua.
Los contenedores eran de varios
tipos, los que llevaban nombre de sus empresas eran TEX y CAI. La mayoría de
los váteres tenían caracteres hebreos que no he podido retener y había varios
griegos de la firma www.lionwc.gr.
Nos arrojaron cajas de cartón que
contenían panes y estuches de botellitas de agua. Hice huelga de hambre, pero
no de sed. Inundaron dos veces al día de agua la cubierta, la última a finales
del día con lo que la humedad y el suelo mojado se mantenían durante toda la
noche. No cabíamos estirados en los contenedores aunque nos apretábamos. Sólo
era posible dormitar o, algunos, andar toda la noche de un lado a otro para
pasar menos frío.
A partir del segundo día, ya había un
pestilente olor.
Incidentes mayores: La cubierta donde estábamos tenía en
el suelo, con cinta americana, señaladas áreas, por lo que entendimos poco
después. Una de esas líneas, creaba un espacio donde no debiéramos estar cuando
se abría una puerta que daba al exterior del patio de prisión.
En una ocasión, aparentemente porque
no entendimos que se nos quería apartar de esa puerta en el extremo del patio,
dejando libre ese espacio, los soldados que nos custodiaban desde arriba,
dispararon una bala de goma que alcanzó la pierna de la francesa de Martinica,
Mati, hiriéndola a la altura del fémur. Tras unos momentos de confusión, se
reclamó que se la llevasen a la enfermería del barco, donde la hicieron una
cura superficial y no la curaron definitivamente.
En otra ocasión, no recuerdo que tras
cantar o gritar los presos Free Palestina, abrieron los cañones de agua unos
segundos y no fue a más.
SALIDA DEL BARCO PRISIÓN a las
INSTALACIONES DEL PUERTO DE ASDOT
La travesía del barco no fue directa
hasta Asdot desde que fuimos secuestrados.
Por razones que desconozco, si fue
para secuestrar a barcos de las flotillas todavía libres, si para intentar
entregarnos a países cercanos al secuestro (Grecia, Chipre, ...), el caso es
que el barco hizo maniobras hacia el oeste y otras direcciones no adecuadas para
ir a Asdoh directamente. Esta cuestión, la dirección de marcha del barco junto
con la orientación solar estaba presente entre nosotros, los activistas presos.
Cuando llegamos al puerto de Asdoh fue
la mañana del miércoles 20, quizá a las 12h.
Nos ordenaron sentarnos en el suelo
de la cubierta del barco, fuera del perímetro de la puerta de salida del patio
de contenedores. Desde ahí, con varios soldados apuntándonos con sus fusiles,
iban diciendo nombres de los presos, le reconocían con su pasaporte, le esposaban
y ya agachándole hasta la cintura se lo llevaban al exterior, entregándole la
bolsa negra de sus pertenencias.
En varias ocasiones, tras entrar
esposados algunos participantes, escuchamos gritos de ellos y hubo un pequeño
plante, diciendo un belga cuya profesión es portuario y que iba a trabajar a
Reus, que no nos moveríamos si no veíamos al preso que había gritado. La
soldada disparó e hirió a un turco con una bala de goma y cogieron sin
contemplaciones al compañero belga y se los llevaron. Interrumpiendo ese
intento de plante.
En mi caso, tras ser llamado, recogí
el pasaporte, me esposaron, me hicieron ponerme en esa postura incómoda de
agacharme hasta la cintura, me agarraron por el centro de las esposas,
haciéndome más daño, me entregaron una bolsa negra con el número asignado a mi
pasaporte, el 57, y me llevaron hasta fuera del barco. Allí, me cogieron en
volandas cuatro agentes y escuché, que a la persona precedente y posterior, y
conmigo, se paraban en un punto anterior a la entrada del centro de aduanas del
puerto, a la orden de stop, y aunque yo decía en un balbuciente inglés,” I
don't understand English; I'm Spanish”, ví como un agente se preparaba para
darme un puñetazo y después, ya sin mirar, continuó dándome otros dos golpes,
puñetazos o patadas en el mismo sitio, el costado derecho, que me produjo gran
dolor.
Ya erguido y con la postura antes
descrita, me llevaron a una sala grande, donde me hicieron ponerme de rodillas
junto a otros prisioneros, y como no le debió gustar donde me había puesto,
estando de rodillas y en ese momento con la cabeza al ras del suelo, me
arrastró hasta el sitio que consideró oportuno, haciéndome una erosión en la
piel de la frente. En esa posición de rodillas (en una instalación de cemento,
pero donde yo me encontraba, con arena suelta) estuvimos mucho tiempo, mientras
una canción propia de Eurovisión, que me dijeron que podría ser el himno de
Israel, se repetía una y otra vez. A los 40 minutos, no pude soportar más la
postura y me derrengué. Algún agente me vió, pero no me cambió la postura de
semitumbado. Unas chicas francesas con las esposas a la espalda quisieron
cambiar de postura y no las dejaron. A algunos presos, cerca de mi, de origen
asiático (¿malasios?) les animé a que se pusieran como estaba yo, una postura
más cómoda y lo hicieron, aunque con temor, y no les pasó nada.
Al cabo de cerca de dos horas, ya
fueron cogiéndonos a los presos que estábamos en el lado que me encontraba y
nos hacían ir por un circuito, de diferentes controles, siempre con la postura
de agachados hasta la cintura y agarrándonos por el centro de las esposas, produciéndome/nos
más dolor. Se supone que tenía que ir con
mi bolsa negra con mis pertenencias, pero me dieron una bolsa numerada 73, que
pertenecía a otro preso cercano. Les señalé que la bolsa que me daban, la 73,
no correspondía a la numeración del pasaporte, el 57, pero no quisieron
rectificar. En los lugares donde habían estado otros presos, vi chanclas o
zapatos sueltos de presos que habrían sido llevados con un solo zapato. En esas
circunstancias, se había roto el botón de la cintura del pantalón corto que
llevaba puesto y se me caían los pantalones, tuvieron que parar en varias
ocasiones a que me recompusiera el pantalón, pero con las esposas era díficil.
En una parte del circuito me desnudaron completamente, sólo ante dos soldados,
incluso me hicieron agacharme para comprobar que no tenía nada en cualquier
agujero del cuerpo y me miraron la boca y me tocaron el pelo de la cabeza. Me
tiraron las pastillas, aunque les dije que eran mis medicinas y que era enfermo
crónico. Se burlaron y no me las devolvieron.
En varias ocasiones, se burlaban los
soldados que nos llevaban o que estaban en el itinerario que hacíamos diciendo
que “a qué Gaza queríamos ir, que esto es Israel”, en español y me enseñaban y
ponían la bandera de Israel a diez centímetros de mi cara.
Por fin, tras estar en una sala unos
veinte presos, sentados, me llevaron a un puesto de interrogación, junto a una
soldado que no se separó de mí y siguiendo esposado. Me puso la bandera de
Israel enfrente de mi cara, a unos 10 cm.
Me presentaron a una persona que se
presentó como traductor. Una persona mayor, quizá más de 70 años de origen
latinoamericano. El funcionario del departamento, supongo de inmigración, me
preguntó si tenía defensa. Le dije que sí, que Adalah me representaba. Vino una
joven, Mia, que se identificó ante el funcionario y ante mí, de Adalah. Aunque
no sabía español, ella me dijo que no firmase nada y que no contestase a
ninguna pregunta, delante del funcionario, traductor (que no se inmiscuyó) y
soldada.
El funcionario me preguntó por mi
salud. Le manifesté que había sido golpeado y que me habían quitado las
medicinas que llevaba. Aparentemente, anotó esas cuestiones. Después, me
preguntó si sabía porqué había sido detenido. Le dije que no, que había sido
secuestrado. Con desgana, me dijo que yo había intentado ir a zonas que la ley
israelí considera que no se pueden ir. Le contesté que las leyes
internacionales, la Convención del Mar son leyes por encima de las leyes
israelíes y que éstas son ilegales.
Entonces, me preguntó, tras mirar su
ordenador, cuántas veces había estado en Israel. Le contesté que había estado 7
veces en Palestina. Me intentó corregir, repitiendo la pregunta, diciendo que
quería saber, concretamente, cuántas veces había pisado Israel. Le volví a
decir, que había estado 7 veces en Palestina. Una vez dicho esto, dio por
acabado el interrogatorio y quiso anotar en qué años había estado y
burocráticamente, me preguntó retóricamente, que si no firmaría nada. Afirmé
que no firmaría nada y no insistió. Entonces, delante de la abogada, pedí ir al
baño (desde la llegada a Asdoh no había podido ir) y me dijo el interrogador
que más tarde, dirigiéndose a la soldado.
A la abogada Mía le dieron un papel
supongo con el acta del interrogatorio.
Antes de llevarme al vehículo furgón
en dirección a la prisión, pedí nuevamente ir al baño y me lo negaron. Tiraron
la bolsa número 73 y me metieron al furgón junto a otros compañeros.
Furgón y cárcel. Estuvimos una hora parados, hasta que
se llenó el furgón esposados y con grilletes. Después, tardamos, calculo que
dos o tres horas en llegar al destino carcelario, viajando al sur.
Allí, en la cárcel, hicimos varios
itinerarios esposados y con grilletes, empujados con la postura de cintura para
abajo, a diferentes salas. En una, tuvimos que despojarnos de nuestras ropas,
excepto del calzoncillo. Nos dieron un chándal de preso y unas chanclas no
ajustadas a nuestro tamaño de pie, (39-41, cuando mi pie es un 44). Fui
interrogado por un médico, que me talló, pesó y me preguntó por mi salud. Le
expresé todos los golpes y erosiones en rodillas, muñecas y frente; golpe en el
costado derecho y el robo de mis pastillas; tomó nota y no me dio pastillas,
diciendo creo que por la mañana me darían. Por fin, en una celda pequeña, pude
hacer pis (en un espacio de ducha, no había inodoro) y bebí unos sorbos de
agua.
De ahí, nos llevaron a tres gallegos
y a mí delante de un juez. Por su móvil, pudimos escuchar a una persona que se
presentó como traductora. El juicio, por llamarlo de alguna manera, empezó por
mí. Me preguntó por mi salud y sólo hice referencia a que me habían quitado la
medicina y el anotó ese extremo y pidió a una asistente a que me dieran la medicina
por la mañana. Me señaló que estaba en prisión por haber intentado entrar en
una zona prohibida según las leyes israelíes y me preguntó si tenía alguna
pregunta y le dije que no entendía porqué había sido secuestrado. Entonces, me
dijo que esa cuestión se la preguntase a mi abogada. Después, me preguntó si
quería volver a mi país, dije que Vds., son los que mandan y no recuerdo más.
Mis compañeros fueron más hábiles. El primero señaló los golpes sufridos (que
yo no mencioné), cosa que hicieron los siguientes y a las siguientes preguntas
dijeron que no contestaban si no estaban sus abogados o una representación
consular española presente. El juez anotó esas contestaciones y nos devolvió a
los funcionarios de prisiones.
Después fuimos llevados a una celda, al
aire libre, estando unos 60 presos en cuclillas, esperando un enésimo traslado
a otra celda. Estando allí, se pasó el ministro Ben Gvir, rodeado de cámaras
grabándole a él y a nosotros, agentes de varias vestimentas, e hizo comentarios
incomprensibles en hebreo. Uno de nosotros, de forma anónima, dijo “Free
Palestine”, con lo que el ministro, a unos cinco metros de donde me encontraba,
empezó a decir cosas dirigiéndose a nosotros en inglés sobre Gaza, Palestina y
Hamás que no entendí y me pareció entender que decía que esas cosas no existían
y que éramos amigos de los terroristas. Se supone que hay grabaciones emitidas
en medios israelíes.
Finalmente, nos llevaron a una celda,
entiendo improvisada, en lo que podría ser una cancha de balonmano, cubierta por
toldos y alambradas, techo y paredes, sin baño y una garrafa de agua. Pedí ir
al baño y no me dejaron. No bebí agua porque suelo hacer micciones varias veces
por la noche. Fuimos 24 los presos ahí, 4 o 6 tuvieon que dormir en el suelo,
en colchonetas porque no cabían en las literas.
A la mañana siguiente, día 21 pedí ir
al baño y tampoco nos dejaron. Poco tiempo después, nos nombraban,
identificaban con nuestro pasaporte y diciendo que Gaza o Palestina no existen
(en español, al identificar mi pasaporte) nos esposaron y pusieron grilletes
hasta el furgón de presos que, tras varias horas, nos llevó al aeropuerto de
Ramont, donde al salir del furgón nos quitaron esposas y grilletes y sabíamos
que estábamos a punto de embarcarnos y recobrar la libertad.
En el trayecto dentro del aeropuerto
por un itinerario vacío de otros pasajeros, en un momento determinado, cuando
atravesábamos un pasillo y había personal consular y/o periodistas, un
argentino que me precedía, gritó a una mujer con un móvil con la bandera argentina,
‘nos han torturado’, ‘nos han golpeado’ y uno de los agentes que estaba
recorriendo el pasillo con nosotros o estaba allí, le dio un empujón violento.
El aeropuerto estaba lleno de
bombardeos o aviones militares con la bandera estadounidense.
Por fín, subí a un avión de la
Turkish Airlines y, sin saludar a mis compañeros liberados, fui al baño.
Calculo que pasé más de 15 horas sin ir al baño. Comí lo que nos ofrecieron en
el avión. Calculo que no había comido nada en las últimas 80 horas.
En Estambul, ya pude hablar con Rumbo
a Gaza y la embajadora y la cónsul española. Expliqué que estaba bien. Tuve un
reconocimiento médico, sin radiografías, pero sí con auscultación donde se
descartó que tuviera costillas rotas; me hicieron análisis de sangre y orina
que, supongo, estarían en niveles normales; tuve una sesión con psicólogo (con
traducción) que consideró mi estado anímico normal, sin alteración relevante
por los hechos vividos.
Ya en Madrid, el 24 de junio, tuve un
reconocimiento médico exhaustivo, en el Hospital público de Majadahonda, que
acompaño, que confirma el golpe en el costado y las erosiones de piel,
rodillas, muñecas y frente y una hinchazón en los ganglios de la mandíbula
derecha que me fue explicada por un posible reflejo de estrés.
Sin más que aportar, firmo la
presente,
Madrid, 2 de junio de 2026

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