martes, 28 de julio de 2026

TESTIMONIO.Una y otra vez hasta que el pueblo palestino tenga una vida digna en Palestina . Santiago González Vallejo


 

Una y otra vez hasta que el pueblo palestino tenga una vida digna en Palestina

Santiago González Vallejo

TESTIMONIO

Preámbulo

He participado en la misión de la Freedom Flotilla Coalition (FFC) (mayo 2026), por mi pertenencia a Rumbo a Gaza. Este año, diversas flotillas y sus organizaciones habían decidido hacer una acción común, bautizada Global Sumud Flotilla.

Días previos a nuestra marcha hacia Gaza, en Cetraro y Siracusa (Italia) recibimos sesiones de entrenamiento y asesoría de comportamiento no violento -que después se repitió en el barco-, información sobre los abogados que podríamos disponer si fuéramos secuestrados, la organización israelo palestina Adalah (Justicia); soporte en tierra, tanto en España a través de Rumbo a Gaza para los familiares y amigos, como en las posibles etapas que se hicieran, a cargo de personas de la FFC.

Nuestro barco, con bandera italiana, Adalah, tendría una composición de diez personas: Tomás (el capitán), Mo (belga); Gemma (australiana); Max (francés); Rosa, Noa y Ambur (estadounidenses); Tara (danesa); Nomrad (canadiense) y yo mismo, Santiago González Vallejo que junto al capitán éramos los españoles.

Dentro del entrenamiento y procedimientos acordados estaba que, en caso de abordaje pirata israelí, tiraríamos los móviles, ordenadores y otros elementos de comunicación para impedir que nuestros contactos e informaciones cayeran en manos del régimen israelí.

También, que tuviéramos nuestras pertenencias recogidas y que, en caso de necesitar medicación, la tuviéramos en nuestro poder, en el bolsillo, en caso de secuestro.

Día 18 de mayo, mañana

Vemos dos barcos militares en el horizonte. Los barcos de la Freedom Flotilla, Tenaz y Kryakos son visibles. Hay otros barcos de las Flotillas cerca, pero no distingo su pertenencia. Vemos como zodiazs procedentes de los barcos grandes militares se acercan al Kryakos y el Tenaz y el Adalah nos alejamos del Kryakos. Vemos que las zodiazs se acercan y llegan al Kryakos. Poco tiempo después, vemos que zodiazs se acercan al Tenaz y poco después al nuestro, Adalah.

Siguiendo el protocolo, se pone el barco en automático, tiramos cuchillos, móviles y ordenadores y nos ponemos los diez internacionalistas en el centro del barco, con los chalecos salvavidas, con las manos abiertas, en alto y visibles, delante del cuerpo, esperando a que seamos abordados por la soldadesca israelí.  Señalo que nuestro barco no tiene castillo o elemento cubierto. En el centro del barco está el acceso a la bodega y tiene una especie de cuadrado donde nos sentamos los diez participantes. No recuerdo si hubo por parte israelí una petición o llamada telefónica para que parásemos el barco, en todo caso, situado en aguas internacionales, al oeste del Estado chipriota, muy alejado de la palestina Gaza.

Antes de subir al barco, uno de los soldados nos señala que nos pongamos todos a proa. Así lo hacemos.

Van subiendo con los rifles, encañándonos, varios soldados. Uno de ellos, es Dolphin, según se desprende del nombre que tenía en su uniforme. Nos preguntó por los pasaportes. Rosa, ciudadano estadounidense, dice que tiene todos los pasaportes (aspecto que habíamos acordado). El soldado coge la mochilita con su contenido y va comprobando que corresponden a cada uno de nosotros. Por fin, una zodiaz instalada a estribor es la que nos va cogiendo para llevarnos al barco prisión. Yo no lo ví, pero me contó el capitán Tomás, que en la maniobra de saltar del barco Adalah a la zodiaz, con los barcos en marcha, y funcionando las hélices, casi se cae Mo. Por mi parte, cuando sólo estábamos en cubierta, Rosa y yo, esperando nuestro turno para incorporarnos a la zodiaz, uno de los soldados cortó la cuerda que sujetaba la vela de proa y empezó la misma y el cabo cortado a volar que casi le da a Rosa un latigazo el extremo cortado. También, delante de nosotros se cortó un cable de acero que sujetaba al mástil. No vi nada más, y sólo manifestar que nunca hemos recuperado nuestras pertenencias (saco, ropa, gafas graduadas, libros, neceser, algunos objetos de regalo comprados en Italia y Grecia) valorados en unos 400 euros.

El barco prisión tenía escrito en letras grandes David Global. Allí, nos quitaban la ropa que teníamos puesta que excediera a la última prenda que lleváramos, una camiseta, y el pasaporte, registrándome los bolsillos y quitándome todo, la cartera con la identificación personal, carnet de conducir, etc.., pero dejándome las medicinas que llevaba. Me identifiqué como enfermo crónico y anotaron la medicina que llevaba y que debo tomar una pastilla diaria de 20 mgr. Las prendas que me quitaron fueron el cinturón de un pantalón corto que llevaba y el jersey, dejando al descubierto una camiseta de Rumbo a Gaza, con la leyenda, en grande, Free Palestine. Eso motivó que me gritaran al oído frases ininteligibles para mí, me pusieron esposas y me hicieron arrodillarme donde había un charco de agua.  Llevaba pantalones cortos. No pude moverme de la posición de rodillas hasta que me despojaron de la camiseta de Rumbo a Gaza y me proporcionaron una militar israelí verde.

Me quitaron las esposas en la espalda cuando llegué a la cubierta del barco, a un ‘patio’ cuyo perímetro estaba formado por contenedores e inodoros portátiles, sin renovación o limpieza de excrementos. En ese patio y contenedores, sin colchonetas e insuficientes para todos los prisioneros estuvimos dos días y dos noches enteras, hasta que en la mañana del día 20 llegamos al puerto de Asdot. Desde arriba de los contenedores y alambradas estaban apostados soldados en los cuatro lados, con sus fusiles y cañones de agua.

Los contenedores eran de varios tipos, los que llevaban nombre de sus empresas eran TEX y CAI. La mayoría de los váteres tenían caracteres hebreos que no he podido retener y había varios griegos de la firma www.lionwc.gr.

Nos arrojaron cajas de cartón que contenían panes y estuches de botellitas de agua. Hice huelga de hambre, pero no de sed. Inundaron dos veces al día de agua la cubierta, la última a finales del día con lo que la humedad y el suelo mojado se mantenían durante toda la noche. No cabíamos estirados en los contenedores aunque nos apretábamos. Sólo era posible dormitar o, algunos, andar toda la noche de un lado a otro para pasar menos frío.

A partir del segundo día, ya había un pestilente olor.

Incidentes mayores: La cubierta donde estábamos tenía en el suelo, con cinta americana, señaladas áreas, por lo que entendimos poco después. Una de esas líneas, creaba un espacio donde no debiéramos estar cuando se abría una puerta que daba al exterior del patio de prisión.

En una ocasión, aparentemente porque no entendimos que se nos quería apartar de esa puerta en el extremo del patio, dejando libre ese espacio, los soldados que nos custodiaban desde arriba, dispararon una bala de goma que alcanzó la pierna de la francesa de Martinica, Mati, hiriéndola a la altura del fémur. Tras unos momentos de confusión, se reclamó que se la llevasen a la enfermería del barco, donde la hicieron una cura superficial y no la curaron definitivamente.

En otra ocasión, no recuerdo que tras cantar o gritar los presos Free Palestina, abrieron los cañones de agua unos segundos y no fue a más.

SALIDA DEL BARCO PRISIÓN a las INSTALACIONES DEL PUERTO DE ASDOT

La travesía del barco no fue directa hasta Asdot desde que fuimos secuestrados.

Por razones que desconozco, si fue para secuestrar a barcos de las flotillas todavía libres, si para intentar entregarnos a países cercanos al secuestro (Grecia, Chipre, ...), el caso es que el barco hizo maniobras hacia el oeste y otras direcciones no adecuadas para ir a Asdoh directamente. Esta cuestión, la dirección de marcha del barco junto con la orientación solar estaba presente entre nosotros, los activistas presos.

Cuando llegamos al puerto de Asdoh fue la mañana del miércoles 20, quizá a las 12h.

Nos ordenaron sentarnos en el suelo de la cubierta del barco, fuera del perímetro de la puerta de salida del patio de contenedores. Desde ahí, con varios soldados apuntándonos con sus fusiles, iban diciendo nombres de los presos, le reconocían con su pasaporte, le esposaban y ya agachándole hasta la cintura se lo llevaban al exterior, entregándole la bolsa negra de sus pertenencias.

En varias ocasiones, tras entrar esposados algunos participantes, escuchamos gritos de ellos y hubo un pequeño plante, diciendo un belga cuya profesión es portuario y que iba a trabajar a Reus, que no nos moveríamos si no veíamos al preso que había gritado. La soldada disparó e hirió a un turco con una bala de goma y cogieron sin contemplaciones al compañero belga y se los llevaron. Interrumpiendo ese intento de plante.

En mi caso, tras ser llamado, recogí el pasaporte, me esposaron, me hicieron ponerme en esa postura incómoda de agacharme hasta la cintura, me agarraron por el centro de las esposas, haciéndome más daño, me entregaron una bolsa negra con el número asignado a mi pasaporte, el 57, y me llevaron hasta fuera del barco. Allí, me cogieron en volandas cuatro agentes y escuché, que a la persona precedente y posterior, y conmigo, se paraban en un punto anterior a la entrada del centro de aduanas del puerto, a la orden de stop, y aunque yo decía en un balbuciente inglés,” I don't understand English; I'm Spanish”, ví como un agente se preparaba para darme un puñetazo y después, ya sin mirar, continuó dándome otros dos golpes, puñetazos o patadas en el mismo sitio, el costado derecho, que me produjo gran dolor.

Ya erguido y con la postura antes descrita, me llevaron a una sala grande, donde me hicieron ponerme de rodillas junto a otros prisioneros, y como no le debió gustar donde me había puesto, estando de rodillas y en ese momento con la cabeza al ras del suelo, me arrastró hasta el sitio que consideró oportuno, haciéndome una erosión en la piel de la frente. En esa posición de rodillas (en una instalación de cemento, pero donde yo me encontraba, con arena suelta) estuvimos mucho tiempo, mientras una canción propia de Eurovisión, que me dijeron que podría ser el himno de Israel, se repetía una y otra vez. A los 40 minutos, no pude soportar más la postura y me derrengué. Algún agente me vió, pero no me cambió la postura de semitumbado. Unas chicas francesas con las esposas a la espalda quisieron cambiar de postura y no las dejaron. A algunos presos, cerca de mi, de origen asiático (¿malasios?) les animé a que se pusieran como estaba yo, una postura más cómoda y lo hicieron, aunque con temor, y no les pasó nada.

Al cabo de cerca de dos horas, ya fueron cogiéndonos a los presos que estábamos en el lado que me encontraba y nos hacían ir por un circuito, de diferentes controles, siempre con la postura de agachados hasta la cintura y agarrándonos por el centro de las esposas, produciéndome/nos más dolor. Se supone que tenía  que ir con mi bolsa negra con mis pertenencias, pero me dieron una bolsa numerada 73, que pertenecía a otro preso cercano. Les señalé que la bolsa que me daban, la 73, no correspondía a la numeración del pasaporte, el 57, pero no quisieron rectificar. En los lugares donde habían estado otros presos, vi chanclas o zapatos sueltos de presos que habrían sido llevados con un solo zapato. En esas circunstancias, se había roto el botón de la cintura del pantalón corto que llevaba puesto y se me caían los pantalones, tuvieron que parar en varias ocasiones a que me recompusiera el pantalón, pero con las esposas era díficil. En una parte del circuito me desnudaron completamente, sólo ante dos soldados, incluso me hicieron agacharme para comprobar que no tenía nada en cualquier agujero del cuerpo y me miraron la boca y me tocaron el pelo de la cabeza. Me tiraron las pastillas, aunque les dije que eran mis medicinas y que era enfermo crónico. Se burlaron y no me las devolvieron.

En varias ocasiones, se burlaban los soldados que nos llevaban o que estaban en el itinerario que hacíamos diciendo que “a qué Gaza queríamos ir, que esto es Israel”, en español y me enseñaban y ponían la bandera de Israel a diez centímetros de mi cara.

Por fin, tras estar en una sala unos veinte presos, sentados, me llevaron a un puesto de interrogación, junto a una soldado que no se separó de mí y siguiendo esposado. Me puso la bandera de Israel enfrente de mi cara, a unos 10 cm.

Me presentaron a una persona que se presentó como traductor. Una persona mayor, quizá más de 70 años de origen latinoamericano. El funcionario del departamento, supongo de inmigración, me preguntó si tenía defensa. Le dije que sí, que Adalah me representaba. Vino una joven, Mia, que se identificó ante el funcionario y ante mí, de Adalah. Aunque no sabía español, ella me dijo que no firmase nada y que no contestase a ninguna pregunta, delante del funcionario, traductor (que no se inmiscuyó) y soldada.

El funcionario me preguntó por mi salud. Le manifesté que había sido golpeado y que me habían quitado las medicinas que llevaba. Aparentemente, anotó esas cuestiones. Después, me preguntó si sabía porqué había sido detenido. Le dije que no, que había sido secuestrado. Con desgana, me dijo que yo había intentado ir a zonas que la ley israelí considera que no se pueden ir. Le contesté que las leyes internacionales, la Convención del Mar son leyes por encima de las leyes israelíes y que éstas son ilegales.

Entonces, me preguntó, tras mirar su ordenador, cuántas veces había estado en Israel. Le contesté que había estado 7 veces en Palestina. Me intentó corregir, repitiendo la pregunta, diciendo que quería saber, concretamente, cuántas veces había pisado Israel. Le volví a decir, que había estado 7 veces en Palestina. Una vez dicho esto, dio por acabado el interrogatorio y quiso anotar en qué años había estado y burocráticamente, me preguntó retóricamente, que si no firmaría nada. Afirmé que no firmaría nada y no insistió. Entonces, delante de la abogada, pedí ir al baño (desde la llegada a Asdoh no había podido ir) y me dijo el interrogador que más tarde, dirigiéndose a la soldado.

A la abogada Mía le dieron un papel supongo con el acta del interrogatorio.

Antes de llevarme al vehículo furgón en dirección a la prisión, pedí nuevamente ir al baño y me lo negaron. Tiraron la bolsa número 73 y me metieron al furgón junto a otros compañeros.

Furgón y cárcel. Estuvimos una hora parados, hasta que se llenó el furgón esposados y con grilletes. Después, tardamos, calculo que dos o tres horas en llegar al destino carcelario, viajando al sur.

Allí, en la cárcel, hicimos varios itinerarios esposados y con grilletes, empujados con la postura de cintura para abajo, a diferentes salas. En una, tuvimos que despojarnos de nuestras ropas, excepto del calzoncillo. Nos dieron un chándal de preso y unas chanclas no ajustadas a nuestro tamaño de pie, (39-41, cuando mi pie es un 44). Fui interrogado por un médico, que me talló, pesó y me preguntó por mi salud. Le expresé todos los golpes y erosiones en rodillas, muñecas y frente; golpe en el costado derecho y el robo de mis pastillas; tomó nota y no me dio pastillas, diciendo creo que por la mañana me darían. Por fin, en una celda pequeña, pude hacer pis (en un espacio de ducha, no había inodoro) y bebí unos sorbos de agua.

De ahí, nos llevaron a tres gallegos y a mí delante de un juez. Por su móvil, pudimos escuchar a una persona que se presentó como traductora. El juicio, por llamarlo de alguna manera, empezó por mí. Me preguntó por mi salud y sólo hice referencia a que me habían quitado la medicina y el anotó ese extremo y pidió a una asistente a que me dieran la medicina por la mañana. Me señaló que estaba en prisión por haber intentado entrar en una zona prohibida según las leyes israelíes y me preguntó si tenía alguna pregunta y le dije que no entendía porqué había sido secuestrado. Entonces, me dijo que esa cuestión se la preguntase a mi abogada. Después, me preguntó si quería volver a mi país, dije que Vds., son los que mandan y no recuerdo más. Mis compañeros fueron más hábiles. El primero señaló los golpes sufridos (que yo no mencioné), cosa que hicieron los siguientes y a las siguientes preguntas dijeron que no contestaban si no estaban sus abogados o una representación consular española presente. El juez anotó esas contestaciones y nos devolvió a los funcionarios de prisiones.

Después fuimos llevados a una celda, al aire libre, estando unos 60 presos en cuclillas, esperando un enésimo traslado a otra celda. Estando allí, se pasó el ministro Ben Gvir, rodeado de cámaras grabándole a él y a nosotros, agentes de varias vestimentas, e hizo comentarios incomprensibles en hebreo. Uno de nosotros, de forma anónima, dijo “Free Palestine”, con lo que el ministro, a unos cinco metros de donde me encontraba, empezó a decir cosas dirigiéndose a nosotros en inglés sobre Gaza, Palestina y Hamás que no entendí y me pareció entender que decía que esas cosas no existían y que éramos amigos de los terroristas. Se supone que hay grabaciones emitidas en medios israelíes.

Finalmente, nos llevaron a una celda, entiendo improvisada, en lo que podría ser una cancha de balonmano, cubierta por toldos y alambradas, techo y paredes, sin baño y una garrafa de agua. Pedí ir al baño y no me dejaron. No bebí agua porque suelo hacer micciones varias veces por la noche. Fuimos 24 los presos ahí, 4 o 6 tuvieon que dormir en el suelo, en colchonetas porque no cabían en las literas.

A la mañana siguiente, día 21 pedí ir al baño y tampoco nos dejaron. Poco tiempo después, nos nombraban, identificaban con nuestro pasaporte y diciendo que Gaza o Palestina no existen (en español, al identificar mi pasaporte) nos esposaron y pusieron grilletes hasta el furgón de presos que, tras varias horas, nos llevó al aeropuerto de Ramont, donde al salir del furgón nos quitaron esposas y grilletes y sabíamos que estábamos a punto de embarcarnos y recobrar la libertad.

En el trayecto dentro del aeropuerto por un itinerario vacío de otros pasajeros, en un momento determinado, cuando atravesábamos un pasillo y había personal consular y/o periodistas, un argentino que me precedía, gritó a una mujer con un móvil con la bandera argentina, ‘nos han torturado’, ‘nos han golpeado’ y uno de los agentes que estaba recorriendo el pasillo con nosotros o estaba allí, le dio un empujón violento.

El aeropuerto estaba lleno de bombardeos o aviones militares con la bandera estadounidense.

Por fín, subí a un avión de la Turkish Airlines y, sin saludar a mis compañeros liberados, fui al baño. Calculo que pasé más de 15 horas sin ir al baño. Comí lo que nos ofrecieron en el avión. Calculo que no había comido nada en las últimas 80 horas.

En Estambul, ya pude hablar con Rumbo a Gaza y la embajadora y la cónsul española. Expliqué que estaba bien. Tuve un reconocimiento médico, sin radiografías, pero sí con auscultación donde se descartó que tuviera costillas rotas; me hicieron análisis de sangre y orina que, supongo, estarían en niveles normales; tuve una sesión con psicólogo (con traducción) que consideró mi estado anímico normal, sin alteración relevante por los hechos vividos.

Ya en Madrid, el 24 de junio, tuve un reconocimiento médico exhaustivo, en el Hospital público de Majadahonda, que acompaño, que confirma el golpe en el costado y las erosiones de piel, rodillas, muñecas y frente y una hinchazón en los ganglios de la mandíbula derecha que me fue explicada por un posible reflejo de estrés.

Sin más que aportar, firmo la presente,

Madrid, 2 de junio de 2026

 

 

 

 

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