domingo, 9 de enero de 2022

Miguel Ángel Llana, creador de Asturbulla, amigo de todas las causas se fue

 Miguel Ángel Llana, creador de Asturbulla, amigo de todas las causas se fue



Querido Miguel:

 

Quiero despedirme de ti recordando tu generosidad conmigo, otros amigos y también muchas personas más, incluso aunque no conocieras a la mayoría.

Como amigo de muchos años no diré nada a tu familia hoy, salvo manifestarles mi agradecimiento por haberme acogido como uno más en muchas ocasiones que me has invitado a unirme a ella con cualquier motivo.

Tu proyecto como activista político de izquierdas por un mundo mejor -gratis et amore- en tu tierra chica y en cualquier extremo del planeta, en cualquier país víctima de las injusticias de las naciones poderosas, es decir, imperialistas, es también producto de tu generosidad para con tus semejantes.

De la misma manera que en tu casa y entre tus círculos sociales cercanos tu preocupación genuina por el otro ha sido la guía constante de tu actuaciones en todos los ámbitos, en el activismo político te has centrado en las personas y sus problemas: despidos laborales, persecuciones, represiones, multas, condenas, ostracismo…

En la calle, el juzgado, en asambleas, manifestaciones, campañas y sobre todo ante tu ordenador, desde donde creaste y criaste www.asturbulla.org durante años hasta el final de tus días.

arrancamos con Asturbulla con la intención y el propósito de crear un medio abierto de noticias, opinión y de crítica. Esperamos que sea un espacio de libertad, libre e independiente, pero no imparcial, porque creemos que es necesario compensar tanto sesgo y tanta parcialidad como en cada momento, en todo momento, muestran los poderes político, económico, judicial, mediático e institucional que restringen la imparcialidad sólo a unos pocos y la escamotean a la mayoría. Intentaremos traer cada día las noticias y los comentarios relegados, cuando no prohibidos, por todos estos poderes.

¡Cuánto trabajo callado y contundente, cuánta indignación ejemplar, cuánta fe en la solidaridad en tiempos del neoliberalismo salvaje y deshumanizador, cuánta generosidad sin pasar la cuenta jamás!

Al haberte acompañado en estos años me siento dichoso de haber compartido tanto contigo y orgulloso de haber colaborado en tu obra. Ahora estoy desolado por no tenerte ya al lado y no poder contar con tu continua actividad, tu empuje y tu fe en el valor de la lucha.

Descansa en paz, te lo has ganado día a día con el sudor de tu frente y es lo que nos dejas

 

Un abrazo, como siempre, hasta la próxima, ¡quién sabe! Agustín.

El Comité de Solidaridad con la Causa Árabe se une a su familia y amigos recordándole y lamentando su fallecimiento



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viernes, 7 de enero de 2022

BOICOT AL FESTIVAL DE SYDNEY: MÁS DE 20 PARTICIPANTES SE RETIRAN DEBIDO A LA FINANCIACIÓN ISRAELÍ

 

BOICOT AL FESTIVAL DE SYDNEY: MÁS DE 20 PARTICIPANTES SE RETIRAN DEBIDO A LA FINANCIACIÓN ISRAELÍ 

Sobre "Dispara, yo ya estoy muerto", de Julia Navarro

Radiografía de un bestseller palestino-israelí


 Julia Navarro, su autora, niega enfáticamente que una novela como Dispara, yo ya estoy muerto[1]sea en absoluto una novela histórica porque lo que hace es “historias de personajes”.

Una novela es siempre “historia de personajes”. Y se le atribuye el carácter de “novela histórica” a aquellas historias de personajes que se entretejen con datos históricos reales. Algunos autores tienen la precaución de integrar en su relato ficticio personajes históricos únicamente con los datos reales conocidos y dejando en todo caso el tejido novelesco para los personajes gestados por el autor. 

Julia Navarro invoca permanentemente tramos históricos, reales, verificables, en su construcción. Entretejiendo los destinos de dos familias, una judía y otra palestina, desde los mismísimos fines del siglo XIX.

Y procura un minué histórico, sucediéndose las generaciones de ambas familias, entrelazadas emocional, material y hasta amorosamente (aunque la disonancia palestino-judío convierta esos amores en conflictos de altísimo voltaje).

Con el buen tino de presentar prácticamente a todos sus personajes como buenos.

Sin embargo, el relato está plagado de trampas históricas, culturales, políticas ideológicas, de tal envergadura que uno bien puede preguntarse sobre el origen, el perfil y hasta el motivo de tantas incongruencias y falsedades que no provienen del carácter novelesco sino de lo que está tomado como marco histórico.

El comienzo del contrapunto señalado aparece en el capítulo 3, página 159 en esta edición, de un total de 900 páginas. Casi al comienzo, diríamos. Pero toda la primera parte, esas 160 páginas, nos muestran al verdadero protagonista de todo el relato, Samuel Zucker, que se prolongará en el personaje de su hijo, Ezequiel.

Ese hombre, judío, con abundante fortuna y más abundantes infortunios, es el eje de todo el relato. Un ruso judío que en rigor es un judío ruso que no es sionista.

Los personajes palestinos son también extraordinariamente nobles, pero en general funcionan como contrafiguras. Y los personajes más extraordinarios entre los palestinos tienen a menudo alguna “mancha” que no vemos en los judíos: Mohamed, por ejemplo, tan íntegro en su vida emocional y política, es contenidamente irascible; Wädi, un esforzado docente, carente de toda agresividad, osado, abnegado, vivirá su vida con cicatrices en su rostro producidas por un salvataje que acometió como niño para con otro niño más chico, judío.

Navarro hace fácil el reparto de roles en el “bando judío”: atribuye vejaciones y asesinatos a sionistas del Irgún o de Lehi, y no hay un solo acto de agresión de la Haganá. No solo eso, sino que adopta acríticamente, el término que el sionismo en el poder le otorgará a su ejército: Ejército de Defensa de Israel, Fuerzas de Defensa de Israel. Así se denomina oficialmente a un ejército de ocupación.

Ben Gurion o Golda Meir son presentados como sionistas partidarios consecuentes de la paz, igual que la Haganá. Sabemos que hay una historia oficial que dice eso, pero choca demasiado penosamente con los datos históricos.

Navarro no distingue lo que historiadores llaman Antiguo Yishuv y Nuevo Yishuv. Así se autodenominaron las colonias judías en Palestina.  La diferencia tiene enorme  significación, porque el Antiguo no era sionista y el Nuevo sí. Y hubo conflictos entre ambas colectividades, que incluso se zanjaron a los tiros, algo que Navarro ignora deliberadamente o por simple ignorancia (que no resultaría  del todo aceptable, si pensamos que estamos ante una novela histórica, mal que le pese el calificativo a la autora).

Navarro hace eje, brinda protagonismo a un personaje colectivo; la Huerta de la Esperanza. Nos preguntamos si existió algo así alguna vez. Si hubiese llegado a existir habría sido absolutamente excepcional, en la historia; en la vida real nunca dejó trazas.  La Huerta de la Esperanza es una suerte de granja interfamiliar, como un pequeño kibutz compuesto por un par de familias judías y otras tantas palestinas. No se reconoce nada así en la historia hasta hoy conocida.

Los kibutzim, sí, fueron un elemento importante, tal vez clave, en el desarrollo del sionismo en Palestina y en la formación del mismo Estado de Israel. Una característica fundamental del movimiento kibutziano fue su constitución exclusivamente con judíos.

El divorcio  con el discurrir cuasi protagónico de la Huerta de la Esperanza es así radical. 

Con la consolidación del Estado de Israel y el prestigio obtenido por los kibutzim, sus referentes se permitieron, luego de asentado el dominio militar, albergar mano de obra de jóvenes que admiraban al novel estado judío (sobre todo alemanes, que cumplían algún tipo de expiación tácita…). Incluso antes, como experiencia excepcional, algún kibutz admitió algún intelectual árabe en una experiencia de trabajo.[2]

Si llegó a existir en Palestina algo como una Huerta de la Esperanza habría sido totalmente anómalo, algo enteramente no representativo. Que el relato de Navarro normaliza e incluso eleva a arquetipo.

Aunque la Huerta de la Esperanza insume varios centenares de páginas, Navarro no aborda episodios claves de la historia judeopalestina, como la huelga general palestina de 1936, nada menos, reclamando el cese de la invasión por goteo de judíos sobre una tierra progresivamente extranjerizada (para los palestinos; para los judíos bíblicos un retorno). Una huelga que fue transformándose en insurreccional, reprimida con mano de hierro tanto por los colonialistas británicos, que no admitían resistencias de sus avasallados, como por los judíos que a esa altura habían sabido aprovecharse de la fuerte hospitalidad árabe para sonsacar conocimientos y golpearlos más duramente. Tres años atroces, con miles de muertos palestinos a manos de judíos e ingleses (los palestinos también mataron a ingleses y a judíos, decenas o centenares; ciertamente, no hubo muertos entre ingleses y judíos, que actuaron coordinadamente, por ejemplo atacando unidos aldeas palestinas).

Semejante “capítulo” fue la primera intifada contra la labor de zapa de la penetración sionista, insurrección condenada al fracaso porque es increíblemente difícil que una sociedad sin armas (o usando apenas, como último recurso, las escopetas de caza) pueda sacarse de encima una invasión en toda la línea, en el que pacientes atacantes primero se adueñan de tierras, postergando siempre el uso de la fuerza, y palmo a palmo van adueñándose de los distintos resortes de una sociedad; mientras los nativos son hospitalarios, los recién llegados aprovechan esos usos civiles, no militares, para ir avanzando en una guerra no declarada…

Evitar personajes “villanos”, algo que hace con buen oficio la autora, impide caer en el maniqueísmo y realza el relato. Escamotea, sin embargo, un rasgo básico de la penetración sionista en Palestina: su alianza estrecha, política, económica, ideológica,  con el colonialismo y sus atroces métodos de sojuzgamiento. Una despiadada política de despojo (que le hará recordar a algún sionista recién llegado a Palestina, que estaban ocasionándole a los palestinos el mismo daño que, por ejemplo, las bandas progromistas les habían infligido a los judíos).

Navarro califica a Ben Gurion como “conciliador” porque acepta “la solución de dos estados”. Lo que Navarro “olvida” es que Ben Gurion estimó factible dejarle un estrecho espacio sin margen de maniobra a los palestinos; no el proclamado 50 % y 50 % (que la ONU tradujo tramposamente en 53% para judíos, 46% para palestinos y 1% para internacionalización de territorios), sino un 10 % o un 20%… (que fue lo que dejaron luego de la arremetida de 1948…)

Navarro opone el Irgún y el Lehi a la Haganá, ignorando todo el trabajo común y combinado que hicieron. Haciendo de “el policía” bueno y el malo, pero con el mismo objetivo: la apropiación de un territorio proclamado como propio sobre bases bíblicas. Eso mismo plantea la contradicción brutal entre la apropiación “bíblica”  y el carácter inicialmente laico del sionismo.

Los personajes judíos son tan pero tan nobles que, por ejemplo, aun convirtiéndose en dueños de los medios de producción en Palestina, por llegar al país con mucho dinero, no hacen distingos entre trabajadores palestinos y judíos. ”Jeremías no hacia distingos y le trataba como a uno más en el trabajo.

Navarro pasa por alto que la mismísima sindical sionista, la Histadrut, se funda con empresarios y obreros… judíos, unidos. Y a la vez, sin admisión entonces de trabajadores palestinos. Como la mano de obra palestina era más barata, algunos patronos judíos optaban por asalariados palestinos. Histadrut encaró ese “problema” y obligó a pagar a todos los asalariados igual salario.

Pero era el sindicato el que se adueñaba del diferencial en el caso de los expoliados trabajadores palestinos, que siguieron cobrando mucho menos que los equivalentes judíos. Como además, les estaba vedado pertenecer a la Histadrut, la central sindical se adueñaba de esa diferencia salarial y la aplicaba a mejorar sus servicios, sanitarios, habitacionales, educacionales, para los afiliados, exclusivamente judíos. Nada de eso ni siquiera asoma en la pintura de Navarro.

Son tantas las omisiones, tantos los sesgos, siempre para un mismo lado, que uno no puede valerse de la ingenuidad o de la espontaneidad para reconocer el trabajo de Navarro; antes bien, la autora ha compuesto con rigor y tomando partido, una semblanza del conflicto con la cual, aunque “les perdona la vida” a sus personajes palestinos, e incluso a menudo los engrandece, los deja siempre en un segundo plano respecto de los verdaderos héroes, no violentos (sic!) de la colonización judía en Palestina.

Me pregunto qué diría Jerimoth [nombre fingido], un viejo amigo judío, nonagenario, de esta pintura histórica… ¡todavía atormentado por el desprecio con el que en 1948 mataban displicentemente a los campesinos palestinos que se infiltraban en la flamante Israel… desarmados, para cuidar los plantíos de los terrenitos de donde habían sido desalojados!

El último contrapunto, por ejemplo, ubica toda la violencia en un personaje palestino y toda la capacidad de sacrificio (o una suerte de suicidio por mano ajena) en uno judío. Exactamente al revés de lo que ha sido la verdad histórica.

La benevolencia, por no calificarlo más ácidamente, hacia el asentamiento judío en Palestina es tan enorme que por ejemplo, tenemos que escuchar de boca de un personaje palestino muy lúcido, patriota y anticolonialista: “los británicos solo querían acabar con el imperio otomano y no les interesa sustituir un imperio por otro.” ¿Podía haber tanta candidez para ver al imperio otomano y no al British Empire (que ni siquiera se esconde en el nombre)? Y colocar esa zoncera en boca de Mohamed, un personaje relevante y valioso, de la novela, ¿no resulta demasiado cómplice para con el eje anglosionista?

Navarro comete en este pasaje, como en tantos otros, una licencia ideológica de tal alcance que en rigor resulta una estafa intelectual.

Ese personaje de Mohamed resulta “inmejorable”: cuando otro palestino recuerda, escueta y verazmente, que los judíos “se están haciendo con nuestras tierras”, Mohamed replica: “Les estamos vendiendo nuestras tierras, no les culpemos por eso.”

Prácticamente no hubo palestinos vendiéndole tierras a sionistas (salvo algún caso aislado). El proceso era, grosso modo, así: llegaban judíos, con o sin plata. La Agencia Judía, con dinero en mano, los ponía en contacto con un effendi, un propietario turco ausentista, residente en Estambul o Constantinopla, a quien se le ofrecía una generosa cantidad de dinero que sobrepasaba el rendimiento de sus tierras con mano de obra palestina. El propietario cerraba prestamente el negocio. Recibía más dinero del que jamás había imaginado. Acentuaba su rentismo parasitario. Y se olvidaba de su tierra. Y del puñado, a veces decenas de trabajadores agrícolas, que lo habían mantenido hasta entonces.

Con la policía turca hasta 1918, y con la derrota germano-turca,  con la inglesa desde 1918, los judíos tomaban posesión del terreno y dejaban literalmente en la calle y en el hambre a los campesinos despojados, esos sí, palestinos. Ésa fue la secuencia que una sociedad sin estado propio soportó hasta hacerse intolerable y que luego de estallidos locales en 1921, 1929, culminó con una huelga generalizada en 1936, de tipo insurreccional, reprimida a sangre y fuego.

No conocemos ni la biografía de Navarro ni sus muy probables vinculaciones con el Estado de Israel. Es indudable que el EdI debería conchabar a Julia Navarro como su agente de RR.PP. Pero también sabemos que si el EdI es mínimamente inteligente, de ninguna manera va a contratar a JN como agente de RR.PP. Muy por el contrario, habrán de conservar una celosa independencia recíproca. Que es lo que le asegura fuerza al mensaje de esta mujer, española criada durante la cultura del franquismo más neto. Ha logrado estampar una “política de buena vecindad”, la “solución de dos estados” y obediencia incondicional a presuntos mandatos de la ONU.

Tomemos este último punto. ¿Cuándo la ONU pudo atribuirse la capacidad demiúrgica de construir estados (o destruirlos) que Navarro da por descontado? Que yo sepa, nunca.

Navarro nos cuenta que el 29 de noviembre de 1947 la ONU se reunió para votar el plan que la mayoría de la comisión (UNSCOP) había elaborado (la minoría había elaborado otro informe, muy distinto). Y personajes de la novela se juntan para “escuchar juntos la decisión de la ONU.” [sic]

La ONU no tenía (ni tiene) teóricamente tales atributos. Los que concretan la partición (y no la señalada por la ONU) son los judíos, mediante toma violenta de tierras, aunque lo que oscurece ese cuadro es que en ese agitado proceso ya sin el British Empire allí presente, actúan algunas desmadradas fuerzas árabes de países limítrofes como “salvando la ropa” de la causa árabe o panárabe…

Hacia el final, pese a tratarse de un texto de 900 páginas, adopta el ritmo de los cuentos cortos o de las novelas de detectives, precipitando una seguidilla de acontecimientos claves, desnudando personajes y móviles con marcado efecto de suspense, que revelan conexiones e imbricaciones que solo organizaciones con fuerte pensamiento colectivo, podrían congeniar. Un final con un desenlace que ratificaría  la fama del MOSSAD y sus  despliegues ocultos presentados como magistrales.

El remate a toda orquesta que doña Navarro rinde a los sionistas.


[1]  Penguin Random House, Buenos Aires, 2018.

[2]  Conozco exclusivamente el caso de A. R. Abdel-Kader, descendiente de un líder árabe. Un intelectual marxista prosoviético que con su prisma ideológico repudiaba la política imperial turca, la británica y simpatizaba con el sionismo que tomaba por movimiento de liberación nacional, deslumbrado por sus capacidades técnicas; Abdel-Kader representa un testimonio particularmente ciego a la cuestión colonial.

jueves, 6 de enero de 2022

Libro:"Las cocinas de Gaza " de Laila Al Haddad y Maggie Schmitt

Teresa Aranguren



“Quizás sean los carteles de colores brillantes que cuelgan de la pared o el patio primorosamente rastrillado y repleto de todo tipo de hierbas aromáticas. Quizá las caras impacientes de las seis niñas que salen a saludarnos y suben corriendo las escaleras con sus largas trenzas negras y brillantes. Sea cual sea la razón, salta a la vista que la casa de Um Hana en Beit Lahia es un lugar alegre”.

Extraña descripción de un lugar que los informes de Naciones Unidas han calificado de “inhabitable”. En el excelente prólogo de este libro, Raquel Martí, directora de UNRWA-España (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos) ofrece los datos de la catástrofe que el bloqueo israelí impone sobre la población de Gaza: cortes de electricidad diarios de más de ocho horas de duración, el 96% de las aguas del acuífero están  contaminadas, el agua potable tiene que ser traída en camiones y su precio resulta inasequible para la mayoría de la gente, el paro alcanza al 48% de la población y en el caso de los jóvenes al 65%, los hospitales padecen una constante falta de material sanitario y se sostienen al borde del colapso,  gran parte de las infraestructuras, desde las depuradoras de agua y el sistema de alcantarillado hasta viviendas, edificios administrativos, cultivos y granjas han sido destruidas por las bombas.

Gaza es un territorio inhabitable o, más exactamente, sería un territorio inhabitable si no fuera porque su gente, sobre todo sus mujeres, se empeñan en hacerlo habitable

Sí, Gaza es un territorio inhabitable o, más exactamente, sería un territorio inhabitable si no fuera porque su gente, sobre todo sus mujeres, se empeñan en hacerlo habitable.    

No se trata de dulcificar lo insoportable ni de ocultar el sufrimiento cotidiano de la vida en Gaza, este libro no habla de héroes con superpoderes sino de seres humanos que resisten la adversidad, se apoyan mutuamente y cocinan entre risas y cotilleos como se hacía en las cocinas de la aldea de la que fueron expulsados y cuyo nombre ya no figura en los mapas. Las mujeres de Gaza cocinan para preservar la vida. Y la memoria.

Um Ibrahim nació en la localidad de Beit Tima al sur de Yafa, a sus más de 90 años mantiene vivos sus recuerdos de infancia y juventud y “le brillan los ojos cuando describe con detalle las verduras silvestres y las hermosas calabazas de su pueblo natal”. También recuerda con precisión lo que ocurrió en el otoño de 1948 cuando, tras buscar refugio en una aldea cercana porque las milicias sionistas llegaban a su pueblo, su familia decidió regresar días después a Beit Tima para recoger la cosecha de grano que tenían almacenada en la casa, “encontramos a muchos de nuestros vecinos muertos, con disparos en la frente y miembros amputados…”.  Um Ibrahim huyó con su familia y sus vecinos a Gaza. Vive en el campo de refugiados de Deir Al Belah. Nunca ha vuelto a ver su pueblo ni los paisajes de su infancia, pero conserva el legado de sabores y olores de aquella Palestina que fue y pervive en las recetas que aprendió de niña en Beit Tima. La que Um Ibrahim nos ofrece en este libro es la de “Bamia ua adas”, un guiso de lentejas y verdura típico no solo de esta región sino de toda Palestina.

Laila Al Haddad y Maggie Schmitt recorrieron las cocinas de Gaza en busca de recetas tradicionales, pero sobre todo de relatos, retazos de vida que las mujeres van desgranando en su charla mientras majan en el mortero un poco de comino, sésamo, albahaca y aceite o desgranan los rubíes de una granada. La mayoría de las personas que aparecen en este libro son mujeres, pero  también hay algún hombre, como Abdel Munin, que gestiona una pequeña finca de cultivo ecológico en Beit Hanun o Mohamed Ahmed, que antes del bloqueo solía exportar fruta a Europa y ahora, con sus árboles arrancados porque sus tierras quedaban cerca de la frontera, depende de la ayuda alimentaria de UNRWA. En Gaza la alimentación es tarea de mujeres cuando se realiza en casa, si es negocio es cosa sobre todo de hombres. Pero esto no ocurre solo en Gaza.

Uno de los grandes atractivos de este libro son las excelentes fotografías que acompañan cada una de las recetas, cada una de las historias, imágenes de los platos cocinados y de los rostros de quienes los muestran. Y es conmovedora la alegría de vivir que desprenden esos rostros.

Las cocinas de Gaza, editado con el esmero con el que Ediciones de Oriente y el Mediterráneo realiza siempre su trabajo, es un libro bellísimo. Una manera original e inteligente de mostrar el drama y la fortaleza de las gentes de Gaza.

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Teresa Aranguren es periodista y escritora.

miércoles, 5 de enero de 2022

Asociaciones de derechos humanos manifiestan que la decisión israelí de ampliar los asentamientos en los Altos del Golán es una violación del derecho internacional


 Asociaciones de derechos humanos manifiestan que la decisión israelí de ampliar los asentamientos en los Altos del Golán es una violación del derecho internacional

HAIFA, miércoles 5 de enero de 2022 - El 26 de diciembre de 2021, el gobierno israelí aprobó un plan estimado en 1.000 millones de shekels israelíes (unos 286 millones de euros) para promover el "crecimiento demográfico" judío israelí en el Golán ocupado a Siria para el periodo 2022-2025.

En respuesta, el 3 de enero de 2022, Adalah - El Centro Legal para los Derechos de las Minorías Árabes en Israel y Al-Marsad - Centro de Derechos Humanos Árabes en los Altos del Golán enviaron una carta al fiscal general (AG) Avichai Mandelblit y al primer ministro Naftali Bennett exigiendo la cancelación del plan sobre la base de que la decisión constituye una flagrante violación del derecho internacional, que se aplica a los Altos del Golán, como un territorio ocupado.

El objetivo del plan es duplicar la población de colonos judíos israelíes en el Golán en un plazo de cinco años, añadiendo 23.000 habitantes y construyendo 7.300 viviendas adicionales. Para ello, el plan pretende acelerar el establecimiento previsto de dos nuevos asentamientos y trasladar o construir fábricas para crear puestos de trabajo para los nuevos residentes.

El plan también pretende desarrollar y fortalecer el sector agrícola del Consejo Regional del Golán y promover la adopción de un plan maestro integral para Katzrin ("Qatzrin" - el mayor asentamiento israelí en el Golán), con el objetivo de aumentar por lo menos su población en 50.000 residentes en los próximos 20 años, hasta 2040.

Tal y como argumentan Adalah y Al-Marsad, este plan se apoderará aún más de las tierras que pertenecen a los residentes sirios del Golán y a los refugiados que fueron expulsados de él, que actualmente se calcula que son medio millón de personas.

Se calcula que el 95% de los Altos del Golán está actualmente bajo la jurisdicción de las localidades de los asentamientos, cuyos residentes constituyen sólo el 50% de los habitantes de los Altos del Golán. Esto ha provocado una escasez de tierras y una crisis de desarrollo para las 28.000 personas que residen en las cinco localidades árabes sirias que sobrevivieron a la guerra. Este grupo se limita ahora a sólo un 5% de la zona (unos 56 kilómetros cuadrados).

Además, estas zonas extremadamente limitadas están sujetas a muchas restricciones: de los 56 kilómetros cuadrados, 11 Km cuadrados han sido clasificados como reservas naturales, además de las tierras asignadas al plan de turbinas eólicas. Las localidades de los asentamientos judíos israelíes controlan las tierras de 341 pueblos sirios cuyos habitantes fueron expulsados en 1967. La aplicación del plan del gobierno conducirá a un mayor uso de esas tierras en beneficio exclusivo de los colonos judíos israelíes, lo que constituye una flagrante violación del derecho internacional.

En la carta, las organizaciones de derechos humanos argumentaron que la anexión unilateral de los Altos del Golán por parte de Israel y la aplicación de la ley israelí a estos territorios, así como el reconocimiento por parte de la administración del ex presidente estadounidense Donald Trump de la "soberanía" israelí sobre ellos, no cambian su condición de territorio ocupado.

El Consejo de Seguridad de la ONU, en la resolución 497, adoptada por unanimidad en 1981, rechazó firmemente la anexión de los Altos del Golán por parte de Israel y la declaró nula y sin efecto jurídico internacional. Por tanto, el derecho internacional humanitario (DIH) se aplica a los Altos del Golán ocupados.

El plan del gobierno israelí es contrario al derecho internacional, ya que implica la expropiación de propiedades ocupadas por razones distintas a la necesidad militar y el traslado de la población del Estado ocupante al territorio ocupado, dijeron las dos organizaciones.

Por lo tanto, Adalah y Al-Marsad consideran además que estos actos equivalen también a crímenes de guerra según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Además, su aplicación conducirá a la creación de nuevos hechos sobre el terreno que impedirán a los residentes del Golán sirio disfrutar libremente de sus recursos naturales.

Por ello, las organizaciones de derechos humanos exigieron al primer ministro y al fiscal general que trabajen para anular el plan.

El abogado de Adalah, Suhad Bishara, declaró: "La extensa y creciente violación de los derechos de los residentes sirios del Golán es un acto ilegítimo que viola flagrantemente el derecho internacional. Los intentos de normalizar la ocupación del Golán sirio no tienen validez en el derecho internacional y el estatus de los Altos del Golán sigue siendo de territorio ocupado."

El abogado de Al-Marsad, Karama Abu Saleh, añadió: "La expansión de los asentamientos en los Altos del Golán no sólo viola las normas del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, sino que profundiza la realidad discriminatoria contra los nativos en lo que respecta a sus derechos de uso de los recursos naturales.

Esto agrava la situación en la que los colonos tienen privilegios en la recepción de presupuestos y en el acceso a los recursos naturales, mientras que los nativos sufren la escasez de tierras y otras crisis."

M.K.
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martes, 4 de enero de 2022

“Nuestras organizaciones son una barrera contra los ataques permanentes de Israel” Tiare Gatti Mora

 


​FOTO: TGM

“Nuestras organizaciones son una barrera contra los ataques permanentes de Israel”

Tiare Gatti Mora 

Fuente: Ctxt

Entrevista a ASEEL ALBAJEH Y SAHAR FRANCIS / ACTIVISTAS PALESTINAS

El pasado mes de octubre, el Estado de Israel, que, desde hace décadas, somete al pueblo palestino a un régimen de apartheid, señaló a seis organizaciones de derechos humanos como terroristas. Representantes de dos de ellas viajaron a Madrid, donde protagonizaron varios actos organizados por la Red de Solidaridad contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) y el Instituto Internacional para la Noviolencia (NOVACT). En su hotel de Lavapiés, barrio de la capital contaron cómo se organizan.

Aseel AlBajeh (Jerusalén, 1995) es investigadora legal y experta en incidencia internacional en Al-Haq, la mayor organización palestina de defensa de los derechos humanos. Sahar Francis (Fasuta, 1969) es la directora general de Addameer, organización que se dedica a brindar apoyo legal a los presos políticos palestinos.  

Las dos organizaciones que ustedes representan han sido declaradas terroristas por el Ministerio de Defensa israelí, liderado por Benny Gantz. ¿Qué razones alega para hacerlo?

Aseel: El Estado de Israel se basa en acusaciones que lleva décadas haciendo hacia la sociedad palestina organizada. Intentan ligar nuestro trabajo en derechos humanos y civiles, y nuestro esfuerzo en responsabilizar a su Estado de sus crímenes, al antisemitismo y al terrorismo. 

Sahar: El ataque a la sociedad civil no es algo nuevo. Llevan décadas usando a sus organizaciones conservadoras para hacernos campañas de difamación. Usan información falsa contra organizaciones de nuestra sociedad civil y defensores de derechos humanos. Al fallar estos ataques, dieron este paso. Este uso de la ley israelí tiene el objetivo de silenciarnos, de amedrentar a quienes nos donan, a los países y activistas que nos apoyan. La sociedad civil palestina ha tenido éxito comunicando que Israel es un régimen de apartheid colonial, como se ve reflejado, por ejemplo, en la investigación de la Corte Penal Internacional que tuvo comienzo este año.

¿Qué implicaciones tiene en su trabajo que las definan como organización terrorista? 

Aseel: Es importante subrayar que la primera designación por el ministro de Defensa está basada en una legislación nacional israelí, la Ley Antiterrorista, que se transfiere ilegalmente a la sociedad civil palestina: estamos bajo ocupación, Israel no tiene el poder legítimo de usar su ley contra nosotros. Además, la Ley en sí es muy imprecisa. Es, fundamentalmente, una herramienta política para reprimir y silenciar voces que desafían al apartheid israelí. Esta Ley permite encarcelar a defensores de derechos humanos de nuestras seis organizaciones con condenas que varían de cinco a veinticinco años. Además, puede criminalizar a la gente que nos apoya. También estamos bajo amenaza de que Israel nos confisque nuestros bienes y propiedades. El principal objetivo es que, eventualmente, nuestras oficinas cierren y nuestro trabajo pare. Han empezado con nosotras seis, pero seguirán atacando a cualquier organización de la sociedad civil.  Ahora, la comandancia militar israelí dice que nuestras organizaciones están fuera de la ley incluso en los Territorios Palestinos Ocupados, así que la amenaza es aún más inminente. 

¿Qué consecuencias puede tener esto a nivel internacional? 

Sahar: La amenaza puede alcanzar a quienes, internacionalmente, trabajan con nuestras organizaciones: grupos que nos apoyan económicamente o con los que desarrollamos proyectos conjuntos. Incluso puede afectar a los bancos: Israel pretende influenciar el sistema bancario, evitar que se nos pueda mandar dinero a través de estas entidades. Aún no han empezado a tomar estas medidas, pero pueden hacerlo en cualquier momento. Creemos que están manteniendo, por ahora, un perfil bajo, debido a la campaña en contra de su declaración. Pero no sabemos cuándo van a empezar las redadas y los encarcelamientos. Podrían hasta usar esta designación como excusa para cancelar visas de trabajo a trabajadores de organizaciones internacionales que apoyen a las nuestras.

¿Qué creen que indica este nuevo paso? ¿Es una señal de que la impunidad de Israel está creciendo, o tal vez lo contrario?

Sahar: Se creen impunes, pero pienso que esta es más bien una señal de lo contrario. Han cruzado una línea roja. Y no se esperaban la enorme reacción de apoyo que estamos viendo a nivel internacional. Tampoco se esperaban la reacción que ha tenido la Autoridad Palestina: debido a la tensión interna, a las violaciones de derechos humanos por la propia Autoridad Palestina, y al rol jugado por nuestras organizaciones en criticarla, creían que no nos protegería. Calcularon mal.  

Hace décadas, Israel atacaba específicamente a organizaciones conectadas a Hamas, señalando a asociaciones humanitarias, especialmente durante la época de guerra al terrorismo internacional, cuando aplicaban las técnicas estadounidenses en los Territorios Ocupados. Cuando les convenía cerrar organizaciones en la Jerusalén Este ocupada, lo hacían. Lo que está ocurriendo ahora es simplemente una continuación que beneficia sus planes de anexión. Pero el efecto que ha tenido ha sido el de exponer la gravedad de todas las otras violaciones que llevan cometiendo todos estos años. Por ejemplo, a través del sistema judicial. Gracias a la reacción que estamos viendo, este paso podría incluso terminar beneficiándonos. 

Aseel: Esta es una señal de que la impunidad de Israel está siendo quebrantada. Durante este año hemos vivido grandes desarrollos. Represión severa, sí, pero también un auge de resistencia popular por parte de la sociedad palestina. En abril y mayo, por ejemplo, el pueblo palestino desafió la narrativa oficial: no solo estamos sometidos a violaciones de derechos específicas como los desahucios de Sheij Jarrah, sino que todos los palestinos, unidos, sobrevivimos bajo un régimen de apartheid y ocupación colonial. Los palestinos nos rebelamos y resistimos a lo largo de toda la Palestina histórica de una forma que no tenía precedentes. Nuestro trabajo como organización ha contribuido a este éxito. Ayudamos a la creación de una Comisión de Investigación de Naciones Unidas que, creada en mayo de 2021, investigará los crímenes de Israel de abril y mayo de este año. También buscamos responsabilizar a las corporaciones cómplices con el régimen israelí. Elementos como estos contribuyen a poner en peligro la impunidad de Israel, y por eso vemos este aumento de sus medidas represivas.

Vemos la hostilidad y censura que sufren personas como Cornel West o Angela Davis por sus demandas de justicia para el pueblo palestino. ¿Cómo se consigue que haya más gente que se mueva en defensa de la dignidad de los palestinos? 

Aseel: Los ataques institucionales no van solo contra personas palestinas, van contra cualquiera que defienda nuestra dignidad. El objetivo de Israel es intimidarnos a todos. Es clave que, a pesar de los ataques, sigamos exponiendo sus crímenes. Si gobiernos como, por ejemplo, el español, no reconocen las alegaciones de Israel, quienes nos apoyan internacionalmente no se verán amenazados aunque nos tachen de terroristas. 

Sahar: No creo que haya una elevada probabilidad de que anulemos las acusaciones de terrorismo a través de un proceso legal interno. Por eso son tan importantes las decisiones políticas de la comunidad internacional. Su rechazo a este paso de Israel le mandaría un mensaje muy claro sobre el fin de su impunidad.  

¿Cómo ven el papel del software de espionaje israelí Pegasus en este contexto? 

Aseel: Aunque la noticia de su uso apareció tras la designación, ya antes de que esta tuviera lugar había sospechas: un trabajador de Al-Haq se había percatado de que su teléfono móvil funcionaba de manera extraña. Contactamos con Front Line Defenders y descubrieron que en el teléfono de nuestro trabajador operaba el software Pegasus. Siguieron examinando teléfonos de trabajadores de organizaciones civiles palestinas, y encontraron otros seis en los que el software estaba operativo. Estamos pidiendo una investigación independiente que revele quién está detrás de este espionaje. Pero esto ocurre ya dentro de un contexto en el que Israel usa medidas de vigilancia, como, por ejemplo, cámaras en Jerusalén, que están conectadas a la práctica de detención arbitraria del régimen.

Sahar: Un soldado israelí admitió que están escuchando y siguiendo todos los teléfonos móviles de los Territorios Ocupados. Usan los datos recabados para presionar a las personas, a través del uso de información personal íntima como fotos o mensajes. El problema es que, quitando a Estados Unidos, ningún Estado ha rechazado a NSO (la compañía creadora de Pegasus).  

¿Cuál es el rol de la lucha de clases internacional y contra el capitalismo en la liberación de Palestina? 

Sahar: Creo que la causa palestina no puede desligarse del movimiento internacional por la justicia social. Si lo hiciera, sus demandas no serían tan justas. Lo más importante que pedimos es la liberación, y no solo de la ocupación: el colonialismo es, fundamentalmente, capitalismo. Por eso es muy importante que permanezcamos conectados a las luchas que se libran alrededor del mundo, desde Estados Unidos a Sudáfrica. Y llamar al boicot, desinversiones y sanciones implica el reconocimiento de que no podemos ganar esta batalla solos: necesitamos luchar junto a todos los que luchan, estén donde estén, contra el capitalismo. Al final, las corporaciones internacionales se han vuelto más fuertes que los Estados, y debemos examinar su trato a la dignidad de las personas en cada contexto, incluido el palestino.

¿Por qué es importante que puedan seguir haciendo su trabajo?

Aseel: 2021 ha sido un año particularmente violento. En Al-Haq hemos documentado cómo Israel suprime las protestas. Por ejemplo, con el uso de fuerza desproporcionada contra manifestantes pacíficos: alrededor de una quincena de palestinos han sido asesinados sólo en la Palestina ocupada. Las lesiones fueron miles solo en abril y mayo. Además, Israel llevó a cabo detenciones arbitrarias masivas, incluso hacia los palestinos que viven dentro del propio Estado de Israel. Cuando se detiene a una persona, después se la mantiene en arresto domiciliario. En Jerusalén, en algunos casos, como consecuencia de eso se les revocó el derecho al acceso a la sanidad pública. Hubo restricción de movimiento, cerraron vecindarios enteros en respuesta a las protestas. 

Sahar: Nuestras seis organizaciones llevan décadas trabajando. Proveemos servicios: los comités de agricultura apoyan a cientos de agricultores y pescadores gazatíes, ayudamos a reconstruir y mantener la tierra… Por eso nos atacan. Nuestro trabajo les impide continuar con su plan de anexión. Nuestras organizaciones son una barrera contra los ataques permanentes de Israel.

También ha sido un año en el que hemos visto intentos de desplazamiento forzado como el de Sheij Jarrah…

Aseel: Hemos documentado los desahucios forzados, a los que debemos calificar como limpieza étnica y desplazamiento forzado. Crímenes de guerra, según la Corte Penal Internacional. Sheij Jarrah ha sido el caso más prominente en los medios, pero también están los de Silwan y Jerusalén. Esto va unido a un aumento de la violencia por parte de los colonos. Israel les brinda impunidad e incluso apoyo, mientras ellos, a menudo armados, se dedican a atacar físicamente a palestinos. También atacan nuestra propiedad, incluidos, por ejemplo, nuestros olivos. Simultáneamente, vimos la grave ofensiva hacia Gaza, donde también tuvieron lugar asesinatos a civiles y destrucción de infraestructura, incluidos edificios que albergaban a medios de comunicación. 

En Addameer se centran en brindar ayuda a los detenidos…

Sahar: Y ponemos el foco en los casos de tortura que sufren. Mostramos esta realidad al mundo, presentándola como un problema sistémico, señalando los crímenes de guerra como tales, lo que está ocurriendo en el juzgado militar, comunicamos con diferentes agencias de las Naciones Unidas, con reporteros, el Committee Against Torture, el International Criminal Court, publicamos imágenes de lo que está ocurriendo… Terminar con nuestro trabajo tendría un impacto muy significativo en la sociedad palestina, e Israel lo sabe. Y, si lo consiguen, solo seremos las primeras. La Autoridad Palestina no va a luchar para impedirlo: tenemos que seguir haciéndolo nosotros.

 @BDSMadrid)

lunes, 3 de enero de 2022

La Coalición Palestina por los Derechos Digitales y el Consejo Palestino de Organizaciones de Derechos Humanos advierten sobre la aprobación de la "Ley Facebook" en la Knesset israelí y sus graves repercusiones sobre los derechos digitales de los palestinos.

 La Coalición Palestina por los Derechos Digitales y el Consejo Palestino de Organizaciones de Derechos Humanos advierten sobre la aprobación de la "Ley Facebook" en la Knesset israelí y sus graves repercusiones sobre los derechos digitales de los palestinos.



La Coalición Palestina por los Derechos Digitales (PDRC) y el Consejo Palestino de Organizaciones de Derechos Humanos (PHROC) advierten sobre la aprobación de la "Ley Facebook" en la Knesset israelí y sus graves repercusiones sobre los derechos digitales de los palestinos. La coalición considera que esta ley es una amenaza directa y grave para los derechos a la libertad de opinión y de expresión de los palestinos y de otras personas en el espacio digital, y una restricción "legal" adicional a las ya múltiples limitaciones impuestas a las voces palestinas y a la defensa de la causa palestina en relación con los contenidos palestinos en las plataformas de medios sociales.

Cabe señalar que esta ley es un desarrollo y una extensión de las leyes anteriores que los ministros israelíes intentaron aprobar en 2016 y 2017, que no tuvieron éxito; el Comité Ministerial aprobó la ley en su forma actual, para Legislación durante la primera lectura.

Esta ley otorga a los tribunales israelíes la facultad de exigir la retirada de contenidos generados por los usuarios en las plataformas de contenidos de las redes sociales que puedan ser percibidos como incendiarios o que perjudiquen "la seguridad del Estado", o la seguridad de las personas o la seguridad del público. En consecuencia, el tribunal estará facultado para emitir una orden de eliminación de estos contenidos de las redes sociales.  Además, la ley otorga a los proveedores de servicios de Internet la facultad de bloquear sitios web para los usuarios israelíes con el pretexto de que "incitan e invitan a la incitación", y de remitir las direcciones de sus propietarios para que sean investigados con el pretexto de la "incitación".

A pesar de las afirmaciones de que la ley pretende limitar la difusión de contenidos violentos o incendiarios en línea, y de los intentos de vincularla a un "problema social" al que se enfrentan los israelíes, la falta de claridad sobre términos como "incitación" y "amenazas a la seguridad pública" dentro del contenido de la ley supone una grave amenaza para los derechos digitales de los palestinos. En su esencia, esta ley pretende oprimir a los palestinos y a quienes critican a las autoridades israelíes a través del espacio digital.

En la coalición creemos que dicha ley constituirá una herramienta adicional de los esfuerzos de la ocupación israelí por imponer su control y herramientas de supresión en el espacio digital. La ley socavará el contenido palestino y la actividad digital de los palestinos; la coalición ha seguido de cerca la cooperación israelí con las empresas de medios sociales para suprimir el contenido palestino en los últimos años.  En particular, los esfuerzos de la Unidad Cibernética israelí para presentar miles de informes a las empresas de medios sociales para eliminar el contenido palestino, que aumentó de 2.421 solicitudes en 2016 a más de 20.000 solicitudes en 2020.

En resumen, esta ley transformará la relación entre la Unidad Cibernética israelí y las redes de medios sociales en una con decisiones legales vinculantes. Esto podría significar la restricción de la publicación y documentación de las violaciones de los derechos humanos de los palestinos sobre el terreno, como se vio en mayo con la escalada de los acontecimientos en Sheikh Jarrah, las ciudades mixtas y la agresión a la Franja de Gaza. En última instancia, esto contribuirá a los esfuerzos sistemáticos por aumentar el amordazamiento de las voces palestinas y la defensa de la causa palestina en las plataformas de los medios sociales.

VICTORIAS de la primera mitad 2026 en la lucha popular por Palestina (Estado español) RESCOP, 29 de julio de 2026

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